Sábado, 27 de octubre de 2012. 2020 h #5
¿Cómo es posible que no me acordara de nada? ¿Cómo puede ser que no reconociera a Holder la primera vez que lo vi?
—Sky, abre la puerta, por favor.
Apoyo la espalda en la pared. Todo esto me supera. Los recuerdos, las emociones, el sufrimiento... No puedo asumir tantas cosas a la vez.
—Cielo, por favor. Hemos de hablar y no puedo hacerlo a través de la puerta. Por favor, ábreme.
Él lo ha sabido todo el tiempo. Se dio cuenta en el súper y luego, cuando vio la pulsera, supo que me la había dado Lesslie. Lo sabía y no me lo dijo.
El dolor y la confusión se transforman en furia.
Me levanto y me dirijo a la puerta, que abro con rabia.
Holder está apoyado en el marco y me mira fijamente, pero siento como si no supiera quién es.
Ya no sé lo que es real y lo que no entre nosotros.
Ignoro si sus sentimientos van dirigidos hacia mí o hacia la niñita que fui.
Y necesito averiguarlo. Necesito saber quién era esa niña. Quién era yo. Me trago el miedo y le hago la pregunta, aunque mucho me temo que ya sé la respuesta.
—¿Quién es Hope?
Su expresión no cambia, por lo que se lo vuelvo a preguntar en voz más alta.
—¿Quién demonios es Hope?
Holder mantiene los ojos clavados en los míos y las manos apoyadas en el marco, incapaz de contestar.
Por alguna razón que se me escapa, no quiere que lo sepa; no quiere que recuerde quién soy.
Inspiro hondo y trato de controlar las lágrimas que amenazan con regresar.
Tengo miedo de insistir porque no quiero saber la respuesta.
—¿Soy yo? —pregunto con la voz temblorosa—. Holder, ¿soy yo?
Él suelta el aire con brusquedad y mira al techo, como si le costara un gran esfuerzo no echarse a llorar. Cierra los ojos y apoya la frente en el brazo. Luego inspira hondo antes de volver la vista hacia mí.
—Sí.
El aire parece espesarse a mi alrededor, tanto que no puedo respirarlo.
Permanezco inmóvil ante él, incapaz de dar un paso.
Todo lo demás se queda en silencio, excepto mi mente, que está llena de pensamientos, preguntas y recuerdos que se pisan entre ellos en su urgencia por ver la luz, y no sé cómo gestionarlos.
No sé si necesito llorar, gritar, dormir o echar a correr.
Lo que tengo claro es que debo salir de aquí. Holder, el baño, la maldita casa: todo se me cae encima. Necesito huir para dar espacio a todo lo que trata de salir de mi cabeza. Necesito dejarlo salir todo.
Cuando lo empujo para escapar, intenta agarrarme del brazo, pero me libro de él.
—¡Sky, espera!
Lo oigo gritar, pero no me detengo. Corro escaleras abajo tan deprisa como puedo, bajando los escalones de dos en dos. Al oír que me persigue, acelero y apoyo mal el pie. La barandilla se me escapa y caigo hacia delante hasta que voy a parar al pie de la escalera.
—¡Sky! —grita Holder.
Trato de levantarme, pero él me alcanza y me abraza sin darme tiempo a salir. Aunque lo empujo para que me suelte y poder llegar al exterior, no afloja el abrazo.
—¡A la calle! —le ruego sin fuerzas y sin aliento—. Necesito salir a la calle, por favor, Holder.
Noto que lucha contra su instinto, que no quiere soltarme. A regañadientes, afloja el agarre y me busca la mirada.
—No corras, Sky. Sal, pero no te vayas, por favor. Tenemos que hablar.
Cuando asiento, me suelta y me ayuda a levantarme.
Salgo de la casa y, cuando llego al césped, enlazo las manos en la nuca e inhalo una gran bocanada de aire fresco.
Al echar la cabeza hacia atrás, veo las estrellas.
¡Cómo desearía estar ahí arriba ahora mismo!
No quiero que sigan apareciendo recuerdos porque, cada vez que surge uno, viene acompañado de nuevas preguntas que me dejan más confusa que antes.
No entiendo de qué conozco a Holder ni por qué no me lo ha comentado antes.
No entiendo cómo es posible que me llamara Hope si toda la vida me han llamado Sky.
Ni por qué Karen me dijo que era mi nombre de pila si no es verdad.
Todo lo que he dado por cierto hasta ahora se está desmoronando, dejando al descubierto cosas que no quiero saber.
Sé que me han mentido, y me aterra averiguar lo que todo el mundo trata de esconder.
Permanezco en el jardín una eternidad, intentando poner en orden algo que desconozco.
Sé que tengo que hablar con Holder y descubrir lo que sabe, pero estoy muy dolida.
No me apetece nada enfrentarme a él después de saber que lleva todo este tiempo ocultándome algo así.
Siento que todo lo que ha pasado entre nosotros no ha sido real, sino solo una fachada.
Estoy agotada emocionalmente y no me veo capaz de asimilar más revelaciones por hoy. Solo quiero irme a casa y meterme en la cama. Necesito dormir antes de afrontar el hecho de que no me haya dicho que nos conocíamos de niños. Ni siquiera entiendo por qué ha pensado que debía ocultármelo.
Me doy la vuelta y me dirijo hacia la puerta, donde me está esperando. Se echa a un lado para dejarme entrar; yo voy directa a la cocina. Abro la nevera, saco una botella de agua y bebo con ganas. Tengo la boca seca y, aunque antes me ha dicho que iba a buscarme agua, no ha llegado a traérmela.
Dejo la botella en la isleta central y le pido que me lleve a casa.
Él no protesta. Se da la vuelta, coge las llaves del mueblecito de la entrada y me hace un gesto para que lo siga. Dejo el agua en la cocina y vamos hasta el coche en silencio. Una vez dentro, él arranca y conduce sin decir ni una palabra.
Al pasar de largo el desvío de mi casa, me queda claro que no tiene ninguna intención de llevarme allí. Me vuelvo hacia él, que tiene la vista fija al frente.
—Llévame a casa —le repito.
Él me mira con determinación.
—Hemos de hablar, Sky. Tienes preguntas que hacerme, no lo niegues.
Es cierto. Hay un millón de cosas que quiero preguntarle, pero esperaba que me dejara consultarlo con la almohada para poner un poco de orden en la cabeza y resolver sola tantas como pudiera. Lo que está claro es que mis preferencias le dan igual.
Me quito el cinturón y apoyo la espalda en la puerta del coche para mirarlo a la cara. Si no piensa darme tiempo para asimilar las cosas, le soltaré todas mis dudas de golpe para que me lleve a casa cuanto antes.
—Muy bien —empiezo en tono belicoso—. Vamos a quitárnoslo de encima.
¿Por qué llevas dos meses mintiéndome? ¿Por qué te pasaste semanas sin hablarme después de ver la pulsera?
¿Y por qué no comentaste quién creías que era el primer día en el súper?
Porque ya lo sabías, Holder. Supiste quién era desde el principio y, por alguna razón, te pareció que sería divertido engañarme hasta que me diera cuenta por mí misma.
Me pregunto si tan siquiera te gusto o si todo ha sido un juego para ti.
Espero que te hayas divertido y que todo el dolor que me has causado haya valido la pena, porque nunca me habían hecho tanto daño en toda mi vida.
Estoy temblando de la rabia. Dejo de resistirme y me echo a llorar, porque las lágrimas son otra de las muchas cosas que buscan el camino de salida y no tengo fuerzas para seguir reprimiéndolas. Me las seco con el dorso de la mano y bajo el tono de voz.
—Me has hecho daño, Holder. Muchísimo. Me prometiste que siempre serías sincero conmigo.
Ya no grito, todo lo contrario; hablo tan bajito que no sé si me oye, porque el muy capullo sigue mirando al frente.
Cierro los ojos con fuerza y me cruzo de brazos.
Harta, vuelvo a sentarme bien en el asiento, me vuelvo hacia la ventanilla y maldigo al karma por haber traído a este chico a mi vida solo para destrozármela.
Al ver que él sigue conduciendo sin responder a ninguna de mis preguntas, se me escapa una risa burlona y patética a la vez.
—Tu tatuaje no engaña —murmuro—. Eres un caso perdido.