Hilo Rojo (Destino 1) Capítulo 13. #2
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Capítulo 13. #2

Se debió de percatar de que tenía la atención puesta en otro lugar, ya que resopló de mal humor y se dió la vuelta dispuesta a perderse entre la multitud.

Edén.

-            Espera- dijo en un tono más suave, agarrándome rápidamente de la muñeca para retenerme.

Primero me sujetó con firmeza, pero una vez que me detuve, aflojó acariciándome con el pulgar el interior de la muñeca.

Noté un leve cosquilleo en la boca del estómago, no obstante, me giré y clavé la mirada en él.

-            ¿Qué?- repuse en un tono cortante.

Vaciló unos segundos.

Ethan.

Estuve tentado de pedirle que bailase conmigo, pero me contuve.

Edén tenía mucho peligro y no podía arriesgarme.

Ella todavía tenía su mirada clavada en mí, expectante, esperando una respuesta.

Sin pensarlo mucho solté:

-            Que tampoco te creas que tanta gente se iba a acercar a ti esta noche.

Apretó la mandíbula con fuerza.

-            ¿Pero qué mosca te ha picado a ti esta noche?. ¿Es por el beso?.

Negué con la cabeza con rapidez. No tenía la menor intención de hablar de ese beso con ella. Me puse a la defensiva.

-           No- mentí- El beso no significó nada. Fue un momento de calentón sin importancia, me hubieses valido tú como cualquiera de esta discoteca. No fue nada personal- concluí remarcando la última frase.

Un destello de dolor cruzó inmediatamente sus ojos y supe que esta vez le había hecho mucho daño.

Todo lo que había dicho había sido mentira, pero tenía sobrada experiencia en ocultar todo lo que sentía.

Edén.

Me dí la vuelta para evitar que se percatara del dolor en mis ojos.

No sabía si me había dolido más que para él el beso no hubiese significado nada, dado que para mí había sido importante, o que hubiese insinuado que era una chica del montón.

No sabía en qué momento le había dejado entrar tanto en mi vida como para permitirle hacerme daño de esta manera tan absurda, pero no me gustaba.

Había levantado un muro durante cuatro años, alejándome del mundo y de las personas, sin embargo, estaba descubriendo que ese muro no era tan firme y estaba pagando las consecuencias de ello.

Observé durante unos segundos a mi alrededor, fijándome en la multitud que bailaba, ajena a todo lo que estaba ocurriendo a escasos metros de ellos.

Vislumbré también la puerta de salida y supe lo que tenía que hacer.

Respiré profundamente y mentí.

Ethan.

-           Me alegra que ambos pensemos lo mismo respecto al beso, para mi tampoco fue nada, no te preocupes- dijo dándose la vuelta y desapareciendo entre la multitud.

Mi expresión se ensombreció inmediatamente, pero ella ya se había marchado, como para darse cuenta.

Noté una fuerte punzada en el corazón que me obligó a llevarme la mano al pecho. Ahora ya sabía lo que se sentía cuando te rechazaban.

De repente, mis ganas de estar allí de fiesta se evaporaron.

La música sonaba lejana y todo empezó a dar vueltas.

Notaba que me faltaba el aire.

Edén.

Una vez en el exterior cerré los ojos para disfrutar de la suave brisa que soplaba y me apoyé en una pared inspirando y expirando para tranquilizarme.

-            ¿Te encuentras bien?- me preguntó una chica que me miraba preocupada a unos metros de mí.

Asentí.

-            Si, perfectamente, gracias- volví a mentir.

La chica vaciló durante unos segundos, pero finalmente se conformó con mi respuesta y siguió conversando con su amiga.

Ethan.

Noté que alguien apoyaba su mano en mi espalda devolviéndome a la realidad.

-            ¿Estás bien?- preguntó Liam realmente preocupado.

Asentí, intentando volver a poner mi cabeza a funcionar.

-            ¿Dónde está Edén?- preguntó Eric.

Liam y yo intercambiamos una rápida mirada de alarma.

Mierda.

Edén.

Observé la calle.

Apenas un par de personas habían salido de la discoteca a tomar el aire y conversaban tranquilamente. El resto de la calle estaba completamente vacía, sólo algunos coches aparcados al fondo de la calle llamaron mi atención.

Había un Mercedes negro con las ventanas traseras tintadas y la ventanilla delantera del conductor parcialmente bajada, por la que me parecía apreciar humo de tabaco saliendo por ella.

El otro coche era exactamente igual y tenía el motor encendido.

Me fijé en las matrículas instintivamente, memorizándolas.

-            Disculpa, ¿tienes fuego?- me preguntó una voz masculina, devolviéndome a la realidad.

Miré a mi alrededor descubriendo que todo el mundo había vuelto a entrar en la discoteca, incluidas las dos chicas que se habían preocupado por mí antes, a excepción de este chico y su amigo.

El hombre de seguridad nos observaba de vez en cuando, asegurándose de que todo fuese bien.

Volví a fijar la atención en el chico que se había dirigido a mí y que esperaba pacientemente una respuesta.

Negué con la cabeza.

-            No, lo siento, no fumo- contesté.

Ni se preocupó en responderme, maldijo entre dientes por lo bajo y se alejó con su amigo.

No pude evitar resoplar, mientras volvía a centrar la atención en los dos coches.

Para mi sorpresa, un hombre trajeado se había bajado de uno de ellos y se dirigía por medio de la carretera hacia la discoteca.

En cuanto mi mirada se cruzó con la suya, lo reconocí inmediatamente de la fiesta del padre de Ethan. Era uno de sus hombres.

Mierda.

Mi corazón se aceleró, palpando el peligro, en cuanto lo vi levantar el brazo para apuntarme con un arma.

Noté una corriente de adrenalina fluir por mi cuerpo, como una descarga eléctrica que me hizo reaccionar.

-           ¡Al suelo!- grité por instinto, al mismo tiempo que corría a protegerme detrás de una gran maceta que había en la calle, a diez metros de mí, en dirección opuesta a la discoteca.

Tenía que alejarme como fuese de allí, nadie debía salir herido por mi culpa.

Oí cuatro disparos y no pude evitar aguantar la respiración mientras corría.

El primero rozó mi brazo haciéndome apretar los dientes de dolor, sin embargo los demás se desviaron por completo de su objetivo, de mi. Después ya no oí más disparos.

Esperé durante unos segundos, que se me hicieron eternos, detrás del macetero.

Volví a respirar en cuanto oí las ruedas de un coche derrapar, alejándose de allí.

El de seguridad y los dos chicos corrieron hacia mí, confirmándome que el peligro había pasado, por ahora.

Respiré hondo un par de veces reordenando mis pensamientos.

-            Dios, estás herida, hay que llamar a una ambulancia- dijo el primero con la voz totalmente quebrada.

-            Hay mucha sangre-dijo el segundo totalmente pálido.

-            Entrad dentro y pedir ayuda- ordenó el chico de seguridad totalmente desbordado.

-            No- musité, pero los dos chicos ya estaban entrando en la discoteca con urgencia.

-            ¿Cómo te encuentras?- inquirió el chico de seguridad, arrodillándose a mi lado sin dejar de mirar mi brazo ensangrentado.

-           Bien- respondí lo más serena que pude para intentar tranquilizarle- no necesito una ambulancia, la bala apenas me ha rozado, pero me vendría bien si me das tu camiseta para parar la hemorragia.