Capítulo 2. #2
- Chicos..chicos..modales le enseñó. ¿No os dais cuenta de que el golpe no es por eso?. Es por besar tremendamente mal- soltó arrugando la nariz a modo de burla, a la vez que se reía.
Eric, Liam y Sam se empezaron a reír otra vez. Eso me había dolido en el ego. Yo no besaba mal. Al revés, las chicas hacían cola por que pasase una noche con ellas.
Puse los ojos en blanco y salí de casa. Hoy pensaba emborracharme para olvidarme de todo, para olvidarme de mi mandíbula morada, para olvidarme de ella, del robo, de mi padre y de mi vida.
Edén.
El teléfono volvió a sonar. Hoy era la fiesta de fin de curso antes de las vacaciones de verano y mis compañeros de clase habían organizado para salir a celebrarlo, sin embargo, no me apetecía nada. Llevaba dos días metida en casa malhumorada. Nunca me habían humillado así, ¡joder!.
A la cuarta llamada contesté.
- Edén, pasamos a buscarte en media hora, ¿estarás lista?.
- Si- dije con voz cansada- número once, os espero en la puerta.
El pitido que indicaba el final de la llamada empezó a sonar. No me llevaba demasiado con los chicos y chicas de mi clase. Era poco sociable. Confiaba poco en la gente. Sin embargo, mi agente de servicios sociales me había sugerido, por no decir, medio obligado, a intentar integrarme.
Cogí un vestido de satén dorado que marcaba mi cintura y me lo puse. Me miré al espejo y desenredé mi cabello. Mis pequitas salpicaban toda mi cara y mis ojos me atravesaban a través del espejo.
Era increíble cómo había cambiado en tan poco tiempo. Tres años. Y era una persona totalmente distinta, o por lo menos lo parecía.
Agarré un par de tacones negros, un bolso negro también y miré mis labios que había pintado de rojo. Mi aspecto lucía bien, sin embargo, no pude evitar agachar la cabeza decepcionada. Me sentía completamente avergonzada. Una vez juré que nadie me volvería a tocar sin que yo quisiera.
El teléfono volvió a sonar, devolviéndome a la cruda realidad. El coche me esperaba ya en la puerta cuando bajé.
Ethan.
La música resonaba por los altavoces y la multitud movía frenética su cuerpo, siguiendo el ritmo de las pegadizas melodías que sonaban.
Nada más cruzar el pasillo, una rubia me sonrió. Le guiñé el ojo al pasar. Estaba muy buena. Puede que después de todo, se me acabase pasando el mal humor con el que había salido de casa.
- ¿Qué vais a tomar?- pregunté.
Edén.
- ¡Chicos! ¡Venga! Una foto antes de entrar porfa..- dijo una de mis compañeras de clase, dirigiendo su mirada hacia la entrada de la discoteca.
Suspiré y fingí una sonrisa mientras posaba para la cámara. A mi agente social le iba a encantar. Miré hacia la puerta de la discoteca. Iba a ser una noche muy pero que muy larga.
Ethan.
Me acerqué a la barra. La guapa camarera que ya me conocía, de tanto venir, me dirigió una sonrisa.
- Ey hola, ¿qué te pongo?.
- Hola guapa- se me adelantó Liam que se había acercado por detrás mía.
Lo miré con una sonrisa de pícaro que lo decía todo. Eric, Gala y Sam también se acercaron.
- Ronda de chupitos- gritó Gala antes de que los demás empezasen a pedir.
Puse los ojos en blanco y sonreí.
- Pues que sean chupitos- dije entonces.
La camarera sonrió divertida mientras nos los preparaba. En cuanto terminó, Gala agarró el suyo y lo levantó para brindar.
- Por nosotros, y por ese pivón que deja mandíbulas moradas- añadió a carcajadas.
No pude evitar sonreír. Se lo estaban pasando en grande con esa historia. Por suerte, Gala arrastró a Eric hasta la pista de baile, quedándome unos segundos sólo con mis pensamientos mientras Liam y Sam mantenían una conversación, al final de la barra, con una chica morena.
Me quedé observando como Eric miraba a Gala.
Recuerdo, no hace mucho, que Eric me había comentado que quería casarse con ella, formar una familia.
Me acuerdo de haber soltado una carcajada y haberle recordado que teníamos veintidos años y toda una vida por delante.
Es verdad que hacían muy buena pareja, pero las chicas eran retorcidas y complicadas.
Gala era una mujer increíble pero ¿atarse?
, ni de broma. Eso solo traía problemas.
Los focos iluminaban la zona de baile donde se amontonaban chicos y chicas que movían su cuerpo frenéticamente, al ritmo de la música.
Algo llamó mi atención en medio de la pista: unos cabellos de un tono único que brillaban con las luces de la discoteca.
Esto tenía que ser una broma.
Llevaba un vestido dorado apretado que dejaba vislumbrar unas largas piernas que remataban en tacón y el cual dejaba un peligroso hueco a la imaginación. Sonreía mientras levantaba un brazo, al son de la música, y entrecerraba los ojos dejándose llevar. Su rostro estaba calmado.
Sonreí sin darme cuenta. Sin embargo, la sonrisa no duró mucho. Me cabreó como la miraban unos tíos, al otro lado de la sala. Se la estaban comiendo con la mirada.
Ella ni se inmutaba. Movía su cintura de forma muy sexy, al ritmo de la música, mientras se recolocaba algunos mechones de pelo. La verdad es que estaba buenísima.
Los tíos de la barra hablaban sin apartar su mirada de ella. Finalmente, un chico que parecía muy tímido se acercó con dos bebidas, invitándole a ella con una sonrisa a que cogiese la suya. Me hizo gracia la situación. Él me parecía muy poca cosa para ella.
Edén.
Jay me acercó una copa. De toda mi clase, podía decirse que era el único con el que había cruzado más de dos frases.
Era un buen chico, aunque no lo había pasado demasiado bien.
Desde que le conocía, no había ni un día que no se hubieran metido con él en la clase.
Era un genio de la informática, de hecho, por lo que había oído, estaba desarrollando un interesante sistema de hackeo, muy avanzado para el curso en el que estaba, sin embargo, sus habilidades sociales eran reducidas y por eso, habían decidido no adelantarle de curso.
Todas esas veces que le habían lanzado comentarios hirientes yo no había salido en su defensa, pero tampoco le había juzgado.
No era quien para juzgar a nadie y en el fondo, ambos teníamos bastante en común con esa doble vida.
Eso había hecho que me convirtiera automáticamente en su aliada y era callado, por lo que no me había molestado demasiado.
Mis habilidades sociales también eran reducidas.
Asentí.
- Gracias- dije inclinando levemente la cabeza- ¿bailas?.
Me miró poniéndose rojo.
- ¿Yo?- preguntó con cara de horror- Yo no bailo. Búscate otra pareja que esté dispuesta a bailar contigo- dijo negando enérgicamente con la cabeza.
- Vamos Jay.. -le insistí.
Negó otra vez.
Suspiré. Le estaba pidiendo demasiado.
- No se si yo estaría dispuesto a bailar.
Depende de tus modales- dijo una voz a mi espalda en tono burlón demasiado cerca de mi oreja.
La reconocí enseguida y un escalofrío recorrió mi cuerpo.
Cerré los ojos unos segundos, mientras inspiraba profundamente.
Noté como la rabia empezaba a fluir por todo mi cuerpo.
Ethan.
Noté cómo tensaba todo su cuerpo y sonreí en mi fuero interno. La noche acababa de ponerse muy interesante.