Hilo Rojo (Destino 1) Capítulo 19.
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Capítulo 19.

Ethan.

Observé durante unos segundos las caras expectantes de todos.

-            ¿Así que es imposible?- preguntó Eric.

-           No he dicho eso- le rebatí- simplemente hace falta un equipo más grande, con expertos en ese nivel de sistemas de seguridad.

-            ¿Crees que es posible?- preguntó Gala, mordiéndose el labio.

Intercambié una rápida mirada con Edén.

Si quería un futuro para nosotros, tenía que ser posible. Necesitaba que ninguno de ellos tuviese una diana puesta en su cabeza por relacionarse conmigo, por vivir en mi mundo.

Clavé mi mirada en Gala.

-            Podemos hacerlo. Somos buenos haciendo lo que hacemos- respondí con tranquilidad.

-            ¿Y de dónde vamos a sacar un equipo mayor y expertos?- preguntó Liam con el ceño fruncido.

Edén.

Inspiré y expiré con lentitud, durante unos segundos, antes de hablar.

-           Creo que mi..hermano- dije con dificultad- podría ayudarnos en eso. Tenía contactos la última vez que estuve con él y me juego a que ha ampliado esa red.

Eric soltó una carcajada.

-            ¿Tu hermano también es un ladrón?- preguntó divertido.

Clavé una mirada implacable en él.

-           Mi hermano es el peor de los ladrones, un timador nato, un mentiroso. Alguien muy útil para este tipo de trabajos, pero escoria- sentencié.

Nadie dijo nada durante unos segundos.

Ethan.

No me gustaba la idea de pedir ayuda al hermano de Edén.

Era cierto que no lo conocía, pero lo odiaba.

Lo odiaba con todo mi ser. Una persona sin código, que es capaz de vender a su hermana, no merecía ni un segundo de mi atención.

No obstante, era algo personal. El hecho de que se lo hubiese hecho a Edén me volvía loco, pero la última vez que habíamos hablado del tema le había prometido que la apoyaría y acompañaría para volver a hablar con su hermano si ella lo pedía.

Igual esto era una señal del destino, quise pensar.

-           Está bien- dije después de unos segundos- Podemos ir a hablar con él. No obstante, hay un par de nombres que tengo en la cabeza que no descartaría. ¿Sabes dónde encontrar a tu hermano?.

Edén.

Me quedé pensativa durante unos segundos.

No estaba completamente segura, pero tenía una vaga idea de en dónde debía preguntar.

-            Déjame hacer un par de llamadas- simplemente respondí.

Ethan.

La miré con el ceño fruncido, mientras se levantaba de la mesa y desaparecía por la puerta.

-            ¿Edén tiene un hermano?- preguntó Eric confuso- ¿cómo es que no lo conocemos?.

Le atravesé con mi mirada.

-            Porque es una persona que no merece la pena- respondí de forma tajante.

Edén.

Entré de nuevo en la sala pasados unos cuantos minutos.

Todos se giraron hacia mí expectantes.

-            Lo tengo. ¿Vamos?.

Ethan tardó unos segundos en contestar.

-            Vamos- respondió.

Ethan.

Entré en el coche, en silencio, observándola de reojo.

Ella parecía completamente ausente.

Metí la llave en el contacto del coche, sin embargo no arranqué el motor.

Clavé mi mirada en ella durante unos segundos y finalmente pregunté:

-            ¿Estás bien?.

Edén.

Le miré, siendo consciente de que mi expresión no transmitía demasiada seguridad.

-            ¿Me prometes no dejarme sola?- musité.

Ethan.

Asentí sin dudarlo.

-            Te lo prometo- respondí con firmeza.

Edén.

Arrancó el motor, sin esperar una respuesta por mi parte, cosa que agradecí. No me encontraba con ánimo para decir nada más.

El simple hecho de pensar en mi hermano me había producido un inmenso dolor durante mucho tiempo por lo que había decidido no volver a pensar en él y todo esto levantaba viejas heridas, heridas demasiado grandes y dolorosas.

Ethan.

Conduje sin perderla de vista ni un solo segundo.

Miraba por la ventanilla del coche las calles y espacios de la ciudad que se iban presentando ante nosotros, pero su mirada estaba completamente ausente.

No pude evitar que se me encogiese el pecho.

Joder..

Me iba a costar mucho no pegarle un puñetazo a ese imbécil nada más abriese la puerta.

Edén.

Paró el coche en el primer hueco que encontró para aparcar y noté como mi corazón se aceleraba.

Sentía el latir del corazón marcado en mis sienes y me empecé a marear.

Mierda…

Cerré los ojos unos segundos intentando buscar esa paz interior y seguridad que tanto había trabajado.

Ethan.

La observé de reojo en silencio, intentando pasar desapercibido.

Cuando abrió los ojos, me gustó ver que había recuperado ese brillo combativo y una seguridad que imaginaba que no sentía, pero que iba a necesitar durante los próximos minutos.

Salimos del coche en silencio y nos dirigimos al número del portal que me había indicado.

Para nuestro alivio, el portal estaba abierto, así que subimos hasta el primer piso por las escaleras.

Edén.

Nos detuvimos delante de una puerta vieja, un poco desgastada, que tenía una letra A.

El sonido del latido de mi corazón era ensordecedor, sin embargo, conseguí mantenerlo a raya de nuevo.

Intercambié una rápida mirada con Ethan cargada de significado y alargué la mano para timbrar, con la poca decisión que había podido conseguir de nuevo.

Ethan.

Durante unos segundos, deseé que nadie abriese la puerta, o que nos hubiesen dado una dirección falsa. Nos volveríamos a meter en el coche y nos alejaríamos, como si esto solo hubiese sido un mal sueño.

También podía ser que no hubiese nadie en casa, pero enseguida supe que eso no era así.

Edén.

Unos pasos, cada vez más fuertes, se oyeron desde el otro lado de la puerta.

Inspiré hondo una última vez, apelando a toda la seguridad y confianza que pudiese reunir en apenas unos segundos y clavé mi mirada en la puerta.

Ethan.

Los pasos se detuvieron y supuse que, quien estuviese al otro lado de la puerta, nos observaba a través de la mirilla, pero no duró mucho tiempo la espera.

La puerta se abrió, dejando a la vista a un chico unos años mayor que nosotros. Con un semblante duro y una figura robusta.

Ambos intercambiamos, durante unos segundos, una mirada y pude observar como su mentón se tensaba al apretar los dientes. Estaba claro que sabía quien era.

Noté como la rabia y la ira se apoderaba de mí, pero conseguí controlarla, no sin un gran esfuerzo.

Edén.

Mi corazón había dejado de latir por un instante y había dejado de respirar.

Me había quedado completamente paralizada, mientras le escudriñaba de arriba a abajo.

En la fiesta, apenas fue una vaga sombra a lo lejos y no había podido apreciar los detalles, pero ahora podía descubrir como el tiempo se había apoderado de su cuerpo.

Tenía ojeras y una expresión sorprendida.

El mentón estaba coloreado de un leve tono morado, lo cual, no me extrañó lo más mínimo.

Él también me escudriñó de arriba a abajo y me sentí expuesta por unos segundos, pero me había colocado la coraza a tiempo.

Rompió el silencio:

-           ¿Qué estás haciendo aquí Edén?- preguntó con una voz ronca. Una voz ronca que recordaba bastante bien y que me traía muchos recuerdos.

Ethan.

Miré de reojo a Edén intentando evaluar su estado, sin embargo, para mi sorpresa, endureció más su expresión y con una voz fría e impersonal respondió con firmeza:

-            Tenemos que hablar, ¿podemos pasar?.

Edén.

Easton frunció el ceño durante unos segundos, pero asintió apartándose de la puerta para dejarnos pasar.

Tomé la iniciativa y entré primero, no sin un gran esfuerzo.

Se trataba de una casa bastante minimalista o en su defecto, vacía.

Apenas estaba decorada y tenía pocas cosas. Era tan impersonal, que por eso me llamó la atención el marco de fotos que había sobre la mesa del salón.

Me acerqué totalmente sorprendida.

Recordaba a la perfección ese momento, recordaba a la perfección lo bien que me había sentido al ganar mi primera carrera.

Tenía doce años y apenas llegaba a los pedales.

Recordaba la adrenalina y esa sensación de euforia cuando había atravesado la meta.

Mi hermano se había acercado corriendo al coche todo orgulloso, para levantarme sobre su cuello mientras un corrillo de personas gritaban alegres y divertidas.

“Es mi hermana”, había repetido incontables veces, orgulloso de mí..

Una punzada en el corazón me devolvió a la realidad, a tiempo para ver como se acercaba rápidamente para guardar la foto en un armario.

Fruncí el ceño sin apartar la mirada de él.

-            ¿Qué queréis?- preguntó con un tono duro, sin apartar la mirada de Ethan.

Ethan.

Esta vez hablé yo.

-            Queremos dar un golpe y necesitamos gente.

Desvió la mirada rapidamente hacía Edén, con una mezcla de preocupación y decepción. No pude evitar arquear una ceja. ¿Quién se creía él, después de estar haciendo negocios sucios con mi padre, para juzgar lo que hiciese su hermana?.

Me pareció un hipócrita.

-            ¿Un golpe?. ¿Desde cuándo estás metida en estas mierdas?- increpó a Edén.

Edén.

-           No es lo que crees. Sin embargo, perdiste el derecho a pedirme explicaciones hace unos cuatros años- respondí con dureza.

Agachó la cabeza sabiendo que yo tenía razón.

Continué.- En los últimos meses he descubierto “cosas”, cosas sobre el asesinato de nuestros padres.

No fue un accidente- confesé- y eso, entre otras cosas, me ha puesto en el punto de mira de ese hombre, con el que haces negocios, el asesino de nuestros padres- sentencié.

Ethan.

Se hizo un silencio sepulcral, pero ninguna expresión de sorpresa cruzó su semblante.

No pude evitar fruncir el ceño confuso.

-            Ya lo sabías..- dije en voz alta.

Él clavó su mirada en mí, pero no escondió lo que acababa de decir en voz alta. Estaba claro, lo sabía. Sin embargo, no se defendió, no dijo nada.

Edén.

Estaba totalmente confusa. ¿Lo sabía?. ¿Y qué hacía la otra noche en la fiesta?. Quise pensar que todo formaba parte de un gran malentendido y pregunté con esperanza:

-            ¿Nos vas a ayudar a acabar con el asesino de nuestros padres?.

Desvió la mirada claramente incómodo.