Martes, 30 de octubre de 2012. 2215 h
Esta vez Holder entra conmigo en casa. Karen y Jack están en el sofá. Él la abraza por los hombros y le da la mano. Cuando llego al salón, ella me mira y Jack se levanta, dispuesto a darnos privacidad una vez más.
—No hace falta —le digo—. Puedes quedarte, será un momento.
Mis palabras lo dejan preocupado, pero permanece en silencio.
Se aparta un poco del sofá para que pueda ponerme junto a Karen.
Tras dejar la caja en la mesita, me siento y me vuelvo hacia ella.
Soy consciente de que ahora mismo no tiene ni idea de qué le deparará el futuro, y, a pesar de que no sabe qué he decidido, me dirige una sonrisa de aliento.
Quiere que sepa que, sea lo que sea, le parecerá bien.
Le tomo las manos y la miro a los ojos. Necesito que sienta y que entienda lo que voy a decir porque no quiero que entre nosotras quede espacio para nada que no sea la verdad.
—Mamá —empiezo a hablar con todo el aplomo que soy capaz de reunir—.
Cuando me sacaste de casa de mi padre, sabías que esa decisión podría acarrearte consecuencias, pero, a pesar de todo, lo hiciste.
Arriesgaste tu vida para salvar la mía y lo último que desearía es hacerte sufrir por eso.
Renunciaste a tu vida por mí, así que no, no pienso juzgar lo que hiciste.
Lo único que puedo hacer a estas alturas es agradecértelo, y por eso te doy las gracias. Muchas gracias por salvarme, mamá.
Yo estoy llorando, pero Karen todavía más. Nos abrazamos y dejamos que las lágrimas sigan cayendo. Lloramos como madre e hija, como tía y sobrina, como dos víctimas, como dos supervivientes.
No me puedo imaginar por lo que ha tenido que pasar Karen durante estos trece años.
Todas las decisiones que ha tomado han sido por mi bien.
Tenía asumido que, cuando yo cumpliera la mayoría de edad, me confesaría lo que había hecho y se entregaría para asumir las consecuencias.
Saber que me quiere tanto que daría su vida por mí casi me hace sentir que no soy digna.
Hay dos personas en el mundo que me quieren con locura y es algo tan grande que me cuesta asimilarlo y aceptarlo.
Resulta que Karen estaba lista y dispuesta a formalizar las cosas con Jack, pero le daba largas porque sabía que le rompería el corazón cuando se enterara de la verdad.
Lo que no se imaginaba era que él iba a seguir amándola de manera incondicional...
y a mí también. Cuando le abrió su corazón y le contó su pasado y las decisiones que había tenido que tomar, el amor que sentía por ella se multiplicó.
Sospecho que el fin de semana que viene se mudará a vivir aquí.
Karen se ha pasado la noche respondiendo pacientemente a todas mis preguntas.
Lo que más me intrigaba era cómo logró cambiarme el nombre y obtener documentos oficiales de mi nueva identidad.
Ella se ha echado a reír y me ha contado que, a cambio de dinero y gracias a los contactos adecuados, acabé siendo una niña «adoptada» en otro país, y obtuve la nacionalidad a los siete años.
No he indagado sobre los detalles porque, francamente, hay cosas que prefiero no saber.
Otra de las primeras cosas que le he preguntado es casi una obviedad: ¿podremos tener televisor al fin? Resulta que Karen no está tan en contra de la tecnología como nos hizo creer. Sospecho que mañana mismo nos pasaremos por una tienda de electrodomésticos.
Holder y yo le hemos contado cómo él se dio cuenta de quién era yo.
Al principio le ha costado entender que hubiéramos tenido una conexión tan fuerte de pequeños, tanto como para que se acordara de mí.
Pero, tras vernos interactuar un rato, ya se ha convencido de que es real.
Por desgracia, también veo lo mucho que se preocupa cada vez que él me besa o me apoya la mano en el muslo. Al fin y al cabo, es mi madre.
Han pasado ya varias horas y, tras un fin de semana frenético, todos hemos logrado relajarnos y decidimos acostarnos.
Holder y Jack se despiden, y Holder le promete a Karen que no volverá a enviarme ningún mensaje para bajarme el ego.
Sin embargo, mientras se lo dice, me guiña el ojo por encima de su hombro.
Karen me da mil abrazos; nunca en la vida me habían abrazado tanto.
Tras el último achuchón de la noche, me voy a mi habitación y me meto en la cama.
Me tapo y me quedo observando las estrellas del techo con las manos detrás de la cabeza.
Me planteo arrancarlas para evitar que me traigan malos recuerdos, aunque creo que no lo haré.
Las voy a dejar porque me recuerdan a Hope, a mí y a todo lo que he tenido que superar para llegar a este punto de mi vida.
Podría encerrarme en mi habitación a compadecerme de mí misma, a preguntarme por qué han tenido que pasarme esas cosas...
, pero no pienso hacerlo. No voy a perder el tiempo en desear una vida perfecta.
Los obstáculos que se interponen en tu camino y te hacen caer se convierten en pruebas que te obligan a elegir entre rendirte o levantarte, sacudirte el polvo y enderezar la cabeza.
Yo elijo la segunda opción. Sé que probablemente la vida me derribará más veces antes de llegar al final, pero lo que puedo asegurar es que nunca me quedaré tumbada en el suelo.
Unos golpecitos en la ventana me avisan de que está a punto de abrirse. Sonrío y me echo a un lado para que Holder se acueste junto a mí.
—¿Esta noche no vienes a recibirme a la ventana? —susurra antes de volver a cerrarla. Se acerca a la cama, aparta las mantas y se acurruca conmigo.
—Estás helado —protesto mientras me acomodo entre sus brazos—. ¿Has venido andando?
Él me estruja y me besa en la frente.
—No, he vuelto corriendo. —Baja una mano y me aprieta una nalga—. Llevamos una semana sin hacer ejercicio; se te está poniendo un culo enorme.
Le doy una palmada en el brazo, pero se me escapa la risa.
—Trata de recordar que los insultos solo son graciosos si son por escrito.
—Por cierto, ya que sale el tema, ¿vas a recuperar el móvil?
Me encojo de hombros.
—Me da igual; no quiero volver a ver ese viejo trasto. Espero que el calzonazos de mi novio me compre un iPhone por Navidad.
Él se echa a reír y, cuando se tumba sobre mí, funde sus labios helados con los míos. Al notar el contraste de temperatura de nuestras bocas, reacciona con un gruñido y me sigue besando hasta que su cuerpo supera la temperatura ambiental.
—¿Sabes qué? —Se apoya en los codos y me dirige una de sus adorables sonrisas, en la que no falta mi hoyuelo preferido.
—¿Qué?
Su voz baja de tonalidad hasta alcanzar esa octava propia de un dios del Olimpo.
—Nunca nos hemos acostado en tu cama.
Me lo planteo durante medio segundo antes de negar con la cabeza y darle un empujón que lo deja tumbado de espaldas.
—Y así seguirá mientras mi madre duerma al otro lado del pasillo.
Holder se echa a reír, me agarra por la cintura y me sienta sobre él. Apoyo la cabeza en su pecho y él me abraza con fuerza.
—¿Sky?
—¿Holder? —replico en el mismo tono.
—Quiero que sepas una cosa. Y no te lo digo como novio, ni siquiera como amigo. Te lo digo porque alguien tiene que hacerlo. —Deja de acariciarme, pero mantiene la mano en mi espalda—. Estoy muy orgulloso de ti.
Cierro los ojos con fuerza y me trago sus palabras, que me van a parar directas al corazón. Él me besa en el pelo una vez y sigue hasta que ya son veinte o un millón, no sé, he perdido la cuenta.
Lo abrazo con más fuerza y suspiro.
—Gracias. —Levanto la cabeza y apoyo la barbilla en su pecho para mirarlo a los ojos mientras él me sonríe—.
Y no solo por lo que acabas de decirme. Tengo tantas cosas que agradecerte, Holder...
Gracias por animarme a preguntar siempre, incluso cuando temo escuchar las respuestas.
Gracias por amarme como me amas y por mostrarme que no es necesario ser fuerte para estar ahí y apoyar al otro, que uno puede mostrar debilidad y seguir estando.
Y gracias por encontrarme después de tantos años.
—Le recorro el pecho con los dedos hasta alcanzarle el brazo.
Trazo las letras del tatuaje una por una y luego me inclino a besarlo—.
Pero, sobre todo, gracias por perderme cuando éramos pequeños...
, porque, si no me hubieras dejado sola aquel día, mi vida habría sido muy distinta.
Él inspira con tanta fuerza que me elevo sobre su cuerpo y vuelvo a bajar. Me sujeta la cara y trata de sonreírme, aunque no puede disimular el dolor que se asoma a sus ojos.
—Me había imaginado de mil maneras distintas cómo sería encontrarte algún día, pero nunca se me pasó por la cabeza que terminarías dándome las gracias por perderte.
—¿Terminaría? —No me gusta la palabra que ha elegido. Me inclino hacia él para besarlo de nuevo en los labios—. Espero que esto no sea un final.
—No, joder, claro que no. —Me coloca un mechón de pelo por detrás de la oreja y deja la mano ahí—.
Me gustaría asegurarte que viviremos felices de ahora en adelante, pero no puedo.
Sé que a los dos nos queda mucho camino por recorrer.
Con todo lo que ha pasado entre tú y yo, tu madre, tu padre y lo que ahora sé que le ocurrió a Les...
, habrá días en los que nos cueste mucho seguir adelante.
Pero sobreviviremos porque nos tenemos el uno al otro.
Así que no, no estoy preocupado por nosotros, cielo. En absoluto.
Le doy un beso en el hoyuelo y sonrío.
—Yo tampoco. Y, para que te quedes tranquilo, no creo en eso del «fueron felices para siempre».
Él se echa a reír.
—Me alegro, porque no voy a ofrecerte eso. Lo único que puedo darte es a mí.
—No necesito nada más. Bueno..., la lámpara, el cenicero, el mando a distancia y la paleta. Pero, aparte de eso, solo te necesito a ti, Dean Holder, nada más.