Hilo Rojo (Destino 1)
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Capítulo 1.
Ethan.
Inspiré sintiendo la adrenalina fluir por mi cuerpo.
Pequeñas gotas de agua resbalaban por mi casco, mientras yo aceleraba en la moto.
Era uno de los pocos momentos en los que conseguía sentirme vivo y, a pesar de lo que estaba a punto de hacer, estaba tranquilo.
Esto se había convertido en una rutina en mi vida.
Edén.
Subí los escalones deprisa, resguardándome en el gran pórtico del edificio, y respiré más tranquila.
La lluvia me había pillado de imprevisto unos minutos antes y había tenido que hacer la última parte del trayecto corriendo.
Me quité la capucha del abrigo una vez que mi respiración se normalizó y observé, a través de la puerta de vidrio, la cola que ya se había formado frente al mostrador del banco.
“Ni a quien madruga Dios le ayuda”, me dije con sorna mientras hacía girar la puerta para acceder al edificio.
Ethan.
Aflojé la moto al ver la furgoneta aparcada en la entrada de la calle. Me bajé sacudiéndome el pelo mojado y las gotas que escurrían por el flequillo, y me tapé parte de la cara con un pañuelo negro. Eso era lo que habíamos acordado la otra noche.
Liam, al otro lado de la furgoneta, cruzó una mirada significativa conmigo.
Le conocía lo suficiente como para saber que esto no le hacía ninguna gracia y que estaba ahí por mi.
Desde que tenía uso de razón, siempre había estado ahí y eso le había convertido en mi hermano, mi familia, la única familia real que me quedaba, además de Gala, Eric y Sam, pero no necesitaba a nadie más.
Liam se paró a mi lado, con media cara también cubierta, y me tendió el arma, mientras nuestras miradas volvían a cruzarse.
Habíamos hecho esto miles de veces, y sin embargo, esta vez era diferente.
Ares se bajó de la furgoneta. Era un hombre grande con gestos duros. No me gustaba. Yo trabajaba sólo con mi equipo. No confiaba en nadie más, pero el cabrón de mi padre no aceptaba un “no” por respuesta.
- Es la hora- dijo con tono autoritario- vamos.
Apreté los dientes y le seguí de malas maneras. A mi nadie me daba órdenes.
Edén.
Dentro del banco hacía calor y la gente se impacientaba esperando en la cola.
Levanté la mirada hacia la gran cúpula que se alzaba sobre nosotros, pero algo chocó repentinamente contra mi pie, llamando mi atención.
Observé la pequeña canica brillante con curiosidad, mientras una niña con tirabuzones rubios y tez pálida me miraba con detenimiento, sopesando la situación.
Finalmente alargó la mano e hizo un gesto para indicarme que le devolviese la canica. No debía de tener más de cinco años.
Sonreí y le hice un gesto para que viniese a por ella, pero dió un paso dudoso y se paró, volviendo a alargar la manita.
Esta vez cedí yo y le lancé la pelotita despacio por el suelo para que la cogiese.
Ethan.
Atravesé la puerta y noté como la adrenalina crecía en mi interior. Respiré hondo. Momentos como este, hacían que me sintiese vivo.
Edén.
Recogió la canica con un suave movimiento y esta vez la que me dedicó una tímida sonrisa fue ella.
Ethan.
“Llegó la hora”, pensé respirando profundamente.
Edén.
Disparos. El corazón empezó a latirme con fuerza mientras observaba caras de horror y miedo a mi alrededor.
El tiempo se ralentizó, mientras oía gritos que parecían estar muy lejos.
Unos se tapaban la cabeza paralizados y otros miraban a su alrededor con los ojos desorbitados, sin comprender que pasaba.
Ethan.
- Escuchadme atentamente. Tiraros al suelo y no hagáis ninguna estupidez. Si nos hacéis caso no os pasará nada. Vamos a coger una cosa prestada y nos iremos. Os lo prometo,- dijo Eric en voz alta, intentando acallar los sollozos y evitar que la situación se complicase.
Era un plan sencillo. Entrar, coger el puto pendrive y salir.
- ¿Dónde está el director del banco?- gritó Ares- Traédmelo.
Esperé a que uno de sus lacayos viniese a por él, aunque lo tenía justo delante de mí. No aceptaba órdenes de nadie y menos de alguién como él.
- Por favor, por favor, no me hagáis daño. ¿Qué queréis?- preguntó mientras le llevaban agarrado con fuerza del brazo.
- Que colabores- me digné a hablar por fin- cámara 287. Queremos su contenido.
Palideció. Sabía a quién pertenecía la cámara 287.
- No puedo..yo..no puedo..-sollozó.
- No lo volveré a repetir- dije en un tono cortante.
Negó con la cabeza. Tenía más miedo al dueño de la caja que a unos tipos armados que entraban a robar en un banco.
Interesante.
El ruido de un disparo a mis espaldas hizo que me sobresaltara y me girase a tiempo de ver a Ares esbozar una leve sonrisa.
Estaba claro que disfrutaba con esto. Me volví hacia el cuerpo observando la marca de la bala que había impactado directamente en la frente.
Había sido una ejecución en toda regla. El cabrón había matado al que nos iba a abrir la puerta.
Perfecto.
La gente empezó a gritar y Ares disparó al techo intentando poner orden de nuevo. Eric intercambió una mirada conmigo de confusión y Liam me miró cabreado por la situación.
- Plan b- dijo Ares volviéndose. Apreté los dientes con rabia. No me gustaba este tío y no me gustaba no saber la existencia de un plan b- Acomodaros muchachos, esto va para largo- añadió.
Edén.
Respiré para tranquilizarme e intentar aclararme las ideas.
Había contado dieciocho personas. Armas automáticas. Cuatro salidas desde donde estaba yo. Cuarenta y dos rehenes.
- ¡Eh, Eh! ¡Tú! Te acabo de ver. ¿Qué cojones crees que haces?- gritó el que parecía mandar, agarrando a la madre de la niña por el pelo. La niña estaba llorando.
- Sólo...sólo intentaba.. tranquilizar a mi hija- dijo temblando. Apenas le salían las palabras.
- Tranquila querida, a la niña ya la tranquilizo yo- dijo agarrando a la niña tan fuerte del brazo que le hacía daño, con la intención de llevársela de allí.
Apreté los dientes y me levanté sin poder evitarlo.
Ethan.
- ¡Suéltala!- gritó una chica, con autoridad, poniéndose en pie. Tenía una mirada desafiante fija en Ares, la mandíbula apretada de rabia y los puños cerrados.
- Vaya, vaya - Dijo Ares comiéndosela con la mirada. - sabes.. también se como tranquilizarte a ti, no hace falta que te pongas celosa, ¿quieres que te lo enseñe?.
Y entonces me quedé perplejo.
- Ah.. ¿Entonces tienes algo que enseñar?. Quién lo diría- dijo con una sonrisa vacilona, de oreja a oreja, y una mirada desafiante.
Dios.. Era la sonrisa más bonita que había visto en mi vida. También era la chica más valiente.. o estúpida que había conocido jamás.
Edén.
La rabia se apoderó de su semblante mientras se dirigía hacia mí enfurecido.
Respiré profundamente. Bien. Era mi turno.
Ethan.
Lo supe. Esa chica estaba muerta pero, por segunda vez en menos de cinco minutos, volví a quedarme perplejo.
La chica le dió un golpe rápido, le quitó el arma, apuntó y apretó el gatillo sin dudarlo lo más mínimo. Ares estaba muerto. Pero no se quedó paralizada, no había ni un ápice de miedo en su semblante. Miró hacia las luces de arriba y empezó a disparar con decisión.
Todo se quedó a oscuras durante unos segundos, hasta que se encendieron las luces de emergencia.
Para sorpresa de todos, ella ya no estaba allí.