Noviembre 2017
El sueño no dejaba lugar a dudas. Un violento torbellino se cernía sobre Amanda recién nacida, mientras ella, desesperada, trataba de liberarse de las cadenas invisibles que la inmovilizaban, a solo unos metros de su hija.
No podía alcanzarla. El torbellino descendía lenta pero inexorablemente sobre el cuerpo rollizo y suave del bebé, y la garganta muda de Amparo era incapaz de conjurar hechizo de protección alguno.
Y justo cuando aquel tornado de oscuridad engullía el indefenso cuerpo de Amanda, ella se despertaba empapada en sudor, con el corazón desbocado y deshecha en lágrimas.
Amparo trató de ignorarlo, pero fue inútil. La tercera noche que se repitió fue suficiente para obligarla a tomar una decisión: tenía que actuar, y rápido.
Aunque nunca pensó que sería tan complicado.
Reunió los elementos y preparó el ritual para la siguiente noche de luna nueva.
No le costó recordar cómo crear el hechizo, como si todos esos años alejada de la magia no hubiesen menguado su poder.
Y las reticencias a volver a utilizar sus poderes eran menores que el deseo de proteger a su hija.
Dudó si llamar a Aurora. Por primera vez en veinte años, sintió que tenerla a su lado era mejor idea que tenerla lejos.
Pero veinte años es demasiado tiempo, y la fuerza de la costumbre, implacable.
Reconocer ante su madre que se había equivocado…
¿Qué iba a decirle? «Mamá, tenías razón, no ha servido de nada alejar a Amanda de Fene, ahora la oscuridad la persigue, y tarde o temprano va a encontrarla, y como es una bruja débil porque yo la he privado de formación es incapaz de enfrentarse al destino del que he tratado de librarla».
No. No pensaba hacer eso. Podía hacerlo sola. Iba a hacerlo sola.
Aurora supo que algo iba mal en cuanto sintió la primera punzada en la boca del estómago.
—Ya ha empezado —les comunicó a Anuncia y a Encarna por teléfono aquella tarde—. Va a ser esta noche. Tengo que impedirlo.
Anuncia y Encarna se ofrecieron a ayudarla, pero ella sabía que no podían hacer nada.
Y mientras Amparo conjuraba la oscuridad desde la trastienda de su herbolario en A Coruña con el objetivo de aniquilarla y así salvar a Amanda, Aurora trataba de impedir que su hija lo consiguiese desde el taller de la casa del clan Alén.
Amparo cayó primero, cuando las llamas rojas que asediaban la trastienda del herbolario consiguieron imponerse sobre el hechizo de control.
Aurora lo vio todo desde su taller. Y con el último hálito de vida que le quedaba, logró alejar la oscuridad lo suficiente para que no encontrase a Amanda. Al menos, no inmediatamente.
Pero ya era tarde.
Ambas brujas habían perdido la batalla. Y pronto Aurora perdería también la vida.
La nueva era oscura había comenzado.