Hilo Rojo (Destino 1) Capítulo 16.
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Capítulo 16.

Edén.

Cerré la puerta con prisa mientras me dirigía al ascensor.

Ethan apartó la mano de los infrarrojos, en cuanto entré, para permitir que las puertas se cerrasen.

Ethan.

Mi mirada se cruzó con la suya y no pude evitarlo. Ya me había contenido bastante durante el desayuno. La empujé bruscamente contra el espejo del ascensor buscando su boca con desesperación.

Edén.

Mis labios jugaron con los suyos con impaciencia, agarrándole por la nuca con brusquedad para atraerlo hacia mí.

Ethan.

Dios..

Mi lengua se introdujo entre sus labios, escapándosele un inconfundible jadeo de placer que hizo que me volviese loco.

Noté una fuerte presión en los pantalones.

Edén.

Me atrajo más hacia él, bajando peligrosamente con las manos hacia mi culo.

Mi corazón latía desbocado, como si fuese a salirse de mi pecho.

Ethan.

Quité rápidamente, muy a mi pesar, mis manos de su cuerpo, separándome con rapidez de ella, en cuanto la puerta del ascensor se abrió.

Edén.

Alguien carraspeó y no pude evitar quedarme totalmente paralizada durante unos segundos con la mirada clavada en el suelo, totalmente sonrojada y con la respiración completamente descompasada.

Mierda..

Ethan.

No pude evitar esbozar una gran sonrisa ante lo cómico de la situación, aunque me diese rabia la interrupción.

-            Buenos días señor Garthber- saludé con educación, haciendo como si nada, mientras salía del ascensor.

Observé por el rabillo del ojo como Edén me seguía cabizbaja, totalmente avergonzada y mi sonrisa se ensanchó sin poder evitarlo.

Edén.

Me metí en el coche en silencio.

Ethan cerró la puerta del conductor, pero no arrancó el motor, en su lugar se quedó mirándome divertido.

-            ¿Qué?- inquirí confusa.

-            Nada- respondió encogiéndose de hombros- es sólo que cómo sigas así de colorada, igual te confunden con un semáforo.

Ethan.

Observé cómo se sonrojaba aún más con mi comentario, divertido.

-            Que te den- respondió fulminándome con la mirada, al mismo tiempo que me daba un pequeño empujón en el hombro.

Mi sonrisa se hizo aún mayor.

Edén.

Un brillo picaresco apareció rápidamente en sus ojos, cargados de deseo y perversión, y supe lo que iba a decir antes de que pronunciase ni una sóla palabra.

-           Uhh, ya sabes que yo encantado princesa- soltó clavando una mirada juguetona en mí y haciendo que el corazón se me acelerase.

Le mantuve la mirada durante unos segundos antes de apartarla incómoda.

Respiré hondo intentando pensar una respuesta.

Sentía el deseo en cada poro de mi piel y el efecto que él causaba en mi cuerpo, pero..

Apreté los dientes con rabia.

Estaba rota. Mi pasado había hecho que algo no funcionase bien en mí, que fuese una persona defectuosa y ese tema me provocaba un terrible miedo.

Cada vez que imaginaba tan siquiera la situación, me trasladaba a aquel salón hace cuatro años, notaba sus manos en mi cuerpo, su aliento sobre mi cara, el miedo apoderándose de mi..

Sentí un escalofrío recorrer mi cuerpo.

Volví a respirar hondo, esbocé la mejor de mis sonrisas y respondí falsamente:

-            Tendrás que ponerte a la cola, una tiene su público.

Ethan.

Sonreí en respuesta a su flamante contestación, sin embargo, su cambio de actitud no me había pasado desapercibido.

¿Podía ser que ella no me deseara?.

No. Me había percatado del deseo en su cuerpo cada vez que me había acercado a ella.

¿Y entonces qué podía ser?.

Arranqué el coche, aún ensimismado en mis pensamientos, totalmente confuso.

Si algo me había quedado claro, era que la sóla idea le había generado un gran rechazo, la cuestión era por qué.

Edén.

Agradecí los minutos de silencio durante la primera parte del trayecto. A estas horas de la mañana se podía observar un gran bullicio en la ciudad, inundada de un ritmo frenético.

Observé por la ventana el trasiego de la ciudad, hasta que un grupo de chicas llamó mi atención. Debían de tener aproximadamente mi edad y reían y charlaban amistosamente.

Me perdí en mis pensamientos mientras las observaba.

Hace dos años hubiese dado lo que fuese por ser una persona normal y tener una vida normal.

Había tardado en darme cuenta de eso, pero yo era como era y me gustaba como era mi vida, aunque fuese distinta e incluso peligrosa, tampoco la cambiaría por nada del mundo, y menos ahora, que parecía que había encontrado una familia.

Me giré hacia Ethan, de mejor humor, rompiendo el silencio.

-            ¿Cuál es el plan entonces?.

Ethan.

Me tomé unos segundos para responder. Siendo sincero, en realidad no lo había pensado demasiado.

Necesitaba ver en detalle ese nuevo y sofisticado sistema de seguridad, buscar la  forma de entrar y salir sin que nos matasen y averiguar en dónde, concretamente, estaba el pendrive y cómo acceder a él.

Inspiré profundamente mientras terminaba de ordenar mis ideas.

-            Conseguir toda la información posible- respondí sin dar demasiados detalles todavía- y que no nos maten- añadí.

Edén.

Aparcamos a un lado de un gran viñedo que no recordaba haber visto la última vez que había estado allí.

Ethan salió del coche y abrió el maletero.

Le seguí.

Hacía calor y no pude evitar cerrar los ojos durante unos segundos, apreciando el olor a tierra y flores del lugar.

Me quedé ensimismada, en mis pensamientos, divisando el horizonte. Una extraña sensación de buenos recuerdos, mezclados con tristeza y pesar, me inundó recordando las barbacoas en el campo de los domingos, cuando vivía con Easton, años antes de que todo cambiara.

Sacudí la cabeza deshaciéndome de todos esos pensamientos y me acerqué a la parte trasera del coche.

Ethan alzó la cabeza en cuanto me acerqué. Mis ojos se abrieron de la sorpresa.

Extendidos, sobre el maletero, había una gran variedad de aparatos.

No me dí cuenta hasta pasados unos segundos de que había dejado de respirar, conteniendo el aire, mientras me fijaba en cada uno de los instrumentos.

Seguía sin hacerme a la idea de que eran un equipo de ladrones profesionales. Sin embargo, tuve que recordarme que yo tampoco había tenido una infancia normal, lo que hacía que yo tampoco fuese una chica “corriente”. Aunque tenía que admitir que no me gustaba ese término.

Me agradó comprobar que no había ningún arma en ese maletero. Aunque las había usado en múltiples ocasiones, no les tenía ningún cariño especial, sin embargo había podido comprobar muchas veces que eran más que necesarias para sobrevivir, pero también podían destrozar vidas.

Ethan.

Me sentí completamente estúpido al notar cierto nerviosismo y una sensación extraña de exponerme ante alguien. No estaba acostumbrado a compartir esta parte de mi vida con nadie.

La observé con curiosidad, intentando entrever qué se le pasaba por la cabeza, sin éxito.

Edén.

Noté sus ojos clavados en mí, expectantes.

Me mordí el labio unos segundos pero no pude evitar lanzar la pregunta al aire.

-            ¿Cómo empezaste en esto de los robos?.

Esbozó una media sonrisa amarga, antes de volver a ponerse serio.

Apartó la mirada, a la vez que empezaba a preparar y sacar algunos aparatos del coche, mientras respondía a mi pregunta.

-           Cuando empecé a darme cuenta de cómo era mi padre, quise huir de él, alejarme. Yo tenía once años. Preparé una mochila, le robé las llaves de su coche, de aquellas era un Ferrari, y me dispuse a sacarlo del garaje. Ya te puedes imaginar como acabó eso.

No pude evitar sonreír, imaginándome la inocencia del pequeño Ethan.

-            ¿Qué pasó cuando tu padre se enteró? - pregunté animándole a continuar con la historia.

-           Se puso hecho una furia- admitió- lo primero a lo que me obligó fue a aprender a conducir para que no volviese a destrozar sus cochazos.

Apenas llegaba al acelerador- añadió con amargura, tomándose una pausa para coger una cámara de fotos profesional y un par de aparatos más que había preparado y cerrar el maletero del coche.

Comenzó a andar hacia el viñedo en silencio y yo le seguí, esperando a que continuase su historia. Lo hizo.

-           Por otro lado, quiso castigarme por haberle robado a él, se sentía traicionado, así que decidió devolvérmela. Necesitaba un niño para evitar levantar sospechas en un robo y yo fui “ese niño”.

Interrumpió la historia al llegar al final de la fila de viñas, reduciendo el paso y pegándose al máximo a la vegetación para evitar ser visto.

Lo imité, notando como el corazón se me aceleraba.

Al llegar al extremo, se asomó, asegurándose de que no había nadie que no pudiese ver y entonces se giró hacia mí.

-           El problema fue que lo hice demasiado bien.

No quería defraudarle, así que me convertí en un activo valioso.

Cuando nos conocimos intentaba dejarlo, iba a ser mi último golpe, pero no es tan sencillo.

Mi padre no es de los que deja escapar aquello que le reporta beneficios- concluyó apretando los dientes con rabia.

Ethan.

Había pensado muchas veces sobre cómo mi vida había llegado a ese punto, demasiadas. Imaginando qué hubiese pasado si aquel día, simplemente, me hubiesen pillado. Era un crío, así que no me hubiesen juzgado y posiblemente mi vida sería muy distinta ahora.

El roce de su piel con la mía me devolvió a la realidad.

Me dejé abrazar, disfrutando como hacía mucho tiempo que no disfrutaba. Cerré los ojos apoyando la cabeza contra su pecho y dejé que me reconfortase su cercanía.

Olía dulce y su calidez hizo que no quisiera separarme. Lamentablemente, ella sí que lo hizo pasados unos minutos.

El brillo incansable de sus ojos llamó mi atención.

-           ¿No quería un hijo ladrón?. Vamos a demostrarle en lo buen ladrón que te has convertido- dijo con una gran y arrebatadora sonrisa.

Se la devolví y no pude evitar llenar el pecho de orgullo. “Esa es mi chica”.

Edén.

Volvió a comprobar que nadie se había percatado de nuestra presencia en ese viñedo, sacó un par de fotografías a las cámaras de seguridad que nos cortaban el paso y cogió uno de los aparatos que llevaba en la mochila.