Sábado, 27 de octubre de 2012. En algún momento de la noche
En algún momento de la noche
—Sky.
Pesa demasiado. Todo es demasiado pesado y odio esta sensación.
Aunque no tengo nada visible sobre el pecho, siento una presión que no reconozco, unida a una gran tristeza.
Es tan grande que me consume, aunque no tengo ni idea de qué la causa.
Me tiemblan los hombros y oigo que hay alguien sollozando en la habitación. ¿Quién está llorando?
¿Soy yo?
—Sky, despierta.
Noto su cuerpo. Me está abrazando por detrás y tiene la mejilla pegada a la mía. Le agarro la mano y me quito su brazo de encima. Me siento en la cama y miro a mi alrededor. Fuera todavía es de noche y estoy llorando. No entiendo nada.
Holder se sienta a mi lado, hace que me vuelva hacia él y me seca las mejillas con los pulgares.
—Cielo, me estás asustando.
Me observa con cara de preocupación. Cierro los ojos con fuerza y trato de recobrar el control, porque no tengo ni idea de qué está pasando y no puedo respirar. Sé que estoy llorando y que es el llanto el que no me deja tragar aire.
El reloj de la mesita de noche indica que son las tres. Empiezo a recordar las cosas, pero... ¿por qué lloro?
—¿Por qué lloras? —Holder me abraza y yo se lo permito.
Me siento segura entre sus brazos. Cuando estoy así es como si estuviera en casa. Él mantiene el abrazo con firmeza durante lo que me parece una eternidad. De vez en cuando me besa en la sien y me acaricia la espalda mientras no cesa de repetir: «No te preocupes».
El peso se vuelve cada vez más liviano, la tristeza se disipa y dejo de llorar al fin.
Tengo miedo porque no recuerdo nada parecido. Es la primera vez que siento una pesadumbre tan insoportable. ¿Cómo es posible que un sueño genere unas emociones tan reales?
—¿Estás bien? —murmura Holder.
Yo asiento con la cabeza pegada a su pecho.
—¿Qué ha pasado?
—No lo sé. Supongo que he tenido una pesadilla.
—¿Quieres que lo hablemos? —Me acaricia el pelo.
Niego con decisión.
—No, no quiero recordarlo.
Me abraza un buen rato y luego me besa en la frente.
—No quiero dejarte sola, pero tengo que irme. No quiero que te metas en líos por mi culpa.
Aunque sé que tiene razón, no lo suelto. Deseo rogarle que no me deje sola, pero no me apetece parecer desesperada y patética. La gente tiene pesadillas constantemente; no sé por qué he reaccionado así.
—Duérmete, Sky. Todo va bien; solo ha sido un mal sueño.
Me tumbo en la cama y cierro los ojos. Siento que me roza la frente con los labios y se marcha.