Hilo Rojo (Destino 1) Capítulo 11.
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Capítulo 11.

Edén.

La luz se colaba por la ventana bañando toda la habitación. Parpadeé varias veces, intentando acostumbrarme a la luz y me revolví bajo las sábanas.

Inspiré profundamente al percibir el olor. Olían a Ethan, sin embargo, la habitación estaba completamente vacía.

No recordaba en qué momento de la noche se había ido y me entraron dudas de si había llegado a dormir aquí.

Ethan.

Golpeé con todas mis fuerzas el saco y Eric soltó una risilla entre dientes.

Liam me estudiaba con la mirada.

-            Dilo de una vez- le espeté golpeando el saco nuevamente con más fuerza.

Liam suspiró.

-            No pareces estar bien.

-            Es que no lo estoy. Joder..es muy frustrante.

-            Es lo que tiene enamorarse- soltó Eric.

-           No estoy…-me callé ante la afirmación que estaba apunto de hacer. Bajé el tono de voz de mala gana. No podía negar lo innegable- ¿qué puedo hacer?.

Liam arqueó las cejas y Eric soltó una carcajada. Sam me miraba con una expresión de tristeza en los ojos que no conseguía descifrar.

-            Lo tienes jodido tío- soltó Eric.

Puse los ojos en blanco.

-            No me digas- solté con sarcasmo.

-           Bueno..si cometes incesto nadie tiene por que saber que es tu hermana. Fijo que en cuanto te la folles te olvidas del rollo de hermana.

Noté una pequeña hinchazón en los pantalones al imaginarme la escena. Sacudí con rabia la cabeza y volví a golpear el saco.

-            Sabéis que no puedo. Mis principios no me lo permiten.

Eric suspiró forzosamente.

-            Tío, si te olvidarás de tus principios disfrutarías más la vida. Hazme caso.

Volví a poner los ojos en blanco. Seguía pareciéndome todo un milagro que Eric tuviese novia y no se tirase a todo ser viviente que se moviese. No obstante, conocía perfectamente a Gala y sabía cómo ponerle en su sitio.

Sam intervino con cara de preocupación.

-            Os estais olvidando de lo que quiere ella. ¿Y si ella no quiere nada contigo?.

Fruncí el ceño preocupado.

Estaba acostumbrado a que todas las mujeres hicieran cola para acostarse conmigo. Sabía como volverlas locas, sin embargo, la duda de que ella no me eligiese a mi me atormentó durante unos segundos.

-            Ella no es como las demás, así que a lo mejor no quiere lo mismo que las demás, ¿no crees?.

Agaché la cabeza. Touché. Si algo tenía claro, es que Edén no se parecía a ninguna otra mujer que hubiese conocido.

Eric volvió a soltar otra carcajada. Estaba disfrutando de lo lindo.

Clavé mi mirada de pocos amigos en él.

-            Como sigas burlandote, el próximo golpe irá directo a tu cara- bufé de mal humor.

Aguantó como pudo una nueva carcajada.

Edén.

Me lavé la cara intentando despejarme del todo y salí hacia la cocina. Mis tripas rugían de hambre. No había cenado ayer y hoy no había desayunado, aunque ya casi era la hora de comer.

Me sorprendió lo vacía y en silencio que estaba la casa. Deambulé por los pasillos, en silencio, hasta que encontré a Gala.

-            Buenos días- me dijo con una radiante sonrisa.

Una de las cosas que más me gustaba de ella era ese buen humor y alegría que desprendía de forma continua.

-            Buenos días- respondí alegre también- ¿dónde está todo el mundo?.

Gala sonrió.

-            Han ido al gimnasio. Tenían una cita con el saco de boxeo.

Arqueé las cejas. No me extrañó que boxearan, teniendo en cuenta el estilo de vida que llevaban..

-            En una hora o así volverán- añadió.

Suspiré. Mis tripas no se si aguantarían tanto tiempo.

-            Está bien, saldré a correr un rato.

Gala se mordió el labio dubitativa. Fruncí el ceño.

-            ¿Qué?. ¿Qué ocurre?.

-            Yo..no creo que sea buena idea.

-            ¿Por qué?.

-           Edén, no es por meter el dedo en la llaga, pero tu vida está amenazada ahora mismo. No creo que debas andar sola por ahí.

Puse los ojos en blanco. Era cierto, pero no me iba a quedar encerrada de por vida por ello.

-            Se cuidarme sola, además, en un rato estaré de vuelta.

Gala emitió un fuerte suspiro.

-            Edén..no puedo dejarte salir.

Sus palabras llamaron mi atención por completo. ¿No puedo?.

-            ¿Te ha dicho Ethan que no me dejes salir?.

Leí en su mirada la respuesta, antes de que me contestase, y noté como me empezaba a enfadar.

-            No voy a quedarme encerrada en vuestro castillo.

-            Por favor..-suplicó Gala.

Que manía con “decirme” lo que tengo que hacer.

-            Además- añadió- necesito ayuda con esto. Porfa..

Pusé los ojos en blanco y asentí finalmente.

Me importaba una mierda lo que Ethan quisiera que hiciera, pero no quería meter a Gala en ningún problema por una decisión mía.

Ethan.

Golpeé el saco otras dos veces con fuerza. Notaba como el cansancio se empezaba a apoderar de mí, pero con cada golpe que asestaba me sentía mejor, más desahogado y liberado.

-            ¿Qué vas a hacer?- preguntó Liam finalmente.

Inspiré profundamente y me tomé unos segundos para pensar.

-           Estar con ella me desquicia, pero, sinceramente, y más con todo lo que está pasando, me desquiciaría no tenerla cerca y que pueda pasar algo.

Liam asintió. Sabía que no me separaría de ella por nada del mundo. Además, una parte de mí tenía curiosidad por conocerla, al fin y al cabo, nos gustase o no, éramos familia.

Una nueva punzada me recorrió el pecho al recordar las palabras que había dicho Sam: “¿Y si ella no quiere nada contigo?”. “¿Y si ella no quiere conocerme?”.

Sinceramente no me extrañaría que no quisiese saber nada de mí. Me había comportado muchas veces como un imbécil con ella. Sin embargo, ella parecía ver algo más allá de mis malas contestaciones, aunque se calentaba tanto o más que yo, y yo no estaba acostumbrado a lidiar con mujeres así.

Edén.

La puerta se abrió y vi como los chicos entraban.

Me llamó la atención la camiseta de tirantes que llevaba Ethan y que me permitía tener una completa visual de sus músculos.

Me observé recorriendo todo su cuerpo con mi mirada hasta que se percató de mi presencia.

Nuestras miradas se cruzaron y pude ver un brillo cruzar fugazmente sus ojos.

-            Hola- saludó llamando la atención del resto hacia mí.

Apreté los labios y le dirigí una larga mirada.

-            Hola, ¿qué tal el entrenamiento?- hice una breve pausa.- ¿Podemos hablar?.

Ethan.

El corazón se me aceleró repentinamente. Esas dos palabras juntas nunca significaban nada bueno. Mierda.. ¿Qué había hecho yo ahora?.

Mientras la acompañaba por el pasillo hacia su habitación, hice un repaso mental de todo lo que podía haberle enfadado, esta vez. No tardé en darme cuenta de por donde iban los tiros.

-            No quiero ser una princesa encerrada en un castillo- dijo en cuanto cerró la puerta.

Respiré profundamente, buscando la mejor forma de enfocar esta conversación.

Edén.

-            Lo sé..- dijo para mi sorpresa- pero no quiero que te pase nada.

Sentí un sin fin de emociones recorrer mi cuerpo al oír eso. Intenté serenarme.

-           Lo sé..-contesté- pero tiene que haber otra forma. Tu mismo has dicho que tu padre prepara bien sus venganzas. No puedo esperar el tiempo que tarde encerrada, en esta casa, sino voy a acabar volviéndome loca. Así que quiero proponerte algo.

Conseguí llamar su atención.

Arqueó las cejas intrigado, mientras yo me tomaba unos segundos para enfatizar mi proposición.

Ethan.

La observé con curiosidad preguntándome que me iba a ofrecer.

Por fin habló:

-           Yo te prometo que me pasaré todo el día pegada a tí y no saldré sóla. No intentaré ir por mi cuenta y tú me tendrás controlada a todas horas, como si quieres ponerte una silla para vigilarme mientras duermo.

Me gustó la propuesta. Si, quería pasar cada minuto del día con ella, poder protegerla, conocerla, compartir momentos, me gustaba la propuesta, pero faltaba una parte del trato.

Crucé los brazos sobre mi pecho preparándome para lo que fuese a venir.

-            ¿Y a cambio qué?- pregunté con curiosidad.

-           Quiero decidir- sentenció- Si voy a ir contigo en pack a todas partes, quiero poder decidir a dónde vamos y cuándo, sin tener que discutir cada una de las cosas que proponga. Quiero que estés dispuesto a ceder, aunque te parezca una pésima idea o estés en contra de lo que decida.

Le lancé una larga mirada, sopesando lo que me pedía.

Era lógico lo que pedía. No podía pretender que me siguiese a todos lados, sin opinar sobre nada, pero ¿ceder si no estaba de acuerdo?

. ¿Qué pasaba si decidía que quería hacerle una visita a mi padre o que quería ir a ver a Easton?

. No podría objetar nada. Sin embargo, lo pensé mejor. ¿Acaso podría ahora?.

Edén.

-            Está bien- aceptó el trato- ¿quieres que nos demos la mano o sellamos el pacto con sangre?- bromeó.

Puse los ojos en blanco. La primera parte estaba conseguida. Ahora venía lo más difícil.

Tomé aire, armándome de valor para lo que estaba por venir. Sabía el trato que acabamos de hacer, pero también que sería una ilusa si me esperaba no oír ni un sólo reproche por su parte.

-            Bien, quiero ir a ver a Easton- añadí entonces.

Ethan.

-            ¿Qué?.

Escudriñé su cara intentando apreciar cualquier señal de que estuviera bromeando, pero no la encontré. Mi cerebro procesaba la frase una y otra vez intentando cerciorarse de que había oído perfectamente.

Su cambio de actitud y su propuesta tomaron sentido para mí.

-            ¿Por qué?- pregunté con el ceño fruncido sin comprender nada.

Si algo tenía claro desde que la conocía y me había contado en el baile de mi padre la historia con su hermano, era que le odiaba, le había traicionado y en parte, aunque no lo reconociese, le tenía miedo.

A él o a todo lo que él representaba. ¿Por qué querría voluntariamente encontrarse otra vez con él? .

Intuía que haberle visto anoche había removido el pasado, pero no entendía este cambio de idea.

Edén.

Estudié su cara de confusión durante unos segundos.  Yo estaba sorprendida también de la decisión que acababa de tomar, pero estaba harta de huir.  Ya no era una niña y había aprendido a defenderme. Quería respuestas, las necesitaba y quería poner mi vida en orden.

Una parte de mí quería creer lo que me había dicho la otra noche, quería creer que lo estaba intentando hacer bien por una vez y quería preguntarle tantas cosas sobre papá y mamá.

Yo era más pequeña que él cuando todo ocurrió, y tenía recuerdos muy vagos, pero él podía darme las respuestas que yo tanto necesitaba.

Ethan.

Agachó la cabeza con tristeza y algo se rompió en mi interior.

-            No espero que lo entiendas- dijo sin mirarme- simplemente te pido que no te opongas.

La agarré con delicadeza del mentón obligándola a levantar la mirada. Nuestras miradas se cruzaron y pude ver una infinita tristeza, fragilidad, indecisión.

Desvió rápidamente la mirada incómoda.

En este momento era un libro abierto. Podía ver cada mínima expresión y sentimiento que atravesaban sus ojos y no pude evitar atraerla hacia mí y fundirla en un abrazo.

Esperé expectante a que me empujara para separarse o incluso una de sus afiladas contestaciones, sin embargo nada de eso ocurrió.

Hundí la cara en su cabello embriagándome de su dulce olor y cerré los ojos disfrutando del momento.

Edén.

Dejé que me arropara con sus fuertes brazos, sin oponer resistencia.

Suspiré y enterré la cara en su pecho aún más. Su olor me invadió entera. Olía bien.

Noté como su dedo me rozaba la parte alta del cuello cuando me colocó detrás de la oreja un mechón de pelo y un pequeño escalofrío recorrió todo mi cuerpo.

Con él me sentía tan protegida y desprotegida al mismo tiempo…

-           Está bien- dijo en apenas un susurro muy cerca de mi oreja- iremos los dos a ver a Easton y, te prometo, que todo irá bien.

Me quedé inmóvil saboreando el momento, mientras observaba como todas las murallas que había tardado años en construir, se desmoronaban a mi alrededor.

¿Qué estaba haciendo este chico conmigo?.