Hilo Rojo (Destino 1) Capítulo 14. #2
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Capítulo 14. #2

Les seguí por ese camino que conocía como la palma de mi mano, descubriendo que habían reforzado la seguridad.

Pude contar más de cuarenta cámaras cubriendo todos los ángulos y personal de seguridad, cuyas caras no me sonaban.

Fruncí el ceño sorprendido.

¿Todo esto era por mí?. No, no tenía sentido. Estaba claro que mi padre era consciente, después de acceder al pendrive, que suponía un peligro para él. Conocía la casa, la seguridad y, después de decidir ir a por Edén, suponía que me había posicionado en el bando contrario, pero esto era excesivo.

Nos detuvimos delante de la puerta de acceso y un escáner de huella llamó nuevamente mi atención.

“¿A quién tienes miedo?”, no pude evitar pensar.

Edén.

Me senté en el sofá al lado de Liam y, después de unos segundos de vacilación, me atreví a preguntar:

-            ¿Cómo os conocisteis Ethan y tú?.

Esbozó una media sonrisa a la vez que clavaba su mirada en mí.

-            Mi madre era prostituta y me abandonó porque era una carga. A mi padre no lo conocí.

No pude evitar abrir los ojos de sorpresa ante su confesión.

-           Desde muy pequeño me busqué la vida como pude, pasando de un hogar de acogida a otro, hasta que me mezclé en uno de los negocios sucios del padre de Ethan, bueno vuestro padre- rectificó.

Puse mala cara pero no le interrumpí, quería escuchar cómo acababa la historia- una vez metí la pata.

Tenía catorce años y sin tener por qué, Ethan salió en mi defensa.

Si no fuese por él, ahora posiblemente estaría mi cuerpo tirado en alguna cuneta.

- hizo una pausa breve antes de continuar- Me ofreció una vida y desde aquel entonces, siempre hemos estado el uno para el otro.

Aunque no tengamos la misma sangre, es como un hermano para mí-concluyó.

-            Tú cuidas de él- dije en voz alta, aún asombrada por la historia que acababa de compartir conmigo.

Liam esbozó una sonrisa cansada.

-            Dejémoslo en que lo intento. Cómo puedes comprobar, es bastante cabezota- soltó señalando a su alrededor.

Sentí una punzada en el pecho por Ethan.

Mierda. ¿Por qué no le había hecho caso a Liam?.

Ethan.

Me hicieron esperar unos minutos en ese espacio del gran salón que resultaba tan cercano para mí, pero a la vez tan lejano.

Recorrí la sala con la mirada, advirtiendo aquellos pequeños detalles que habían cambiado con el paso de los años, sin embargo, no me moví de donde estaba.

Notaba la mirada de los dos hombres que me habían acompañado hasta allí, clavada fijamente en mí.

Estaba claro que no se fiaban y hacían bien en no hacerlo.

-            Veo que los tienes bien puestos al volver aquí-dijo una voz fría y grave a mis espaldas.

Me tomé unos segundos para respirar hondo, darme la vuelta con tranquilidad y clavar mi mirada en él.

Era una voz que me infundía cierto temor y me traía recuerdos amargos, sin embargo era algo que no pensaba mostrarle. No iba a otorgarle ese poder sobre mí.

Al no responderle, continuó hablando sin inmutarse:

-           Y claro, .he de suponer que estás aquí por la chica, en vez de disculparte por tus actos- dijo con desprecio.

Me fijé en que la boca se le torcía de rabia cuando la mencionaba y entorné los ojos con curiosidad.

-            Quiero que la dejes en paz- dije por fin.

Soltó una carcajada que no me pilló desprevenido.

-            Ay hijo..-suspiró decepcionado, mientras hacía un rápido gesto con la cabeza para que me sujetasen.

No opuse resistencia.

El primer golpe fue directo hacia la mandíbula, sin embargo mantuve la compostura. No le dí ese placer.

Noté la rabia fluyendo por mi cuerpo, que se ponía rígido en respuesta.

La adrenalina que sentía me invitaba a responder, sin embargo, con un gran esfuerzo, apreté los puños tragándome el orgullo. No quería problemas y defendiéndome, no conseguiría aquello por lo que había venido.

El siguiente golpe impactó sobre mi estómago, obligándome a doblarme.

-            Me traicionaste- me acusó.- A tu familia.

Apreté los dientes y, esta vez, el que puso una mueca de asco fui yo.

-            Tú y yo no somos familia- mascullé entre dientes.

Ni se inmutó ante mi afirmación. Hizo caso omiso y prosiguió hablando, mientras notaba que mi labio empezaba a sangrar.

-           ¿Y todo por qué?- preguntó retóricamente sin esperar respuesta- ¿por qué te ha aparecido cualquier tipo de instinto fraternal?

. Te ahorraré el mal trago, ese engendro nunca ha sido ni será familia nuestra, así que no arriesgues tu vida por algo así.

Te han engañado igual que hicieron conmigo..

- concluyó bajando el tono de voz y perdiéndose en sus pensamientos.

Mi cara de poker se esfumó de inmediato, transformándose en una gran expresión de sorpresa.

-            ¿Qué?- solté con los ojos abiertos de par en par.

Tardé unos segundos en darme cuenta de que había dejado de respirar.

Mi cara seguía completamente descompuesta y mi padre esbozó una leve sonrisa triunfal, al haber conseguido causar, con sus palabras, el efecto que deseaba.

Entrecerré los ojos, analizando la situación.

¿Podría no ser verdad esa información?. Mi padre quería que la abandonasemos a su suerte, lo cuál le facilitaría las cosas, pero mi padre podía ser muchas cosas, pero no era un mentiroso. Tenía que ser verdad esa información.

Mi corazón empezó a latir con fuerza con un aliento de esperanza.

-            ¿Cómo?- pregunté recuperando mi cara de poker.

No contestó inmediatamente.

Se giró y se acercó a una cajonera de la que sacó una caja de puros.

Esperé pacientemente, observando cómo disfrutaba del poder de tener controlada la situación.

Se acercó el puro a la boca y le prendió fuego dándole una larga calada.

-           La mujer que conociste como tu madre no lo era- soltó, buscando cualquier tipo de reacción en mi rostro, pero yo ya había recuperado mi semblante impasible para su decepción.

Prosiguió- A tu verdadera madre la mataste en el parto- y pude notar, aún, cierto tono acusador después de tantos años- Al año conocí a otra mujer.

Era hermosa y conseguía llenar el vacío que sentía y, a los tres años, tuvimos una niña, o eso creía yo.

Esperé impaciente a que continuase la historia.

Los fotogramas del vídeo que había visto, en esta misma casa, hace unos días, se repetían una y otra vez, de forma vertiginosa, en mi cabeza.

Mi corazón latía desbocado, encerrado en la apariencia que tanto me esforzaba en mantener.

-            La muy puta- soltó, levantando el tono de voz- tenía otro hombre en su vida…¡Un mecánico de coches!- exclamó menospreciándole.

Pude observar lo afectado que estaba, a pesar del tiempo que había pasado, y me dí cuenta, en ese preciso momento, que no había nada que yo pudiese hacer para frenar esta venganza personal.

Se tomó unos segundos para tranquilizarse y prosiguió, pero en mi cabeza sólo había lugar para una única cosa: Edén y yo no éramos hermanos. No teníamos ningún tipo de parentesco y, por primera vez en mucho tiempo, me sentí completamente feliz.

-           El resto ya lo sabes- concluyó bajando el tono- los maté- dijo con una sonrisa siniestra.- Sinceramente, siendo tan pequeños no pensé que sobrevivieran ninguno de los dos, pero ese exceso de confianza tiene fácil solución.

No pude evitar que un escalofrío recorriera mi cuerpo sólo de imaginarlo. Me zafé sin esfuerzo del agarre.

-           No vas a tocarle ni un pelo- dije de forma impulsiva, dando un par de pasos en su dirección, olvidando quién era ese hombre y lo peligroso que era.

Entrecerró los ojos atravesándome con la mirada.

-           Escuchame bien- empezó a hablar poniéndose muy serio- eres mi hijo, pero si crees que eso me impedirá hacer lo que tenga que hacer, estás muy equivocado. Así que aléjate de ella si no quieres que esto te salpique. Es una advertencia.

-           No, escuchame tú- dije en un tono peligroso- si tu no quieres que te salpique toda esta mierda, aléjate de nosotros, olvídate de que existimos y dejanos en paz.

Mantuve mi mirada clavada en la suya, de forma amenazadora, durante unos segundos.

Noté como su postura se volvía rígida. Mi padre era uno de esos tipos de hombres que no consentían que lo amenazasen, sin embargo, para mi sorpresa, soltó una carcajada.

-            Pero..¿qué te importa su vida?. ¿No me dirás que te has enamorado?- preguntó burlonamente.

No contesté, pero algo en mi expresión debió delatarme, porque su gesto se crispó por completo.

-            ¿¡Te has enamorado!?- estalló de rabia.

Me dí la vuelta para evitar que apreciase que me había sonrojado.

Joder..

Me sentía totalmente expuesto y noté como una sensación de cabreo empezaba a apoderarse de mí.

Conté hasta cinco en silencio, mientras me dirigía a la puerta, dispuesto a abandonar la estancia. Ya había conseguido toda la información que necesitaba e incluso más.

No obstante, cuando llegué a la altura de la puerta me giré una última vez y con el tono más frío y distante que pude dije:

-            Quién avisa no es traidor.