Hilo Rojo (Destino 1) Capítulo 26.
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Capítulo 26.

Ethan.

Clavé una mirada expectante en la puerta que se abría de nuevo y mi padre me dedicó una sonrisa de suficiencia, confirmando todas mis sospechas.

Joder..

Nuestra vida no valía ni una ínfima parte de la suya y no nos debía nada a ninguno de los dos. Al revés, su hermano le debía más que la vida y yo..mi vida no valía nada sin ella.

Apreté los puños con impotencia.

No quería que viniese. Estaba preparado para morir, pero no estaba preparado para verla morir yo.

-            ¡Eres un monstruo!- grité descargando mi rabia e impotencia.- Entiendo perfectamente que mamá te engañase..¡Me das asco!- sentencié.

Su boca se torció en una mueca de odio y sus ojos se volvieron fríos como el hielo. Más fríos e insensibles de lo que jamás había visto y entonces me golpeó.

Por primera vez en toda mi vida, el golpe vino directamente de él y no de ninguno de sus hombres.

Abrí la boca con sorpresa, no dándome tiempo para prepararme para el segundo golpe.

Noté como la ceja se me partía y comenzaba a volver a sangrar, sin embargo, el descontrol de emociones que sentía mitigó parte del daño.

Después de cuatro puñetazos, se detuvo fatigado para clavar una mirada totalmente descontrolada en mí.

Tragué saliva respirando hondo y no me sorprendió notar el sabor metálico de la sangre en mi boca. Ahora mismo, tenía moratones y heridas por todo el cuerpo.

Él seguía jadeando frente a mí, debatiéndose entre parar o seguir desahogándose. Por suerte, optó por la primera opción.

-           Eres débil. ¿Qué te crees, que el destino la puso en tu camino?. Te ahorraré la sorpresa, no fue el destino, fue el demonio. Elegir a una mujer antes que a tu familia..Eres un ingenuo, las mujeres sólo traen desgracias.

-           Tu no eres mi familia- sentencié con esfuerzo. Uno de los golpes había ido directo a las costillas y podía notar como alguna debía estar rota, dificultándome tomar aire.

Una gran carcajada inundó el salón.

-            Coincido con eso- respondió escupiendo al suelo, con una mueca de asco.

Miré a Easton que había presenciado la escena perplejo. No era el único que tenía problemas familiares, si es lo que pensaba.

Edén.

Marqué el número que tenía guardado en la memoria de mi teléfono y esperé impaciente.

Una voz conocida respondió con lentitud.

-            Me alegra saber que sigues viva- dijo con cierta acritud.

-            Hola Jay- saludé algo incómoda. No estaba acostumbrada a pedir favores.

Ethan.

Observé a mi padre consultar el reloj impaciente. Le había dado una hora a Edén y casi se había agotado el plazo.

Una parte de mi se sentía aliviado de que no cometiera ninguna estupidez, aunque, si era totalmente sincero, otra parte en mi interior se sentía poco valorado.

No paraba de preguntarme si era posible que ella, tal vez, no me quisiera tanto como yo lo hacía y que no se hubiese ni planteado la opción de venir a por mi, a por nosotros.

Me sentí miserable dudando de sus sentimientos.

Edén.

Detuve el coche alerta y observé a mi alrededor antes de bajarme. Todo estaba tranquilo y no pude evitar cerrar los ojos durante un par de segundos, disfrutando de la tranquilidad.

No tardé en abrirlos conectando la comunicación.

-            ¿Sigue sin haber noticias de tus hombres?.

El silencio se prolongó durante unos segundos.

-            Correcto. La verdad es que me temo lo peor- admitió.

Asentí concienciándome. Estaba sola en esto.

Al resto no les había dado tiempo a llegar del banco y los hombres del Inspector no daban señales de vida.

Ethan.

Mi padre se giró hacia mí con una enorme mueca de decepción.

-            Vas a morir en lugar de alguien a quien no le importas- dijo sacudiendo la cabeza con desaprobación.

Apreté los dientes con rabia por su afirmación, pero seguía aliviado de que fuese así.

Edén.

Me detuve protegida por uno de los muros laterales del edificio totalmente sorprendida. Las voces que oía me resultaban muy familiares. Demasiado.

Había accedido a la finca por uno de los laterales, atravesando el inmenso jardín, con el objetivo de acceder por una puerta trasera a la vivienda. Tenía la esperanza de que el nivel de seguridad fuese inferior aquí.

Sin embargo, tres hombres me impedían el paso.

Las voces se hicieron más claras y no pude evitar apretar los puños al reconocerlas.

-            Aquí están los treinta mil que acordamos- dijo una voz grave.

Mi postura se tensó al entender lo que estaba pasando.

Traición.

Nos habían vendido por treinta mil pavos.

Intenté escuchar lo que decía el hombre más menudo, pero en el fondo me daba igual.

Con rabia, saqué la pistola con silenciador, que me había facilitado el Inspector, y disparé, primero al desconocido y después a ellos dos.

Noté como el corazón se me aceleraba y la adrenalina se disparaba, obligándome a tomarme unos segundos.

Joder..Desde que había conocido a Ethan se estaban acumulando los cadáveres y esto no había hecho más que empezar.

Dirigí una última mirada a los tres cuerpos inertes que yacían en el suelo, ensangrentados, y conecté el intercomunicador.

-            Acabo de encontrar a tus hombres- informé con parquedad.

-            ¿Están muertos?- preguntó con prudencia.

-            Ahora si- respondí con frialdad- nos habían traicionado- le comuniqué.

Se hizo un gran silencio, mientras terminaba de asimilar la información que le acababa de proporcionar.

-           Escúchame bien, tu equipo está comprometido. Deshazte de ellos y pon a Gala, Eric, Sam y Liam en un lugar seguro, yo sigo con el plan. Tened mucho cuidado- le pedí realmente preocupada.

-            Ten mucho cuidado tú- me pidió antes de que cortase de nuevo la comunicación.

Respiré hondo de nuevo y abrí con sumo cuidado la puerta de acceso a la casa.

Estaba dentro.

Ethan.

Mi padre se giró hacia el gran reloj que colgaba de una de las paredes del salón, dando por concluido el periodo de tiempo que le había dado a Edén.

Respiré aliviado. Sin embargo, no pude evitar que el corazón se me acelerase en cuanto vi a mi padre levantar él mismo la pistola.

Me sorprendió la escena. ¿Estaba dispuesto a ensuciarse las manos por nosotros?.

Edén.

El corazón me dió un vuelco al contemplar la escena desde el pasillo de acceso.

Joder, joder, joder.

Se me hizo un nudo en la garganta y la vista se me nubló y de pronto, me vi realizando movimientos de forma automática.

Ethan.

Intercambié una larga mirada con Easton que lo decía todo, justo antes de volver a clavarla en mi padre de forma desafiante.

Si este era el momento exacto en el que iba a morir, lo haría con la cabeza bien alta, sin dejarle ver ni un ápice de terror en los ojos. No le daría ese placer.

Edén.

Disparé sin pensar.

El padre de Ethan no estaba a tiro, pero me daba igual. Mi principal objetivo era evitar que disparase esa bala que apuntaba directamente a la cabeza de Ethan.

Ethan.

El sonido de un cuerpo, al caer al suelo, llamó nuestra atención.

La sombra de Edén apareció imponente detrás de una columna.

Mi padre bajó la pistola poniéndose a cubierto, con rapidez, mientras a nuestro alrededor estallaba un espejo y una cubitera en mil pedazos.

Otros dos cuerpos cayeron al suelo, antes de que los dos últimos hombres la desarmaran.

Edén.

El puñetazo me pilló completamente desprevenida, consiguiendo aturdirme unos segundos, pero no me rendí.

Tal como me habían enseñado en los múltiples deportes de contacto que había practicado, aproveché la distancia para golpear con mi pierna su brazo, pillando completamente por sorpresa a uno de ellos y consiguiendo desarmarlo.

Con rapidez, reduje la distancia con el segundo, sujetando con fuerza su brazo y golpeándolo contra la pared para desarmarlo también.

La pistola cayó al suelo a la vez que su puñetazo impactaba en mis riñones, sin poder evitar encogerme. Antes de poder recomponerme, me tenían inmovilizada.

Mierda.

Ethan.

-            ¡Soltadla!- gritó Easton intentando liberarse de las ataduras y devolviéndome a la realidad.

-            No lo hagas..- dije muy serio suplicándole a mi padre por primera vez en mi vida.

Edén.

Clavé mi mirada en Ethan, totalmente rota y sorprendida por su actitud. Me daba rabia tener que verle suplicar a ese monstruo. No se lo merecía.

-            Por favor..- pidió con voz agria.

Apreté los puños con rabia.

Quise decirle que se tranquilizase, que todo iba a salir bien, que no era tan ingenua como para venir sin ningún plan, pero no podía. Aún no había recibido la señal y necesitaba ganar tiempo.

Ethan.

Mi padre me dirigió una mirada ausente de sentimientos, que me invitaba a callarme y se dirigió hacia Edén.

Se paró a escasos centímetros de ella, sin decir una palabra y miró hacia el cuerpo inerte del suelo de Lucca, su mano derecha.

Su gesto se torció, pero se recompuso con rapidez. Estaba acostumbrado a que nadie le viese sangrar.

-           Tengo que admitir que te había infravalorado- habló al fin- He de suponer que tu eres la famosa chica que se entrometió en mi operación al banco hace unos meses, ¿verdad?.

Edén esbozó una sonrisa, a pesar de la situación.

-            La misma. He de admitir, que le estoy cogiendo el gustillo a esto de entrometerme en tus asuntos- repuso desafiante.

Su gesto se torció.

-            ¿Por qué?. ¿Qué te importan a ti mis asuntos?- preguntó con voz dura, algo confuso.

Edén sacudió la cabeza.

-           Aún no lo has entendido. Tus asuntos me importan una mierda.

Que yo me haya cruzado en tu camino es cosa del destino, que haya conocido a Ethan es cosa del destino y que ahora esté aquí es cosa del destino.

No he sabido quién eres y la relación que teníamos hasta hace unas semanas.

Cuando mi camino se cruzó con el de Ethan en aquel banco, por puro capricho del destino.

Al principio fue orgullo, después se convirtió en curiosidad por ese maldito pendrive, luego supervivencia pura y dura, cuando intentaste matarme y hoy estoy aquí por amor, para proteger a dos personas imprescindibles en mi vida.

Observé como la revelación de Edén hacía que abriese los ojos más confuso aún, dirigiendo una larga mirada a Easton.

Edén.

-            Si, ¿sabes cómo se llama él?- pregunté jugando mis cartas- Easton. ¿Te suena de algo el nombre?.

Su expresión cambió por completo, sin poder ocultar la sorpresa y humillación por no haber sabido esa información con antelación. Y después, rabia. La rabia se apoderó de él.

Mi intercomunicador volvió a conectarse.

-            Va por el setenta por ciento- me informó Jay a través del auricular.

Era una buena persona. En cuanto le había llamado para contarle mi problema, no había dudado ni un segundo en ayudarme. Ahora mismo le debía mucho.

Permací callada, mientras se recomponía por la información que acababa de descubrir, intentando ganar y aprovechar cada segundo que pudiese conseguir.

Su gesto volvió a la normalidad y entonces proseguí.

-           Has cometido un error imperdonable en todo esto. Nos has infravalorado continuamente. No sólo a mí, a todos y ahora vas a sufrir las consecuencias de ello.

Ethan.

Mi padre soltó una gran carcajada.

-            ¿Las consecuencias?. Te equivocas niña, esto se ha acabado para vosotros.

Edén.

-            Ochenta por ciento- oí de nuevo la voz de Jay, inspirándome confianza.

Vamos..

Seguí jugando mis cartas y esbocé una gran sonrisa que desconcertó a todos.

Ethan.

Fruncí el ceño, sin entender a qué estaba jugando.  Easton a mi lado tampoco entendía nada.

-           Deberías saber, por experiencia propia, que nunca se acaba del todo- continuó haciendo una clara referencia a ella y su hermano.

Edén.

Esbozó una siniestra sonrisa.

-           Totalmente de acuerdo. Para exterminar a las cucarachas, no puedes dejar ninguna con vida y esta vez no pienso cometer ese error de nuevo- dijo amenazándonos.

-            Noventa por ciento- oí a Jay de nuevo- debes de estar cerca porque va bastante rápido.

Volví a respirar hondo.

Vamos…ya casi estaba.

Seguí con mi cara de poker.

-            Tal vez, o tal vez estés equivocándote otra vez, al precipitarte, sin tener toda la información bajo control.

Ethan.

Mi padre frunció el ceño con desconfianza.

-            ¿A qué te refieres?.

Edén volvió a sonreír y se tomó unos segundos para contestar.

-           ¿No te parecía demasiado imprudente mi plan?. ¿Crees que esperaba, yo sóla, poder contra cinco de vosotros?- Hizo una pausa para conferir efecto a lo que estaba diciendo y mi corazón se aceleró con esperanza- No, no soy tan ingenua.

Edén.

-            ¡Cien por cien, lo tenemos!- gritó de júbilo Jay a través del intercomunicador- ¡Mi dispositivo funciona!. ¡Funciona!.

Respiré aliviada al oír eso.

-           Bien- proseguí hablando- Voy a contarte lo que va a ocurrir. Vas a desatarles y soltarnos a los tres. Nos vas a dejar marcharnos y nos vas a dejar vivir nuestra vida en paz.

Entrecerró los ojos.

-            ¿Y por qué se supone que iba a hacer yo todo eso?.

-           Para mantener el negocio- sentencié- Porque tengo toda la información de tu dichoso pendrive y se que si la libero, la competencia se encargará de hundirte y no quieres eso.

Ethan.

Su cara se descompuso en una exagerada mueca de terror. ¿De verdad tenía el pendrive o se había marcado un farol?.

Mi padre llegó a la misma conclusión.

-            No es verdad. El sistema de seguridad no me ha avisado de ningún fallo de seguridad de acceso.

Edén.

Sonreí.

-           Esa es la parte que más me ha gustado del plan.

Lo he robado desde aquí. No he hecho muchos amigos en los últimos años- admití- pero parece cosa del destino que mi único amigo sea un experto en informática que ha desarrollado un sistema que permite hackear los dispositivos de forma remota, aunque no estén conectados. Es un genio.

Sus facciones se descompusieron, apretando los puños de rabia.

-            Demuéstralo- siseó entre dientes.

-            Si me permites..-solicité que me soltaran.

Ethan.

Mi padre no era el único que estaba sorprendido. ¿Un sistema que hackeaba a distancia dispositivos que no estaban conectados?. Efectivamente era un genio.

Clavé mi mirada en Edén completamente orgulloso.

Edén.

Conecté el comunicador de nuevo.

-            Hola Jay, por aquí hay cierta desconfianza del funcionamiento de tu sistema. ¿Podrías facilitarme alguna prueba?.

-            Por supuesto- respondió con rapidez- Dame un segundo.

Seguía con la mirada clavada en el padre de Ethan, el cual me miraba de forma desafiante. Era la mirada de alguien que se sentía acorralado.

Ethan.

Observé el intercambio de miradas con el corazón a mil.

El silencio se prolongó durante unos segundos.

Jay , había dicho Edén al hablar por el intercomunicador. Me acordaba de ese chico de la noche de la discoteca. En su momento me había parecido muy poca cosa, pero le debía una disculpa. La verdad era que se había ganado mi respeto.