Hollow (Wildwater Falls 6) VEINTITRÉS #3
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VEINTITRÉS #3

— Vaya. ¿Y por qué presiento por tu tono de voz que esta mujer no llama precisamente para organizar un té de pastas y hablar del tiempo?

No me anduve con rodeos. Mi madre no era una mujer frágil a la que hubiera que proteger de la realidad.

Confiaba en ella y en su instinto. Durante los siguientes cinco minutos, le detallé sin tapujos las actitudes tóxicas, la manipulación constante y el trato denigrante que Evelyn le dispensaba a Gia y a su hermana Savannah.

Le expliqué los ataques de ansiedad que Gia había sufrido, la forma en que Evelyn intentaba controlarla y el incidente de esa misma mañana con los mensajes acosadores tras haber sido expulsada del hospital.

Lily se quedó en absoluto silencio durante todo mi relato.

Conocía a mi madre a la perfección. Sabía que detrás de ese silencio telefónico, Lily Preston estaba cabreada. Profundamente indignada por la forma en que otra mujer trataba a la chica a la que yo amaba, pero estaba intentando ser prudente y medir sus palabras.

— Entiendo perfectamente la situación, Luke —dijo finalmente Lily.

Su tono ya no era cálido; era el tono cortante de una madre que había sacado adelante a un hijo sola y se había enfrentado a toda la alta sociedad de Portland que se atrevían mirarla mal —.

Es una narcisista de manual. Una mujer muy peligrosa para la paz de Georgia.

—Necesito alejarla de mi mujer, mamá. Me da igual cómo tenga que hacerlo.

Si Evelyn vuelve a llamarte, si consigue contactar contigo de alguna manera...

dímelo inmediatamente. No quiero que Gia tenga que lidiar con ella sola, y mucho menos que esta mujer empiece a acosarte a ti creyendo que puede sacar algún tipo de beneficio.

— Pierde cuidado, Luke —me aseguró Lily, con una firmeza que me tranquilizó por completo—.

Si esa mujer tiene la osadía de llamarme de nuevo, te prometo que te avisaré al segundo.

Y te aseguro que, si decide presentarse en mi puerta, se arrepentirá.

Estoy al tanto, cariño. Vosotros centraos en estar bien. Y dale un beso a Georgia de mi parte.

Me despedí de ella, guardé el móvil en el bolsillo y, sintiéndome ligeramente más aliviado al tener a Lily sobre aviso, regresé al interior de la base.

Pasé el resto de la mañana y buena parte de la tarde con Ethan, coordinando a los cuatro smokejumpers que el estado nos había cedido para Wildwater Falls.

Me enfundé en mi rol de capitán, instruyéndolos a fondo sobre la lectura térmica del valle, el tipo de terreno escarpado del sector norte y cómo debíamos afrontar los distintos tipos de incendio y las vías de evacuación para no quedar embolsados.

Tras un almuerzo rápido en el comedor con los chicos de la base, me despedí de Harris, y Ethan y yo pusimos rumbo de regreso a Raven Ridge en nuestros respectivos coches.

Aparqué junto a al coche de Gia. Entré, dejando las llaves en la entrada. Al asomarme al salón, vi a través de la cristalera que Gia estaba sentada en una de las hamacas del porche trasero, con las piernas recogidas y una bebida helada en la mano, mirando hacia el bosque.

Fui a la cocina, me serví un vaso de agua con hielo y salí al porche de madera.

Me acerqué a su hamaca, me incliné sobre ella y la saludé con un beso profundo. Gia cerró los ojos, correspondiendo al beso con suavidad.

—¿Cómo te ha ido el día con Leah en el pueblo? —le pregunté, separándome para mirarla.

Gia levantó la ceja derecha. Fue un gesto tan sutil como irónico, dejando dolorosamente claro que aún no se había olvidado por completo de que Leah era la exmujer con la había convivido durante tres años.

—Puedes estar tranquilo, Holloway —me replicó Gia, dándole un sorbo a su bebida—.

Porque no hemos tocado el tema de vuestro maravilloso pasado.

Leah no me ha contado nada de nada, y yo me he mordido la lengua y no he hecho ni una sola pregunta incómoda.

Paso olímpicamente de imaginarme nada de lo que pudiera haber pasado entre vosotros dos.

Sonreí de medio lado, reconociendo el escozor de la pulla.

En vez de sentarme en mi propia hamaca, dejé mi vaso en el suelo. Me acerqué a ella, la agarré por la cintura y la levanté de su hamaca, me senté yo en su lugar y la coloqué a horcajadas sobre mi regazo, acomodándola contra mi pecho.

—¿Sigues enfadada conmigo por lo del sábado? —le pregunté, pasándole un brazo por la cintura para asegurarla.

Gia rodó los ojos, apoyando las manos en mis hombros.

—Cualquier posible enfado contigo se esfumó por completo al ver el nombre de tu madre en un mensaje de Evelyn esta mañana —confesó, suspirando. La ironía de su voz desapareció, sustituida por una preocupación palpable—. Es como si no hubiera espacio para nada más.

Inspiré hondo, acariciándole la espalda.

—He llamado a Lily esta mañana desde el aparcamiento de la base y le he preguntado directamente sobre el tema.

Gia se tensó en mi regazo. Sus ojos avellana se clavaron en los míos, ansiosos y asustados.

—¿Y bien? —preguntó—. ¿Han hablado? Por favor, dime que Evelyn no ha logrado molestar a Lily o decirle alguna burrada ofensiva.

—Tranquila, nena. No han hablado en absoluto —la tranquilicé de inmediato, alisándole un mechón de pelo detrás de la oreja—.

Como mucho, Evelyn le ha dejado alguna llamada perdida de número desconocido, pero Lily no lo cogió.

Lo importante es que he puesto al corriente a mi madre.

La he advertido sobre cómo es Evelyn, sobre lo que te hace y cómo opera.

Lily ahora está preparada por si decide llamarla o intentar acosarla. No la va a pillar por sorpresa.

Gia dejó caer la frente contra mi hombro, soltando el aire contenido, pero no parecía completamente aliviada.

—Estoy preocupada, Luke —susurró contra mi camiseta, con una vulnerabilidad que rara vez mostraba—.

Evelyn tiene una capacidad sobrehumana para joderlo todo.

Para meterse en todas partes. Incluso bajo mi piel.

Y a pesar de que sé perfectamente que no puede meterse entre nosotros, ni romper lo que tenemos...

sí que puede causar problemas reales. Problemas en el hospital, escándalos públicos...

no quiero que salpique a tu madre ni a ti.

Levanté una mano y la agarré por la nuca, obligándola a levantar la cabeza para que me mirara a los ojos.

—Mírame, Georgia. Y escúchame bien —le ordené, con un tono tan firme que no admitía debate—. Te pido que no te estreses. Que me des esto a mí y que confíes en mí. Yo me encargo.

Gia parpadeó, mordiéndose el labio inferior.

—Encontraré una forma de evitar que Evelyn siga trastocando tu vida y respirándote en la nuca —le prometí, con la seguridad letal de un hombre acostumbrado a ganar sus batallas—. Te lo juro por mi vida. Se acabó su reinado de terror.