DIEZ #2
—Empezó hace doce años —rompí el silencio, clavando la vista en el cristal empañado de mi botella—. Cuando recibí la llamada del hospital de Wildwater Falls avisando del accidente del autobús escolar.
Lily cerró los ojos un instante. Las sombras de las hojas del sauce bailaban sobre su rostro. Sabía la oscuridad que había traído todo aquello a mi vida. Hizo ademán de hablar, pero levanté una mano.
—Por favor, mamá. Solo escúchame.
Ella asintió, apoyó los codos sobre la mesa de madera y me instó a continuar con una mirada atenta.
—Mi preocupación por Marvin era genuina.
A pesar de que nunca fuimos cercanos, a pesar de que fue el padre ausente del que me protegiste, me preocupaba por él.
Y el accidente lo dejó destrozado —le expliqué, sintiendo cómo las palabras empezaban a fluir, desatascando un nudo en mi garganta—.
Pero la verdadera razón por la que iba tanto a Wildwater Falls aquellos meses...
el motivo por el que pasaba allí cada hora libre que me dejaba la academia, no era él.
Era la joven estudiante de medicina en prácticas que lo atendía.
El rostro de Lily se suavizó.
—Era... espectacular —murmuré, permitiendo que la imagen de Gia llenara mi cabeza sin restricciones—.
Era dulce, pero tenía un carácter fortísimo.
Decidida, audaz, brillante y absolutamente preciosa.
No podíamos mantenernos lejos el uno del otro.
Lo que empezó como una preocupación compartida por la recuperación de Marvin se convirtió muy rápidamente en una conexión brutal. Apasionada. Ineludible.
Respiré hondo antes de decir las palabras que llevaba años reteniendo.
—Estábamos enamorados, mamá. Yo estaba a punto de graduarme en la unidad de smokejumpers y a ella le quedaba empezar su residencia.
Ese último fin de semana, fui al pueblo con la intención de pedirle que hiciéramos las maletas y se mudara a Redmond conmigo.
Iba a pedírselo. Pero entonces... la misma noche que Marvin murió, ella también desapareció.
Hizo las maletas, me dejó una nota bajo el limpiaparabrisas y se mudó a Portland. Me abandonó.
Lily se quedó en un silencio sepulcral. Ahora entendía el estado en el que me había encontrado arrastrándome por los suelos.
—Y ahora, doce años después —continué, con la voz cargada de frustración—, yo soy el accionista mayoritario del hospital. Me he plantado allí para reestructurar la academia. Y ella ha regresado. Es la jefa de urgencias. Y te juro que no sé qué hacer.
Me quedé callado, agotado por la confesión.
Mi madre me observó durante un largo rato, procesando las piezas del rompecabezas.
—¿Cómo se llama esa mujer? —preguntó finalmente, con un tono suave.
—Gia. Georgia Robbins.
Lily asintió lentamente, entrelazando los dedos sobre la mesa.
—¿Y es ella el motivo real por el que has decidido mudarte a ese pueblo de forma permanente, Luke?
Me quedé en silencio. Aparté la mirada hacia los farolillos del jardín. No quería decir que sí, pero el silencio fue suficiente. Ambos sabíamos que la respuesta era un sí rotundo.
—Hace doce años... ¿sentiste que tus sentimientos eran correspondidos? —insistió Lily, buscando el fondo del asunto.
—Sí —respondí sin dudar, pero el recuerdo de la nota me asaltó y fruncí el ceño—. O eso creía. Ahora ya no lo sé. Al fin y al cabo, hizo las maletas, se marchó sin mirar atrás y no me dio casi ninguna explicación.
Lily suspiró, dándole un trago a su cerveza.
—Debe ser una mujer extraordinaria, Luke. Doce años después, sigues aferrado a su recuerdo como un náufrago. Ni siquiera un matrimonio y toda una vida construida en Redmond lograron hacer que la olvidaras.
Apreté la mandíbula.
—Sé que a ti nunca te gustó Leah, mamá.
—Oh, no te equivoques, cariño —me corrigió Lily de inmediato, negando con la cabeza—.
Leah no era el problema. Era una chica inmensamente dulce, amable y buena.
No tenía nada en su contra. Mi problema era que yo veía con toda claridad que tú no estabas enamorado de ella.
Veía a mi hijo convivir con una mujer fantástica y mantener los ojos vacíos, y eso me sacaba de quicio.
No sabía qué demonios pasaba contigo. Creía que estabas roto por lo de Marvin.
Pero ahora... ahora lo comprendo absolutamente todo.
Una pequeña sonrisa asomó a los labios de mi madre.
—Tengo que decirte que, si contándome todo esto pretendías que me preocupara menos por ti, has fracasado estrepitosamente, Luke. Porque ahora mismo lo único que tengo ganas de hacer es aparecer en ese pueblo, cruzar las puertas de urgencias y conocer a esa tal Georgia Robbins.
La miré espantado. Solo me faltaba a mi madre haciéndole el tercer grado a Gia.
—No lo hagas, mamá. Te lo prohíbo.
Lily soltó una carcajada limpia y cristalina que resonó en el cenador.
—Tranquilo, no lo haré. Respeto tu espacio. Aunque no te niego que me encantaría conocerla algún día.
—No sé si eso va a pasar alguna vez —le respondí, frotándome la nuca —. Las cosas entre nosotros son... insostenibles. Demasiado tensas, demasiado complicadas. Hay demasiado rencor acumulado.
Lily se quedó pensativa. El brillo divertido abandonó sus ojos y fue sustituido por una agudeza analítica, la misma que le había permitido sobrevivir y prosperar toda su vida. Apoyó la barbilla sobre los nudillos y me miró fijamente.
—Luke... ¿jamás te has preguntado por la coincidencia temporal?
—¿Qué coincidencia?
—El hecho de que el día que murió Marvin en ese hospital, fuera el mismo y exacto día que ella desapareció.
Fruncí el ceño, descolocado por la pregunta.
—No. Siempre lo vi como una coincidencia trágica. El peor puto día de mi vida, por partida doble. Ella quería una carrera en Portland, se acercaba mi graduación en la academia y viendo que iba a pedirle que se mudara conmigo decidió adelantarse y marcharse antes.
—Eso es absurdo —dictaminó Lily, con una firmeza que me dejó sin palabras—.
Piénsalo con frialdad, hijo. Una mujer que se involucra y se preocupa por un paciente como tú dices que ella se preocupó por Marvin...
La mujer de la que te enamoraste perdidamente, la que dices que era audaz y decidida, con la que estabas a punto de hacer planes de futuro sólidos...
Esa no es la misma mujer que hace las maletas y se marcha sin dar la cara, escudándose en una nota patética, a menos que haya un buen motivo detrás.