Hilo Rojo (Destino 1) Capítulo 8. #2
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Capítulo 8. #2

Aunque me costase admitirlo, cuando la tenía cerca, sentía unas irrefrenables ganas de besarla, de hacerla callar todas y cada una de sus contestaciones.

Más de una vez me había sorprendido con algún pensamiento indecente y era algo que no podía controlar.

Me hacía perder completamente el control y eso hacía que me desesperase.

Era la primera chica que lo conseguía. Cada momento con ella, era un cúmulo de sentimientos y sensaciones que hacía que me sintiese vivo y hacía mucho tiempo que no conseguía sentirme así.

No podía dejarla ir, además del hecho de que se suponía que era parte de mi familia.

Sin embargo, teniéndola cerca, sentía una rabia continua al no poder hacerla mía, al no poder siquiera intentar conquistarla, porque no, era mi hermana y no podía hacer eso con una hermana, pero joder.. costaba tanto.

Estaba acostumbrado a ir por la vida cogiendo lo que quería, cogiendo cosas que no quería ni una décima parte de lo que la quería a ella, de lo que la deseaba y ahora, por primera vez, el destino me decía que no, que no podía tenerla y era muy frustrante.

Sacudí la cabeza intentando tranquilizarme y volver a la realidad.

Edén me miraba expectante. Estaba esperando a que dijese algo.

-            Nunca te podré ver como una hermana- admití.

Se mordió el labio y me clavó la mirada.

-            Creo que con un hermano he tenido más que suficiente. ¿Por qué no intentamos ser amigos?

Sentí una punzada en el corazón.

Sabía que iba a ser duro, pero era lo correcto.

-            ¿Amigos entonces?.

Tomó aire, al tiempo que extendía la mano y respondía, no sabía muy bien si a modo de respuesta, de promesa o de deseo, o quizá una mezcla de todo un poco:

-            Amigos.

Edén.

Me asaltó la duda de cuánto seríamos capaces de mantener esta tregua, no obstante, era un primer paso, sin embargo, ahora tocaba el segundo:

-            Entonces.. ¿no os importará que me mude a este piso?.

Clavó su mirada sorprendida en mí.

Apuesto a que se imaginaba que iba a tener que pelear más para convencerme. Sin embargo, se recompuso rápidamente y con una sonrisa pícara contestó:

-           A ver pecas..siento desilusionarte, pero yo no duermo en este piso, habitualmente- matizó- Espero que eso no te eche atrás- dijo con sorna.

Puse los ojos en blanco.

-            Únicamente por eso he accedido a quedarme- se la devolví.

Fingió ofenderse.

-            Me pedirás que me quede algún día, ya lo verás- repuso en tono arrogante y chulesco.

Sonreí.

-            ¿Quieres apostar algo?- le reté.

Mostró interés y con una sonrisa picarona dijo:

-            Quiero una cita.

Arqueé las cejas.

-            Eso no es buena idea..- dije recordándole que éramos hermanos.

Ethan.

Me sonrojé inmediatamente.

-           No- me apresuré en corregir- no ese tipo de citas. Me refiero a que quiero que me des un día de tu tiempo para hacer lo que quiera.

Entrecerró los ojos con desconfianza. La verdad es que, dicho así, no había sonado mejor. Además, sabía que la idea de cederme el control a mí no le hacía ninguna gracia.

Sinceramente no lo había pensado mucho, pero quería poder tener un día entero con ella para demostrarle cómo era en realidad, que aunque a veces fuese un monstruo, en el fondo también tenía un lado bueno.

-            Mnmm…está bien- dijo al fin- Espero que hagas que merezca la pena- añadió toda orgullosa.

Solté una carcajada ante su contestación.

La verdad es que me hacía gracia la situación.

Alguien llamó a la puerta y Sam la entreabrió asomando la cabeza.

-            No es por ser aguafiestas, pero tenemos una cita en tres horas, ¿cuál es el plan?.

Miré la hora.

-            ¿Que tenéis vosotros con las citas?- exclamó Edén divertida.

Sonreí ante su contestación y volví a mirar el reloj.

Posiblemente fuese peligroso ir, pero no podíamos faltar.

Clavé mi mirada en Edén.

-            Tú eres una chica- dije pensando en voz alta.

-            Muy agudo- respondió con sorna.

-           Me refiero a que tardarás mil siglos en arreglarte, así que el plan es el siguiente: Liam y yo iremos a tu casa y traeremos tus cosas. Tú dúchate, vístete y ya picamos algo de camino, si da tiempo, ¿vale?.

Entrecerré los ojos.

-            ¿Mil siglos?- preguntó indignada.

-            Dame las llaves anda- dije con una sonrisa haciendo caso omiso a su comentario.

Cuando me monté en el coche, Liam me esperaba intrigado.

-            ¿Y bien?.

Le miré desganado.

-            ¿Y bien qué?.

Bufó impaciente.

-            ¿Qué tal ha ido?.

Puse los ojos en blanco.

-            Creo que bien. Osea estaba más tranquila e incluso pudimos bromear.

Sonrió alegre.

-            Me alegro, ¿tú cómo estás?.

Tardé unos segundos en contestar, mientras sopesaba mi respuesta.

-           Creo que bien, pero no va a ser fácil. Me gustaría que me ayudases a no joderla. Siempre lo hago- admití.

-            Tío para eso estamos. Esto tiene que salir bien.

Asentí de acuerdo.

-            Es una chica muy difícil..

Soltó una carcajada y clavó la mirada en mí.

-           Y tú un tío muy difícil..- soltó, pero no me defendí. Sabía que tenía razón- Ya verás como todo sale bien- intentó tranquilizarme.

Miré a lo lejos, por la ventanilla, deseando que fuese verdad.

Estaba anocheciendo y las farolas de las calles empezaban a encenderse.

Entramos en una avenida ancha con árboles. No estábamos lejos del banco que habíamos robado, unas semanas atrás.

Una pareja que paseaba un perro se nos quedó mirando cuando bajamos del coche. Supuse que no encajábamos en un barrio tan familiar.

-           Tercero- le dije a Liam mientras metía la llave en la cerradura de un portal con una gran puerta vieja, de madera. Sin embargo, no tuve que girarla, estaba abierta. Bastó un empujón para abrirla del todo; la habían forzado.

Liam y yo intercambiamos una rápida mirada mientras nos apresurábamos a subir las escaleras de dos en dos.

Me detuve al llegar al tercer piso y el corazón se me aceleró. Noté la adrenalina palpitar en mi cuerpo.

No me costó encontrar la puerta, era la única que estaba abierta.

Me puse alerta, a la vez que cruzaba una mirada llena de significado con Liam.

Mierda…

Miré a mi alrededor buscando algo con lo que poder armarme, pero el rellano estaba completamente vacío.

Respiré hondo y con la adrenalina a flor de piel empujé con cuidado la puerta.

Recorrí rápidamente con la vista toda la estancia. Ante mí se abría un gran espacio diáfano, completamente vacío.

Lo primero que me llamó la atención, fue el caos que se había apoderado de la habitación. Todo, que no era mucho, estaba revuelto y roto.

Miré hacia Liam y señalé, en silencio, las otras dos puertas que tenía el piso.

Liam asintió, dirigiéndose en silencio hacia la de la derecha, un cuarto de baño que estaba completamente vacío.

Unos rayos de luz se filtraban por debajo de la otra puerta.

Respiré hondo y muy alerta abrí la puerta que quedaba, la de la habitación.

Lo primero en lo que me fijé es que también estaba vacía, sin embargo, algo llamó inmediatamente mi atención: la pared estaba completamente pintada, con unas letras rojas, en las que se podía leer “los muertos no necesitan cosas”.

Apreté los puños con rabia ante la amenaza. Quise gritar, sin embargo cogí un vaso que había apoyado sobre la cómoda y lo estampé contra la pared con todas mis fuerzas.

El vaso se rompió en mil pedazos.

-            Joder..

-            Ethan, cojamos algo de ropa y lo que no esté roto y vámonos, no sabemos si tienen pensado volver.

Asentí algo más tranquilo, después de desahogar mi rabia contra ese vaso.

Me llamó la atención una foto tirada en la mesilla.

A mi espalda, Liam había empezado a meter, corriendo, la ropa del armario en una bolsa.

En el centro estaba Edén, subida al volante de un coche. Debía de tener unos doce o trece años, sonreía, parecía muy feliz. A su lado, unos ojos que ya había visto antes la miraban sonriendo también.

Le dí la vuelta a la foto. Escrito a lápiz se podía leer: “mi hermana ganando su primera carrera con doce años”.

Abrí los ojos con sorpresa y recordé como había cogido esas curvas, en la carrera que habíamos echado ella y yo, como sabía qué hacer y cuándo hacerlo, cómo no había dudado ni un segundo. Estaba claro que sabía lo que se hacía y ahora entendía por qué.

Volví a fijarme en su cara de completa felicidad y sentí una punzada de pena en el corazón. Era muy injusta la vida que le había tocado vivir. No se la merecía.

Sacudí la cabeza, obligándome a volver a la realidad, para empezar a meter aquellas cosas, que seguían de una pieza, en una bolsa. La foto, sin embargo, la guardé en el bolsillo de la sudadera.

-            Ya verás cuando le digamos qué ha pasado con todas sus cosas- comentó Liam- se va a volver loca.

Le di un pequeño empujón en el pecho, colocándome entre él y la pared.

-            Ni se te ocurra Liam. Edén no puede enterarse de todo esto.

-            Pero Ethan..

-            No- le interrumpí- no quiero que entre en pánico y se preocupe.

Cerró los ojos unos segundos, cediendo por fin.

-            Creo que te equivocas. Esa chica no tiene miedo a nada- respondió.

Sin embargo, en lo poco que había conocido de ella, había descubierto que eso no era verdad. Edén tenía muchos miedos y traumas, pero era lo suficientemente valiente como para enfrentarse, continuamente, a cada uno de ellos.