Trece años atrás
—¿Por qué no tienes tele? —le pregunto.
Llevo ya muchos días con ella. Es muy buena conmigo y estoy a gusto aquí, pero echo de menos ver la tele, aunque no tanto como añoro a Dean y a Lesslie.
—Porque la gente cada vez es más dependiente de la tecnología y eso los vuelve perezosos —me explica Karen.
La verdad es que no entiendo lo que dice, pero finjo que sí porque me gusta estar aquí y no quiero que se enfade y me devuelva a casa de mi papi. No quiero volver, todavía no.
—Hope, ¿te acuerdas de que, hace unos días, te comenté que quería hablarte de algo muy importante?
La verdad es que no, pero asiento con la cabeza y finjo que sí. Estamos sentadas a la mesa. Ella acerca la silla a la mía y me dice:
—Esto es muy importante. Quiero que prestes atención, ¿de acuerdo?
Asiento de nuevo. Espero que no me diga que va a llevarme a casa. No estoy lista. Echo mucho de menos a Dean y a Lesslie, pero no quiero volver con mi papi.
—¿Sabes lo que significa «adopción»?
Niego con la cabeza porque es la primera vez que oigo esa palabra.
—Es cuando alguien quiere tanto a un niño..., o niña en este caso, que desea que sea su hija. Por eso la adoptan: para poder ser su mami o su papi. —Me toma la mano y le da un apretón—. Y yo te quiero tanto que voy a adoptarte.
Le sonrío, aunque no acabo de entender qué me está diciendo.
—¿Vas a venir a vivir con papi y conmigo?
—No, cariño. Tu papi te quiere mucho, muchísimo, pero ya no puede cuidar de ti. Necesita que te cuide yo a partir de ahora porque quiere estar seguro de que seas feliz. Por eso ahora, en vez de vivir con él, te quedarás conmigo. Yo seré tu mami.
Siento ganas de llorar, aunque no sé por qué.
Karen me gusta mucho, pero también quiero a mi papi.
Me gusta la casa nueva, cómo cocina y mi nueva habitación.
Quiero quedarme aquí, no quiero irme, pero no puedo sonreír porque me duele la tripita.
Me ha empezado a doler cuando ha dicho que mi papi ya no iba a poder cuidarme más.
Me pregunto si se ha enfadado conmigo por algo que he hecho, pero no se lo pregunto a Karen.
Tengo miedo de que piense que quiero volver con él y me devuelva a su casa. Lo quiero, pero también me asusta.
—¿Te alegras de que vaya a adoptarte? ¿Quieres vivir conmigo?
Sí, quiero vivir con ella, aunque estoy triste porque tardamos muchísimos minutos en llegar hasta aquí, y eso significa que Dean y Lesslie están muy lejos.
—Sí, pero ¿y mis amigos? ¿Cuándo podré verlos?
Karen ladea la cabeza y me sonríe mientras me coloca el pelo por detrás de la oreja.
—Cariño, vas a hacer un montón de nuevos amigos.
Le devuelvo la sonrisa, aunque me sigue doliendo la tripa. No quiero amigos nuevos, quiero a Dean y a Lesslie. Los echo de menos. Me arden los ojos, pero hago un esfuerzo por no llorar. He de evitar que piense que no quiero que me adopte, porque sí que quiero.
Karen se inclina hacia mí y me abraza.
—Cariño, no te preocupes. Algún día volverás a verlos, pero de momento no podemos regresar, así que haremos nuevos amigos por aquí, ¿vale?
Cuando asiento en silencio, ella me da un beso en la coronilla mientras yo contemplo la pulsera que sigo llevando en la muñeca. Acaricio el corazón y deseo con todas mis fuerzas que Lesslie sepa dónde estoy. Espero que sepan que estoy bien porque no quiero que se preocupen por mí.
—Otra cosa —añade—. Te va a encantar. —Karen se echa hacia atrás en la silla y alcanza un trozo de papel y un lápiz—. Lo mejor de que te adopten es que puedes escoger el nombre que te apetezca. ¿Lo sabías?
Niego con la cabeza. No sabía que la gente podía elegir el nombre que quisiera.
—Antes hemos de descartar los que no se pueden usar. No puedes elegir el nombre que tenías hasta ahora y tampoco ningún apodo. ¿Tienes alguno? ¿Tu padre te llama de alguna manera?
Asiento, pero no quiero pronunciarlo en voz alta.
—¿Cómo te llama?
Me miro las manos y me aclaro la garganta.
—«Princesa» —respondo en voz baja—, pero no me gusta.
Ella parece entristecerse al oírme.
—Muy bien, pues no te llamaremos así nunca más, ¿vale?
Asiento feliz de que tampoco le guste.
—Quiero que me hables de cosas que te hagan feliz. Cosas bonitas, que te alegren. Tal vez encontremos un nombre entre todas ellas.
No necesito que haga una lista porque solo hay una cosa que me haga sentir así.
—Lo que más me gusta es el cielo. —Dean me pidió que no lo olvidara nunca y siempre lo tengo presente.
—Cielo —repite, sonriendo—. Me encanta, es precioso, aunque ya te llamo «cielo» como apodo cariñoso. ¿No hay otra cosa que te guste?
Cierro los ojos con fuerza y trato de pensar en algo más, pero no me sale nada. El cielo es la única cosa que es preciosa y que me hace feliz cuando pienso en ella.
—No, tiene que ser el cielo.
Karen se queda pensando unos momentos hasta que se le ilumina la mirada.
—¿Qué te parece si te ponemos «cielo» en otro idioma? —propone—. «Ciel» en francés o «Sky» en inglés...
Repito los nombres en mi mente.
—Sí. Sky me gusta.
Karen sonríe.
—¿Verdad que sí? Es bonito y creo que te pega mucho. Pero necesitamos otro. Todo el mundo necesita dos nombres. ¿Qué más cosas te gustan?
—Nada, solo me gusta el cielo. —Me encojo de hombros—. ¿Y a ti? ¿Qué cosas te gustan?
Ella sonríe y apoya la barbilla en la mano.
—Muchas cosas, sobre todo la pizza. ¿Qué tal si te llamamos Sky Pizza?
Me echo a reír.
—No, es un nombre muy tonto.
—Vale, déjame pensar. ¿Qué te parece «Osito de Peluche»? Te podríamos poner Osito de Peluche Sky.
Me echo a reír otra vez y niego con la cabeza.
Ella vuelve a inclinarse hacia mí.
—¿Sabes lo que me apasiona de verdad?
—¿Qué?
—Las hierbas y plantas medicinales. Se usan para curar enfermedades.
Me encanta cultivarlas para ayudar a la gente a que se encuentre mejor.
Algún día me gustaría tener mi propia herboristería.
Tal vez podríamos elegir un nombre de planta medicinal para que nos traiga suerte.
Hay muchísimas y algunas tienen nombres muy bonitos.
Se levanta, va al salón y regresa con un libro que deja sobre la mesa. Lo abre y me señala una de las páginas
—¿Qué te parece «Tomillo»? —Me guiña el ojo.
Le digo que no, pero se me escapa la risa.
—¿Y... «Caléndula»?
Vuelvo a negarme.
—Ni siquiera sé pronunciarlo.
Ella arruga la nariz.
—Bien visto. Supongo que es importante que seas capaz de pronunciar tu nombre.
—Baja la vista y lee unos cuantos más en voz alta, pero no me gusta ninguno—.
¿Qué te parece «Tilo» o «Tila»? El tilo es el árbol y, con las hojas, se hace la infusión de tila, que ayuda a descansar y a dormir bien por las noches. ¿Te gusta?
Me encojo de hombros.
—El nombre no mucho, pero me encanta estar tranquila y dormir bien. ¿Cómo se dice en otros idiomas?
A Karen se le iluminan los ojos.
—Tanto en inglés como en alemán se llama igual: «Linden» . Es bonito, ¿no?
Sonrío.
—Sí, me gusta mucho.
Me devuelve la sonrisa, cierra el libro y se acerca a mí.
—Muy bien, Linden Sky Davis, ya tienes nuevo nombre. Creo que es el más bonito del mundo. No volvamos a utilizar el antiguo nunca más, ¿te parece bien? Prométeme que, a partir de ahora, solo pensarás en tu precioso nombre nuevo y en tu preciosa vida nueva.
—Te lo prometo.
Y lo digo muy en serio. No quiero pensar más en mi antiguo nombre ni en mi antigua habitación ni en las cosas que me hacía mi papi cuando era su princesa. Me encanta mi nuevo nombre y adoro mi nuevo cuarto, donde no tengo que preocuparme de si el pomo de la puerta gira o no.
Le echo los brazos al cuello. Ella me devuelve el abrazo con fuerza, lo que me hace sonreír porque es tal como me imaginaba que serían los de mi mami cada vez que deseaba que estuviera viva para abrazarme.