Capítulo 4.
Ethan.
Cerré la puerta de casa y me dirigí directamente a la cocina, cogí un vaso ancho y lo llené hasta arriba de whisky. Liam se quedó mirándome, apoyado en el marco de la puerta y sonrió.
- Pues que sean dos- pidió.
Llené otro vaso en silencio y me dejé caer con el mío en la mano en un sillón. Estaba cansado. Mi cuerpo estaba lleno de energía aún. Lo que no tenía ni un ápice de energía era mi mente. Eché el cuerpo hacia delante, apoyándome sobre las rodillas, mientras me revolvía el pelo exasperado.
Liam no dijo ni una palabra, solamente me observaba.
- ¿Qué?- le inquirí.
Sonrió nuevamente levantando los hombros y sacudiendo levemente la cabeza.
- ¿Es esa chica no? - preguntó al fin.
- Es que…agggg…me saca de quicio- confesé- Me saca de quicio ella con sus constantes contestaciones, con su actitud, con su orgullo y me saca de quicio no controlar la situación, no comprender por qué hace lo que hace…es exasperante.
Volvió a sonreír.
- Creo que deberías intentar conocerla, en vez de apartarla de ti.
- Yo no la aparto, es sólo que..
- Es sólo que no estás acostumbrado a abrirte a nadie- completó la frase en mi lugar- a dejar que te vean tal cual eres, a dejar que vean tus fortalezas y debilidades, pero creo que te gustaría conocerla, creo que en parte, podéis llegar a entenderos.
Lo miré incrédulo.
- Pero..¿Qué estás diciendo?. Si no la conoces de nada..
- Tienes razón- admitió- Pero si que sé que ella también lo ha debido de pasar mal, que tiene una coraza igual o más grande que la tuya, que te atrae de alguna manera, he visto cómo la miras, y que no se aún de qué forma, compartís el mismo mundo, pero lo hacéis, sólo tienes que recordar como ha corrido hoy o cómo se comportó en el banco, ella es de las nuestras, no sé cómo, pero lo es.
No dije nada y Liam se levantó dirigiéndose hacia su habitación y dejándome sólo con mis pensamientos.
Edén.
El despertador que indicaba el comienzo de un nuevo día empezó a sonar.
Parpadeé un par de veces, intentando acostumbrarme a la luz.
La pantalla del móvil se iluminó recibiendo una llamada. Me incorporé.
- Buenos días Inspector- dije con un tono neutro, algo somnoliento.
- ¡Edén! ¿Cómo te encuentras?.
Fruncí el ceño.
- Bien..¿por?. Si quiere saber si hay un cadáver que vaya a encontrar la policía en las próximas horas, puede estar tranquilo. No he hecho nada.
- No, bueno..sólo quería saber como estabas. Si todo seguía siendo “normal”.
Sonreí ante el significado que tenía para él la palabra “normal”. Para mí lo normal seguía siendo otro tipo de vida, vida que había recuperado anoche momentáneamente.
- Todo sigue siendo normal- mentí recordando la noche anterior- una normal y aburrida vida de chica de instituto de diecisiete años.
Soltó una carcajada.
- Perfecto, espero seguir no viéndote. Que pases un buen día.
Ni me despedí. Simplemente colgué. Era la única persona que se había preocupado algo por mi en los últimos años, pero era suficiente para estas horas de la mañana.
Me metí en la ducha e intenté olvidarme del tiempo durante unos minutos, de mi vida, de todo.
Ethan.
Me pasé toda la mañana durmiendo en la cama. Tenía mucho en lo que pensar y pocas ganas de levantarme y hacer cosas.
Liam llamó a la puerta.
- Tío..¿hoy no vas al ring?. Me iba a pasar por allí ahora, ¿te espero?.
Sopesé la respuesta. Dar un par de puñetazos y desahogarme, posiblemente sería lo mejor que podía hacer. De hecho, me dí cuenta de que lo estaba deseando.
Edén.
Los pasillos del instituto estaban abarrotados a primera hora.
El bullicio llegaba a ser insoportable cada mañana, por eso yo no solía quitarme los auriculares hasta estar sentada en clase.
Mi psicóloga, otra de las citas obligatorias que me habían marcado en mi nueva vida, me había dicho que era un comportamiento muy antisocial pero, sinceramente, era lo que me permitía sobrevivir un día y otro al instituto.
Atravesé el pasillo, haciendo caso omiso, como cada mañana, a lo que ocurría a mi alrededor. Sin embargo, mi mirada se cruzó con unos ojos que se dirigían directamente a mi: Jay. Inspiré profundamente armándome de paciencia para el asalto.
- Sigues viva…- musitó entre un tono enfadado y aliviado.
Solamente asentí, pero sus ojos me exigían una explicación.
- Es un viejo conocido- mentí al fin- No cogí ningún coche tranquilo, es una broma que tenemos muy nuestra.
Arqueó las cejas. Era la peor excusa que había puesto en mi vida, sin embargo, decidió dejar el tema. En realidad, él y yo no nos debíamos ninguna explicación, tampoco había tanta confianza.
Ethan.
Volvió a sonar otro tono en el teléfono.
Estaba molesto. Llevaba dos días retrasando lo inevitable.
No me gustaba ceder, me cabreaba. No obstante era un hombre de palabra y una promesa era una promesa.
- Hola Ethan- dijo Nikolay en un tono sosegado- qué sorpresa..¿qué quieres?.
Tenía la voz ronca y un marcado acento extranjero. Me hacía gracia su tono neutro. La última vez le había pegado un puñetazo bien merecido en la cara.
Sonreí al recordarlo. Se que no le hacía ninguna gracia esta conversación, pero mi padre, aunque fuese un capullo, debía de haberle puesto en su sitio.
- Díselo a mi padre si quieres, al final voy a ir a esa fiesta, con acompañante. Metedme en la lista de invitados- le ordené, colgando el teléfono sin esperar respuesta. Lo importante estaba dicho, no tenía por qué hablar más con este imbécil.
Edén.
Me miré en el espejo. No me reconocía. “De etiqueta”, había dicho Ethan. Nunca me había arreglado tanto, pero no lo hacía por ese imbécil, quería integrarme y pasar desapercibida.
Me llegó un mensaje al móvil: “Estoy abajo”. Gala le debía haber pasado mi número. Lancé una última mirada al espejo.
Lucía un vestido dorado apretado que caía hasta el suelo, permitiendo una visión sensual de mi pierna y mis pechos se marcaban completamente.
Me había maquillado de forma bastante acertada y acompañaba el modelo con unos altos tacones que estilizaban mi figura.
Me sentía como una colegiala que iba a asistir a su primer baile, y en parte, eso era verdad.
Ethan.
Estaba apoyado sobre el capó del coche cuando la puerta se abrió iluminando el rellano.
Me quedé sin palabras. Estaba…impresionante, esa era la palabra.
La observé de arriba a abajo, sin ninguna discreción, y pude apreciar como sus mejillas se ruborizaban tornándose rosadas.
Me gustó ver que producía algún efecto en ella.
Sonreí, por primera vez en mucho tiempo. Sonreí con sinceridad.
- Estás…bien- habló mi coraza.
Arqueó las cejas. Ella también me estaba evaluando. Llevaba traje, lo cuál, creo que le había sorprendido. No llevaba corbata ni pajarita, sólo una camisa abierta parcialmente, pero sí que llevaba americana. No era habitual en mí, pero la situación lo requería.
- Tú tampoco estás mal- dijo al final en tono neutro.
Se me escapó una sonrisa. Tal vez, alguna vez, fuésemos capaces de hablar sin corazas, miedos y orgullos.
Edén.
Me subí al coche y como un caballero, me ayudó a cerrar la puerta.
Él también entró pero no arrancó el coche.
Le observé con el ceño fruncido.
- Escúchame, el sitio al que vamos..bueno, las personas no son de lo mejor que hay. Ten cuidado por favor. Y mi padre..cuanto menos nos relacionemos con él mejor. No me gustaría que..-hizo una pausa- ..nos pasase nada, no quiero problemas.
Sabía que en realidad, temía lo que su padre pudiese hacerme y me estaba advirtiendo de que era peligroso, así que le agradecí el gesto asintiendo, sin embargo repuse:
- Se cuidarme sóla.
Ethan .
Suspiré resignado.
¿Por qué era tan cabezota?.
No podía evitar preocuparme por esta noche. Había visto que sabía cuidarse, pero sabía, por experiencia, que eran personas peligrosas. Era un mundo peligroso al que aún no sabía de qué forma ella formaba parte.
Me intrigaba esta chica y aunque me costase admitirlo, me preocupaba por ella. Eso sería algo que jamás admitiría en voz alta.
Edén .
No tardamos en abandonar la ciudad.
Ethan miraba fijamente a la carretera aunque, de vez en cuando, me miraba discretamente de reojo. Él pensaba que no me daba cuenta, pero se equivocaba.
Finalmente rompió el silencio.
- Aquella mañana en el banco, no dudaste en disparar a Ares..¿Era la primera vez que disparabas a alguien?.
La pregunta me pilló por sorpresa. Desvió la mirada de la carretera y me miró fijamente.
Me puse seria mientras sopesaba la respuesta.
- Si.., pero no era la primera vez que cogía un arma -admití.
Frunció el ceño. Intuía que había muchas cosas que quería preguntarme, pero que no sabía cómo hacerlo.
- Tengo un pasado, un pasado que intento olvidar, pero nunca dejas de ser quién eres.
Asintió y supe que sabía de que estaba hablando.
Intuía que él también tenía un pasado del que intentaba huir, pero que aún no lo había conseguido.
Entonces me acordé de la mañana del banco, la carrera de hace dos días y que ahora me dirigía con él, un ladrón, a una fiesta privada rodeada de personas peligrosas y muchas armas probablemente y me dí cuenta de lo irónico de la situación. Yo tampoco había conseguido huir de esta vida.
Ethan .
Quería saber más. Mucho más, pero me daba miedo preguntar algo y que volviese a encerrarse en sí misma ahora que parecía que estábamos consiguiendo hablar sin discutir. Sinceramente, estaba siendo todo un logro.
Pensé bien mis próximas palabras.
- ¿Eres feliz?.
Edén .
La pregunta me pilló totalmente por sorpresa, otra vez.
Pensé que estaba de broma, pero su semblante estaba completamente serio.
- No, pero en algún momento acabaré siéndolo- le miré con curiosidad y le devolví la pregunta- ¿y tú?.
Ladeó la cabeza con una media sonrisa agria.
- No, pero en algún momento espero conseguir serlo también.
Aparté la mirada observando como nos adentrábamos en una finca de grandes terrenos, con viñedos a ambos lados.
Al final del camino, una gran casa apareció frente a nosotros. Era de estilo colonial, con un gran porche de acceso.
Me fijé en los hombres trajeados que gestionaban la seguridad del evento. Podía ver a siete personas de seguridad desde el coche y la casa y la finca eran muy grandes.
Ethan .
Bajé del coche y me acerqué a su puerta con el objetivo de abrirla como un caballero. No dijo nada, pero hizo un gesto con la cabeza a modo de agradecimiento.
Ambos nos quedamos parados al lado del coche, observando hacia el porche de entrada y respiré profundamente armándome de valor y prometiéndome que iba a intentar comportarme esta noche.
La observé mientras le tendía la mano.
Pude ver sorpresa en sus ojos y como fruncía el ceño, sin embargo, me correspondió y la agarró con gran suavidad.
Sentí una extraña sensación, electrizante, en el estómago.
Sinceramente, era una sensación que me gustaba.
- ¿Estás lista? - pregunté a modo de invitación. Ella sólo asintió con la cabeza- ¿Qué te parece si intentamos ser felices por esta noche?.
Sonrió.
- Me parece bien- repuso y deseé por unos instantes que, por esta noche, fuésemos capaces de mantener una tregua.