Hopeless. Tocando el cielo (Hopeless 1) Martes, 28 de agosto de 2012. 755 h #2
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Martes, 28 de agosto de 2012. 755 h #2

Hago una mueca exasperada. ¿Cómo va a saber si estoy actuando raro o no si no me conoce?

Me giro hacia la taquilla para disimular la auténtica razón por la que me estoy comportando así.

La causa son los pensamientos que me asaltan.

¿Por qué su pasado no me asusta más? ¿Por qué le hizo lo que le hizo a aquel pobre chico el año pasado?

¿Por qué ha de tener un carácter tan terrible?

¿Por qué se toma tantas molestias para salir a correr conmigo?

¿Por qué ha ido preguntando cosas sobre mí?

Pero, en lugar de admitir lo que me ronda por la cabeza, me encojo de hombros y le digo:

—Es solo que me ha sorprendido verte por aquí.

Él apoya el hombro en la taquilla y niega con la cabeza.

—No, no es eso. Hay algo más. ¿Qué pasa?

Me apoyo de espaldas en mi taquilla y suspiro antes de responderle.

—¿Quieres que sea sincera?

—No espero otra cosa de ti.

Frunzo los labios hasta que forman una fina línea.

—Pues vale. —Me vuelvo hacia él, apoyándome en el hombro, en la misma postura que la suya—. No quiero que te formes una opinión equivocada. Me dices cosas como si quisieras ligar conmigo y no estoy interesada. Y, además, eres... —Hago una pausa mientras busco la palabra adecuada.

—¿Soy qué? —Me observa con intensidad y esa es la respuesta que buscaba.

—Intenso. Demasiado. Y tienes cambios bruscos de humor. Y das un poco de miedo. Y eso sin mencionar lo otro —digo sin pronunciarlo en voz alta—. No quiero que te imagines cosas que no son.

—¿Qué es lo otro? —replica en tono provocador, como si supiera exactamente a qué me refiero y me retara a admitirlo.

Suelto el aire y apoyo de nuevo la espalda en la taquilla mientras bajo la vista a los pies.

—Ya lo sabes.

No tengo ganas de sacar el pasado a relucir. No me apetece nada y me imagino que a él todavía menos.

Holder se me pone delante y apoya la mano en la taquilla, junto a mi cabeza, antes de inclinarse sobre mí. Cuando levanto la vista, me lo encuentro observándome fijamente a menos de veinte centímetros.

—No, no lo sé porque no haces más que dar rodeos y no afrontas el problema que tienes conmigo. Dilo de una vez.

Al sostenerle la mirada, me siento atrapada y su cercanía me despierta el mismo pánico que sentí tras nuestro primer encuentro.

—Me han contado lo que hiciste —respondo con brusquedad—.

Sé que le diste una paliza a un chico y que estuviste en un centro de menores.

Sé que, en los dos días que hace que te conozco, me he cagado de miedo al menos tres veces y...

, ya que estamos siendo honestos, sé que, si has estado preguntando por mí, te habrán hablado de mi reputación, por lo que me imagino que esa es la única razón por la que te tomas tantas molestias conmigo.

Odio decepcionarte, pero no pienso follar contigo, así que, ya sabes, entre nosotros no va a pasar nada más que lo que ya ha pasado. Salimos a correr juntos, solo eso.

Él aprieta los dientes, pero su expresión se mantiene inalterable.

Baja los brazos y da un paso atrás, lo que me hace sentir que vuelvo a tener sitio para respirar.

No acabo de comprender por qué cada vez que penetra en mi espacio personal es como si me arrebatara el aire.

Y todavía entiendo menos por qué esta sensación me resulta tan agradable.

Me acerco los libros al pecho y lo empujo para abrirme paso justo cuando alguien me rodea la cintura con un brazo y me aleja de Holder. El recién llegado resulta ser Grayson, que observa al otro de arriba abajo mientras me agarra la cintura con más fuerza.

—Holder —lo saluda con frialdad—. No sabía que ibas a volver.

Él lo ignora por completo. Sigue mirándome, excepto por el breve instante en el que desvía la vista hacia la mano con la que Grayson me sujeta.

Asiente ligeramente con la cabeza y sonríe como si acabara de llegar a alguna conclusión.

Vuelve a buscar mis ojos antes de decir sin mirar al otro a la cara:

—Pues ya ves, aquí estoy.

¿Qué demonios está pasando? ¿De dónde ha salido Grayson y por qué me agarra por la cintura como si estuviera marcando territorio?

Holder aparta la vista y se da la vuelta con brusquedad para marcharse, pero se detiene en seco y vuelve a mirarme.

—Las pruebas de atletismo son el jueves después de las clases —me informa—. Preséntate.

Y se va.

Por desgracia, Grayson se queda.

—¿Tienes planes para el sábado? —me susurra al oído mientras me acerca más a él.

Yo aparto la cara y le doy un empujón en el pecho.

—¡Para! —le advierto cabreada—. La semana pasada ya te dije todo lo que tenía que decirte.

Cierro la taquilla de un portazo y me alejo. Hasta ahora había llevado una vida tranquila, sin dramas, y de golpe en dos días me han pasado tantas cosas que podría escribir un libro. ¡De verdad, no lo entiendo!

Breckin se sienta frente a mí, coloca un refresco de cola sobre la mesa y lo empuja en mi dirección.

—No tenían café, pero he encontrado cafeína.

Le sonrío.

—Gracias, favoritísimo amigo del mundo mundial.

—No me las des, te lo he comprado con malas intenciones. Es un soborno a cambio de todos los detalles de tu vida amorosa.

Me río mientras abro el refresco.

—Pues te vas a llevar un chasco, porque mi vida amorosa es inexistente.

Él abre el suyo y me devuelve la sonrisa.

—Oh, deja que lo dude. Ese chico malo de ahí no te quita el ojo de encima. —Señala hacia la derecha con la cabeza.