Hijas de Lilith Agosto 2018 #4
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Agosto 2018 #4

—Que os dejasteis la puerta abierta, panolis, que esta mañana cuando me levanté estabais los dos muy acurrucaditos.

—Se gira para seguir removiendo el contenido de una cazuela, lo que no evita que su sonrisa se filtre en sus mejillas y que las nuestras sigan ganando color por segundos—.

Es una oficina rara, la verdad, pero oye, si para negociar os va bien, pues nada, adelante.

—¡Pero si me he levantado a las 7 y seguías en la cama! —suelta Indi. Esta mañana salió corriendo de mi cama en cuanto abrió un ojo, deduje que para tratar de evitar esta escena.

—Estoy embarazada de seis meses, Indalecio. Meo muchísimo. —Se gira para encararnos; la mirada llena de retranca—. Igual te conviene recordar esto para próximas ocasiones: mejor cerrar la puerta del despacho si no quieres que se sepa lo que pasa dentro.

El sarcasmo le sienta bien. Cocinar le sienta bien. El embarazo le sienta bien. Uxía rebosa vida y felicidad. Está pletórica, desbordante. Y eso casi me hace olvidar la vergüenza que estoy pasando. Casi.

—¿Qué es este despliegue culinario y por qué huele como si estuvieses cocinando un trocito de paraíso?

—¡Buena táctica para cambiar de tema! —Uxía aleja la olla del fuego y se gira hacia mí, la cuchara de madera todavía en su mano. —Esto, queridos míos, es mi nueva empresa.

—¿Perdona? —Indi frunce el ceño y se le marcan las arrugas de los ojos.

—Te perdono.

Indi pone los ojos en blanco ante el chascarrillo y yo suelto una carcajada. Uxía continúa.

—Me aburro. Quiero decir, está guay echarte una mano en el herbolario, pero no quiero pasarme el día charlando con señoras que necesitan remedios para los callos, la verdad.

Total, que el otro día coincidí tomando café con la directora de la residencia de ancianos, ya sabes, la señora esa que es amiga de la prima de mamá, y me comentó que estaban buscando un obrador de pastelería porque el que les servía hasta ese momento cerraba, y entonces pensé «oye,

pues yo podría hacer eso».

Así que esta mañana la he llamado y les he dicho que mañana les llevaré algunas muestras.

—Hace una pequeña pausa para coger aire y cruza los dedos—: Si les gusta, me daría de alta como autónoma y empezaría a trabajar en mi propio catering.

—¡Qué buena idea!

—¿Pero tú estás loca?

Mi exclamación y la pregunta de Indi salen prácticamente a la vez de nuestras bocas. Así que Uxía nos responde señalándonos con la cuchara.

—¿A que sí? —gira la cintura unos milímetros—. Y, no, no estoy loca.

—A ver, Uxi, montar un catering requiere permisos. Sanidad no es un hueso fácil de roer, y te recuerdo, por si se te había olvidado, que en unos meses vas a expulsar de tu cuerpo un bebé que, probablemente, no sé, digo yo, requerirá cuidados y atención.

—Ya lo sé, listillo. —Las manos ágiles de Uxía vierten una crema humeante en una manga pastelera—. Pero he pensado que igual Amanda podría…

—¡No!

—¡Sí, podría! —encaro a Indi con gesto severo—. Claro que podría, estoy segura de que daré con algún hechizo que nos ayude a agilizar los trámites administrativos. Y cuando el bebé nazca, yo misma puedo echar una mano. Y seguro que hay algún conjuro para ayudar a criar bebés, o algo así.

—¡¿Pero estáis locas, o qué os pasa?!

—¿A qué viene tanto agobio? Ella está de acuerdo en intentarlo, tío, no le estoy pidiendo que resucite a Franco, sino que me ayude a agilizar la burocracia, no lo veo tan descabellado, ¿no?

—No, claro que no. —Le hago un gesto de calma a Indi y devuelvo a Uxía la sonrisa amplia y sincera con la que me está alumbrando—. Tú ocúpate de preparar unas tartas deliciosas. Mañana investigaré, seguro que encuentro algo que nos ayude.

Uxía aplaude dando saltitos y retoma su tarea de rellenar los bizcochos que han invadido la encimera.

—Indi, ¿me ayudas con el tema del taller?

—¿Qué? —el desconcierto de Indi no pasa desapercibido a Uxía, que responde sin siquiera girarse.

—Que necesita que hagáis unas gestiones, que las de anoche y las de esta tarde no fueron suficientes. Anda que… ala, marchaos, marchaos. De cenar hay fiambre, eh, os aviso ya de antemano, que tengo lío.

Uxía retoma la tarea de canturrear, rellenar pasteles y bailar por la cocina, esta vez al ritmo de Miley Cyrus, mientras yo tiro del brazo de Indi hacia el salón.

—Amanda, no creo que sea buena idea.

—Pero lo es.

—Ah, ¿sí?

—Se trata de que aprenda a controlar mi poder, ¿no? Y de mantener bajo control la magia oscura. Así que cuanto más use la magia de luz, mejor.

—¿Y manipular la administración pública en tu beneficio es magia de luz? —Ladea la cabeza con una condescendencia que me espanta.

—Ayudar a mi amiga es magia de luz, eso seguro —digo entre dientes—. Y, en cualquier caso, practicar e investigar es lo que se supone que tengo que hacer.

Indi suspira mirando al techo, con los brazos cruzados.

—No te estoy pidiendo permiso. —Sueno más cortante de lo que esperaba, y su mirada dolida me lo deja claro.

—No era eso lo que… —Sus hombros caen pesadamente—. Todo esto me da miedo, Amanda. La profecía de los cojones, todo lo de Gonzalo, la locura que estamos viviendo, Uxía embarazada… es demasiado. Estoy esperando sufrir las consecuencias de un momento a otro.

Doy un paso hacia él y le acaricio el brazo desnudo. Su piel es cálida y tiene el color del caramelo fundido tras casi tres meses de verano infinito y suave.

—Estoy bien. Tú mismo lo dijiste al salir del coche, ¿verdad? Que voy a conseguirlo. Será más fácil si me ayudas.

Noto cómo su piel se eriza bajo mi tacto, una corriente sutil circulando entre nosotros.

—Échame un cable con los hechizos mientras Uxi termina en la cocina, ¿vale? Seguro que con el conjuro correcto mis terrores nocturnos mejoran, ya lo verás.

Pero no mejoran Ni siquiera un poco.