Capítulo 7.
Ethan.
La vi ponerse muy seria mientras fruncía el ceño. No apartaba la mirada del ordenador. Juraría que ni siquiera estaba respirando.
- ¿Qué ocurre?- pregunté sin obtener ninguna respuesta, seguía ensimismada en la pantalla del ordenador.
Me acerqué con curiosidad.
En la pantalla había una foto.
Me reconocí inmediatamente. Un pequeño Ethan, de apenas cinco años, me miraba sonriente desde la fotografía. Sonreí al notar que me faltaba un diente.
Mi madre me sujetaba sobre sus rodillas sonriente también.
Noté una punzada de tristeza.
Mi padre a su lado no sonreía. Simplemente miraba a la cámara impasible. No tenía ni un sólo recuerdo de mi padre sonriendo.
Entonces me llamó la atención el bulto que estaba sentado en un taburete delante de nosotros. No debía de tener más de dos años.
Edén.
Tragué saliva, inspirando hondo.
No entendía nada.
Señalé al pequeño Ethan.
- ¿Este eres tú?- dije con un hilo de voz. Sabía la respuesta, sin embargo necesitaba oírlo en voz alta.
Ethan asintió frunciendo el ceño.
Volví a tragar saliva y señalé al pequeño bulto de dos años que se encontraba en la parte inferior de la fotografía.
- Esa soy yo- dije al fin. Arrastrando cada una de las palabras que estaba pronunciando.
Ethan.
Se me escapó una carcajada que se vió ahogada al observar su semblante totalmente serio.
- ¿Estas de broma, no?.
La miré fijamente. No, no bromeaba.
Me pasé la mano por el pelo totalmente confuso.
- Osea..-intenté centrarme- tú y yo nos conocemos desde..pequeños, ¿no? Pero..- mi cabeza no me permitía centrarme. Imágenes fugaces, de mi pasado, aparecían por mi mente vertiginósamente en busca de una prueba, de algo, en busca de ella.
Nada. No había nada. “Me acordaría de ti”, quise añadir como continuación a ese “pero”, sin embargo, mi orgullo me lo impidió.
Edén.
No entendía nada.
Mis padres tenían que conocer a los de Ethan, sino, ¿qué clase de personas dejan que su hija de dos años se saque una foto con unos desconocidos?.
Me llamó la atención un video en esa misma carpeta y clickeé esperando encontrar respuestas.
Ethan se inclinó sobre mí, acercándose a la pantalla del ordenador. Podía notar su respiración sobre mí. Sentí un cosquilleo en el estómago.
El vídeo empezó y una escena de un yate apareció en la pantalla.
El padre de Ethan estaba fumando un puro, en uno de los laterales de una gran mesa.
“Mami, mami”, gritaba el pequeño Ethan, pidiendo que le ayudarán a sentarse a la mesa.
Ahí estaba yo, sentada a su lado también.
Se me veía contenta, tranquila. La posibilidad de que me hubiesen secuestrado desapareció inmediatamente de mi mente.
“Venga cariño, que ya va a llegar la tarta”, dijo la madre de Ethan con dulzura, intentando que se estuviese quieto apoyado sobre sus rodillas.
“¿Venga cariño, no vas a ayudar a tu hermana a soplar las velas por su cumpleaños?”.
Noté que me quedaba sin aire.
Paré el video inmediatamente y lo hice retroceder apenas tres segundos. La escena se volvió a repetir.
Si, había oído bien.
Hermana.
Ethan.
Me dió un vuelco al corazón.
¿Qué?. ¿Qué cojones?.
¿Hermana?. Yo no tenía ninguna hermana.
Si hubiese tenido una hermana lo hubiese sabido, ¿no?.
El video se seguía reproduciendo.
Se nos oía cantar “feliz cumpleaños” y vi como, el pequeño Ethan, ayudaba a la pequeña Edén a soplar las velas. Vi como él la miraba, con dulzura y cariño.
No podíamos ser familia.
¿Cómo podía no saberlo?. ¿Cómo me podían haber ocultado esto?. La confusión inicial dió pasó al enfado.
¿Cómo podía no saber nada?.
Noté como la rabia empezaba a invadirme, apoderándose de mí hasta que no pude más.
Golpeé con toda mi fuerza la mesa, dejando salir parte de esa rabia que se estaba empezando a acumular en mi interior.
- ¡Joder!- exclamé con los puños apretados, mientras salía apresurado de la habitación, sin darme cuenta de que estaba dejando totalmente sóla a Edén.
Sin embargo, ahora mismo, sólo tenía una cosa en mente: sabía dónde estaba mi padre y quería explicaciones.
Por mí, pero también por ella. Nos las merecíamos.
Edén.
El ruido de un portazo me devolvió a la realidad. Mi mundo llevaba muchos años derruido, sin embargo, notaba como se destruía por segunda vez y dolía. Dolía mucho. Sentía que me faltaba el aire y me estaba empezando a marear.
Cerré los ojos unos segundos, intentando calmarme, pero mis pensamientos no paraban de gritar en mi cabeza. Todo se tornó borroso y entonces me desmayé.
Ethan.
Me puse de pie, dirigiéndome a la ventana, mientras repasaba mis nudillos amoratados. No aguantaba más sentado. Me sentía culpable, muy culpable. La había liado y encima no había estado ahí cuando me necesitaba.
Me giré hacia la cama.
Bajo las sábanas, Edén parecía tranquila. No obstante, se había dado un buen golpe. El médico se había ido ya hace un rato, al confirmar que sólo había sido un susto y que era cuestión de tiempo que despertase, pero yo seguía intranquilo. La culpa me reconcomía por dentro.
La observé con total libertad.
Hacía un ruidito muy dulce, inconscientemente, al respirar.
Además, me fijé en sus innumerables pequitas.
No había querido separarme de ella ni un sólo segundo.
El desmayo, había dicho el médico que era normal, demasiadas emociones juntas.
El problema había sido el golpe que se había dado en la cabeza, pero por suerte estaba todo bien.
Se agitó en sueños.
La verdad es que estaba preciosa durmiendo, sin embargo me reprendí. Ya no podía volver a pensar en ella de esa forma. Era mi hermana. Mi hermana pequeña. Eso no estaba bien.
Recordé como mi padre se había quedado perplejo. Por primera vez, no había tenido nada para responderme. Sin embargo eso le duró poco. Me inquirió qué cómo me había enterado. Que si sabía dónde estaba ella.
Lo negué descaradamente. Con una vida que hubiese destrozado era más que suficiente. Sin embargo, su contestación cuando le provoqué, diciendo que jamás la tendría, hizo darme cuenta de lo que acababa de provocar.
“¿Tenerla?. No hijo mío, lo que quiero es matarla. No podrás esconderla mucho tiempo si sabes su paradero”.
Me castigaba a mí mismo por haberla puesto en peligro.
Mi padre era un monstruo, eso no era ninguna novedad y por no haber sido cauto, la estaba guiando hacia la persona que, sin darme cuenta, se había convertido en la que más me importaba en este mundo.
Sin embargo, era raro, seguía sin verla como una hermana, por mucho que me lo repitiese en mi fuero interno, y eso podía suponer un gran problema.
No sabía si sería capaz de controlarme.
Ella me sacaba de quicio y me hacía perder el control hasta límites insospechados.
Ella era mi kriptonita.
Pero jamás debía saberlo. Jamás debía intuir que, ahora mismo, era mi punto débil.
Se volvió a mover en sueños y entonces, para mi sorpresa, abrió los ojos.
Edén.
Lo primero que me llamó la atención fue que no estaba en mi habitación y que me dolía bastante la cabeza.
Me llevé inconscientemente la mano a la sien.
Me dolía mucho.
Aish..
- ¿Cómo te encuentras?- preguntó una voz que conocía, bastante preocupado. Me hablaba suavemente, con dulzura diría.
Me pellizqué el brazo.
- ¿Qué haces?- preguntó frunciendo el ceño.
- Asegurarme de que no estoy soñando. Tanta preocupación por tu parte no puede ser real, debo de seguir soñando- solté con sorna.
Sinceramente, estaba enfadada.
Enfadada con la situación, pero también con él por haberse largado, cegado por su rabia en un momento así. Pero sobre todo, estaba enfadada con el universo porque había podido comprobar, en primera persona, que tenía un sentido del humor pésimo.
¿Qué clase de broma era todo esto?.
Cerré los ojos incorporándome de la cama.
Ethan reaccionó rápido, con la intención de sujetarme en caso de que me cayese.
Entonces me dí cuenta del pésimo estado en el que se encontraban sus manos.
Le fulminé con mi mirada exigiendo una explicación.
No me las dió. Solamente me dió la espalda.
Mis tripas interrumpieron el momento.
- ¿Cuánto tiempo llevo durmiendo?. ¿Dónde estoy?- volví a probar suerte con el interrogatorio.
Esta vez sí que obtuve respuesta.
- Son las once de la mañana. Estás en casa de los chicos, a partir de ahora vivirás aquí, pero ya lo hablaremos.
Se ha complicado todo. Hay desayuno preparado, desayuna primero y luego hablamos- dijo saliendo de la habitación, dejándome asimilarlo y no dándome la oportunidad de mostrar mi absoluto desacuerdo con la idea de mudarme allí.
¿Quién se creía para darme órdenes a mí? .
Me incorporé, saliendo de entre las sábanas y percatándome de que estaba en ropa interior.
Me ruboricé vistiendome de mal humor. Me habían dejado unos vaqueros y una camiseta de mi talla. Debían de ser de Gala.
En la cocina, ella estaba desayunando con otro de los chicos, el más joven, que si mal no recuerdo, había oído que le llamaban Sam.
- Dime que me has quitado tú el vestido, por favor- casi supliqué a Gala.
Ella me mostró una amplia sonrisa.
- Tranquila. Nadie te ha visto sin el vestido salvo yo. ¿Cómo te encuentras?.
Suspiré aliviada.
- Bien- respondí simplemente- creo- maticé. Sam me miraba con cautela- ¿Puedo desayunar?- pregunté en un tono más sosegado, intentando incluso ser amable.
- Claro mujer, aquí hay comida para todos.
Ethan.
Entré en la cocina, apoyándome en la encimera, mientras contemplaba la escena.
Edén estaba de espaldas, por lo que no se había percatado de mi presencia.
Me sorprendió ver que podía ser amable e incluso divertida. Cuando hablaba conmigo estaba en tensión, sin embargo, con ellos estaba completamente relajada, lo cuál me hizo sentir cierta envidia. Incluso la pude ver intentar bromear un par de veces.
Me dirigí a la nevera, sobresaltando a Edén, para coger un zumo.
Entonces me dirigió una mirada profunda.
Había llegado el momento de que hablásemos, lo sabía, pero por alguna razón me daba pena cortar ese momento.
Respiré hondo, preparándome para lo que iba a venir, y les hice una señal con la cabeza a Gala y a Sam para que nos dejasen solos.
Edén.
Esperé en silencio mientras se sentaba en uno de los taburetes de la cocina.
Siendo sincera, tenía muchas preguntas y me debía muchas explicaciones, empezando por qué era eso de “que a partir de ahora iba a vivir allí”. Sin embargo, me mordí la lengua, no sin esfuerzo, dejándole hablar a él primero.
No dijo nada, sólo me escudriñaba con la mirada y, para mi sorpresa, pude observar…¿indecisión?.
Por primera vez desde que le conocía, su aspecto de tipo duro, al que todo le daba igual, había desaparecido y lo veía dudar. ¿Dónde estaba su arrogancia y chulería?.
Entendía que algo había cambiado desde la noche anterior.
No habíamos hablado nada después de saber que él y yo podíamos ser hermanos y toda nuestra vida una gran mentira.
Yo seguía sin creérmelo del todo, pero la duda estaba ahí.
Al fin empezó a hablar:
- Yo…siento haberte dejado ayer sóla.
Arqueé las cejas realmente sorprendida.
- ¿Qué?.
- Lo que has oído, no pienso volver a repetirlo-dijo con algo más de chulería.
¿Ethan pidiendo disculpas?. Esto era nuevo, nuevo para mí, pero me daba la sensación de que también era nuevo para él.
Ethan.
Solté el aire algo más tranquilo.
Habían sido seis putas palabras y había que ver lo que me había costado.
Estaba intentando hacer las cosas bien, por una vez, pero no era fácil y ella lo ponía todo siempre más difícil.
Al principio, no había sabido si creerme toda esa mierda de que éramos hermanos.
Quería explicaciones, sin embargo, mi padre me aclaró que era verdad.
No sabía cómo entonces Edén había acabado criándose en otra familia, no sabía por qué tenía otro hermano y si eso le convertía a él también en mi hermano.
Lo que si que me quedó claro, es que mi padre la odiaba con todo su ser, le tenía rencor, fruto quizá de una venganza o de algo del pasado, pero al mencionar su nombre, delante suya, había revivido fantasmas del pasado, poniéndola, sin darme cuenta, en un grave peligro, ya que mi padre, al parecer, quería muerta a su propia hija.
Sin embargo, teniendo en cuenta que había matado a su propia mujer, hace unos años, eso no me sorprendía del todo.
No obstante, me preocupaba su seguridad.
Había sido culpa mía ponerle en sobreaviso de que su hija desaparecida, a la que tanto odiaba, había vuelto a aparecer.
Sin embargo, no pensaba dejar que su muerte fuese culpa mía.
No podía permitirlo, no podía dejar que le pasase nada.
Cuando la había visto tirada en el suelo, inconsciente, había sentido un gran vacío en el pecho.
Sentía la necesidad de protegerla como nunca lo había sentido. La había visto tan frágil, tan indefensa, que sentí asco de mí como persona, por haberla dejado sóla y desprotegida. No podía volver a pasar.
No iba a volver a pasar.
Sin embargo, proteger a alguien que no quería que la protegieran, no iba a ser sencillo. Así que me preparé para lo peor, empezando por explicarle, con pelos y señales, lo que había ocurrido la otra noche.
Edén.
No, no, no, no, no, no, no…
Mi cabeza no dejaba de repetir esa simple palabra, una y otra vez, en bucle.
Era demasiada información de golpe. ¿Un nuevo hermano?. ¿Un nuevo padre que al parecer me odiaba?. ¿Por qué?. ¿Por qué me quería matar?. ¿Quién era entonces mi madre?. ¿Era adoptada?. ¿Y mi otro hermano?. ¿Era de verdad mi hermano?. ¿Quién era yo?.
No podía ser cierto.
No.
No quería creérmelo.
No podía ser verdad.
No..
Agache la cabeza, apoyándome sobre los brazos desbordada. Notaba como las lágrimas empezaban a acumularse en mis ojos. No podía llorar, no delante de otra persona. Me lo había prometido. Además, ya había llorado lo suficiente como para dos vidas enteras. No iba a volver a llorar.
- Edén.. - dijo con voz suave Ethan acercándose a mí y tocándome la espalda con dulzura.
- No -dije apartándome. No necesitaba la compasión de nadie. De hecho sabía perfectamente lo que necesitaba- Necesito estar sóla- añadí con la voz temblorosa.
Y dicho esto, salí por la puerta de la cocina, atravesando el salón a grandes pasos y saliendo directamente por la puerta en dirección a la calle, antes de que las lágrimas se descontrolasen por completo.
Necesitaba tiempo y aire libre.
Necesitaba asimilar toda la información.
Necesitaba pensar.