Hopeless. Tocando el cielo (Hopeless 1) Sábado, 27 de octubre de 2012. 2020 h #4
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Sábado, 27 de octubre de 2012. 2020 h #4

Me besa en la frente y deja de sostenerme por la espalda.

Se levanta y se pone los vaqueros antes de recoger el vestido.

Lo sacude, le da la vuelta, luego regresa a la cama y me lo pone por la cabeza.

Me levanta los brazos, me ayuda a meterlos por los tirantes y me lo baja hasta la cintura.

Cuando ya estoy tapada, me da un beso inseguro en los labios, como si tuviera miedo de volver a tocarme.

Sale de la habitación; yo apoyo la cabeza en la pared y cierro los ojos.

No tengo ni idea de lo que ha pasado, pero el miedo a perderlo es muy real.

Lo que debería haber sido uno de nuestros momentos más íntimos se ha convertido en un desastre por mi culpa.

Y lo peor es que ahora es él quien se siente culpable, quien cree que es un desastre que no hace nada bien.

Probablemente está deseando que me marche y no me extraña. A mí también me gustaría huir de mí.

Aparto las mantas y me levanto. Me bajo el vestido, pero no me molesto en buscar la ropa interior.

Necesito ir al baño y calmarme un poco para que pueda llevarme a casa.

Es la segunda vez este fin de semana que acabo llorando a mares y ni siquiera entiendo la razón.

Ya van dos veces que Holder tiene que salvarme; no pienso hacerlo pasar por eso de nuevo.

Al pasar frente a la escalera, echo un vistazo sobre la barandilla y lo veo en la cocina con los codos sobre la barra y la cara hundida entre las manos. Parece triste y disgustado, y no soporto verlo así, por lo que abro la primera puerta que encuentro a mano derecha, pensando que es el baño.

No lo es.

Es la habitación de Lesslie. Mi intención es cerrar la puerta, pero no lo hago.

Todo lo contrario, la abro un poco más, me cuelo dentro y me encierro.

En realidad, me da igual si estoy en un baño, un dormitorio o un armario, lo único que necesito es un poco de paz y tranquilidad, y tiempo para recuperarme de lo que sea la mierda esta que me ha pasado.

Empiezo a pensar que estoy loca. Nunca me había desconectado de la realidad de esta manera; me da mucho miedo.

Todavía me tiemblan las manos y, para evitarlo, me las sujeto con fuerza ante el pecho y me concentro en cualquier otra cosa mientras me calmo.

Al mirar a mi alrededor, el cuarto me resulta bastante inquietante.

La cama no está hecha, lo que me choca, ya que el resto de la casa se halla impecable.

Hay unos vaqueros tirados en el suelo, como si alguien acabara de quitárselos.

El resto de la habitación es lo que uno espera encontrar en la de una adolescente.

Hay maquillaje en el tocador y un trasto de esos que reproducen música —iPod creo que los llaman— en la mesita de noche.

Da la sensación de ser un cuarto en uso, no parece que Lesslie ya no se encuentre aquí.

Es evidente que nadie ha tocado la habitación desde su muerte.

Hay fotos en las paredes y pegadas al espejo del tocador.

Su ropa sigue en el armario, algunas cosas colgadas y otras en la base del mueble.

Ha pasado más de un año, pero juraría que nadie en su familia lo ha aceptado aún.

Aunque estar aquí me resulta escalofriante, al menos hace que me olvide de lo sucedido.

Me acerco a la cama para echar un vistazo a las fotografías que cuelgan de la pared.

Casi todas son de Lesslie y sus amigos, pero también hay algunas en las que sale con Holder.

Se parece mucho a él; tienen el mismo pelo castaño oscuro y ojos azules de mirada intensa.

Lo que más me sorprende es lo feliz que se la ve.

En todas parece satisfecha y llena de vida, lo que hace muy difícil imaginarse qué debió de pasarle por la cabeza.

No me extraña que Holder no tuviera ni idea de lo desolada que se sentía.

Lo más seguro es que no se lo contara nunca a nadie.

Cojo una foto que está boca abajo en la mesita de noche y, al darle la vuelta, contengo el aliento.

En ella, está besando a Grayson en la mejilla mientras se abrazan.

La imagen me toma tan por sorpresa que necesito sentarme en la cama para recuperarme de la impresión.

¿Será por eso por lo que Holder lo odia tanto?

¿Es esa la razón por la que no quería que me tocara?

Me pregunto si lo culpa de la muerte de su hermana.

Sigo sentada en la cama con la foto en las manos cuando se abre la puerta y Holder asoma la cabeza.

—¿Qué haces? —inquiere. No parece enfadado al encontrarme aquí, pero sí incómodo, aunque supongo que es una reacción a cómo lo he hecho sentir antes.

—Buscaba el baño. Perdona, necesitaba un minuto.

Se apoya en el marco de la puerta y se cruza de brazos mientras pasea la vista por la habitación. Su modo de observarla me recuerda al mío: es como si lo estuviera viendo todo por primera vez.

—¿No ha vuelto a entrar nadie aquí desde...?

—No. —No me deja ni terminar la pregunta—. ¿Para qué? Ella ya no está.

Asiento en silencio y pongo la foto en la mesita boca abajo, tal como Les la dejó.

—¿Salían juntos?

Él da un paso adelante, titubeando, antes de decidirse a entrar del todo.

Se sienta a mi lado en la cama, apoya los codos en las rodillas y entrelaza las manos.

No me responde al momento porque se entretiene mirando a su alrededor.

Cuando al fin se gira hacia mí, me abraza por los hombros y me atrae hacia su pecho.

Comprobar que sigue teniendo ganas después de lo sucedido hace que casi me eche a llorar de nuevo.

—Rompió con ella la noche antes —responde en voz baja.

Intento que no se me note demasiado, pero sus palabras me golpean con fuerza.

—¿Crees que esa fue la razón que la impulsó a hacerlo? ¿Por eso lo odias tanto?

—No, ya lo detestaba antes de que rompiera con ella.

La trataba como el culo, Sky, pero no, no creo que fuera la causa de lo que hizo.

Tal vez fue el detonante que la animó a tomar una decisión a la que llevaba tiempo dándole vueltas.

Ya tenía problemas mucho antes de que Grayson apareciera en su vida.

Así que no lo culpo; nunca lo he hecho. —Se levanta y me da la mano—. Vamos, no quiero seguir aquí.

Echo una última ojeada a la habitación antes de ponerme en pie y seguirlo.

Sin embargo, no llego a la puerta porque me quedo observando las fotografías del tocador.

Él se da la vuelta y me observa mientras yo contemplo una foto enmarcada de Holder y Lesslie de niños.

La cojo para examinarla más de cerca. Verlo tan pequeño me hace sonreír.

Es reconfortante que estén los dos tan jóvenes, es como revivir la inocencia que tenían antes de que los alcanzaran los golpes de la vida.

Se encuentran delante de una casa blanca.

Holder la está agarrando del cuello y la apretuja.

Ella lo abraza por la cintura y ambos sonríen a la cámara.

Me fijo en la vivienda de detrás. Es blanca con molduras amarillas y, si pudiera asomarme al interior, vería que el salón está pintado en dos tonos de verde.

Cierro los ojos.

¿Cómo puedo saber eso? ¿Cómo puedo saber de qué color es el salón?

Las manos me empiezan a temblar de nuevo; cuando trato de respirar, no puedo.

¿Por qué me suena tanto esa casa? Es como si conociera a los niños de la foto.

¿Cómo puedo saber que hay unos columpios verdes y blancos detrás?

O que a tres metros de ellos hay un pozo seco que tuvieron que cubrir porque el gato de Lesslie se cayó dentro una vez.

—¿Estás bien? —me pregunta Holder.

Trata de arrebatarme la foto, pero yo lo impido y lo miro a los ojos. Cuando da un paso hacia mí con expresión preocupada, retrocedo.

¿De qué lo conozco?

¿De qué conozco a Lesslie?

¿Y por qué siento como si los echara de menos? No tiene sentido. Alterno la vista entre Holder y la foto, y esta vez me fijo en la muñeca de Lesslie. Lleva una pulsera... idéntica a la mía.

Quiero preguntarle por ello, pero no puedo. Aunque intento hablar, no me salen las palabras, por lo que me limito a aferrarme a la imagen.

Holder niega con la cabeza y me mira como si se le estuviera rompiendo el corazón.

—Sky, no —me ruega.

—¿Cómo? —Se me quiebra la voz, apenas audible, mientras vuelvo a bajar la vista hacia la imagen—.

Hay unos columpios. Y un pozo. Y... tu gato, que se quedó atrapado en él.

—Lo miro a los ojos mientras sigo vaciando todo lo que guardo en la cabeza—.

Holder, conozco ese salón. Es verde, y la cocina tenía una encimera que nos quedaba demasiado alta y...

tu madre. Se llama Beth. —Hago una pausa y trato de recuperar el aliento porque los recuerdos no cesan de brotar, pero no puedo respirar, no hay manera—. Holder, tu madre... ¿se llama Beth?

Él hace una mueca y se hunde las manos en el pelo.

—Sky... —musita incapaz de mirarme.

Parece confuso, desolado... Me ha estado mintiendo, está claro. Me oculta algo, algo que tiene miedo de reconocer.

Me conoce; me conoce de antes. ¿De qué y por qué demonios no me ha dicho nada?

Me estoy mareando. Paso por su lado a toda prisa y abro la puerta que queda enfrente de esta, que resulta ser un baño, gracias a Dios. Echo el pestillo, suelto la foto en la encimera, junto al lavamanos, y me dejo caer al suelo.

Los recuerdos y las imágenes me inundan la mente como si alguien hubiera abierto las compuertas de un pantano.

Me vienen recuerdos de ella, de él, de los tres juntos.

Estamos jugando, cenando en su casa. Recuerdo que Lesslie y yo éramos inseparables, que la quería.

Era muy pequeña y no sé de qué los conocía, pero sé que los quería a los dos.

Me sobreviene un gran dolor al darme cuenta de que la Lesslie que amé de pequeña ya no existe.

Su ausencia me provoca un gran pesar, pero no sufro por mí como Sky, sino por la niña que era antes.

Su pena ante la pérdida de su amiga brota a través de mí.