18. Arrepentimiento
Arrepentimiento
***GUY***
—Acabo de regresar de reunirme con...
Vacilé. Una docena de pares de ojos me observaban desde diversos puntos del vestíbulo del hospital.
Solo había los Cruzados a la vista. Habíamos fortificado esta posición para convertirla en nuestra base de operaciones.
No se permitía el paso de nuevos pacientes más allá del control policial.
Solo había logrado salir y regresar escabulléndome por un túnel habilitado por los purificadores.
Por si acaso se producía una invasión demoníaca o algo igual de apocalíptico. Todo muy posible en Hope City.
Necesitaba contarles lo que había visto. Lo que había hecho. Pero ¿lo entenderían? ¿Y acaso importaba?
—Una reunión con Victoria Kruger, del Sindicato Sanguineas...
Una cacofonía de voces estalló en cuanto pronuncié el nombre. Debería haberlo esperado. Incluso con todas las bajas, este seguía siendo un grupo alborotador. Nunca desperdiciaban una oportunidad para gritar y protestar. Incluso con Kat. Y a ella la respetaban.
—¡Ella mató a Ukwesaba! —grité por encima del estruendo. Eso los silenció.
Miré a mi esposa, que estaba al fondo. Había querido que estuviera a mi lado, pero estaba ocupada con Kat y había llegado tarde. Pero, incluso allí al fondo de la multitud, al mirarla a los ojos, me sentí un poco más fuerte.
—Ha matado al señor vampiro con la misma facilidad con la que nosotros aniquilamos zombis —continué—. Debido a esto, y porque no hay otra forma, hemos formado una alianza contra los Izingane Zegazi.
Silencio. Y entonces estallaron las discusiones. Muchos me llamaron estúpido. Oí cómo lanzaban palabras como ingenuo y traidor . Krieg estaba al fondo. Sacudió la cabeza y subió las escaleras. Probablemente para ir a decírselo a Brett. ¡Aquello iba a salir de maravilla!
Probablemente Kat habría dado algún discurso grandioso e inspirador para calmar sus preocupaciones. Para prepararlos para la Batalla. Tendría un argumento para hacerles entrar en razón. Y, si no, los haría sentir mejor al respecto. Aunque fuera un error...
Y quizá lo era.
Pero ya era demasiado tarde para volver atrás.
Yo no era Kat. Me di la vuelta y me marché, dejando que la multitud discutiera entre sí. Sentí que alguien me seguía mientras abandonaba el vestíbulo y aquella rabia frustrada.
—Pensé que oír que otro señor vampiro ha muerto les alegraría —dijo Cindy, alcanzándome y cogiéndome de la mano.
Se la apreté y suspiré.
—Un león no disfruta de una presa que no ha cazado él mismo. Odian a los vampiros. Yo también... pero...
Cindy me acarició la mejilla. La miré a los ojos. Sonrió para tranquilizarme.
—Hiciste lo que tenías que hacer.
—Brett se enfadará.
Cindy frunció el ceño con furia. —Brett no está en su sano juicio. Algo en su cabeza se ha quebrado. No estoy segura de que podamos arreglarlo hasta que Kat regrese. Pero estoy segura de que acabará entrando en razón.
—No lo sé, amor. Brett y yo... nos conocimos y forjamos un vínculo gracias a un odio mutuo. Y todavía lo tenemos. Pero creo... que he visto la necesidad de dejar de lado ese odio. Brett es mi hermano por muchas más razones que nuestro odio a los vampiros. Espero que lo sepa...
—Has madurado —dijo Cindy con picardía, como si se lo dijera a un niño.
—Gracias —sonreí levemente antes de volver a fruncir el ceño—. Pero no creo que mi hermano lo haya hecho. No todavía.
Miré hacia el vestíbulo. Los gritos eran más tenues ahora, amortiguados por las puertas del hospital. Pero seguían ahí.
—Seguirán luchando por ti —insistió Cindy, leyéndome el pensamiento.
—Lucharán por ella —corregí.
—Ella te dejó al mando por una razón. Una razón con la que estoy de acuerdo. Puede que ellos no lo sepan, pero has hecho lo correcto.
—¿Lo he hecho? Victoria es poderosa. Destruyó a Ukwesaba de un solo golpe. Jugó con él antes de eso.
Sacudí la cabeza. Todavía no podía creer lo que había visto. Un poder tan inmenso...
—Es un verdadero monstruo. No estoy seguro de si solo estamos cambiando un enemigo por otro. Siento que he hecho un trato con el diablo.
Cindy sonrió. —Bueno, por suerte para ti, tengo experiencia anulando documentos demoníacos.
Incluso con todo lo que estaba pasando, no pude evitar reír y abrazar a mi esposa. Me encantaba esa palabra. Esposa . Y me encantaba lo real que se sentía. No parecía un sueño. Estaba lúcido. Completamente. Y era maravilloso.
Pero la realidad de nuestra situación regresó. Suspiré.
—Sigo pensando que tal vez hubiera sido mejor que no me hubiera quedado. Todas estas pérdidas... y con Kat herida. Y este trato con Sanguineas. Quizá debería haber huido y no haberos arrastrado a todos a esto.
—Si hubieras escapado —respondió Cindy, con una frialdad que ocultaba la rabia en su voz—, no serías tú.
No serías el hombre al que amo. Nunca tuviste la intención de huir de tus problemas.
Si la hubieras tenido, te habrías ido hace mucho tiempo.
Pero no lo hiciste. Porque no importa lo que te dijeras a ti mismo, siempre planeaste terminar esto.
No por venganza, no por odio. Sino porque ese es el tipo de hombre que eres. Haces lo correcto.
No supe qué responder. Así que estreché más a mi esposa y dejé que ella me sostuviera.
—Además —dijo—, dos señores vampiro menos, solo queda uno. El final está a la vista, amor mío.
—Sí... ¿pero a qué precio?
Cindy no pudo responder.
Pero ya era demasiado tarde para arrepentirse de nada, me di cuenta. Ella tenía razón. El final estaba a la vista. La Luz, o la oscuridad, al final del túnel. Podríamos llorar a nuestros muertos cuando esto terminara. De nada servía arrepentirse de lo que no tenía remedio.
Así que estreché a mi esposa contra mí y juré protegerla. Costara lo que costase. Para siempre.