Capítulo 2.
Ethan.
Nos quedamos confusos, mirando hacia el lugar donde segundos antes había estado la chica y donde ahora sólo quedaba tirado en el suelo el cuerpo sin vida de Ares.
- ¿Dónde está? - dijeron apuntando las armas hacia los distintos lados del gran espacio, con sus cinco sentidos alerta.
- Escuchadme ahora vosotros. Tenéis un minuto para coger a vuestro amiguito muerto y salir por donde habéis venido- retumbó su voz por todo el espacio. Estaba claro que los tenía bien puestos.
- Escúchame tú también a mí, estás sola y nosotros somos dieciocho, así que no hagas estupideces- dije malhumorado. Esto se estaba alargando demasiado. La policía no tardaría mucho en llegar. Se estaba complicando todo, ¡joder!.
- Diecisiete ahora, según tengo entendido- dijo en tono cortante.
Miré el cadáver otra vez.
- Y si no te entregas, en vez de un cadáver habrá dos- dije amenazante. Me estaba cabreando la situación. ¿Pero quién coño se creía? - Deja de jugar a los espías o te arrepentirás.
- ¿Me estás amenazando?- dijo con ese tono afilado de nuevo- Así no se trata a una señorita. ¿Voy a tener que enseñarte modales?.
Solté una carcajada que resonó por toda la sala. ¿Modales decía?. ¿A mí?. Tenía gracia la situación.
- Cogedla- ordené con autoridad- viva- añadí- me gustaría tener una charla con ella para poder demostrarle mis “modales”. ¡Y abrid esa puta caja! - dije alzando el tono de voz. Esta situación estaba agotando mi paciencia.
Modales..se iba a enterar de cuáles eran mis modales.
La caja cedió pasados veinte minutos. Por fin una buena noticia. Ares estaba muerto, llevábamos más de media hora dentro del banco y seguía sin haber noticias de ella. Seguramente se habría escondido, muerta de miedo, esperando a que nos fuésemos o a que la policía entrase.
Respiré hondo y miré con detenimiento el pequeño objeto.
En ese pendrive se encontraba el registro de las casas contables de mi padre y de los movimientos de su negocio de narcotráfico.
Mi padre era una persona repulsiva que se había ganado demasiados enemigos, los cuales disfrutaban de un juego de muerte, chantajes y sangre, y esta era su mejor baza.
Recuperándolo, mi padre volvía a tener ventaja, lo cual, en realidad, me importaba una mierda.
Merecía pudrirse en la cárcel, pero este era mi billete para que me dejase en paz.
Habíamos hecho un trato: yo recuperaba el pendrive que le habían quitado y él me dejaba en paz.
Ni un sólo encargo más. Ni una sóla amenaza.
Ni una sóla llamada. Nada. No quería tener ninguna relación con él. Nunca se la había ganado.
No lo vi venir. El puñetazo impactó directamente en mi mandíbula, quitándome el pañuelo que cubría mi cara y haciéndome soltar el pendrive.
Nuestras miradas se cruzaron y yo sonreí incrédulo tocándome el labio que se estaba empezando a hinchar.
Había sido un buen gancho. La observé. Su cara marcada por algunas pecas le daba un aspecto aniñado, pero sus ojos no dudaban ni un ápice.
Sabía lo que hacía lo cual me hizo fruncir el ceño con curiosidad.
Su larga melena de un color indescifrable, almendrado con reflejos dorados, llamó mi atención.
- ¿A qué se debe el honor? -pregunté por fin con sorna, terminando de recomponerme.
Ella me observaba alerta.
- ¿Qué hay en el pendrive? - inquirió seria.
Sonreí divertido.
- ¿No conoces esa frase de que “la curiosidad mató al gato”?.
- Espera que no te mate yo a ti- dijo cortante. Se me escapó una media sonrisa. Estaba claro que era cabezota y que tenía respuesta para todo.
- No te incumbe, hazme caso- dije recogiendo el pendrive del suelo.- ¿Dónde has aprendido a pelear y disparar?
- No te incumbe- me respondió ágil- Dámelo- añadió alargando la mano.
Volví a sonreír. Tenía gracia la situación. ¿Hoy le había dado a todo el mundo por darme órdenes?.
- Bueno..señorita, disculpa otra vez mis modales- dije marcando la última palabra a modo de burla- pero mi equipo y yo tenemos que irnos- continué inclinando la cabeza en señal de despido y dirigiéndome a la puerta de salida de la cámara acorazada.
Se movió interceptándome el paso.
- De eso nada. La policía está al llegar. Es cuestión de tiempo. Tú y tus amigos os vais a pudrir en la cárcel. Dame el pendrive- volvió a ordenarme.
Apreté la mandíbula y esta vez fui yo el que me moví rápido, empujándola suavemente contra una de las paredes. Me exasperaba su tono de autoridad. A mi nadie me daba órdenes.
- Escúchame bien- le dije clavando mis ojos en los suyos.
Me volví a fijar en las pequeñas pecas que tenía en la nariz y en las mejillas- ya has jugado lo que has querido, y tengo que admitirlo, has jugado bien, pero no tengo ninguna intención de acabar en la cárcel y menos en mi último trabajo. Así que, si no te importa, me voy.
Ella me observó de forma extraña.
- Suéltame ahora mismo- me dijo con una frialdad increíble.
Me di cuenta de que mi cuerpo se había acercado peligrosamente al suyo y que la tenía agarrada con una mano de las muñecas, por encima de su cabeza para impedir que me propiciara otro golpe, y que mi otra mano la tenía apoyada en su cintura.
Mi respiración se había acelerado sin saber muy bien por qué. Su cuerpo estaba tenso. Podía notar su pálpito acelerarse, igual que el mío.
Separé mi cuerpo instintivamente, mientras observaba unos mechones de pelo que le caían por la frente e intenté recuperar el control de la situación.
Dejé una distancia prudencial, pero sin dejar suficiente espacio para que no se escabullese y, sabiendo que la cabrearía, cogí con suavidad uno de sus mechones y se lo puse con delicadeza detrás de la oreja mientras le preguntaba en un susurro, con una sonrisa asomando entre mis comisuras:
- ¿Así te gustan más mis modales?.
Apretó la mandíbula y me dirigió una mirada fulminante. Había odio en ellos, rencor, pero también podía notar excitación. Notaba algo hipnotizante en el aire, notaba su mirada fija en mí, notaba su respiración, su corazón acelerado por la situación.
- Suéltame- repitió en un tono más bajo, cómo una súplica.
Mi boca estaba muy cerca de la suya. Apreté los dientes con rabia y frustración.
No quería soltarla. Estaba tenso. Algo estaba mal. Todo. Todo estaba saliendo mal. Quise gritar. Sin embargo, sin saber muy bien por qué, apreté con fuerza mis labios contra los suyos descargando toda mi rabia y frustración en aquel beso.
Funcionó. Me separé más tranquilo a tiempo de saborear la ostia que atravesó inmediatamente mi cara. Sin embargo sonreí, había merecido la pena.
Inspiré recuperando todo el control.
- Adiós señorita, me ha gustado esto de que me enseñaras “modales”- respondí vacilón.
- ¡Capullo!- gritó con rabia apretando los dientes, pero yo ya había salido de la sala en lo que tardaba en reaccionar, dejándola encerrada a ella en la cámara acorazada.
Edén.
Golpeé con fuerza la pared gritando con furia durante más de diez minutos.
Me la había jugado.
¡Joder!.
Mis nudillos estaban rojos de golpear la puerta.
¡Joder. Joder!.
Me senté en un lado, en el suelo, esperando hasta que la cámara se abrió. El inspector de policía, que abrió la puerta, me reconoció inmediatamente sin sorprenderse.
- Cuando los rehenes me contaron lo que había pasado, no dudé un instante en que serías tú. Pero este final no me lo esperaba- dijo señalando a la cámara en tono burlón.
Puse los ojos en blanco. Esto no me pasaba a mi. Yo no perdía el control.
- Déjame salir Inspector- casi ordené malhumorada.
- ¿Para que vayas a vengarte?.
- Para irme a mi casa- resoplé- sabes que ya no soy así. Ya no pertenezco a ese mundo.
Respiró hondo, intentando decidir si dejarme ir o no.
- Está bien- dijo finalmente- ¿pero hay algún detalle que quieras contarme?.
- No soy una chivata y lo sabes- contesté.
Suspiró sin sorprenderse de que esa fuese mi respuesta.
- Lo sé, pero pensé que tal vez querrías ayudarnos. De todas maneras, servicios sociales pasará mañana por tu casa para hacerte unas preguntas. Y no te vuelvas a meter en líos.
Volví a poner los ojos en blanco.
- No ha sido culpa mía- respondí sin inmutarme.
- Lo sé, por eso te vas, sino ya sabes de sobra lo que pasaría. Has matado a un hombre y ya no eres una cría. Tienes diecisiete años- Asentí. Sabía que tenía razón- vete a casa, y espero no volverte a ver en mucho tiempo Edén.
Ni siquiera me despedí. Eché a andar con la mandíbula apretada. ¿Quién cojones era ese capullo?
|Dos días después|
Ethan.
Me miré al espejo. El labio se me había hinchado completamente y estaba morado.
Liam me miró vacilón.
- Así que, ¿le enseñaste modales tú a ella o fue ella la que te los enseñó a tí?- dijo estallando en carcajadas- es que no me ha quedado claro.
Le fulminé con la mirada. Eric también se rió. Llevaban dos días así y la paciencia ya se me empezaba a agotar.
En estos días había pensado demasiado en aquella mañana y aquella chica, de cara aniñada, bañada en pecas, con un tono único en su melena, en aquel beso, en cómo había perdido el control y en cómo me había hecho frente.
Esta vez la curiosidad me había podido y había pedido que investigaran por ahí, pero nada.
Sólo sabía que se llamaba Edén y que era huérfana, que había venido a esta ciudad a acabar el instituto y poco más, pero estaba claro que en esa chica había mucho más y eso me generaba mucha curiosidad e intriga.
Gala salió después de una hora del baño, ataviada con un vestido negro muy bonito para salir de fiesta. Estaba guapa. El capullo de Eric sabía elegir bien.
Tenía una cara divertida. Estaba claro que había escuchado todo el panorama y quiso contribuir.