Lunes, 29 de octubre de 2012. 2335 h
Cuando me doy la vuelta buscando a Holder, no lo encuentro. Me siento en la cama, pero fuera está oscuro, por lo que alargo el brazo para encender la lamparita. Al no ver sus zapatos donde los dejó, me visto y voy en su busca.
Salgo al patio, aunque no lo encuentro en la zona de los bungalós. Cuando estoy a punto de marcharme, lo distingo tumbado en el suelo, junto a la piscina, observando las estrellas con las manos detrás de la nuca. Se le ve tan tranquilo que me dirijo a una de las cabañas para no molestarlo.
Me hago un ovillo en una tumbona, meto los brazos por dentro del jersey y me acomodo mientras lo observo.
La luna llena lo baña en su luz suave, que le da un aire angelical.
Está perdido en sus pensamientos, contemplando el cielo, y su expresión es serena.
Me alegra mucho ver que ha logrado encontrar una reserva de paz en su interior para superar este día.
Sé lo mucho que Lesslie significaba para él y que se le ha roto el corazón en mil pedazos.
Sé lo que siente porque ahora compartimos el dolor.
Si él siente algo, yo también; si lo siento yo, él lo comparte.
Es lo que pasa cuando dos personas se convierten en una: no solo comparten el amor, sino también el dolor, la pena, la angustia, la tristeza...
A pesar de la calamidad que es mi vida ahora mismo, me siento envuelta en una agradable sensación de calidez y consuelo tras las últimas horas pasadas a su lado.
No sé qué traerá el futuro, pero no me importa porque sé que Holder estará conmigo en todo momento, ayudándome a sobrellevar lo que venga.
Me lo ha demostrado, y ahora tengo la certeza de que no volveré a perder la esperanza mientras él forme parte de mi vida.
—Ven, túmbate a mi lado —me pide sin apartar la vista del cielo.
Me levanto y me acerco a él, sonriendo. Cuando me siento junto a él, se quita la chaqueta y me cubre con ella antes de tumbarnos juntos sobre el frío suelo de hormigón. Me acurruco en su pecho y él me acaricia el pelo mientras contemplamos el cielo estrellado.
Un recuerdo se asoma a mi mente. Cierro los ojos y lo animo a desarrollarse porque quiero rememorarlo. Tengo la sensación de que se trata de una memoria feliz, y no quiero perderme ni una de esas. Me abrazo a Holder con fuerza y me doy permiso para perderme en ella.