Hilo Rojo (Destino 1) Capítulo 8.
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Capítulo 8.

Ethan.

Joder…Si que había ido bien.

Entendía que necesitaba algo de espacio y pensar, pero estaba preocupado. ¿Qué parte de “que querían matarla” no había entendido?.

Joder…

Edén.

Observé la puerta cerrada y carcomida que tenía frente a mí.

Respiré hondo.

Llevaba horas deambulando sin rumbo, absorta en mis pensamientos, sin embargo, mis pasos me habían llevado a un lugar que ya conocía, un lugar que me traía recuerdos duros, un lugar que esperaba que me pudiese dar respuestas.

Llamé a la puerta armándome de valor. Oía ruidos al otro lado.

La puerta por fin se abrió y una cara distante de mujer, pero conocida, apareció frente a mí.

-            ¿Edén?- se sorprendió la mujer reconociéndome- ¿va todo bien?.

¿Bien?. Nada iba bien. En veinticuatro horas mi mundo se había derrumbado, otra vez. Me sentía perdida, desprotegida, frágil. Toda mi seguridad se había esfumado de repente. Sentía que no sabía quién era, de dónde venía y hacia dónde iba.

Suspiré.

-            ¿Está el inspector en casa?. Necesito hablar con él.

Su mujer me miró preocupada e intenté mostrar una sonrisa amable para tranquilizarla.

Cuando todo ocurrió, la primera noche fuera del hospital la había pasado en esta casa. Me traía muchos recuerdos. Intenté ser amable con ella, siempre habían sido buenos conmigo y me sentía agradecida por ello.

-            Pasa- dijo apartándose de la puerta para dejarme espacio para entrar- Debe de estar a punto de llegar.

Me senté en el sofá. Se me hacía eterno cada segundo que pasaba.

Se trataba de un espacio de tamaño medio, con mobiliario en colores claros y algunos adornos en color azul.

Sobre la repisa, encima de la chimenea, había algunas fotos que ya había visto antes.

Miré el reloj que colgaba en la pared. Cada tick tack me estaba poniendo nerviosa.

Me incorporé acercándome a la estantería, con el objetivo de distraerme con los libros, pero justo en ese momento, se oyó cómo se abría la puerta de la calle.

-            Cariño, tienes visita- oí que le indicaba mientras los pasos se acercaban hacia el salón.

Cuando entró, nuestras miradas se cruzaron durante unos segundos.

-            ¿Edén?- dijo frunciendo el ceño con sorpresa.

Inspiré profundo.

-            Tenemos que hablar.

Una fugaz emoción de comprensión cruzó sus ojos rápidamente. Se giró hacia su mujer, le pidió que preparase un poco de té y con movimientos firmes pero calmados, me invitó a que me sentara de nuevo en el sofá.

Permanecimos un par de segundos inmóviles, en silencio, hasta que decidí que era suficiente.

-           ¿Qué sabes de mi familia?- pregunté al fin. Sin embargo, para mí sorpresa, la pregunta no causó el efecto que me imaginaba. Parecía que esperase esta pregunta.

Fruncí el ceño confusa. Su semblante transmitía pesar, tristeza, incluso pena y compasión, pero no sorpresa. Estaba claro que esperaba esta conversación.

-           ¿Te acuerdas del día en que ocurrió todo?- Asentí sin entender a dónde quería llegar- Yo no estaba allí por casualidad. No era mi caso. Ni siquiera era mi ciudad. A mi me llamaron por la conexión que había con otro caso: el de tus padres.

Abrí los ojos con sorpresa. ¿Por qué nunca me había dicho nada?. Me sentí engañada al instante, traicionada. Sin embargo, reprimí las ganas de levantarme e irme.

Necesitaba escuchar toda la historia.

-           Hay un hombre que mueve todo en esta ciudad, es intocable y al parecer ese hombre es el asesino de tus padres- me quedé en silencio asimilando esa información.

Ese hombre es Thais Walton- pero las pruebas desaparecen cada vez que me acerco a algo.

Tu madre tuvo algo con ese hombre, sin embargo, tú fuiste el fruto de una infidelidad.

Solté todo el aire, que al parecer había estado conteniendo, de golpe. Una buena noticia. Por lo menos ese monstruo no era mi padre, sin embargo, la imagen de Ethan, que no había tenido tanta suerte, invadió mi mente.

-           Cuando se enteró de la infidelidad, se volvió loco- continuó devolviéndome a la realidad- y asesinó a tus padres.

El “accidente” de coche que tuvieron no fue ningún accidente, fue provocado.

Cuando intenté poneros a salvo a tu hermano y a ti, habíais desaparecido por completo, convirtiéndose las calles en vuestro hogar.

El resto ya lo sabes, peleas, carreras..

Creasteis vuestro propio reino, hasta que pasó lo que pasó y me llamaron cuando apareciste.

Se puso serio clavando su mirada en mí.

-           He intentado darte una nueva vida, protegiendo tu identidad y paradero todos estos años, pero creo que ya no estás a salvo.

Hay personas preguntando por ti en las calles desde esta mañana y el hecho de que ahora estés aquí, preguntando por tu historia, me da la sensación de que no es una casualidad.

¿Qué ha pasado?. Tenemos que irnos, tengo que buscarte otra identidad, mudarnos.

-            No.

Frenó en seco, mirándome totalmente confundido.

-            ¿Qué?. Edén, estás en peligro.. ese hombre quiere acabar su venganza personal y tiene los recursos para hacerlo.

-            Me da igual. No pienso volver a huir- dije con seguridad- No soy una cobarde, sé defenderme.

Sacudió la cabeza, efusivamente, mostrando su desacuerdo.

-            Edén…estás sola. Ellos son muchos y tienen recursos.

Suspiré resignada. Eso era cierto, sin embargo, la imagen de Ethan, Gala, Sam, Eric y Liam apareció frente a mí.

Aunque me costase admitirlo, podría necesitarles y que tuviese que aceptar la “propuesta”, por llamarle de alguna manera, de mudarme de casa.

Además, tenía dos hermanos que habían aparecido en la misma noche. No podía desaparecer ahora.

Me incorporé del sofá con decisión.

Ya sabía lo que tenía que hacer.

-           Estaré bien Inspector, pero no vuelva a mentirme o no volveré a confiar en usted- dije muy seria, a medio tono, entre un aviso y una amenaza.

Y dicho esto, salí por la puerta, dejándole con la última palabra en la boca.

Ethan.

La puerta de la sala se abrió de golpe.

Bufé. Les había dejado claro que quería que me dejasen sólo.

-            Ha vuelto, supuse que querrías saberlo- aclaró Gala asomándose por la puerta.

Me incorporé rápidamente, acabandome de un largo trago el vaso de whisky.

En cuestión de segundos, toda mi impaciencia y preocupación se convirtió en enfado.

Salí por la puerta con paso apresurado, asomándose al salón, que era de dónde provenían todas las voces. Sin embargo, me detuve en la puerta al ver que a Edén se le escapa una pequeña sonrisa.

Sentí una sensación extraña en la boca del estómago.

La observé con detenimiento.

Se la veía más tranquila, otra vez volvía a ser la chica segura y decidida que había conocido y no pude evitar fruncir el ceño.

Después de todo lo que había pasado, esperaba que estuviese derrumbada, llorando por las esquinas.

Sabía que le había afectado, lo había visto hace unas horas, cuando se había marchado.

Cualquier mocosa habría estado llorando por mucho menos y allí estaba ella, fuerte, resuelta, como si nada pudiese destruirla.

Tenía que admitir que esta chica no paraba de sorprenderme.

Reparó en mí.

Nuestras miradas se cruzaron por un segundo y, por segunda vez en apenas unos minutos, me sorprendió.

Me dedicó una sonrisa resuelta y solamente dijo:

-            Hola.

Arqueé las cejas perplejo. Sus cambios de humor me confundían.

-           Bueno..-interrumpió Gala- hay muchas cosas que hacer. Liam, Eric y Sam, necesito que me ayudáis para cambiar las sábanas. Vamos- dijo guiñándome con complicidad un ojo.

Le agradecí, en silencio, el gesto con la cabeza, mientras observaba cómo abandonaban la habitación, dejándonos a Edén y a mí sólos.

Teníamos una conversación pendiente que habíamos dejado a medias.

Respiré hondo, buscando la mejor forma de enforcarla e intentando que la rabia no se apoderase de mí, esta vez. Me había hecho pasar un infierno de día, no obstante, quería intentar hacer las cosas bien.

Edén.

Clavó su mirada en mí.

Estaba diferente. Era evidente que algo había cambiado entre nosotros, pero como para no hacerlo.

Me sorprendía verle intentando ser amable y considerado.

-            ¿Qué tal el día?- preguntó al fin.

Se me escapó una sonrisa.

-            Los he tenido mejores- respondí.

Él esbozó una media sonrisa también.

-            Ya me imagino. Yo también. Me has tenido preocupado- admitió- ¿Dónde has estado?

Suspiré poniéndome seria.

-            Necesitaba ver a alguien.

Ethan .

Me puse rígido de repente apretando los puños.

¿Alguien?. ¿Sería posible que hubiese ido a verle a él?.

La imagen fugaz del chico que había visto la otra noche apareció en mi mente.

Sinceramente, no lo conocía, pero no importaba.  Me parecía un capullo, una persona detestable. ¿Quién le hacía eso a cualquier persona?. A una hermana..

Sentí una punzada en el corazón. Hermana..

-            Fui a ver al inspector del que te hablé anoche- añadió Edén, devolviéndome a la realidad.

-            ¿Al inspector?- repetí con el ceño fruncido. La rabia se desvaneció de golpe.

Asintió.

-            Necesitaba oír, de los labios de otra persona, lo de que “somos hermanos”.

Hice una mueca de asco, involuntariamente, al oír eso. Deseé que hubiese estado distraída y le pasara inadvertida, pero ella arqueó las cejas, inmediatamente, en respuesta.

Joder..

No quería ofenderla, pero, sinceramente, la noticia no me hacía ninguna gracia.

Nunca podría ver a Edén como una hermana. Era evidente lo que producía en mí el tenerla cerca. Si, me sacaba de quicio la mayoría del tiempo. Su actitud siempre a la defensiva y sus contestaciones sarcásticas eran exasperantes, pero también producía en mí algo más: deseo e interés.