Hollow (Wildwater Falls 6) VEINTIUNO #4
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VEINTIUNO #4

—Logan y Mac siguen con él en el quirófano tres —informó Hannah, cerrando la carpeta de metal—.

Tienen para rato. Logan está intentando fijar las vértebras lumbares dañadas, pero han logrado controlar la hemorragia interna.

Su evolución todavía es incierta debido a la magnitud del impacto, pero Mac ha llamado por el interfono hace diez minutos.

Todo apunta a que, gracias a la rapidez con la que lo subieron, el chico sobrevivirá y conservará la movilidad.

Dejé escapar un suspiro largo y pesado, sintiendo un inmenso alivio. Al menos una victoria entre tanta devastación.

—Por cierto, Gia —añadió Hannah, bajando un poco el tono de voz y mirándome con una empatía infinita—. Ya he hablado con la familia de la chica. Les he dado yo la noticia y he firmado el certificado de defunción. No te preocupes por eso.

Tragué saliva, sintiendo una punzada de gratitud tan grande que me dolió el pecho. Informar a los padres de la pérdida de una hija adolescente era la tarea más devastadora del trabajo, y Hannah, sabiendo que yo estaba al borde del colapso, había asumido el trabajo por mí.

—Gracias, Hannah. Te debo una muy grande —murmuré. Ella simplemente me guiñó un ojo, solidaria.

Me froté la frente, reuniendo el valor necesario para afrontar el último obstáculo, el fantasma que me había empujado al abismo media hora antes. Casi sin querer hacer la pregunta en voz alta, sabiendo que la respuesta podía arruinar la paz que Luke me había devuelto, miré a mi hermana.

—¿Dónde está Evelyn, Savannah?

La expresión de mi hermana pequeña cambió drásticamente. La dulzura de la enfermera de triaje desapareció y, en su lugar, emergió una mujer adulta, férrea y decidida. Savannah se cruzó de brazos y alzó la barbilla.

—La he echado del hospital —respondió Savannah, con una frialdad y una resolución que me dejaron sin habla.

—¿Qué? —parpadeé, atónita.

—Lo que oyes. En cuanto te metiste en el despacho, se puso a gritar exigiendo verte, haciendo una de sus habituales escenas de diva indignada —explicó Savannah, sin un ápice de temblor en la voz—.

Así que me planté frente a ella, delante de media sala de espera, y le dije que se largara inmediatamente.

Le he prohibido terminantemente que vuelva a pisar las instalaciones de este hospital para molestarte durante tu horario laboral.

Y, por si acaso decidía hacer oídos sordos como siempre, he llamado personalmente a los de seguridad y les he dado su nombre y su descripción.

Evelyn Robbins tiene prohibida la entrada al Wildwater Regional a menos que venga en una ambulancia desangrándose.

Me quedé boquiabierta, procesando la magnitud de lo que acababa de escuchar.

Durante toda mi vida, desde que éramos unas niñas, la dinámica había sido inamovible: yo era la protectora, yo era el escudo de Savannah, yo recibía los golpes y las críticas de nuestra madre para evitar que la hirieran a ella.

Ver ahora a mi hermana pequeña, la misma que solía encogerse ante los gritos de Evelyn, erguirse con esa fuerza para defenderme, me provocó un nudo en la garganta.

Estaba emocionada y orgullosa a partes iguales. Savannah era una leona.

Mi hermana descruzó los brazos, dio un paso hacia mí y me agarró ambas manos, dándome un apretón cálido y profundamente afectuoso.

—Escúchame bien, Gia —me dijo Savannah, mirándome a los ojos con una madurez aplastante—. Gracias a ti, a mi terapia y a Ian, yo ya me he librado de la sombra tóxica de Evelyn. Ya no me da miedo. Ahora te toca a ti hacer exactamente lo mismo.

Apreté sus manos en respuesta, asimilando sus palabras.

—Ignórala, Gia —continuó mi hermana, con una ferocidad protectora—.

No respondas a sus llamadas, no le abras la puerta de tu cabaña si no quieres, o directamente, plántale cara abiertamente y dile que se vaya al infierno.

Haz cualquier maldita cosa que te haga sentirte bien y en control de tu vida.

Pero debes alejarte de su toxicidad de una vez por todas.

Ya no tienes la obligación de aguantarla.

Luke, que se había mantenido en un segundo plano durante la conversación, dio un paso adelante y apoyó una mano firme y cálida en mi espalda baja.

—Savannah tiene toda la razón del mundo, nena —intervino Luke, con su voz profunda resonando en el pasillo—.

Y ya sabes cuál es mi postura. Ya que no me dejas intervenir en el asunto, ni me dejas hacerle esa llamadita a mis abogados...

al menos debes plantar cara a esa mujer tú misma.

O ignorarla definitivamente y borrarla de tu radar. Tienes que cortar el cordón.

Me quedé pensativa, mirando primero a mi hermana, luego a Hannah, y finalmente al hombre que me sostenía cuando lo necesitaba.

Tenían razón. Todos y cada uno de ellos la tenían.

Había pasado por doce años de trauma, había vuelto a mi hogar, estaba liderando un departamento de urgencias e intentando salvar vidas a diario, y había recuperado al amor de mi vida.

No podía permitir que Evelyn y su insaciable necesidad de control siguieran amenazando mi paz mental y provocándome ataques de pánico en el suelo de mi despacho.

Dejé escapar una larga exhalación, sintiendo cómo una nueva resolución, se asentaba en mi estómago. Se había acabado el tiempo de ser la hija complaciente.

—Lo haré —les prometí, apretando la mano de Savannah y apoyándome en el toque de Luke—. Haré cuanto esté en mi mano para que Evelyn deje de ser un lastre en mi vida de una vez por todas.