Capítulo 10. #2
La noche, como todas las noches últimamente, había sido un auténtico desastre.
Durante lo que había durado el trayecto, la rabia y el enfado se habían ido convirtiendo en orgullo.
Un orgullo incesante de demostrarle que era capaz de cuidarme y defenderme yo solita.
Que no necesitaba “principes azules”, ni “hermanitos” que me defendiesen.
Que lo había hecho mucho tiempo sóla y que podía seguir haciéndolo.
No obstante, he de admitir, que en parte me gustó que alguien se preocupase por mí por una vez.
Ya no me acordaba de lo que era tener a alguien dispuesto a dar la cara por ti.
Subimos en silencio en el ascensor. La atmósfera estaba enrarecida y en parte había sido culpa mía.
Ethan.
Me pasé la salida a propósito.
Liam en el asiento de al lado arqueó levemente una ceja, pero no puso ninguna objeción al cambio de dirección.
Muchas veces dormíamos en casa de estos y quería, o más bien necesitaba, hablar con Edén antes de irme a dormir.
El trayecto se me hizo eterno, pero fui estructurando lo que le iba a decir.
Edén.
Me tumbé en la cama, en ropa interior, con una camiseta de pijama, y apagué la luz.
Hacía calor y tenía tantas cosas en la cabeza que me costaba conciliar el sueño.
El reencuentro con mi hermano había sido totalmente inesperado.
Me gustaría creer que esta vez sí que estaba haciendo las cosas bien, pero no podía permitirme que me hiciera daño una vez más.
Era cuestión de supervivencia. Y luego estaba Ethan..
era tan frustrante y exasperante a veces...
no tenía ni la más remota idea de cómo lidiar con él.
Ninguno de los dos estaba acostumbrado a acatar órdenes y nos salía de forma natural darlas continuamente.
Eramos bombas a punto de explotar, la mayor parte del tiempo.
Nos calentabamos con facilidad, perdiendo el control y éramos las personas más orgullosas que existían sobre la faz de la tierra.
Me sorprendió tener tantas cosas en común, pero había algo más, ambos estábamos extremadamente rotos por dentro y no sabíamos lidiar con el desastre de vida que nos había tocado vivir.
Suspiré con pesar. Si era sincera conmigo misma, en parte me gustaba que tuviese un lugar en mi vida.
Por primera vez en mucho tiempo, sentía que estaba en casa, que ambos formábamos parte de dos caras de una misma moneda y era obvio, aunque intentase restarle importancia, que su presencia tenía algún tipo de efecto sobre mí, pero aún estaba intentando averiguar de qué clase de efecto se trataba.
Apenas habían pasado diez minutos, desde que apagué la luz, cuando unos golpecitos en la puerta hicieron que me incorporara de la cama.
Me dirigí a la puerta, entreabriéndola. El pasillo estaba oscuras pero pude reconocer sin ninguna dificultad la figura de Ethan, pero no fue su figura la que llamó mi atención, sino su rostro cansado.
- ¿Puedo pasar?.
Asentí con el ceño fruncido, olvidándome por completo de que estaba en ropa interior, sólo con una camiseta por encima.
Ethan.
Mi mirada se dirigió inmediatamente hacia sus desnudas piernas, recorriéndola de abajo a arriba, hasta detenerse en sus caderas y en la tela de encaje de su ropa interior. Noté una fuerte presión en los pantalones. Joder..
Tragué saliva intentando centrarme.
- Yo..- Suspiré hondo armándome de valor. Era la segunda vez en el día que iba a disculparme, quizá la segunda vez en mi vida- lo siento.
Se mordió el labio en silencio evaluándome con la mirada.
Me fijé en su labio carnoso, en como se lo mordía y tuve que reprimir las ganas de mordérselo yo..
Recordé el beso en el banco y como la había besado con todo mi ser la otra noche, como había jugado con mi lengua, como habíamos tenido que separarnos jadeando..
la presión en el pantalón se hizo mayor.
- Yo también lo siento- dijo en un susurro devolviéndome a la realidad.
Noté como el pecho se me llenaba de mil emociones.
Se me escapó una sonrisa.
- ¿Estás cansada?-le pregunté.
Observé cómo fruncía el ceño mientras negaba con la cabeza. Mi sonrisa se ensanchó aún más.
- ¿Quieres que me quedé un rato? - dijé esperanzado.
La observé sopesar la pregunta.
- Esta bien, ven- dijo invitándome a que me sentará en la cama, mi cama, esa en la que, cuando dormía en este piso, solía quedarme.
Se dió la vuelta y no pude evitar fijarme en como la longitud de la camiseta me dejaba vislumbrar parte de su culo. Llevaba un tanga negro de encaje que hacía que me quedase sin respiración.
Notó mi mirada perdida en sus formas y se giró ruborizada.
Carraspeó devolviéndome a la realidad.
Mierda..
Cerré los ojos respirando hondo un par de segundos e intentando reprimir las ganas que tenía de tirarla sobre la cama y arrancarle ese conjunto que hacía que se convirtiese en mi perdición.
Ella no podía ser mi hermana. Parecía que Dios la había mandado directamente a mi vida para castigarme por todos y cada uno de mis pecados y sufría, vaya si sufría.
Cuando conseguí hacer acopio de todo el control del que pude ser capaz, la seguí hasta la cama tumbándome de forma resuelta y apoyándome sobre el cabecero. Sintiese lo que sintiese, no iba a dejar que mis emociones y mi cuerpo me delatase.
Edén.
Observé su cambio de actitud y lo agradecí.
Hablamos de todo un poco. Me reprochó, de buen humor, como me había perdido el increíble final de su carrera.
Sin embargo, le respondí de broma también, que tampoco había mucho que pudiese aprender de él, lo cual hizo que me pusiese una cara fingida de que había dañado su pequeño ego.
Era agradable poder hablar con él de forma distendida.
Hablamos de nuestra infancia, de cómo habíamos acabado cruzando nuestros caminos en el banco, del robo, de su padre, puede que también mío, y de Easton.
- ¿Qué vamos a hacer?- pregunté.
Ethan clavó su mirada en mí durante unos segundos.
- Sinceramente, no lo sé.. Mi padre no va a dejarlo pasar, pude ver odio en sus ojos, rabia. Es frío y calculador y no tiene prisa por ejercer sus venganzas, pero si algo tengo claro, es que no va a dejarlo pasar.
Ethan.
Suspiró encogiendo el cuerpo y recostándose.
La observé con interés. Era tan fuerte y frágil a la vez.
Era sorprendente cómo conseguía combinar esos dos adjetivos en su persona.
Noté como los párpados empezaban a pesarle.
Me quedé observándola mientras se quedaba dormida, acurrucada a mi lado, y me fijé en esas pecas que tanto me gustaban y en lo suave que parecía su piel.
Alargué inconscientemente la mano y le acaricié la mejilla.
Edén se removió en sueños pero no se despertó.
Noté un escalofrío recorrer mi cuerpo al tocar su piel.
¿Qué estaba haciendo esta chica conmigo? .