Hilo Rojo (Destino 1) Capítulo 6.
17%

Capítulo 6.

Ethan.

Atravesé la sala con ella agarrada de la mano y la dirigí hasta el jardín trasero.

-            Espero que tengas un plan- dijo mientras nos alejábamos de la casa adentrándonos en la oscuridad de la noche.

Había luna llena, sin embargo, algunas nubes tapaban su luz consiguiendo un ambiente más íntimo y privado.

-            Esto parece otra cosa..-añadió con mala cara.

Solté una carcajada ante lo irónico de su ocurrencia.

-            Parece justo lo que tiene que parecer- dije con un brillo divertido en los ojos.

Arrugó la nariz exagerando una cara de asco.

-            Eres increíble- soltó poniendo los ojos en blanco.

-            Dime que no lo acabas de sopesar..- me atreví a decir.

-           Ni en sueños tendría yo algo contigo- contestó a la defensiva. Sonreí divertido- ¿Y tú eres el que te dedicas a robar bancos?. Menudo estratega estás hecho- añadió resoplando en respuesta a mi plan.

Mi sonrisa se ensanchó. Aunque hirió mi orgullo que cuestionase mi capacidad de liderazgo en una operación..

Edén.

El jardín era precioso. Había un estanque pequeño, decorado con estatuas de estilo griego entre olivos. Se me hacía raro imaginarme a un Ethan pequeño correteando por estos jardínes.

-            Agáchate- me ordenó Ethan sacándome de mis pensamientos.

A escasos veinte metros de nosotros, se encontraba uno de los guardias de seguridad. Aguanté la respiración esperando a que siguiese con su ronda y se alejara de nosotros.

Ethan.

Pisé una rama sin querer que se quebró, haciendo suficiente ruido como para que el guardia se percatáse de nuestra presencia.

Mierda..

Me incorporé, tiré de la mano de Edén, indicando que se levantase, y nos colocamos detrás de un árbol aguantando la respiración. Rezé por qué decidiese hacer caso omiso al ruido que acaba de oír y continuar con su recorrido.

Oí los pasos del guardia acercarse y me dió un vuelco el corazón. No pensaba seguir su recorrido.

Edén.

Mierda..Mierda..

Estábamos perdidos.

Ethan.

Inspiré profundamente. Sabía lo que tenía que hacer y eso hizo que se me acelerase aún más el corazón.

Empujé bruscamente a Edén contra el árbol notando como mi corazón estaba a punto de estallar y la besé.

Edén.

Noté una sensación de vértigo en el estómago al sentir sus labios chocar contra los míos, primero bruscos, buscándome con urgencia, descargando gran parte de frustración, desahogándose. El corazón me latía a mil por hora.

Ethan.

La apreté un poco más contra el árbol haciendo que se le escapase un pequeño jadeo y consiguiendo entrar con mi lengua en su boca.

Noté un estallido de emociones. La acaricié con mi lengua, con mis labios.

Al principio descargué cada una de nuestras discusiones y contestaciones en ese beso y luego simplemente me dejé llevar disfrutando cada segundo.

Edén.

Su lengua se fundió con la mía, con urgencia, con necesidad, frenéticamente.

Le agarre inconscientemente del pelo acercándole más a mí.

Su cuerpo reaccionó. Sus manos bajaron por mi espalda, haciendo que me estremeciera.

Ardía por dentro de deseo. Me mordió el labio haciéndome temblar.

Se me escapó un jadeo y se separó bruscamente devolviéndome a la realidad.

Le observé molesta, con la respiración entrecortada. Molesta por que me hubiese besado sin mi permiso y molesta por que se hubiese detenido. Frustrada porque aunque me negase admitirlo, había disfrutado de cada segundo y cabreada porque estaba completamente segura de que él se había dado cuenta.

Notaba que tenía las mejillas totalmente ruborizadas y le odié por hacerme sentir vulnerable, pero había funcionado. El guardia debía haber pensado que éramos una inocente pareja buscando un momento de intimidad y había decidido no molestarnos.

Ethan.

Me giré dándole la espalda. Estaba completamente fuera de control, con la respiración entrecortada.

Cerré los puños totalmente frustrado. Necesitaba más, mucho más y me jodía no poder tener más.

No estaba acostumbrado a no conseguir lo que quería.

No estaba acostumbrado a que una chica me sacase de mis casillas.

Normalmente, era yo el que controlaba la situación. ¡Joder!.

Edén.

Se dió la vuelta ignorándome, lo cual me hizo sentir aún más desprotegida y ridícula, teniendo en cuenta además que era el segundo beso que me robaba este imbécil. Me puse seria.

-            ¿Seguimos o qué?- pregunté en tono cortante.

Ethan.

Apreté los dientes al oír su tono frío. Otra vez había vuelto a ser la chica fría y distante del principio. Sin embargo, había jurado que ella había disfrutado con ese beso. Lo había notado, la había sentido corresponderme. Me pasé los dedos por el pelo recolocándolo. Ésta chica me desquiciaba.

Respiré hondo, consiguiendo calmarme un poco más y nos pusimos otra vez en camino.

Me siguió durante unos minutos, completamente en silencio, hasta que llegamos a una puerta lateral. Había un silencio demasiado incómodo entre nosotros.

Edén.

Ethan acercó la mano a un panel lateral que tenía la puerta y esta se abrió. Estábamos dentro.

Ethan.

Los pasillos me trajeron recuerdos duros. Hacía tiempo que no atravesaba esos pasillos. Mucho tiempo. Sin embargo, seguían exactamente decorados igual. Parecía que el tiempo no había pasado por ellos.

No pude evitar pararme delante de una puerta cerrada. Cerré los ojos unos segundos y la entreabrí.

Edén.

Fruncí el ceño mientras le observaba.

Ante mí apareció una habitación muy sobria, sin apenas decoración. La cama ocupaba el lugar central con una alfombra de pelo largo a los lados.

Las paredes eran de hormigón visto. Era muy impersonal. Sin embargo, algo llamó mi atención. En una de las mesillas había una foto. Una casa al borde del mar, con un gran jardín y una hermosa mujer con un niño de apenas doce años. Reconocí a Ethan en ese niño.

Su mirada seguía absorta en la habitación, hasta que reparó en que me estaba fijando en la mesilla.

Agachó la cabeza con tristeza.

-            Por aquel entonces era feliz..- dijo en apenas un susurro.

Me acerqué inconscientemente a él, agarrándole de la mano.

Se sorprendió de mi gesto, al notar mis dedos entrelazados tímidamente a los suyos.

-            Volveremos a serlo, creéme- dije con la más sincera de mis sonrisas.

Sacudió la cabeza algo más animado.

-            Vamos a por ese pendrive, lo prometido es deuda.

Sin embargo, dirigí un último vistazo a esa habitación antes de salir, me daba la sensación de que nunca había llevado allí a nadie.

Ethan.

En la habitación del fondo, se encontraba un despacho con decoración muy antigua y grandes sillones de época.

Había un par de cuadros en los que salía mi padre retratado a gran escala.

Sonreí con amargura ante su egocentrismo.

Hace años ahí se encontraba un cuadro familiar con mi madre y conmigo.

Sentí cierta tristeza al ver como se había desmoronado mi familia.

Me dirigí hacia él descolgándolo y dejando a la vista la caja fuerte que ocultaba.

Crucé los dedos deseando que no hubiese cambiado la contraseña.

Mi padre era un hombre de rutina, además de que nadie, excepto yo, era tan imbécil como para venir a robarle aún sabiendo la contraseña.

Se había esforzado demasiado en levantar un imperio de miedo y terror.

La caja fuerte se abrió dejando a la vista un sobre, una llave y el dichoso pendrive.

Edén.

Cogí el pendrive y me acerqué al ordenador más cercano.

-            ¿Te sabes la contraseña?.

Ethan asintió.

Metí el pendrive una vez que el ordenador estaba arrancado y accedí a los archivos.

Ethan.

Me acerqué a la ventana.

Me importaban una mierda las casas contables de mi padre. No quería saber nada de él.

Me preocupaba más el hecho de que Edén pudiese querer usar esa información. Mi padre no se andaba con tonterías. Era mejor no mezclarse con él. Me preocupé de que pudiese acabar dañada con todo esto. No merecía la pena.

Edén.

En el pendrive había dos únicas carpetas. Accedí a la primera y la pantalla se llenó de números.

Eran cantidades muy grandes de dinero, lo cual demostraba lo influyente que era la familia de Ethan.

Le miré de reojo, el cual lo debió notar, porque desvió también su mirada de la ventana hacia mí.

Aparté rápidamente la mirada volviendo a centrarme en el ordenador.

Para mi sorpresa, en la segunda carpeta había fotos. Clickée en la primera.

La imagen de un cuerpo ensangrentado y semidesnudo apareció ante mí.

Arrugué la nariz con asco conforme iba pasando las fotos.

Me detuve al ver una cara de niño que me parecía familiar. Volví a mirar hacia Ethan abriendo los ojos con sorpresa al reconocerle.

En la imagen había un cuerpo también semidesnudo, ensangrentado, con las manos atadas. Eso era igual a las demás fotografías. Sin embargo, en esta, un pequeño Ethan muy serio apuntaba al hombre con un arma. No debía de tener más de ocho años.

Bajé la mirada con tristeza.

-            ¿Disparaste?- pregunté al fin.

Se apartó de la ventana para ver la pantalla del ordenador y meditó la respuesta durante unos segundos, sin apartar la mirada de mí.

-           Ya te dije una vez que me había convertido en un monstruo hace mucho tiempo- respondió volviendo a dirigirse a la ventana.

Apreté los dientes de rabia.

¿Qué clase de hombre le hacía eso a un niño?. Y no a un niño cualquiera, sino a su propio hijo.

Volví a fijar la mirada en la pantalla del ordenador y algo llamó mi atención.

Había más carpetas, pero mi vista se dirigió hacia una en particular.

Una carpeta. Cuatro letras.

Bajo el icono de ella se podía leer: EDEN.