Capítulo 15.
Edén.
Un gemido ahogado de dolor me despertó en mitad de la noche.
Abrí los ojos inmediatamente, de par en par, y agudice el oído.
Escuché el sonido de la suela de unos zapatos contra el parqué y un nuevo gemido de dolor que hizo que me incorporara como un resorte.
Me dirigí a la puerta, intentando no hacer ruido y salí al pasillo.
Lo primero en que me fijé cuando mi mirada se cruzó con la suya, fue en su labio. Estaba completamente hinchado.
Ahogué un grito mientras el corazón se me aceleraba.
- No tenías que haber ido..Ha sido una completa imprudencia.
¿Qué esperabas conseguir?- Noté como el enfado, la rabia y la impotencia, que había estado acumulando durante horas, se apoderaban de mí.
Dí unos pasos al frente para examinarlo más de cerca mientras esperaba una respuesta que no llegó.
Sólo obtuve el silencio como contestación así que continué.
- ¿Qué pasa?. ¿No tienes nada por lo que quieras luchar que te importa una mierda tu vida y que te ocurra algo? - espeté.
- Sabes que eso no es verdad, joder- reaccionó por fin- es sólo que..- se calló apretando los puños frustrado.
- ¿Es sólo que qué? - arremetí contra él.
Sin darme tiempo a reaccionar, me empujó con brusquedad contra la pared del pasillo, callándome con sus labios.
Ethan.
La besé con rabia y frustración, con fuerza, plasmando en el beso todo el torbellino de emociones y sentimientos que me estaban volviendo loco. La besé con desesperación, con impaciencia, con necesidad, pero sobre todo la besé con deseo. Joder, lo deseaba más que nada en este mundo.
Deslicé mi mano izquierda por su cintura, atrayéndola hacia mí, y con mi mano derecha la agarré del cuello consiguiendo que gimiera de placer, mientras abría levemente la boca permitiéndome entrar a jugar con la lengua.
Sentí un haz de emociones contradictorias recorrer mi cuerpo cuando nuestras lenguas se fundieron en un cálido abrazo.
Se buscaban con interés y desesperación, mientras mi mano izquierda bajaba por su espalda disfrutando del contacto con su piel.
Edén.
Mierda.
Le empujé de forma brusca, para separarle de mí, con la respiración entrecortada.
Era consciente de que tendría las mejillas completamente sonrojadas, lo cuál hizo que me ruborizase más.
- Esto..Esto no está bien- hice un gran esfuerzo por intentar aportar lógica y raciocinio a la situación.
Ethan negó con la cabeza jadeando también.
- Lo siento por ti pecosa, pero no tienes una sangre tan guay como la mía- soltó.
Fruncí el ceño confusa.
- ¿De qué estás hablando?.
Dió un par de pasos hacia mí, volviéndose a acercar peligrosamente y levantó la mano derecha.
Recorrió con su dedo mi mejilla deteniéndose después en mi cuello.
Respiré hondo intentando mantener la calma.
Ethan.
Observé como todo su cuerpo reaccionaba a mi contacto y disfruté del momento unos segundos.
Era divertido tentarla y ver como intentaba hacer lo correcto, movida por una falsa creencia, pero a mí no me podía engañar.
Había notado cómo me había buscado con tanta desesperación, como yo la había buscado a ella y el deseo encerrado en cada uno de sus jadeos.
Me acerqué peligrosamente a su oreja notando nuevamente como su cuerpo reaccionaba a mí. Joder..me moría de ganas por volver a besarla y volver a sentir ese huracán de sensaciones.
Edén.
Notaba su aliento en mi cuello, poniéndome la piel de gallina. Mierda.. ¿a qué estaba jugando?.
Ethan.
- Es una historia muy larga que se resume en que tu y yo no somos familia- susurré en su oído.
Frunció el ceño reacia apartándose unos centímetros para clavar su mirada en mí.
- Estas.. ¿estás seguro?- preguntó con impaciencia.
Edén.
Esbozó una media sonrisa pícara.
- Palabrita de Scout- soltó levantando una mano a modo de juramento.
Entrecerré los ojos unos segundos, mientras mi corazón empezaba a latir con fuerza totalmente confuso, sin embargo, no lo pensé dos veces, atraje a Ethan hacia mí y lo besé con desesperación.
Ethan.
Me dió un vuelco al corazón en cuanto sus labios volvieron a rozar los míos.
Esta vez fue su lengua la que entró en mi boca, buscándome con urgencia.
Apreté su cuerpo contra el mío con necesidad.
Dios…
Edén.
Se le escapó un leve gemido de dolor cuando intenté tirar de su camiseta hacia arriba.
- Lo siento- musité entre jadeos, separándome levemente.
- No lo sientas- masculló quitándose con impaciencia la camiseta, mientras me arrastraba hasta la habitación.
Ethan.
Cerré la puerta.
Cruzamos la mirada en la oscuridad con la respiración aún entrecortada y sonreímos.
Sentía deseo en cada poro de mi piel, sin embargo, respiré hondo intentando tranquilizarme. Quería hacer las cosas bien con ella.
La agarré de la cintura atrayéndola hacia mí y esta vez la besé de forma más pausada, con cariño, sin prisa.
Disfruté del suave roce de mis labios con los suyos, mientras mi mano le acariciaba la espalda con delicadeza.
Edén.
Se separó con una sonrisa dibujada en el rostro.
- Menos mal que esta vez no me has pegado un puñetazo. No se si mi cara habría aguantado uno más- soltó entre carcajadas.
No pude evitar esbozar una mueca de desaprobación al volver a fijarme en su labio hinchado, no obstante, yo también me reí del comentario.
- No tenías que haber ido- repuse.
Se puso serio atravesándome con la mirada.
- Ha merecido la pena- dijo y supe que se estaba refiriendo al beso.
Me fijé en que además del labio, el pómulo también se le estaba hinchando adquiriendo un tono violáceo.
Ethan.
- Creo que tienes muchas cosas que contarme- dijo sin apartar la mirada de mi labio hinchado. Yo asentí sin decir nada- Espérame aquí mientras voy a por hielo- añadió mientras se mordía el labio.
No me había llegado a ver en un espejo, pero podía hacerme una idea del lamentable aspecto que debía tener. No era la primera vez que me veía en esa situación.
Edén regresó, unos minutos después, devolviéndome a la realidad.
- Ven- dijo invitándome a que me sentara en la cama, al lado de ella.
No pude evitar que mi mente divagara, imaginándose otro tipo de situaciones. Agradecí que la oscuridad desdibujarse el hecho de que me había sonrojado y tragué saliva, intentando alejar esos pensamientos de mi mente.
Me concentré en Edén que me observaba el pómulo y el labio, mientras con delicadeza presionaba el hielo contra mi piel.
Aproveché para observar esas pecas, que tanto llamaban mi atención, desde más cerca y esas largas pestañas que enmarcaban su rostro.
Levantó la mirada descubriéndome, observándola, y aproveché el momento para contarle lo que había pasado.
Conforme avanzaba la historia, observé como su postura se encogía y su mirada reflejaba atisbos de tristeza.
Fruncí el ceño algo confuso, pero continué la historia hasta que acabé.
Permanecimos en silencio durante unos segundos, hasta que no pude más con la confusión.
- ¿Estás bien?- me atreví a preguntar.- Es que no lo entiendo. Deberíamos estar felices y..bueno, no pareces muy feliz.
Edén.
Desvié la mirada sintiéndome incómoda y culpable. Tenía toda la razón del mundo, pero no me sentía así.
Por un momento, había conseguido volver a no estar sóla en este mundo. De repente, había vuelto a tener un hermano y, aunque pareciese una locura, dado que mi supuesto padre me quería ver muerta, me había sentido menos sóla por el hecho de no ser huérfana.
No había sido consciente de cuánto anhelaba compartir mi vida con una familia hasta este momento, pero ahora que todo se había esfumado, no podía evitar sentirme triste.
Era verdad que jamás hubiese podido ver a Ethan como un hermano, sin embargo, también era verdad que necesitaba que lo hubiese sido.
Me tumbé en la cama, desbordada por el huracán de emociones contradictorias que sentía en ese momento.
Ethan.
La observé durante unos segundos en silencio y opté por tumbarme a su lado, boca arriba, dándole un espacio que me estaba costando mantener.
Por fin me respondió:
- Es sólo que..por un momento no estuve sóla en este mundo y eso fue agradable- dijo con lentitud.
Fui consciente de lo mucho que le había costado cada palabra y agradecí en silencio el esfuerzo, sin embargo no pude evitar que se me encogiese el corazón al oír eso.
Ambos nos habíamos visto sólos desde muy pequeños, sin la protección y cariño normales de unos padres. No obstante, yo había encontrado otra familia, una que no era de sangre, pero valía mil veces más, y ella había sido traicionada por la única persona que le quedaba. Nadie se merecía eso.
Alargué el brazo torpemente rodeando su cintura y la abracé. Me sentía raro, ya que no estaba acostumbrado a estas muestras de cariño, pero me sentí reconfortado.
Ella también relajó su postura al sentir mi contacto.
Pegué mi cuerpo más al de ella sintiendo un leve cosquilleo y poniéndome serio le prometí:
- No vas a volver a tener que estar sóla.
Fui consciente de que mi voz salió con un leve susurro, a medias entre una promesa para ella y una promesa para mí.
Ninguno de los dos añadió nada más y, sin apartar mi abrazo de ella, nos quedamos dormidos, siendo esta una de las mejores noches de mi vida.
Edén.
Parpadeé un par de veces acostumbrándome a la luz de la mañana que entraba por la ventana.
Los rayos de sol se proyectaban sobre la pared generando una agradable composición de luces y sombras.
Me giré hacia Ethan con cuidado de no despertarle y aproveché que estaba dormido para observarle en profundidad. Su pómulo seguía un poco morado y en su labio se había formado una pequeña costra, pero tenía mejor aspecto que ayer lo cual me alivió bastante.
Me fijé en cómo algunos mechones de pelo caían despeinados por su frente generando pequeños remolinos que le otorgaban un aire inocente.