Hopeless. Tocando el cielo (Hopeless 1) Martes, 30 de octubre de 2012. 1920 h #2
97%

Martes, 30 de octubre de 2012. 1920 h #2

Noto las sacudidas que se apoderan de mi espalda cuando no puedo seguir conteniendo los sollozos. Karen acude al instante y me abraza por la cintura. Yo la abrazo por los hombros y me aferro a su camiseta.

—Siento mucho que te hiciera eso —le digo entre lágrimas.

Lloramos por las cosas que nos hizo un hombre al que las dos amábamos de todo corazón.

—Hay más —me dice—. Quiero acabar de contártelo todo, si te parece bien.

Cuando asiento, ella se aparta un poco, pero me toma la mano.

—Cuando cumplí dieciséis, le confesé a una amiga lo que pasaba.

Ella se lo contó a su madre, que lo denunció.

En aquel momento, John llevaba ya tres años en el cuerpo de policía y se estaba labrando una buena carrera.

Cuando lo llamaron para interrogarlo, dijo que me lo había inventado como venganza porque no me dejaba verme con mi novio.

La denuncia se archivó y no le pasó nada, pero supe que no podría seguir viviendo con él.

Me quedé en casa de varias amigas hasta que me gradué en el instituto dos años después y no tuve contacto con él nunca más.

»Pasaron seis años antes de que volviera a verlo.

En aquella época, tenía veintiuno y estudiaba en la universidad.

Estaba en el supermercado y oí su voz en la fila de al lado.

Me quedé inmóvil, sin poder respirar, pendiente de cada palabra.

La habría reconocido en cualquier parte.

Es imposible olvidarse de una voz que en algún momento te ha aterrorizado.

»Sin embargo, lo que me paralizó aquel día no fue su voz, sino la tuya.

Oírlo hablar con una niña me hizo recordar aquellas noches en las que me hacía daño.

Se me revolvió el estómago porque sabía de lo que era capaz.

Os seguí de lejos y os observé interactuar.

Durante un instante en que él se alejó del carrito, capté tu mirada.

Me contemplaste el rato suficiente para darme cuenta de que eras la niña más bonita que había visto nunca y también la que tenía la mirada más rota.

En cuanto te miré a los ojos, supe que te estaba haciendo lo mismo que a mí.

Lo vi en el miedo y la desesperanza con los que me observaste.

»Me pasé los días siguientes buscando información sobre ti y el vínculo que te unía a él.

Descubrí lo que le había pasado a tu madre y que te estaba criando solo.

Me armé de valor y lo denuncié de manera anónima con la esperanza de que al fin recibiera su merecido.

Una semana más tarde, me enteré de que Servicios Sociales te había interrogado y habían archivado el caso.

No sé si el hecho de que hubiera ascendido en el escalafón policial tuvo algo que ver, pero no me extrañaría nada.

En cualquier caso, se había librado ya dos veces y yo no podía soportar la idea de que siguieras con él en aquella casa sabiendo lo que te pasaba.

Seguro que habría podido enfocar el tema de otra manera, pero era joven y estaba muerta de preocupación por ti.

No sabía qué más hacer porque la ley nos había fallado a las dos.

»Unos días más tarde, tomé una decisión.

Si nadie iba a ayudarte a escapar de él, lo haría yo.

Nunca olvidaré el momento en el que me detuve frente a tu casa y te vi sola en el césped, llorando.

Cuando te llamé, te acercaste. Y te subiste al coche.

Y luego... nos marchamos de allí y nos alejamos sin mirar atrás.

Karen me aprieta las manos y me clava la vista, llena de intención.

—Sky, te juro por lo más sagrado que lo único que pretendía era protegerte.

Hice todo lo que estaba en mi mano para que él no te encontrara y para que tú no te toparas con él.

No volvimos a mencionarlo y me esforcé para que superaras aquella época y tuvieras una vida lo más normal posible.

Sabía que no iba a poder esconderte eternamente, que un día tendría que confesarte lo que había hecho...

, pero todo eso entonces me daba igual. Y sigue sin importarme.

Solo quería mantenerte a salvo hasta que fueras mayor de edad y no pudieran enviarte a vivir con él de nuevo.

»El día antes de rescatarte, fui a tu casa cuando no había nadie.

Me colé porque quería llevarme algún objeto que te hiciera sentir mejor cuando estuvieras ya a salvo, lejos de allí, algo como un oso de peluche o una mantita.

Pero, cuando entré en la habitación, me di cuenta de que nada en aquella casa iba a hacerte sentir mejor.

Basándome en mi propia experiencia, supe que cualquier cosa que tuviera relación con él te recordaría lo que te había hecho.

Por eso no me llevé nada, porque no quería que rememoraras todo aquello.

Se levanta y sale del salón en silencio, aunque no tarda en regresar con una cajita de madera.

—Sin embargo, no pude resistirme a coger esto. Sabía que, cuando te contara la verdad, querrías saber todo lo que pudieras sobre tu madre. No vi gran cosa, pero lo que encontré lo guardé para ti.

Se me llenan los ojos de lágrimas al acariciar la caja de madera que contiene los únicos recuerdos de una mujer a la que creí que ya no podría recordar. No la abro, no puedo; necesito hacerlo a solas.

Cuando Karen me retira el pelo por detrás de la oreja, vuelvo a mirarla.

—Sé que lo que hice estuvo mal, pero no me arrepiento.

Si tuviera que volver a hacerlo para asegurarme de que estás a salvo, no me lo pensaría dos veces.

Me imagino que probablemente me odias por haberte mentido, y lo entiendo.

No pasa nada, porque yo tengo amor suficiente para las dos.

No quiero que te sientas culpable por tus sentimientos, sean los que sean.

Llevo trece años preparándome para este momento y esta conversación.

Estoy lista para lo que decidas. Quiero que hagas lo que sea mejor para ti.

Llamaré a la policía ahora mismo si es lo que deseas.

Les contaré lo que acabo de confesarte si con eso logras encontrar paz mental.

Si necesitas que espere a tu cumpleaños real para que puedas seguir viviendo aquí hasta entonces, también lo haré.

Me entregaré en comisaría el día en el que seas mayor de edad y se te permita cuidar de ti misma.

Elijas lo que elijas, nunca te lo cuestionaré y, sobre todo, decidas lo que decidas, no te preocupes por mí.

Sé que por fin estás a salvo. ¿Qué más podría pedir?

No conozco qué traerá el futuro, pero sé que los trece años que he pasado a tu lado lo compensarán con creces.

Bajo la vista hacia la caja sin dejar de llorar.

No sé qué hacer; no sé qué está bien y qué está mal.

Es como si lo correcto fuera incorrecto en este caso.

Sé que no puedo responderle ahora mismo.

Después de todo lo que me ha contado, siento que lo que pensaba sobre la justicia me ha dado una bofetada en la cara.

La miro a los ojos y niego con la cabeza.

—No lo sé —susurro—. No sé lo que quiero que pase.

Y, aunque no sé lo que quiero, sé lo que necesito: un cambio de capítulo.

Cuando me levanto, ella permanece sentada, observándome mientras me dirijo a la puerta. No puedo sostenerle la mirada mientras la abro.

—Necesito un rato para pensar —le anuncio en voz baja antes de irme.

En cuanto la puerta se cierra, Holder me abraza. Yo le echo la mano al cuello y hundo la cara en su hombro sin soltar la caja. No puedo parar de llorar y no sé cómo procesar lo que acabo de descubrir.

—El cielo —murmuro—. Necesito mirar el cielo.

Él no me hace preguntas. Sabe perfectamente a qué me refiero, por lo que me da la mano y me acompaña hasta el coche. Mientras nos alejamos de la casa, Jack vuelve a entrar.