Hollow (Wildwater Falls 6) VEINTE #2
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VEINTE #2

Aparqué el todoterreno en el aparcamiento de visitas de la base, apagué el motor y me dirigí a grandes zancadas hacia la puerta lateral del inmenso hangar de chapa corrugada.

En cuanto crucé el umbral, el olor familiar a combustible de aviación me golpeó de lleno. Era el olor de mi verdadera vocación.

El interior de las instalaciones era un hervidero.

Había muchísima más gente de lo normal. Los equipos técnicos, enfundados en monos de trabajo, estaban desperdigados en grupos ordenados.

Los mecánicos y técnicos de vuelo estaban trabajando a destajo, revisando y preparando los tres helicópteros de intervención pesada alineados en la plataforma: el Alfa Uno, el Beta Dos y el Charlie Tres.

Mientras caminaba por el perímetro, levanté la mirada hacia la segunda planta.

A través de la gran cristalera insonorizada que separaba el hangar de la sala de comunicaciones y coordinación, observé al equipo de mando.

Reconocí de inmediato a Clover Donovan, la hermana pequeña de Caleb y Mac, que estaba de pie frente a unos monitores tácticos.

Llevaba los auriculares puestos, hablando sin parar, con una expresión de concentración y alerta tan afilada que no dejaba lugar a dudas sobre la gravedad de la situación.

Todo el mundo allí arriba compartía esa misma tensión.

Enfilé el pasillo que conducía a la zona administrativa y al despacho del comandante Harris, pero antes de llegar a la puerta, una figura se interpuso en mi camino.

—¡Holloway!

Me detuve. Era Patrick O'Malley, el hermano pequeño de Hannah y pareja de Clover. Patrick me saludó con un choque de manos firme al acercarse.

—Ian nos ha avisado de que estabas de camino —me dijo Patrick, señalando con el pulgar por encima de su hombro hacia el pasillo del comandante—.

Me alegro de verte. Y tengo que decirte que estoy increíblemente feliz de saber que vas a estar aquí en la base y que vamos a trabajar juntos en este infierno.

Lo dijo con ese tono rebosante de confianza, el tono típico de un tipo que sabe que es bueno en su trabajo y no tiene miedo de demostrarlo.

—Eso dependerá de lo que decida el comandante Harris, Patrick —le respondí, manteniendo una sonrisa contenida—. Aún no estoy oficialmente en la plantilla.

Patrick soltó una carcajada corta y negó con la cabeza.

—Créeme, Luke. Ahora mismo te necesitamos demasiado como para ponernos exquisitos con tu presencia. Entra ahí y sálvanos el culo.

Me despedí de él con un gesto amistoso de asentimiento y continué los últimos metros hasta la puerta del despacho de Harris. Llamé con los nudillos sobre el cristal esmerilado.

—Adelante —ladró una voz desde el interior.

Giré el pomo y entré. Me detuve en seco, sorprendido.

El despacho no solo estaba ocupado por el comandante Harris, que estaba de pie tras su escritorio rodeado de mapas topográficos desplegados, sino que el equipo Alfa al completo ya estaba allí.

Caleb estaba apoyado contra la pared con los brazos cruzados; Ian ocupaba una de las sillas, y Noah, el técnico sanitario, estaba sentado en el reposabrazos del sofá.

—Vaya —murmuré, cerrando la puerta a mis espaldas—. Veo que he interrumpido la reunión de equipo.

Harris soltó un suspiro, frotándose la nuca, pero sus ojos delataron un alivio inmenso al verme.

—Pasa, Luke. No has interrumpido nada. Collins se ha adelantado a tu llegada y estábamos, precisamente, debatiendo las condiciones logísticas de tu incorporación inmediata al equipo.

Asentí, dando un paso hacia el centro de la sala, adoptando la postura firme de un hombre de acción.

—Me pongo a su completa disposición, comandante.

Harris apoyó ambas manos sobre la mesa y me miró fijamente.

—Te pongo en situación, Holloway. El centro de mando de Redmond va a enviarnos a un equipo completo de voluntarios y smokejumpers para que se instalen en la zona durante todo el verano, porque esto pinta muy mal.

Las unidades de bomberos forestales del condado están completamente desbordadas.

En condiciones normales, nuestros chicos pueden hacerse cargo de un gran incendio forestal sin problemas.

Pero la temporada se prevé excepcionalmente dura.

Tener dos o más incendios activos simultáneamente, como es el caso de hoy, nos obliga a dividir recursos, vehículos y personal.

Las rotaciones de descanso están siendo una jodida locura y mis chicos están agotados.

El comandante señaló uno de los mapas con un rotulador rojo.

—Hay otros tres fuegos activos en el resto del estado ahora mismo.

Aunque en Wildwater Falls consigamos movilizar al personal suficiente, lo que nos falta de verdad es un experto en este tipo de comportamiento térmico.

Alguien que sepa evaluar los fuegos activos desde el aire.

Necesito a un capitán de bomberos forestales, alguien que sepa leer el fuego, que entienda los vientos y el microclima del valle, y que prevea la evolución de los frentes de llama antes de que nos acorralen.

Sabía perfectamente que estaba hablando de mí. Encajaba en esa descripción como un guante. Era exactamente lo que había hecho durante mi última década de servicio activo, y era justo la pieza que la base necesitaba para evitar una catástrofe.

—Puedo evaluar el comportamiento del fuego y trazar las rutas de expansión si formamos una comisión de seguimiento técnico —le ofrecí sin dudarlo.

—Eso ya está en marcha —me atajó Harris, asintiendo—. Clover Donovan, nuestra jefa de comunicaciones, y su equipo de técnicos meteorólogos ya están en ello. Tienen los satélites y los radares térmicos a pleno rendimiento. Solo les hace falta el experto sobre el terreno para interpretar esos datos.

—Hecho. Cuenta conmigo.

—Bien —Harris se enderezó—. Una vez evaluada la situación desde el aire, debemos coordinarnos con los equipos de bomberos de tierra. Los capitanes de las brigadas forestales del condado asistirán a la reunión de las trece horas. Es vital que haya un mando único. Sin fisuras.

El comandante hizo una pausa, evaluándome de arriba abajo.

—Pero no solo te necesito en una sala de reuniones mirando mapas, Luke.

Necesito a alguien que sepa lo que hace en acción, metido en el barro.

Los equipos de refuerzo de Redmond tardarán al menos otra semana en llegar con la maquinaria pesada, un tiempo que definitivamente no tenemos en la situación actual.

—Dígame cómo y cuándo, comandante —respondí.

Harris miró hacia los tres hombres que me flanqueaban.

—Formarás parte del Equipo Alfa a partir de este instante —ordenó—.

Haréis tareas de reconocimiento visual rápido.

Seréis la punta de lanza y los guías de aproximación para los hidroaviones que vienen de la costa.

Y, si es estrictamente necesario, haréis intervenciones de rescate de civiles o bomberos atrapados, siempre y cuando las condiciones de vuelo y temperatura lo permitan. ¿Entendido?

—Acepto —dije sin dudarlo.

Me giré hacia el equipo Alfa.

Caleb se separó de la pared, esbozando una media sonrisa que no lograba ocultar la tensión de sus ojos, y me tendió la mano.

—Bienvenido al equipo, Luke. Y bienvenido a bordo del Alfa Uno.

Le estreché la mano con fuerza, asintiendo hacia Ian y Noah, que me devolvieron el gesto.

—Donovan, Collins, enseñadle las instalaciones al capitán Holloway —ordenó Harris, volviendo a sentarse frente a sus radios—. Llevadlo a intendencia y proporcionadle todo el equipo de intervención térmica y de vuelo que necesite. Despegáis en cuarenta minutos.

Ian me hizo un gesto rápido con la cabeza, indicándome la puerta para que lo siguiera.

Antes de salir, me giré hacia el escritorio.

—Gracias por la oportunidad, comandante —le dije con sinceridad.

Harris levantó la vista de sus mapas topográficos, clavando sus ojos cansados en los míos.

—Las gracias te las doy yo a ti, Luke. Por presentarte voluntario y prestar tu ayuda cuando más te necesitamos. Ahora, sal ahí fuera y ayúdame a evitar que este valle se convierta en cenizas.

✽✽✽

Salí de los vestuarios de la base caminando con pasos largos y pesados, ajustándome el equipo.

Llevaba puesto el mono ignífugo rojo intenso, cruzado por gruesas bandas reflectantes amarillas y plateadas.

Sobre él, me había ceñido el arnés de vuelo, asegurando un par de mosquetones pesados y anclajes de seguridad que tintineaban metálicamente contra mi cinturón con cada zancada.

El peso del equipo era familiar, reconfortante.

Mientras caminaba por el pasillo hacia la sala de mando, saqué el teléfono móvil con una mano y abrí el chat de Gia.

Fui tecleando rápidamente, informándole de lo que acababa de hablar con el comandante Harris.

Le confirmé mi incorporación oficial al equipo Alfa para las tareas aéreas y le avisé de que estaba a punto de entrar en una reunión de coordinación urgente para evaluar los dos fuegos que amenazaban el valle de Wildwater Falls.

La respuesta de Gia llegó al segundo, como si hubiera estado mirando la pantalla esperando mi mensaje.

Gia : Ten mucho cuidado, por favor. Te amo.

Me detuve en seco en mitad del pasillo. Un técnico de mantenimiento pasó por mi lado murmurando, pero yo ni me inmuté. Me quedé mirando la pantalla iluminada, con los ojos clavados en esas dos últimas palabras.

Te amo.

Yo ya sabía que Gia me amaba. Sus acciones, sus gestos diarios, la forma en que me miraba cuando despertábamos en su cabaña y todas las atenciones que tenía conmigo me lo demostraban a cada minuto.

Ella misma me había dicho varias veces que estaba enamorada de mí, y era jodidamente obvio que estábamos en esto a largo plazo.

De hecho, yo la había presentado a todo mi círculo, incluida mi propia madre y la alta sociedad de Portland, como mi mujer.

Sin discusión posible, sin dobles sentidos, sin concesiones.

Podía no haber ningún documento legal firmado en un juzgado que lo acreditara, al menos de momento, pero Georgia Robbins era mi mujer. Para siempre.