Hilo Rojo (Destino 1) Capítulo 27.
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Capítulo 27.

Edén.

Rompí el silencio.

-           La policía se alegrará por saber cuál ha sido el final de Martin Lubeko, Sonia Aguirre y John Campbell y la familia agradecerá encontrar los cuerpos en el bosque de Sant Gowland. Ser policía infiltrado es muy duro cuando tienes comprada a gente como el señor Martinez.

Su cara se volvió blanca como si hubiese visto un fantasma.

-            ¿Quieres que prosiga?- pregunté.

Tardó un par de segundos en responder.

-            No...- contestó bajando el tono de voz- ¿Qué es lo que quieres?.

Dirigí una larga mirada a Easton e Ethan, los cuales me observaban intentando disimular la sorpresa y la euforia.

-            Desatarlos- ordené a sus dos hombres, volviendo a clavar mi mirada en él.

Ethan.

-            Haced lo que dice- ordenó mi padre.

Observé cómo Easton abrazaba a su hermana con impaciencia.

Di un tirón a las ataduras, pero no se soltaron.

Joder..

Esperé sin demasiada paciencia a que me desataran y entonces, por fin, abracé a Edén.

Edén.

Un gran sentimiento de calidez se apoderó de mí y no pude evitar cerrar los ojos disfrutando del momento. El corazón se me había acelerado y una leve sonrisa asomaba por la comisura de mis labios.

Ethan.

La besé con desesperación. Primero en los labios, luego en la mejilla, en la sien, en la frente y en la punta de la nariz.

La besé con dulzura, con pasión, con necesidad, con impaciencia.

La besé por todas las veces que la había querido besar y no había podido hacerlo, y entonces me acerqué a su oreja.

-           Siempre he pensado que un beso era sólo un beso, que sólo tenía la importancia que tu quisieras darle, que podía no significar nada o que podía cambiarlo todo.

Hasta ahora, para mí, los besos habían sido sólo besos, pero tú lo has cambiado todo.

Apareciste en mi vida por pura casualidad, como si siguieses ese hilo rojo que teje el destino, como si estuviésemos predestinados a encontrarnos y me has dado una razón para existir. Eres lo mejor que me ha pasado pecosa.

Noté como los ojos se le humedecían por lo que acababa de decirle.

-           Te quiero Ethan- susurró abrazándome con fuerza- Y sí, claro que quiero ser tu novia y formalizar nuestra relación- añadió respondiendo a mi propuesta.

Sonreí feliz y aproveché la cercanía para inspirar hondo, impregnándome de su olor. Un olor que para mí se había convertido en sinónimo de hogar.

-            Te quiero Edén- dije muy enserio, correspondiendo a su abrazo.

Edén.

Un carraspeo rompió la magia del momento.

Me giré hacia el padre de Ethan, el cuál tenía una mirada de asco clavada en nosotros.

-            ¿Algo más?- preguntó entre dientes con impaciencia. Estaba claro que no veía el momento de perdernos de vista.

Asentí, sacando unas esposas del bolsillo, mientras avisaba por el intercomunicador al Inspector, para que enviase un coche policial.

-           El trato es que no te hundiremos el negocio haciendo públicos los documentos, pero serás juzgado por todo lo que has hecho e irás a la cárcel toda tu vida. Podrás mantener tu negocio, pero desde la cárcel, como hacen a escondidas los grandes capos.

Su expresión se contrajo durante unos segundos, pero se relajó con rapidez convirtiéndose en una leve sonrisa de suficiencia.

-            ¿Eso es todo?- preguntó con seguridad.

-            Si- respondí- vas a pudrirte en la cárcel.

Soltó una leve carcajada mientras le colocaba las esposas.

-           Te equivocas, de la cárcel se sale, pero del cementerio no. Yo que vosotros dormiría con un ojo abierto. Acabáis de colocaros una diana en la cabeza y, si no os matan antes, cuando salga, que saldré, iré a por vosotros.

Un leve escalofrío recorrió mi cuerpo ante su amenaza. Sin embargo, no dejé que me amedrentara.

-           En primer lugar, no vas a la cárcel de aquí, en la que tienes contactos e influencias. Hemos preparado tu traslado a una cárcel de máxima seguridad. Y, en segundo lugar, tenemos el pendrive- respondí- si vienes a por nosotros, haremos público su contenido.

-           Tenéis el pendrive, por ahora- puntualizó- pero no sabéis lo que tenéis. No soy el único al que le importa la seguridad de ese pendrive.

-            ¿De qué estás hablando?- preguntó Ethan a mi lado muy serio.

Clavó una mirada divertida en Ethan antes de sonreír con suficiencia.

-            Adiós hijo. Aprovecha tu tiempo- dijo dirigiéndose a la puerta de salida, dando por concluida la conversación.

Intercambié una larga mirada preocupada con Ethan, antes de seguirle.

Ethan.

Me quedé en silencio observando cómo le metían en el coche de policía, esposado. Edén y el Inspector hablaban alegres de que por fin se hubiese terminado todo. Sin embargo, yo no me sentía así.

Tenía que ser uno de los momentos más felices de mi vida, no obstante, no paraba de darle vueltas a lo último que nos había dicho.

Había algo que no me gustaba.

Conocía a mi padre, y sabía que había algo de cierto en todo lo que había dicho y no me gustaba no saber de qué hablaba, no saber de que debíamos protegernos. No me gustaba no tenerlo todo bajo control. Era mi familia. Me había costado mucho conseguirla y no me gustaba no saber cómo protegerla.

Edén se giró hacía mí sonriente y yo le devolví la sonrisa, alejando todos esos pensamientos de mi cabeza.

No quería que se preocupase antes de tiempo. Hoy era un día feliz y había que disfrutar esos días, ya que en nuestra vida, no solían abundar.

Me detuve en esa sonrisa durante unos segundos.

Tenía que admitir que tenía una sonrisa de esas que volvía loco a cualquiera.

Recorrí sus curvas un par de veces para después fijarme en esos hipnotizantes ojos saltones y en sus múltiples pecas, que le daban ese carácter aniñado.

Sin embargo, la llegada de Gala, Eric, Liam, Sam y Jay me devolvió a la realidad.

Edén.

Una gran sonrisa cruzó mi cara al ver a todos a salvo.

Dios..

Cada uno de ellos se había convertido en una parte importante de mi vida. Hasta Eric, pensé divertida.

Jay esperó tímido en una esquina a que terminara los abrazos. Sin embargo, para su sorpresa, le abracé también.

-            Gracias- le susurré al oído.

Se apartó con una sonrisa alegre.

-            Gracias a ti, por ser mi única amiga todo este tiempo.

Sonreí.

-            ¿Te gustaría tener más amigos?- le pregunté invitándole a entrar en el grupo.

Su sonrisa se ensanchó.

-            ¿De verdad?- preguntó dudoso, pero con un brillo de ilusión en los ojos.

-            Ven, te voy a presentar al resto- dije tirando de él con una sonrisa.

Ethan.

Sonreí feliz al ver a todos parlotear alegres. Mi familia. Sin embargo, algo llamó mi atención.

Observé a Easton que contemplaba el paisaje pensativo, alejado del grupo, después de su reencuentro con Kaaren y aproveché para acercarme a él.

Desvió su mirada hacia mí, durante unos segundos, antes de volver a posarla en el paisaje.

Suspiró.

-           Tengo que admitir, que eres un buen tío- admitió con una media sonrisa, asomando por las comisuras de sus labios. Sabía que le había costado pronunciar cada una de esas palabras.

Yo esbocé una media sonrisa también.

-           Y yo tengo que admitir que tal vez no me importaría tanto verte intentando formar parte de su vida- admití como ofrenda de paz, no sin esfuerzo.

Su sonrisa se ensanchó.

Todos cometíamos errores. Yo había hecho lo que había hecho por ser hijo de quien era. Y él había hecho lo que había hecho por el mismo motivo. Ambos merecíamos una segunda oportunidad. Esto podía ser un comienzo para ambos.

Permanecimos en silencio, contemplando el sol que empezaba a decaer. El cielo se había tornado de un intenso color rosáceo y los pájaros piában en la parte trasera del jardín.

Inspiré hondo, cerrando los ojos durante unos segundos, saboreando la sensación de paz y felicidad que me inundaba.

Nunca había sido tan feliz.