Capítulo 5.
Edén.
El señor de la puerta nos reconoció inmediatamente.
- Finalmente has venido, tu padre te está esperando- nos informó.
Ethan tensó todo su cuerpo, inconscientemente, al oír mencionar a su padre. Estaba claro que compartían una historia.
- Pues que siga esperando- repuso con sequedad- si me disculpas..- y dicho esto entramos a un gran salón.
El espacio era impresionante: una doble altura, una lámpara magnífica sobre el espacio abierto y paramentos de vidrio en la planta baja, desde el que se podía vislumbrar gran parte del viñedo. La decoración era antigua, muy elegante, y la iluminación creaba una atmósfera casi mística.
A un lado de la sala había un espacio en el que tocaban unos músicos y, al fondo, una barra con bebidas.
Observé algunos de los sillones ocupados con curiosidad, aunque una densa niebla formada por el humo de puros me impedía fijarme en los detalles.
- ¿Quieres bailar?- preguntó Ethan consiguiendo sorprenderme totalmente.
Ethan .
La observé dudar por primera vez mientras se mordía el labio.
- No sé bailar música clásica- admitió arrugando la nariz.
Sonreí.
- Te puedo llevar pero, para ello, necesito que me cedas el control. ¿Estás dispuesta?- la reté divertido.
La vi sopesar la pregunta mientras seguía mordiéndose el labio. Así tenía una imagen muy aniñada, lo cual me hizo ensanchar aún más la sonrisa.
- Puede- respondió al fin.
Se me escapó una carcajada.
- Bueno.. podemos trabajar con eso.
Edén .
Me arrastró hasta la pista de baile, bajo la mirada discreta de alguno de los invitados.
Se colocó frente a mí, a escasos centímetros, mientras nuestras miradas se perdían en la del otro.
Noté su mano subir suavemente por mi espalda, acercándome un poco más hacia él.
Podía notar su respiración. Nuestras miradas se cruzaron y pude ver un brillo excitante en sus ojos.
Entonces se acercó peligrosamente a mi cuello.
Notaba su respiración en él, acariciándome.
- Pon tu mano sobre mi hombro y dame la otra- me indicó en un susurro muy cerca de la oreja.
Obedecí por primera vez sin ofrecer resistencia.
Mi respiración se estaba acelerando en respuesta a mis desbocados latidos de corazón.
Su otra mano se apoyó peligrosamente en mi cintura. Sentí un leve cosquilleo en el estómago y me mordí nerviosa el labio.
Ethan .
Miré hacia ese labio que se mordía nerviosa. Mi respiración estaba acelerada, pensé en mordérselo yo, me encantaría, sin embargo, intenté apartar esos pensamientos de mi cabeza y centrarme. La imagen del beso que le había robado durante el atraco en el banco vino a mi mente.
Desde tan cerca pude fijarme nuevamente en sus pecas aniñadas. Respiré hondo intentando tranquilizarme.
Fijé mi mirada en la suya y permanecí así un par de segundos, hasta que pude centrarme en el ritmo de la música y entonces, comenzamos a bailar.
Edén .
Para mi sorpresa, resultó no ser demasiado difícil seguir el ritmo de la música. Además, Ethan parecía saber bastante bien lo que hacía. No obstante, no pude evitar volver a morderme el labio con inseguridad.
Su mirada no se apartaba de la mía. Había un brillo peligroso en sus ojos.
Ethan.
Disfruté del momento hasta que apartó la mirada de mi un poco incómoda, analizando con detalle lo que ocurría a nuestro alrededor. Observé cómo fruncía el ceño y se volvía hacia mí mordiéndose otra vez el labio. Había algo que quería preguntarme.
Edén.
- ¿Qué te hizo tu padre?- pregunté al fin. Sabía que estaba tocando un tema delicado.
Ethan.
La pregunta se quedó unos segundos flotando en el aire mientras nuestros cuerpos se movían al compás de la música. Fijé mi mirada en sus ojos sorprendiéndome de que, posiblemente, fuese la primera vez que me preguntaban por algo relacionado con mi padre y no me enfadaba.
Me sorprendí dándole las respuestas que me pedía.
- Me ha arruinado la vida- dije en apenas un susurro, casi más para mí- soy quien soy por su culpa. Mató a mi madre y me ha convertido en el monstruo que soy ahora- confesé.
Edén.
Me sorprendió su sinceridad, pero me cabrearon sus palabras.
- Somos quien somos por culpa de otros y puede que estemos rotos, pero no somos monstruos, sólo necesitamos que nos recompongan- repuse en tono tajante.
Sonrió con desdén.
- ¿Te estás ofreciendo a recomponerme, pecas?
Me puse seria inmediatamente. Casi tropiezo con uno de sus pies, pero me recompuse rápidamente y entrecerré los ojos.
Su sonrisa se hizo más grande.
Ethan.
Disfrutaba haciéndola enfadar, tenía que admitirlo.
- ¿Qué me has llamado? - preguntó a pesar de que lo había escuchado perfectamente dándome la oportunidad de cambiar mis palabras.
Estaba jugando con fuego, pero merecía la pena.
- Hijo..
Me puse serio inmediatamente parando de bailar y sintiendo un pinchazo en el pecho al oirle llamarme así.
Conocía esa voz demasiado bien.
Edén.
Se separó rápidamente de mí totalmente serio.
Se trataba de un hombre de edad avanzada con pelo canoso y baja estatura. Su voz era rasgada y tenía unos ojos fríos como el hielo. No necesitaba que me lo presentase, podía imaginarme quien era.
- No me llames así- inquirió Ethan en tono frío. Estaba totalmente rígido y le miraba desafiante.
- ¿Y cómo quieres que te llame? Eres mi hijo y punto, nos guste o no- repuso con tono autoritario.
Ethan apretó los dientes mientras cerraba los puños con rabia. Su padre no esperó a que contestáse, simplemente siguió hablando, pero esta vez prestándome atención a mí.
- No me has presentado.. ¿ésta es la razón por la que no me coges el teléfono y te has propuesto dejar esta vida?
- dijo con tono de asco, cómo si le pareciese poca cosa para la imagen que se había montado en su cabeza de su hijo y de mí.
Sin embargo, entrecerró los ojos mirándome con más detalle- ¿Nos conocemos?
Negué con la cabeza haciendo caso omiso de la situación. Me alivió saber, que quería dejar esta vida y olvidarse del malnacido de su padre. Al igual que yo, necesitaba rehacer su vida y mucho, por lo que estaba viendo.
Ethan .
Me cabreó como mi padre se acababa de referir a Edén, cómo si fuese una cualquiera. Claro, que mi padre no la conocía, aunque siendo sincero, yo tampoco la conocía demasiado.
- No te cojo el teléfono porque no quiero tener nada que ver contigo ni con tus negocios- respondí tajante.
Edén.
¿Negocios?.
Sus ojos permanecieron impasibles, fríos. No mostraban ninguna emoción, cómo si no tuviese alma y fuese un mero cuerpo vacío. Podía entender que no quisiera presentarme a su padre, estaba intentando protegerme.
- Además- añadió Ethan- el trato era ese, yo robaba tu maldito pendrive y tú me dejabas en paz para siempre.
Y entonces su rostro sí que cambió. Fueron apenas unos segundos, pero suficiente para que me diese cuenta.
Una expresión de alarma momentánea se apoderó de sus facciones, desviando la mirada unos segundos a su alrededor para comprobar que nadie les estaba escuchando y luego reparó en mí entrecerrando los ojos.
Al parecer, acababa de escuchar algo que no debía. La existencia de ese pendrive era algo que no debía conocer, sin embargo, aunque él no lo supiese, yo estaba ahí por ese pendrive.
La emoción que cruzó su cara duró apenas unos segundos, antes de que volviese a su semblante frío y sin emociones, fingiendo que no había ocurrido nada, pero sí que había ocurrido, yo lo había notado.
Sin embargo, intenté hacer como si no supiese de qué estaban hablando.
No tenía ninguna intención de convertirme en un objetivo.
Al parecer, conseguí convencerle.
Ethan.
- Todos tenemos responsabilidades, deja de comportarte cómo un maldito crío y madura- dijo dándose la vuelta. La conversación no le interesaba más y era su forma de ponerle fin.
Solté todo el aire que había estado aguantando de golpe. Era la conversación más cordial que había conseguido tener con mi padre en mucho tiempo.
Fijé mi mirada en Edén, que había estado contemplando la escena a unos pasos de mí, sin embargo ella estaba inmersa en un punto, al fondo del salón, hacía dónde se dirigía mi padre.
Su cara estaba descompuesta.
La sorpresa había invadido su semblante que ahora empezaba a convertirse en rabia, miedo, enfado, tristeza..
Observé con más detenimiento la escena frunciendo el ceño desconcertado.
Un chico fijaba su mirada en nosotros, también con sorpresa. Debía tener unos años más que ella, mi edad o un año más. Era corpulento y tenía el pelo rapado, muy corto. A pesar del traje que llevaba, se le podía ver un tatuaje que asomaba por el cuello.
Su expresión de sorpresa se convirtió en preocupación cuando su mirada se clavó en mí, sabía quien era, para dejar luego paso a una inmensa culpa.
Fruncí más el ceño desconcertado, estaba claro que se conocían y sentí una pequeña punzada en el pecho. Me cabreaba pensar que él hubiese podido compartir una historia con ella. Tenía que admitir que sentía envidia.
Observé como mi padre se acercaba a él, invitándole a entrar a una sala con tres hombres más.
Volvió a fijar una última vez la mirada en Edén, dudando en rechazar la invitación de mi padre, sin embargo, agachó la cabeza y entró en la sala.
- Vámonos- ordenó Edén muy seria a mi lado. Estaba demasiado seria, con los puños cerrados. Por un segundo me pareció ver que tenía los ojos llorosos, pero se recompuso rápidamente girándose para dirigirse a la puerta.
Le agarré rápidamente del brazo, haciéndola girar, mientras la acercaba a mí en una especie de abrazo tímido mientras nos movíamos al son de la música.
No se apartó. De hecho, enterró la cabeza en mi pecho dejándose abrazar.
Permanecimos unos minutos así, en silencio, mientras que le acariciaba con mi mano libre la cabeza.
Cerré los ojos disfrutando del momento.
Pasados unos minutos se separó de mí y pude observar que tenía los ojos húmedos. Se me rompió el corazón, en ese instante parecía muy frágil.
La agarré de la mano con delicadeza y la llevé a un porche lateral que estaba completamente vacío.
- ¿Estás bien?- pregunté con suavidad en apenas un susurro, retirándole un mechón de pelo de la cara.
Asintió.
- ¿Quieres contarme que ha pasado? - me atreví a preguntar.
Apartó la mirada de mí, incómoda, sin embargo, empezó a hablar:
- Yo hace cuatro años tenía otra vida.
No era perfecta, pero era feliz. Nunca he tenido padres, pero tenía un hermano que cuidaba de mí..
- tragó saliva. Le estaba costando pronunciar cada palabra que decía.
- Hace cuatro años todo cambió. Quería más, más vida, más lujo, más dinero y empezó a hacer negocios poco respetables.
Yo tenía trece años cuando cerró un trato con un hombre inglés.
Él tenía treinta y cuatro años y siempre que acompañaba a mi hermano a sus reuniones, se me quedaba mirando con un brillo extraño en los ojos.
No me sorprendió, tenía una belleza que llamaba la atención, sin embargo, no me gustó el rumbo que estaba tomando la historia. Continuó:
- Mi hermano cerró un trato con él, un trato que contenía una cláusula en la cual yo me ofrecía a una cena con él.
Nadie me preguntó si quería, pero mi hermano insistió- se le quebró la voz al mencionar a su hermano- La cena fue en su casa, fue muy incómoda y cuando acabamos me ofreció una copa..
Yo le dije que no bebía, así que él se bebió las dos copas, la suya y la mía..
-hizo una pausa para tomar aire- te puedes imaginar como acabó la noche..
le dije que no quería, pero le dió igual.
Me tiró sobre el sofá del comedor y puso su cuerpo encima del mío, no me podía mover…
-bajó el tono hablando en apenas un susurro- recuerdo su hedor a alcohol cuando me metió la lengua hasta la garganta- dijo con cara de asco y la mirada perdida- intenté resistirme y cuando empezó a subirme el vestido me volví loca.
Empecé a chillar, patalear, llorar, supliqué que parase pero nada…
conseguí pegarle un rodillazo en la entrepierna y soltarme. Corrí todo lo que pude..
Me dí cuenta de que había dejado de respirar y que tenía los puños completamente cerrados.
- Me encerré en el baño y llamé a la policía.
Daba patadas y puñetazos a la puerta, me amenazaba que como llamase a la policía me haría la vida imposible.
Esa misma noche puse una denuncia, pero cuando fui a testificar, mi hermano dijo que me lo había inventado todo..
-dijo quebrándosele la voz- no podía arruinarle el negocio…
Me dolió a mi su traición. Apreté los dientes con rabia.
- El Inspector me creyó a mi, pero no había pruebas, así que preparé mi venganza.
Me colé en la casa, me hice con los vídeos de seguridad de cada habitación en las que se veía todo, absolutamente todo.
Aún recuerdo su cara, cuando el juez dictó cinco años de condena- dijo sonriendo con amargura- pero, esa noche una parte de mí se quedó allí…
ese día me quedé oficialmente sin familia, sóla.
Hace cuatro años que huí de esa vida y le prometí que no me volvería a ver jamás.. hasta hoy.
Su mirada se clavó en la mía y todos los celos momentáneos que habían aparecido al ver a ese chico desaparecieron inmediatamente.
Quise abrazarla, decirle que no estaría más sóla, que estaba para lo que necesitara, pero otra parte de mí quería volver a entrar en la sala y poner a ese cobarde en su lugar. Me daba asco. ¿Qué clase de persona hacía eso?.
Edén.
Inspiré y expiré despacio un par de veces. Desde el juicio, nunca le había contado toda la historia a nadie, pero me dí cuenta de que me sentía algo mejor ahora que me había podido desahogar.
Me miraba muy serio y me dí cuenta de que tenía los ojos húmedos.
Me sonrojé.
Hacía cuatro años que me había prometido que nadie me volvería a ver llorar jamás. Al parecer, era la segunda promesa que había roto hoy.
Ethan.
La vi limpiarse los ojos con las mejillas sonrojadas.
A pesar de todo, seguía intentando ser fuerte y no mostrar lo rota que estaba.
La admiraba.
Respiré hondo también, intentando calmarme.
Tenía unas ganas increíbles de romperle la cara a ese imbécil. No obstante, conseguí tranquilizarme.
Otra pareja decidió salir al porche a tomar el aire.
Me acerqué a ella con la intención de conseguir tener una conversación privada.
- ¿Entonces quieres que nos vayamos?- pregunté en apenas un susurro con un tono prudente.
Sin embargo, para mi sorpresa, se puso seria y sus ojos se volvieron desafiantes.
- De eso nada, he venido a por un pendrive y no me iré sin él- sentenció.