Hilo Rojo (Destino 1) Capítulo 3 #2
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Capítulo 3 #2

Arrancamos ambos a  gran velocidad, pero por unas décimas yo me coloqué primero.

El corazón me palpitaba a mil, como cada vez que corría y podía sentir algo más.

Adrenalina. Una adrenalina que hacía que me sintiese vivo.

Cuando estaba al volante todo desaparecía en mi cabeza, sólo oía el latido de mi corazón y sentía como la adrenalina recorría todo mi cuerpo, despertándome, poniéndome alerta.

Miré por el espejo retrovisor. Me seguía los talones, pero no me preocupaba.

Hasta ahora el recorrido había consistido en unas cuantas rectas y giros muy abiertos, pero las dos curvas finales eran muy cerradas y peligrosas.

Normalmente o frenaban totalmente o se chocaban, sin embargo, yo conocía el circuito y había practicado lo suficiente como para saber que podía pasarlas únicamente reduciendo un poco la velocidad, por lo que ahí esperaba poder llevarme definitivamente la carrera.

Podía imaginarme en mi mente su cara de decepción y frustración. Estaba deseando verla.

Edén.

Miré fijamente las luces de atrás de su coche, llevaba un rato analizando cómo corría. No se le daba mal, nada mal. Sabía sacarle partido al coche, pero se le podía sacar un poco más.

Pisé a fondo el acelerador, hasta pegarme peligrosamente a su chasis.

Giré levemente a la izquierda y él giró bloqueándome tal como me esperaba.

Volví a realizar un leve giro, pero esta vez hacia la derecha, bloqueándome de nuevo.

Ya lo tenía justo donde lo quería. Se me escapó una sonrisa de suficiencia.

Ya eres mío. Hice el amago de girar hacia la izquierda y cuando fue a bloquearme, giré hacia la derecha, entrando por el interior de una leve curva y ganándole la posición.

Ethan.

Apreté los dientes con fuerza, dando un puñetazo al volante totalmente sorprendido por la increíble maniobra que acababa de realizar. Esta chica me sacaba de quicio.

Edén.

Pisé a fondo el acelerador hasta que pude vislumbrar una gran curva a lo lejos.

Ethan.

Sonreí al ver que por fin nos acercábamos a las dos curvas. Esta carrera era mía. Joder..

Edén.

Me mordí el labio inferior. Tenía dos posibilidades: la primera, reducir considerablemente la velocidad, lo cual suponía regalar completamente la carrera, algo que no me hacía ninguna gracia y la segunda, pisar el acelerador, contrarrestar el volante, bloqueando las ruedas y rezar por que no se me fuese.

Ethan.

Fruncí el ceño. ¿Por qué no reducía?. ¿Es que quería matarse?. ¿En qué estaba pensando?.

Edén.

Inspiré profundamente soltando el aire muy despacio sin apartar la mirada de la carretera. Había llegado el momento.

Ethan.

Me dió un vuelco el corazón justo a tiempo de ver como, con una gran pericia, giraba las ruedas hacia el lado contrario consiguiendo derrapar lateralmente con el coche, saliendo de la curva culeando un poco pero, viva al fin y al cabo.

Me quedé sin palabras. ¿Cómo..?.  Esta tía estaba loca.

La segunda curva apareció segundos después volviendo a realizar la misma maniobra con gran elegancia y dirigiéndose a una velocidad exagerada hacia la línea de meta.

Edén.

Sonreí. Todo mi cuerpo tenía el vello erizado y en mi pecho notaba que el corazón se me iba a salir.

Si lo hubiese visto mi hermano..

Noté una punzada en el corazón y se me borró parcialmente la sonrisa.

Ethan.

Pasé la línea de meta segundos después que ella y aparqué el coche poniéndome a su par. La gente rodeaba el coche aplaudiendo e incrédulos por lo que acaban de ver.

Joder..como para no estarlo..

Nuestras miradas se cruzaron a través de la ventanilla y fruncí el ceño confuso. No veía alegría, suficiencia, ni ilusión, sino una inmensa  tristeza se había apoderado de sus ojos.

Quité la llave del contacto y me bajé del coche con el ceño aún fruncido. Mi rabia y vergüenza, por perder la carrera, habían desaparecido casi en su totalidad dando paso a una infinita curiosidad.

Edén.

Lo miré fijamente y me dirigí hacia él.

-            Me debes un pendrive- dije con tono firme y autoritario.

Sonrió condescendientemente.

-            Sinceramente no lo tengo.

Joder..

Siendo completamente sincera, el contenido del pendrive no me importaba demasiado. Era cierto que me generaba bastante curiosidad pero, dejando eso de lado, era más bien una cuestión de orgullo al saber que eso para él suponía un compromiso.

-            ¿No piensas cumplir tu apuesta?- le ataqué sabiendo que eso heriría su orgullo.

-           Soy un hombre de palabra. Tu quieres ver el pendrive y lo verás. Sólo que no te lo voy a dar, no voy a robarle a mi padre, te dejaré que le eches un vistazo.

La revelación sobre el dueño del pendrive no me pasó inadvertida y me causó una mayor intriga.

-            Está bien- acepté- ¿cuándo?.

Ladeo la cabeza y sonrió.

-           En dos días te pasaré a buscar a las diez de la noche. Hay una fiesta, etiqueta y esas cosas, el pendrive estará allí, tendrás diez minutos para ver su contenido. ¿Trato hecho?- dijo tendiendome la mano.

Sopese la respuesta. ¿Una fiesta?. ¿Enserio?. ¿Y tenía que ir con él?. Resoplé.

-            ¿Estás seguro Ethan?. ¿Vas a ir?. ¿No hay otra forma?- le preguntó uno de sus amigos.

Fijó una mirada seria en él para pasar segundos después a mirarme a mí. Esperaba una respuesta.

-           Está bien, dos días, como no te presentes te juro que desearás estar muerto- dije sin estrecharle la mano- ¿y alguien puede acercarme a casa?.

Gracias a Dios la chica del septum se ofreció voluntaria. No podía imaginarme lo que podía ser estar veinte minutos en un espacio tan reducido con él. No quería. Me sacaba de quicio.

La chica se llamaba Gala y para mi sorpresa era todo lo contrario a ese imbécil, era agradable.

-            Buah…¡cómo has corrido! Ha sido increíble. ¿Dónde has aprendido a correr?.

Sonreí con tristeza.

-            Todos tenemos un pasado- musité simplemente.

Ella me miró fijamente mordiéndose el labio y optó por seguir como si nada. Hablaba mucho, con un tono alegre y divertido.

Intenté ser amable.

-           ¿Cómo puede una chica tan maja como tú llevarse con un imbécil como ese? -pregunté sin ningún tono de maldad, simplemente no lo entendía, parecía una buena chica.

Su sonrisa se ensanchó.

-            No es tan malo como parece, simplemente..no lo ha pasado bien.

-            No es el único, pero no por eso te vuelves imbécil.

Volvió a sonreír.

-           No- me dió la razón- pero si te comportas a veces como uno y más después de haberte construido una coraza. Por lo que veo, de eso pareces saber un poco.

Le sostuve la mirada durante unos segundos. Tenía razón. No era sincera con ella, me costaba abrirme a las personas, pero con ella no necesitaba decirlo, lo había captado ella sóla. Hacía tiempo que nadie me calaba tan rápido.

Me abstuve de contestar y contemplé el horizonte por la ventana. Los rayos de sol se empezaban a filtrar entre los edificios. Alguna persona empezaba a salir de su casa y el tráfico se empezaba a hacer más notable conforme iba pasando el tiempo.

-            Bueno..a pesar de todo, ha sido un auténtico placer Edén.

Sonreí.

-            Igualmente- dije, y está vez había sido totalmente sincera.