Hopeless. Tocando el cielo (Hopeless 1) Martes, 28 de agosto de 2012. 755 h #3
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Martes, 28 de agosto de 2012. 755 h #3

Holder está sentado a tres mesas de distancia y es cierto, me mira fijamente.

Está acompañado de varios miembros del equipo de fútbol americano, que parecen entusiasmados por su regreso.

Le dan palmadas en la espalda y charlan a su alrededor sin darse cuenta de que ni siquiera los está escuchando.

Coge el vaso de agua y le da un trago sin apartar los ojos de mí.

Luego lo deja en la mesa con un poco más de fuerza de la necesaria y señala hacia la derecha con la cabeza mientras se levanta.

Echo un vistazo hacia allí y veo que me está indicando la salida.

Camina hacia ella y supongo que espera que lo siga.

—Ajá —digo, aunque va dirigido más a mí misma que a Breckin.

—Estoy de acuerdo, ajá. Ve a ver qué quiere y luego me lo cuentas.

Doy otro trago y dejo la cola en la mesa.

—Sí, señor.

Aunque mi cuerpo se levanta para ir tras Holder, mi corazón se queda en la mesa. Estoy casi segura de que me ha saltado del pecho cuando me ha indicado que lo siga. Ante Breckin trato de disimular, pero a mis propios órganos no puedo engañarlos.

Holder va unos metros por delante de mí y, aunque abre las puertas, estas se cierran antes de que yo llegue.

Apoyo la mano en ellas y dudo unos instantes antes de salir al vestíbulo.

En estos momentos creo que preferiría ir castigada al despacho del director a hablar con él.

Tengo tantos nudos en el estómago que sería la envidia de cualquier marinero.

Miro a ambos lados, pero no lo veo. Me acerco a las taquillas y, al girar la esquina, lo veo apoyado en ellas con la pierna doblada y cruzado de brazos, observándome fijamente. Ni siquiera el color azul celeste de sus ojos logra suavizar su rabia.

—¿Estás saliendo con Grayson?

Me acerco a él y me apoyo en las taquillas que hay enfrente, en el otro lado del pasillo. Hago una mueca exasperada porque me estoy hartando ya de sus cambios de humor, y eso que acabo de conocerlo.

—¿Acaso te importa?

No creo que sea asunto suyo. Él reacciona con la pausa habitual que he notado que precede a casi todo lo que dice.

—Es un capullo.

—A veces tú también —replico al instante, porque yo no necesito tanto tiempo como él para encontrar respuestas.

—No te conviene.

Se me escapa la risa, pero no porque me parezca gracioso, sino porque me está agotando la paciencia.

—¿Y tú sí? —le devuelvo la pelota. Si lleváramos la cuenta, diría que gano dos a cero.

Él deja caer los brazos, se vuelve y le da un manotazo a la taquilla. El sonido de la piel contra el metal retumba primero en el vestíbulo y luego en mi estómago.

—No me metas en esto —me ordena mientras se gira de nuevo hacia mí—. Estoy hablando de Grayson, no de mí. No deberías salir con él. No tienes ni idea de qué tipo de persona es.

Me echo a reír otra vez, pero no porque crea que está bromeando, sino porque va muy en serio. Este tío al que no conozco de nada... ¿me está diciendo con quién puedo salir y con quién no? ¿De verdad? Dejo caer la cabeza hacia atrás en señal de derrota.

—Dos días, Holder. Hace dos días que te conozco.

—Doy una coz para apartarme de los armaritos y me dirijo hacia él—.

En este tiempo he sido testigo de cinco facetas tuyas distintas y solo una de ellas me ha resultado atractiva.

Que te creas con derecho a decidir, o aunque solo sea a opinar, sobre mí y mis decisiones es absurdo. Es ridículo.

Él me observa con los dientes apretados y los brazos cruzados con fuerza sobre el pecho. Da un paso hacia mí y me dirige una mirada tan dura, helada y desafiante que me temo que estoy ante una sexta versión, más furiosa y posesiva.

—Ese tío no me gusta ni un pelo. Y cuando veo cosas como esta... —me apoya la mano en la cara y me acaricia el prominente morado que tengo bajo el ojo— y luego que te abraza por la cintura... Discúlpame, pero sí, tiendo a ponerme un poco... ridículo.

Me acaricia la mejilla con las yemas de los dedos hasta que vuelvo a quedarme sin aire. Aunque me cuesta horrores no cerrar los ojos y fundirme con su mano, me mantengo firme. Me estoy volviendo inmune a él... o por lo menos lo intento. Es mi nuevo objetivo en la vida.

Me aparto lo suficiente para que deje de tocarme la cara. Él aprieta el puño y deja caer el brazo.

—¿Me estás diciendo que me aleje de Grayson porque tiene mal carácter? Es un poco hipócrita, ¿no crees?

Tras observarme en silencio unos cuantos segundos, deja escapar un breve suspiro de exasperación.

Aparta la vista y niega con la cabeza mientras se agarra la nuca.

Permanece en esta posición durante unos instantes y, cuando se vuelve hacia mí, no me mira a los ojos.

Se cruza de brazos una vez más y clava la vista en el suelo.

—¿Te ha golpeado? —pregunta en tono neutro. Mantiene la cabeza baja, pero levanta los ojos hacia los míos—. ¿Te ha pegado alguna vez?

Ya estamos. Ya vuelve a aplacar mi intento de rebelión mediante un cambio de actitud.

—No —respondo en voz baja—. Y no. Ya te lo dije, fue un accidente.

Nos observamos en completo silencio hasta que suena el timbre que indica el cambio de turno en la cafetería y el pasillo se llena de alumnos. Soy la primera en apartar la vista y me alejo sin mirar atrás.