VEINTITRÉS #2
El teléfono móvil de Gia, que estaba boca arriba sobre el mármol, no dejaba de vibrar y saltar con cada nueva notificación.
La pantalla se encendía y se apagaba en una sucesión caótica de alertas.
Lo que me resultó verdaderamente extraño, observando la escena desde mi lado de la isla, no fue la avalancha de mensajes, sino el hecho de que Gia ni siquiera se molestara en mirar la pantalla para ver quién la estaba reclamando con tanta urgencia.
Siguió untando el pan con una indiferencia casi estoica, aunque el leve temblor de su mandíbula la delataba.
—Es Evelyn —me aclaró Gia, adivinando mi extrañeza sin necesidad de mirarme—. Está con su habitual bombardeo mañanero. Mensajes de texto, audios de voz interminables y ahora llamadas. Pero no pienso contestarle.
Fruncí el ceño de inmediato. El cabreo me asaltó al escuchar el nombre de su madre. La actitud acosadora de Evelyn me encendía la sangre.
—Gia, silencia sus notificaciones —le sugerí, dando un sorbo a mi café negro—. No tienes por qué aguantar ese ruido y esa presión en tu propia casa.
—Ya lo he hecho, Luke —resopló ella, dejando el cuchillo sobre la tabla con un golpe seco—. Los mensajes y los audios están silenciados. Lo que ha estado sonando intermitentemente son llamadas entrantes. Supongo que me está llamando desde números ocultos para saltarse el filtro.
Se cruzó de brazos y se apoyó contra la isla de la cocina, cerrando los ojos un instante.
—Quizá debería charlar con ella de una vez por todas —murmuró Gia, más para sí misma que para mí, con un tono cansado y derrotado—. Citarla en algún sitio, decirle a la cara que no va a sacar absolutamente nada de mí y exigirle que se marche de vuelta a Portland para siempre.
Dejé la taza sobre la encimera y negué con la cabeza.
—No estoy seguro de que esa sea una buena idea, nena.
Darle audiencia a alguien con su nivel de narcisismo es exactamente lo que ella busca.
Su validación se alimenta de tus reacciones.
Quizá lo mejor sería seguir ignorándola por completo.
Hacerle el vacío hasta que se canse de gritarle a la pared y se largue del pueblo.
Gia bufó, soltando una risa amarga y carente de humor.
—Ay, Luke... Evelyn no se cansa nunca —me advirtió, mirándome con una gravedad que me heló un poco la sangre—.
Ella no funciona como tú y yo. Ella solo presiona, manipula y asfixia hasta que consigue lo que quiere.
Y lo consigue bien porque la gente, tarde o temprano, acaba cediendo a sus deseos, o bien porque le dan lo que pide solo para que se calle y deje de molestarlos.
Siempre ha sido así. Es como una enfermedad crónica.
Se giró hacia el teléfono, con los labios apretados en una línea fina y decidida.
—Voy a borrar todo el historial de hoy. No quiero ver su nombre en la pantalla.
Gia levantó el móvil. Cuando deslizó el pulgar para desbloquearlo y eliminar en bloque las notificaciones masivas, se detuvo en seco.
Vi cómo su postura se tensaba repentinamente.
Sus ojos avellana se clavaron en la previsualización de uno de los mensajes de texto en la pantalla de bloqueo.
Algo en ese texto le había llamado la atención, borrando por completo la indiferencia de su rostro.
—¿Qué pasa? —le pregunté, acercándome a ella y apoyando una mano en su cintura.
Gia parpadeó un par de veces, como si no diera crédito a lo que estaba leyendo. Desbloqueó el móvil rápidamente, abrió el mensaje y me miró con una expresión de puro pánico.
—Luke... —empezó, con la voz temblando por una mezcla de estupefacción y furia cruda—. Evelyn ha conseguido el teléfono personal de Lily.
—¿Qué? —solté, incrédulo.
—Lo que oyes. Acaba de mandarme un mensaje regodeándose de ello. Ha llamado a tu madre esta mañana para... para presentarse oficialmente como su consuegra.
—A ver, déjame ver eso —le pedí, extendiendo la mano con el ceño fruncido.
Gia me entregó el teléfono. Leí el mensaje en la pantalla iluminada. Era una auténtica obra maestra de la manipulación pasivo-agresiva.
—Maldita sea... —maldije en voz baja, sintiendo cómo el cabreo inicial se convertía en una furia fría.
—¡No me lo puedo creer! —estalló Gia, arrebatándome el teléfono y empezando a pasearse nerviosa por la cocina, frotándose la sien—. Evelyn ha tenido la desfachatez, la puta audacia y la absoluta falta de escrúpulos de llamar a Lily. ¡A tu madre, Luke!
Se detuvo en el centro de la cocina y me miró. El miedo real asomó en sus ojos.
—Y lo peor no es la llamada en sí, Luke.
Lo peor de todo es que, si ha llamado a tu madre, es porque ya ha escarbado.
Ya ha hecho sus averiguaciones. Evelyn sabe perfectamente de nuestra relación.
Y sabe exactamente quién eres tú. Sabe que no eres un simple bombero; sabe que eres el heredero de la corporación Holloway y el accionista mayoritario del hospital.
Gia se frotó la cara con ambas manos, respirando agitada, entrando en modo pánico absoluto.
—Mierda, Luke. Ahora sí que será completamente imposible librarse de ella. Ha olido la sangre. Ha olido el dinero y el estatus. Si sabe que estoy contigo, no nos va a dejar en paz jamás. Va a intentar exprimirnos.
En ese preciso instante, antes de que pudiera abrazarla sonaron tres golpes secos y fuertes en la puerta principal de la cabaña.
Ambos nos quedamos literalmente petrificados en medio de la cocina.
Nos miramos en un silencio denso. El mismo pensamiento aterrador nos cruzó la mente al mismo tiempo: Evelyn.
Conociendo su nulo respeto por los límites ajenos, no sería en absoluto extraño que, tras el bombardeo telefónico y la llamada a Lily, se hubiera presentado físicamente en nuestra puerta para amargarnos el día.
Apreté los puños, dejando que la rabia borrara cualquier atisbo de duda. Si esa mujer estaba al otro lado de mi puerta, la iba a echar a patadas.
Caminé hacia el vestíbulo con zancadas largas, seguido de cerca por Gia, que caminaba con los brazos cruzados. Agarré el pomo de la puerta y la abrí de un tirón seco.
Y solté un suspiro tan profundo que casi me desinflo allí mismo.
Al otro lado del umbral no estaba Evelyn Robbins. Eran Leah y Ethan.
Leah nos dedicó una sonrisa radiante, mientras Ethan levantaba dos vasos de café para llevar en señal de saludo matutino.
—¡Buenos días, chicos! —saludó Leah con entusiasmo—. ¿Estáis listos para empezar la semana?
La tensión de mis hombros desapareció de golpe, aunque mi cerebro seguía trabajando a toda máquina. Les devolví el saludo con un asentimiento, sintiendo el alivio palpable de Gia suspirando a mis espaldas.
El plan para la mañana del lunes era que Leah iba a ir con Gia al centro de Wildwater Falls y al Hospital Regional para hacer las gestiones pertinentes y reservar sus citas médicas de obstetricia, mientras que Ethan y yo íbamos a pasar la mañana en la Base de Rescate Aéreo para que él se familiarizara con las instalaciones y el personal para su nuevo trabajo temporal en la brigada de incendios.
Gia y yo intercambiamos una mirada rápida de un segundo. Y en ese breve intercambio silencioso, decidimos aparcar el tema de Evelyn. No íbamos a dejar que la sombra de esa mujer arruinara la mañana de nuestros amigos.
—Pasad, pasad —los invité, haciéndome a un lado y forzando una sonrisa—. Justo acabamos de hacer sándwiches.
Gia se adelantó, adoptando su habitual papel de anfitriona eficiente, y acompañó a Leah de vuelta a la cocina.
Sin embargo, mientras cerraba la puerta tras Ethan y lo saludaba con un choque de manos, me quedé mirando la espalda de mi mujer alejarse por el pasillo.
Podíamos aparcar el tema de Evelyn durante las próximas horas para salvar las apariencias con nuestros amigos, pero yo no iba a dejar pasar bajo ningún concepto lo que acababa de suceder.
Su madre estaba presionando demasiado. Había cruzado una línea roja inaceptable al acosar a Gia y al involucrar a Lily en su enfermizo juego de manipulación.
Primero, iba a averiguar qué demonios quería Evelyn exactamente. Cuál era su objetivo final.
Y luego, me iba a hacer cargo del tema de forma definitiva.
Gia no iba a lidiar con su madre sola. Me importaba una mierda que me hubiera dicho mil veces que quería solucionarlo ella misma y que no necesitaba un puto caballero de brillante armadura.
Yo era su hombre, su pareja y su muro de contención, y nadie, absolutamente nadie, iba a acosar a mi mujer de esa manera mientras yo respirara.
✽✽✽
Tras acompañar a Ethan a la Base de Rescate Aéreo para que empezara a familiarizarse con el entorno, los equipos y el personal, salí al aparcamiento de grava. El sol de media mañana picaba ya en la nuca. Me apoyé en el capó de mi todoterreno, saqué el móvil y llamé a mi madre.
— ¿Luke, cariño? Qué sorpresa, buenos días —contestó mi madre al segundo tono. Su voz era cálida y serena.
—Hola, mamá. ¿Cómo estás? ¿Cómo está Marcus?
— Estamos los dos muy bien, gracias. Marcus está en el bufete, como siempre. ¿Qué tal vosotros? ¿Cómo está Georgia?
Esa simple pregunta era la apertura perfecta. Inspiré hondo, preparándome para abrir la caja de los truenos.
—Gia está bien, mamá. Muy bien. Pero te llamo precisamente por algo relacionado con ella —empecé, midiendo mis palabras—. Necesito preguntarte algo directamente. ¿Se ha puesto en contacto contigo una tal Evelyn Robbins?
El silencio al otro lado de la línea fue breve.
— Evelyn Robbins... —repitió Lily, con tono reflexivo—.
¿La madre de Georgia? No, Luke. No he hablado con ella.
Aunque ahora que lo mencionas, esta mañana temprano tenía un par de llamadas perdidas de un número desconocido.
No cogí a tiempo porque estaba en la ducha y no han dejado mensaje. ¿Crees que era ella?
—Estoy casi seguro de que era ella, mamá. Gia ha visto una previsualización de un mensaje suyo esta mañana alardeando de haberte llamado para presentarse como tu consuegra.
Escuché a mi madre soltar un suspiro contenido.