Hilo Rojo (Destino 1) Capítulo 25.
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Capítulo 25.

Edén.

Miré mi reflejo, en el espejo, durante unos segundos. Todas las despedidas habían sido duras.

Pensar que podía ser la última vez que compartiera mi vida con cualquiera de ellos, me había hecho comprender que, por primera vez en mucho tiempo, era feliz con la vida que tenía.

Eric, Liam, Gala y Sam se habían convertido en la familia que tanto necesitaba y les había cogido tanto cariño en tan poco tiempo…

Volví a empapar mi cara con agua fría, alejando esos pensamientos de mi cabeza. Aún podía sentir el abrazo de despedida que me habían dado cada uno de ellos.

El agua fría me devolvió a la realidad, sin embargo, esta vez mis pensamientos tomaron otro camino: Easton.

Despedirse de Easton y Kaaren había sido raro. Era cierto que Easton estaba cambiado y Kaaren parecía buena persona, había sido agradable conocerla, sin embargo, no podía evitar sentir una gran desconfianza.

Durante cuatro años, había construído una gran coraza que llevaba meses resquebrajándose y me daba miedo que no estuviese operativa si volvía a necesitarla con él.

Cuando me había abrazado, un cúmulo de caóticas emociones se habían apoderado de mí.

Si era sincera conmigo misma, algo en mí estaba deseando que volviese a mi vida, sin embargo, necesitaba que me demostrase que había cambiado. Necesitaba que me demostrase que volver a dejarle entrar en mi vida era seguro para mí.

Volví a empapar la cara en agua fría e inspiré y expiré un par de veces, con lentitud, intentando enfocar mis pensamientos en todo lo que iba a pasar en las próximas horas.

Tenía que ser capaz de controlar todas estas emociones y de mantener a raya la frustración e impotencia que se apoderaban de mí, a cada segundo que pasaba.

Miré el reloj que reposaba en mi muñeca y me sequé la cara con rapidez. Todo estaba a punto de empezar, así que salí deprisa del baño, dirigiéndome a la sala de operaciones, dónde el Inspector coordinaría los dos golpes y dónde yo sería una mera espectadora, pensé apretando los puños.

Ethan.

El ambiente del coche se notaba cargado. Easton, en el asiento del copiloto, miraba también incómodo por la ventanilla sin romper el silencio que se había instalado entre nosotros, desde que habíamos entrado en el coche.

Suponía por qué el Inspector había insistido tanto en que fuésemos en el mismo coche, con la esperanza de que, tal vez, pudiéramos resolver las diferencias entre nosotros, pero siendo sinceros no le conocía de nada y no tenía mucho que hablar con él.

Easton dirigió una rápida mirada hacia mí, antes de volver a desviarla hacia la carretera y no pude evitar suspirar.

-            Si vas a decir algo, te quedan apenas diez minutos para hacerlo- le informé tajante.

Nuestras miradas se cruzaron durante unos segundos. Asintió en silencio, desconectó el micrófono de su auricular y esperó, expectante, a que hiciese lo mismo.

Asentí en silencio, mientras yo también desconectaba el mío. Edén posiblemente estuviese escuchando y esta era una conversación privada, entre él y yo.

Edén.

Clavé mi mirada en el icono de “desconectado” que apareció en la pantalla, junto a sus dos nombres, y no pude evitar que me diese un vuelco al corazón.

Mierda..

Sabía de sobra que ninguno de los dos se toleraban y encerrarlos en el mismo coche, no había sido una buena idea.

Ethan.

-            Habla- ordené con voz autoritaria.

Su mirada se volvió desafiante, sin embargo, noté como hacía por relajarse. A ninguno de los dos nos gustaba que nos diesen órdenes, no obstante, estaba dispuesto a comerse su orgullo por ella y eso decía bastante. No sin esfuerzo, yo también relajé mi postura.

-           He visto cómo la miras. ¿Te importa mucho verdad?- dijo sin esperar respuesta.- Sé que quieres formar parte de su vida y sé que la cuidarás y protegerás, pero necesito que no la apartes de mí. Sé que le hice mucho daño y necesito tener la oportunidad de subsanar todo ese dolor.

Clavé mi mirada en él durante unos segundos, sopesando su petición.

Me había percatado de lo mucho que Edén necesitaba que su hermano volviese a entrar en su vida y, por lo que parecía, sí que había cambiado y estaba intentando hacer bien las cosas.

Sin embargo, el perdón y la confianza no iban conmigo.

Tendría que ganarse mi respeto y para eso tendría que darle la oportunidad de hacerlo.

Suspiré.

-           Está bien- acepté- pero no se te ocurra volver a hacerle daño- añadí, con un tono de voz que rozaba la amenaza.

Asintió totalmente serio. Sin embargo, su gesto se relajó.

-           He de admitir, que con un puñetazo tuyo me ha llegado- dijo esbozando una media sonrisa- y más después de verte pelear.

Yo también esbocé una media sonrisa.

-           Sé que puede sonar un poco hipócrita, pero lo mismo digo con lo de hacerle daño. Cuidala- me devolvió la amenaza.

Le mantuve la mirada durante unos segundos y asentí. Me parecía justo el trato. Parecía, después de todo, que sí que teníamos algo en común.

Edén.

Los micrófonos volvieron a conectarse y noté cómo aguantaba el aire expectante.

-            Hemos llegado- dijo la voz de Ethan por los altavoces.

-            Preparaos y esperad mi señal- respondió el Inspector.

-            Recibido, procedemos a prepararnos- contestó Easton y algo en su voz me tranquilizó.

Solté el aire despacio. Por lo menos seguían los dos vivos.

Observé las cámaras del banco que habíamos pinchado.

Recuerdos de aquel día, en que mi camino se cruzó, por puro capricho del destino, con el de Eric, Liam, Sam, Gala y Ethan aparecieron en mi mente. Era increíble cómo habían cambiado las cosas en tan poco tiempo, cómo había cambiado mi vida.

No pude evitar esbozar una media sonrisa al recordar ese primer encuentro y lo mucho que me había enfadado, cuando Ethan había jugado peligrosamente conmigo en la caja fuerte.

Y como días después le había ganado en la carrera.

Mi sonrisa se hizo mayor al recordar su cara de asombro por el retrovisor.

Cómo había cambiado todo. Había pasado de odiarle con todo mi ser, a quererle más de lo que jamás reconocería.

-            Estamos listos- dijo Liam a través del altavoz, devolviéndome a la realidad.

El Inspector intercambió una rápida mirada conmigo.

-            Bien, pues empecemos con esto- ordenó con autoridad.

Ethan.

Mi corazón se aceleró al escuchar esas palabras y noté como la adrenalina se apoderaba de mi cuerpo, haciendo que me sintiese vivo. Sin embargo, esta vez era diferente, por primera vez sentía miedo.

Edén.

Durante lo que me pareció una eternidad, observé por las cámaras de seguridad, en silencio, como entraban en el banco y esperaban a que los guardias hiciesen saltar la alarma, deseando que picaran el anzuelo.

Apreté la mandíbula nerviosa. Todo dependía de que el padre de Ethan mandase a toda, o parte, de su gente de seguridad al banco. Si eso no ocurría, estábamos perdidos.

Ethan.

De repente, el ritmo de la casa cambió.

Aliviado, observé por los prismáticos como una docena de hombres salían corriendo del edificio.

Funcionaba.

La guardia exterior había pasado a ser de cuatro personas.

No pude evitar esbozar una media sonrisa, mientras intercambiaba una rápida mirada con el equipo.

-            Esos cuatro hombres son vuestros y mantened el exterior libre para cuando salgamos- ordené.

-            Vamos a entrar- informó Easton por el intercomunicador.

Edén.

Me incorporé impaciente y dí un par de pasos por la habitación.

El Inspector desviaba de vez en cuando la mirada hacia mí y, a pesar de que sabía que le estaba poniendo nervioso, permanecía completamente en silencio.

Me sentía inútil y completamente impotente, viendo como otros arriesgaban su vida por mí.

Joder..

-           Salid de ahí ya- ordenó el Inspector al grupo que atracaba el banco, devolviéndome a la realidad- han salido hace treinta y cinco minutos y deben de estar a punto de llegar.

Además, la policía está a 7 minutos. No podéis aguantar más.

Ya habéis hecho lo que teníais que hacer.

Ahora crucemos los dedos para que Ethan y Easton consigan el dichoso pendrive.

Solté todo el aire algo más aliviada. Por lo menos la mitad del plan había salido bien.

Sin embargo, el corazón seguía latiendo demasiado acelerado y no conseguía deshacerme del nudo que tenía en el estómago.

No es que me pusiese siempre en lo peor pero, por algún motivo, esta vez tenía un mal presentimiento.

Había algo que no me gustaba en todo esto.

Había sido demasiado fácil. ¿Cómo no iba a imaginarse el padre de Ethan, que lo del banco sólo era una distracción?

. ¿Sería tan tonto cómo para dejar la casa desprotegida? .

Hacía media hora que no teníamos noticias de la operación de la casa y me estaba poniendo nerviosa.

Un leve pitido, que indicaba que uno de los micrófonos emitía señal, hizo que me girase como un resorte en dirección a la pantalla.

Por fin daban señales de vida.

Ethan.

Intercambié una rápida mirada de rabia con Easton.

Tenía la cara hinchada y su labio seguía sangrando.

Joder..

Las bridas apretaban mis muñecas con fuerza y las piernas se me empezaban a entumecer en esta posición, atado a la silla.

Podía sentir a Edén, expectante, al otro lado del micrófono que mi padre le había arrebatado a Easton y no pude evitar cerrar los puños con rabia.

Todo había sido una trampa. Al parecer se imaginaba que veníamos y sabía que yo entraría. Lo que no se esperaba era encontrarse con Easton en vez de Edén.

Por suerte, desconocía quién era. Ese era el único motivo por el que seguía con vida.

-           Sé que estás escuchando. Es una pena que esto sólo tenga audio y no vídeo, pero intentaré describirte la horrorosa situación en la que están Ethan y Enrique.

Enrique era el nombre con el que se había infiltrado Easton en la organización de mi padre. Era el nombre que había tenido que usar para que no le reconociese.

Al otro lado nadie respondió, pero podía sentir toda la rabia que fluía ahora mismo por el cuerpo de Edén. Podía sentir su mirada de asco, de frustración, de enfado. Podía vislumbrar su figura rígida y su mirada amenazante, clavada en la pantalla del ordenador.

Edén.

El corazón me dió un vuelco al escuchar esa voz ronca que conocía ya tan bien.

Apreté los puños con rabia.

¡JODER!

Quise gritar, quise golpear la pared, sin embargo permanecí inmóvil con la mirada clavada en ese pequeño aparato, cuya voz se dirigía hacia mí.

-           Ahora mismo, Enrique está irreconocible y Ethan..no se si después de verle la cara podrás seguir enamorada de él- siguió hablando.

Dí un par de pasos rápidos y agarré el micrófono con rabia.

-            ¡Espera!- dijo el Inspector. Sin embargo, no había nada que pudiese decir o hacer para impedirme que dijese algo.

-           ¿Qué quieres?- espeté, intentando disimular mi voz de enfado. No quería mostrar todas las cartas, aunque estaba claro que podía imaginarse lo que sentía.

Ethan.

Una sonrisa siniestra asomó por las comisuras de sus labios, conforme oyó la voz de Edén.

Easton y yo intercambiamos otra rápida mirada.

-           Llevo los últimos quince minutos pensando qué hacer con ellos.

Pensé en matarlos primero y así sufrirías al tener tus manos manchadas de su sangre, pero no es suficiente.

No quiero que sigas viva. No quiero que en este mundo exista nada que recuerde lo que tu madre me hizo a mí.

Así que te propongo un trato. Tu vida por la suya.

Mi mandíbula se desencajó al oír eso.

-            ¡NOOO!- grité de rabia intentando soltarme.

La silla cayó conmigo atado. Dirigí una mirada hacía Easton primero, que también estaba intentando soltarse sin éxito, para acabar clavando una mirada amenazante en mi padre.

Él esbozó una siniestra sonrisa y siguió hablando con Edén, mientras ordenaba que me volviesen a levantar.

Joder. Apreté los dientes de rabia.

-            ¡No! ¡Déjala en paz! - grité totalmente fuera de control.

Mi padre ni se inmutó y salió de la habitación con el intercomunicador.

Mierda.

Edén.

Sopese durante unos segundos su propuesta e intenté negociar.

-           ¿Por qué debería fiarme de tú palabra, de que si voy allí, ellos seguirán vivos y no nos matarás a los tres?.

Pude sentir en su tono que estaba disfrutando de tener el control de la situación.

-           No puedes. Pero si no vienes, tienes la certeza de que los dos morirán y te juro que disfrutaré mucho torturándolos.

Al fin y al cabo, ambos me han traicionado- hizo una pausa para coger aire- sin embargo, si vienes existe la posibilidad de que salgan de aquí con vida.

¿No crees que merece la pena intentarlo? .

Si. No necesitaba ningún segundo para pensar la respuesta a esa pregunta pero necesitaba un plan. Tenía que haber algo que pudiese hacer para salir los tres con vida de allí.

Joder..

Quise gritarle e insultarle. Quise amenazarle con toda la rabia de mi ser, sin embargo, me quedé completamente callada. Había entrado en pánico.

Al ver que no contestaba, él dió por terminada la conversación:

-            Tienes una hora para presentarte aquí o su sangre correrá por tus manos- sentenció apagando los intercomunicadores definitivamente.

-           ¡JODER!- grité con rabia mientras golpeaba la silla que había al lado del Inspector y me llevaba las manos a la cara, desesperada.

El Inspector se acercó a mí, antes de que golpease nada más y, sin previo aviso, me estrechó entre sus brazos.

Instintivamente intenté soltarme, sin embargo, pasados dos segundos dejé que me abrazase. Necesitaba que alguien me reconfortase y aunque era una sensación muy extraña, no opuse resistencia.

Funcionó.

Noté como la rabia se disipaba, consiguiendo volver a pensar de forma racional. Sin embargo, ninguno de los dos se separó, ninguno dijo nada hasta pasados un par de minutos.

Intercambiamos una mirada cómplice al separarnos.

Aunque apartase a la gente de mi alrededor, tenía que admitir, que era lo más parecido a un padre que había tenido.

Siempre me había sentido sóla y ahora tenía algo parecido a un padre, un hermano, una familia y una pareja.

Tenía gente que me quería y no iba a dejar que nadie me arrebatase eso. No sin luchar al menos.

-            Escúchame bien- dije clavando una mirada decidida en él- esto es lo que vamos a hacer.