Hilo Rojo (Destino 1) Capítulo 3
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Capítulo 3

Edén.

Me giré hacia él, fulminándole con la mirada.

-            ¿Qué estás haciendo tú aquí?- pregunté perpleja. Era lo que me faltaba.

La rabia me invadió sólo de recordar la facilidad con la que me había dejado en ridículo, como había jugado conmigo, hasta tenerme donde quería: encerrada.

Una sonrisa le cruzó el rostro y vi que se estaba divirtiendo. La música era ensordecedora pero se acercó un poco más para hacerse oír y soltó:

-           Disculpa si te entendí mal, pero me había parecido hace unos días que te habías quedado con ganas de más- contestó con una mirada divertida de superioridad.

Apreté los dientes y respiré despacio, intentando calmarme y meditando la contestación. Aquí no podía llamar la atención, sin embargo, jamás rehuía una pelea y menos cuando la otra persona ya me había humillado.

Entrecerré los ojos y contesté deseando hasta la última fibra herir su orgullo.

-           La verdad es que si que me pareciste muy poca cosa el otro día y me quedé con ganas de algo un poquito más..de mi nivel- sentencié.

Touché. Su gesto se torció y supe que le había herido el orgullo. Sin embargo se recompuso rápido.

-           ¿Que te robase un beso y te encerráse en la cámara te pareció poca cosa?. Te puedo enseñar cosas de más nivel si quieres- dijo escrutando mi ajustado vestido de arriba a abajo.

Me ruboricé cuando su mirada pasaba de mi entrepierna a mis pechos. ¿Pero quién se creía este imbécil?.

-            ¿Conoces a este tío de algo?- preguntó Jay confuso, contemplando toda la escena a unos pasos.

Negué con la cabeza. Que me empezasen a hacer preguntas en el instituto, era lo último que me faltaba. Me había costado mucho pasar desapercibida, ser una más, que me ignorasen.

-            Vámonos, en este antro dejan entrar a cualquiera- espeté mientras empezaba a irme.

-            Lo sabía- dijo con sorna una voz a mis espaldas- una niña pija que se cree mejor que otros.

Me paré entrecerrando los ojos, suspiré, eso si que no, había llegado a mi límite. Me giré rápidamente y con todas mis fuerzas le golpeé la mandíbula.

Ethan.

Apreté los dientes con rabia. Era el segundo que me daba esta mocosa esta semana, el segundo que me daban en mucho tiempo.

Si las miradas matasen, ella ya estaría muerta.

La fulminé mientras un par de hombres de seguridad nos sacaban del local.

-¡Calmaos y no volváis a entrar!- dijo un tío corpulento, de unos dos metros de altura, mientras volvía a colocarse delante de la puerta interceptando el paso.

El chico que estaba con ella salió con los ojos desorbitados y alterado.

-            ¿Se puede saber qué ha pasado?. ¿Quién es este tío?. ¿Te ha hecho algo?.

Se me escapó una carcajada. Era ridícula la situación. ¿Qué si le había hecho algo yo?. ¿Pero este tío era ciego o no veía el puñetazo que me acababa de pegar ella a mi?.

Se la veía más calmada tras haber desahogado toda su rabia con ese puñetazo.

-            Mira imbécil- empezó dando un par de pasos hacia donde yo me encontraba- ¿hacemos un trato?.

Consiguió sorprenderme. Este cambio de actitud no me lo esperaba.

-            Te escucho- le apremié.

-           Yo prometo que no me vuelvo a cruzar en tu camino, no tengo ni el más mínimo interés y tu me das el pendrive- continuó- Así de fácil.

¿El pendrive?.

Arqueé las cejas divertido. ¿Qué clase de trato era este?. No la culpaba por intentarlo, pero yo también sabía negociar.

Eric, Gala, Liam y Sam observaban la escena divertidos unos pasos detrás de ella.

-           Yo no hago tratos, yo hago apuestas. ¿Qué me dices?. ¿Quieres jugar? - La miré con una sonrisa pícara provocándola, deseando que entrase en el juego.

Entrecerró los ojos, escudriñándome, mientras sopesaba mi propuesta.

Edén.

-            ¿A qué quieres jugar?- dije por fin después de unos segundos.

Sabía bien que no debía entrar en el juego pero me podía la curiosidad por lo que había en ese pendrive. ¡Quería saber que había en ese pendrive!.

Me miró satisfecho con mi contestación, mientras pensaba la apuesta.

-            ¿Por qué no os lo jugáis en una carrera?- soltó una voz detrás de mí.

La observé curiosa. Ella también había estado en el banco. Se trataba de una chica un par de años mayor que yo, afroamericana con una melena salvaje, un septum y una mirada divertida.

¿Una carrera?.

Algo se debatió en mi interior.

No.

No podía correr.

Hacía años que ya no tocaba un coche. Desde aquella carrera que gané con quince años. De hecho, legalmente, se me había denegado sacarme el carnet. No podía tocar un coche y sin embargo sabía que era una apuesta fácil.

Entrecerré los ojos.

Sí corría el pendrive era mío.

Pero había algo más, orgullo.

Me moría de ganas por poner a ese imbécil en su sitio.

Apreté los dientes y cerré los puños de rabia.

-            ¿Por qué no? -dije contundentemente- Pero no tengo coche.

-            Te dejo el mío- contestó un chico al lado de la chica del septum.

-            ¡¿Qué?!. ¡No!. ¡Pero si no sabes conducir, no tienes carnet!- Estalló Jay a unos pasos de mí.

Mierda. Me había olvidado completamente de Jay, de la fiesta, de mis compañeros de instituto. Miré a mi alrededor comprobando que entre las miradas curiosas no se encontrase ninguno de mis compañeros de clase.

Respiré aliviada al comprobar que solo había desconocidos observándonos. No había casi gente en la calle.

Inspiré profundamente, puse la mejor de mis caras en un intentó de deshacerme de Jay y le pedí con mi mejor tono que confiase en mí y volviese dentro.

Ethan.

La observé mirar a su amigo con dulzura mientras intentaba tranquilizarle.

Esta chica me tenía totalmente desconcertado.

“No sabes conducir, no tienes carnet” le había reprochado su amigo.

¿Qué pensaba hacer?. Fijé mi mirada en ella mientras hablaba con él y pude fijarme en que sus ojos tenían un brillo de emoción y adrenalina dibujados.

Quería correr esa carrera.

Edén.

Sentía un cosquilleo en mi interior sólo de pensar en volver a ponerme al volante, pero también tristeza. Se me removían muchos recuerdos sólo de pensarlo.

-           Las carreras se celebran a diez minutos de aquí, en un polígono- dijo la chica del septum- ¿cómo hacemos?. ¿Va contigo Ethan?- preguntó refiriéndose a mí.

Ethan. Asique el capullo tenía nombre.

-           Prefiero ir con alguien que tenga sus capacidades motrices en orden- dije hiriendo su orgullo- es que tanto puñetazo no sé si le habrá dejado secuelas.

Ethan.

La ignoré dejando que fuese con Eric y Gala en el coche.

Esta tía no se cansaba nunca. Desde que me había fulminado con la mirada nada más verme, en la pista de baile, al principio de la noche, sólo había deseado hacerla callar.

Que se tragara sus palabras una y otra vez.

Parecía tener respuesta para todo. No estaba acostumbrado a que nadie me hablase así.

Las personas me respetaban. Al principio sólo por el miedo hacia mi padre, pero con el tiempo, yo me había ganado personalmente su respeto. ¿Quién se creía para hablarme así, a mí?.

Es verdad que yo tampoco la conocía, pero me moría de ganas por demostrarle quién era yo, que viese como todos me respetaban, como era un líder entre los míos y porque aprendiese a tratarme con respeto.

Nunca había perdido una carrera, y eso que era corredor habitual, aunque me reservaba sólo para aquellos corredores que merecían la pena, y callarle la boca lo merecía. Oh si, vaya si lo merecía. Estaba deseando ver su cara cuando mi coche atravesase primero la meta.

Edén.

Me bajé del coche y observé a mi alrededor.

Había bastante gente. Unos hablaban amistosamente mientras observaban bajo el capó algunos de los coches, otros simplemente disfrutaban de la ensordecedora música que salía de ellos y que convertía la calle en una discoteca improvisada con sus múltiples juegos de luces.

“Bienvenida de nuevo a casa Edén. Hogar dulce hogar”- me dije con resignación y un sabor amargo de nostalgia en la boca.

-           ¿Así que esta es la chavalita contra la que vas a correr? -dijo un chico de piel morena refiriéndose a mi y sacándome de mis pensamientos. Parecía más mayor.

El capullo asintió. Ethan le había llamado su amiga.

-            ¿Es una broma? Pero, ¿cuántos años tienes niña?- me inquirió.

Lo miré fijamente.

-            Los suficientes -le contesté secamente.

Me miró no muy convencido.

Ethan.

La observé. Debía de ser tres o cuatro años más pequeña que yo, pero su cara aniñada salpicada por las pecas transmitía mucha más madurez que la mayoría de chicas, incluso con un par de años más que ella.

-           Está bien Ethan, si quieres correr yo os daré la salida y me haré cargo de la apuesta. ¿Cuánto hay en juego?.

Esboce una sonrisa.

-            No hay dinero tío.

Su cara se descompuso.

-            ¿Qué?. ¿Vais a correr por nada? - Estalló incrédulo con los ojos desorbitados.

En la calle no se corría sin motivo, sin apuesta, sin nada sobre la mesa, sin embargo, nosotros no íbamos a correr por nada.

-            No, tío, créeme, vamos a correr por mucho- Y dicho esto dí media vuelta y me metí en el coche.

Edén.

Aferré mis manos al volante e hice rugir el motor, situados en la línea de meta. Sonreí al oír ese sonido característico que tanto echaba de menos. Estaba impaciente. La verdad, es que el coche que me habían dejado no estaba nada mal.

El circuito era sencillo. Era por calles vacías. Sin tráfico. Una única vuelta. Iba a ser una victoria fácil.

Miré por la ventanilla al coche que tenía al lado.

Desde su asiento, Ethan clavaba su mirada en la mía y yo le miraba fijamente también.

Estuvimos unos segundos que se hicieron eternos midiéndonos, observándonos, advirtiéndonos, retándonos, hasta que el chico que organizaba la carrera se puso entre ambos coches y nos hizo bajar la ventanilla.

-            ¿Estáis listos?- preguntó invitándonos a prepararnos.

Ambos asentimos sin apartar la mirada de la carretera y confirmándolo con un rugido de motor.

-            Bien. Allá vamos entonces. Preparados. Listos. ¡Que comience la carrera!

Ethan.