Hopeless. Tocando el cielo (Hopeless 1) Lunes, 29 de octubre de 2012. 950 h
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Lunes, 29 de octubre de 2012. 950 h

Al darme la vuelta, veo a Holder sentado a mi lado en la cama. Está consultando el móvil. Al ver que me estiro, se gira hacia mí y se inclina para darme un beso, pero yo aparto la cara.

—Me canta el aliento —murmuro mientras me levanto.

Él se echa a reír y vuelve a revisar el teléfono. Parece que en algún momento de la noche volví a ponerme la camiseta, pero la verdad es que no me acuerdo. Me la quito y entro en la ducha. Cuando termino y vuelvo a la habitación, Holder está recogiendo nuestras cosas.

—¿Qué haces?

Lo observo mientras dobla una de mis camisetas y la mete en la bolsa. Me mira de reojo antes de seguir guardando la ropa que ha extendido sobre la cama.

—No podemos quedarnos aquí eternamente, Sky. Hemos de decidir qué quieres hacer.

Doy unos pasos hacia él mientras el corazón se me acelera.

—Pero... es que todavía no lo sé. No tengo adónde ir.

Él detecta el pánico en mi voz y rodea la cama para abrazarme.

—Me tienes a mí, Sky. Cálmate. Podemos volver a mi casa y decidirlo allí. Hemos de pensar en el curso; no podemos dejar los estudios así como así. Y lo que tampoco podemos hacer es vivir en un hotel.

La idea de estar tan cerca de Karen me inquieta.

Tengo miedo de que la cercanía me impulse a pedirle explicaciones, y todavía no me siento preparada para enfrentarme a ella.

Necesito un día más. Quiero volver a ver mi antigua casa por si me despierta nuevos recuerdos.

No me apetece que sea Karen quien me dé los detalles de lo que ocurrió.

No quiero tener que fiarme de su palabra; necesito recordar lo máximo posible por mí misma.

—Un día más, por favor —le ruego—. Quedémonos un día más. Necesito aclararme las ideas y para eso tengo que volver a esa casa.

Holder da un paso atrás y niega con la cabeza.

—Ni hablar —protesta con firmeza—. No pienso permitir que vuelvas a pasar por eso. No vamos a regresar.

Le sujeto las mejillas para tranquilizarlo.

—Necesito hacerlo, Holder. Te prometo que no bajaré del coche. Te lo juro. Necesito volver a ver la casa antes de irnos. En el rato que pasamos ayer allí, recordé tantas cosas que quiero aprovechar para recuperar todo lo posible antes de tomar una decisión.

Él suspira y camina de un lado a otro, como buscando la manera de negarse.

—Por favor —insisto, porque sé que será incapaz de decirme que no si continúo rogándoselo.

Despacio, se vuelve hacia la cama, coge las bolsas y las lanza hacia el armario abierto.

—De acuerdo. Te dije que te apoyaría en lo que necesitaras, pero no pienso volver a colgar la ropa. —Señala el equipaje, haciéndose el digno.

Riendo, corro hacia él y le echo los brazos al cuello.

—Eres el mejor novio del mundo y el más comprensivo.

Él suspira mientras me devuelve el abrazo.

—No, no es verdad. —Me besa en la sien—. Lo que soy es el más calzonazos del planeta.