Enero de 2018 #3
—Llevo tiempo pensando en diversificar, invertir en algún otro negocio, y como esta —señala a Uxía y ella se lleva la mano al pecho con falsa ofensa— no parece tener intención de abrir el catering que todos sabemos que debería abrir,
creo que invertir en una tienda de cosmética natural es una buena alternativa.
—¿Estás ofreciéndote a ser mi socio?
—Socio capitalista. El negocio lo llevarías tú, no voy a meterme en cómo lo gestionas, solo me ocuparé de aportar parte del capital inicial y de la reforma del local, y recibiré los dividendos correspondientes. Es un buen negocio.
—¿Pero tú sabes cómo va eso?
—Claro que lo sé. Cuando monté mi estudio conté con un socio. Eso me facilito mucho arrancar. Hace unos años, al consolidarse el negocio, le compré su parte. Podemos hacer lo mismo.
Miro a mi alrededor algo abrumada.
Esta casa fue el centro de mi vida hasta los nueve años.
Aquí es donde crecí, pero llevo demasiado tiempo alejada.
Durante las últimas horas, todos mis recuerdos de la infancia están empezando a recolocarse para formar un puzle muy diferente al que recordaba.
Las tardes ayudando a la abuela en el taller hasta que mi madre lo prohibió; las vecinas que aparecían en un goteo constante de visitas rápidas; Encarna y Anuncia flanqueando a mi abuela en cada visita.
Todo tiene ahora una luz nueva, más nítida y, a la vez, tenue. Una luz desconcertante.
Mientras mi cabeza trata de asimilar y gestionar las novedades, la gata salta sobre la mesa y comienza a restregar su lomo tricolor, suave y cálido, contra mi cuerpo.
Y entonces lo tengo claro.
—¿Qué? ¿Qué dices? —Indi interrumpe el hilo de mis pensamientos con una voz que es mitad miedo, mitad esperanza. Cojo a la gata en brazos y la acaricio mientras comienza a ronronear.
—¿Podrías colocar un lavaplatos en la cocina? No pienso quedarme a vivir en una casa sin lavaplatos.
***
El local del amigo de Indi está céntrico, como prometió, aunque es evidente que esa «pequeña reforma» a la que aludió el otro día no es tan pequeña.
Aun así, el precio del alquiler es ajustado, las condiciones y la carencia hasta la apertura del negocio razonables, y tras el segundo café con los papeles frente a nosotros, Indi me ha convencido de que podría tener la reforma lista antes de marzo sin problema.
—Es mucho más sencilla de lo que parece, créeme. Dos meses es tiempo más que suficiente. —Da un último sorbo a su segundo cortado y concluye—: Yo me ocupo del local, tú de los permisos, las licencias y esas cosas.
—Indi, aún no hemos constituido la empresa, no voy a dejar que empieces a trabajar sin tener claros los costes.
—Eres pesadísima, de verdad —su tono es serio, pero un hoyuelo travieso en su mejilla derecha delata la sonrisa que quiere ocultar—, pero vale, me parece bien, hablaré con Mateo.
—No tengo ni idea de quién es Mateo.
—Un amigo. —Levanto las cejas en un gesto que quiere decir «cómo no, otro amigo»—. No me pongas esa cara, es notario, nos conocimos cuando estudiábamos en A Coruña. Tiene el despacho en Ferrol. Lo llamaré esta noche, que me diga qué necesitamos y cuándo podemos acercarnos a formalizar la empresa.
—Vale —el café se me ha quedado frío y no me apetece terminarlo, así que doy vueltas a la cucharilla sin demasiado interés—, me parece perfecto. Quiero tenerlo bien atado.
—No te hacía tan clásica, Amanda. —Su sonrisa me obliga a imitarlo, es algo superior a mí.
—No lo soy, pero me gustan las relaciones transparentes. Las cosas claras. En los negocios, digo.
—Ya, en los negocios, claro.
El resto del día lo paso en casa, trasteando en el taller de la abuela, intentando replicar remedios, pócimas y ungüentos con éxito relativo, hasta que una de las soluciones de hierbas, presuntamente destinada a alejar los pensamientos intrusivos,
termina siendo una especie de slime con tropezones bastante desagradable.
Entonces decido dejar el taller y centrarme en la parte más práctica de la vida, la que me ayudará a montar el negocio.
A la hora de cenar tengo ya lista casi toda la documentación que voy a necesitar y las primeras formulaciones esbozadas.
Trina no ha dejado de perseguirme por la casa, acurrucándose a mis pies, restregando su lomo contra mis piernas o durmiendo sobre mi regazo mientras tecleo sentada en el sofá de la sala.
Es como si la gata quisiese asegurarse de que mi decisión de quedarme aquí es permanente.
Y sé que es extraño, pero la idea de irme, que hasta hace unas semanas parecía definitiva, se me antoja ahora ridícula e imposible.
De alguna manera, la visita a Betsabé ha cambiado la perspectiva de mi vida, y aunque no todo está claro, hay algo irrefutable: yo sí estoy donde debo estar.
Estoy a medio bocado de terminarme la tortilla de jamón y queso que me he preparado para cenar cuando mi teléfono empieza a vibrar.
22:02 Indi: Dime qué te parece
Tras ese mensaje, la pantalla se llena de adjuntos. Hay dos pdf, unas cuantas imágenes y un archivo de Excel.
22:05 Amanda: Espera, voy a abrir el portátil, sospecho que los adjuntos requieren pantalla grande.
22:06 Indi: Sí, sí, mejor en pantalla grande.
Tardo un par de minutos en arrancar mi viejo ordenador y otros cinco en revisar lo que Indi me ha enviado.
El primer pdf es un plano de la reforma del local, que incluye un cambio de ventanas y suelo, carpintería en la trasera del mostrador, todo a medida; mover el tabique de la trastienda para ampliar la zona de venta, y algunas cosas más que no entiendo bien pero que tienen que ver con el cableado.
El segundo pdf es un cronograma de trabajos, demasiado optimista en mi opinión, que contempla tener la reforma lista a mediados de febrero.
Las fotografías son en realidad capturas de pantalla del AutoCAD con el que Indi ha recreado el aspecto final del bajo.
Al abrir la primera, me asombro. Es un local pequeño y precioso, con un escaparate de carpintería en madera clara y una puerta de hoja y media.
No se parece en nada a lo que hemos visto esta mañana.
Abro la segunda imagen y me encuentro con un suelo hidráulico de diseño irregular e hipnótico, un mostrador con la misma madera que la puerta y el escaparate, y, detrás, una estantería de madera a medida con deliciosas hornacinas en la parte alta.
Tiene una aire a botica antigua, pero mejor.
Con más luz, más espacio y más funcional, pero manteniendo la magia de esos espacios decimonónicos llenos de remedios naturales y frascos de cerámica ilustrados.
Creo que me he enamorado.
Respiro profundamente, con la mano sobre el diafragma, tratando de contener la emoción, y abro el último documento. Es el Excel con el presupuesto de la obra desglosado, una cifra mucho más baja de lo que esperaba.
22:13 Amanda: ¿A este Excel no le faltan ceros?
22:14 Indi: ¿Qué te parecen las baldosas del suelo? Creo que tengo un proveedor que nos las deja baratísimas, pueden quedar genial, ¿no te parece?
22:15 Amanda: ¿Has leído mi mensaje, Indi?
22:15 Indi: ¿Y tú el mío, Amanda?
22:17 Amanda: Si de verdad vamos a hacer esto, quiero hacerlo bien. Lo digo en serio. Rehaz el presupuesto, pon la cifra correcta, los dos sabemos que no es esa. Sea cual sea la aceptaré, y esa será tu participación en el negocio. Fin.
22:18 Indi: Eres pesadísima.
22:19 Amanda: Eso ya me lo has dicho antes.
Trina se encarama sobre mi regazo y se convierte en un ovillo de pelo y ronroneos; luego me muestra la panza para que se la acaricie.
22:20 Amanda: Te dejo, tengo una bola de pelo sentada encima exigiendo mimos y escribir con una sola mano es complicado. Rehaz el presupuesto, y llama a tu colega. Que te diga cuándo podemos acercarnos a formalizarlo todo. Creo que ya tengo todos los papeles necesarios.
22:22 Indi: Jesús, eres una jefa de lo más exigente.
22:23 Amanda: Socia.
22:23 Indi: Socia. No suena mal.
22:24 Amanda: No, no suena mal.
22:26 Indi: Por cierto, socia, mañana a las 10:30 se pasará Teo con un par de chicos del equipo a colocarte el lavaplatos. Igual te lían un poco la cocina, pero prometo que cuando acaben ni notarás que han estado allí.
22:28 Amanda: ¿Qué? Pero si no he comprado el lavaplatos aún. ¿Dónde lo van a poner?
22:30 Indi: Pues debajo del fregadero, que ya hay hueco, solo hay que quitar las puertas del mueble, hacer un par de chapucillas y encastrarlo. Pan comido.
22:31 Amanda: Pero vamos a ver, ¿y cómo saben que encaja, si no les he dicho el modelo que voy a comprar?
Indi envía entonces una foto de un lavaplatos sencillo, amplio y moderno.
22:32 Amanda: ¿Y esto?
22:34 Indi: Es un regalo.
22:35 Amanda: Los socios no se hacen regalos.
22:36 Indi: Pero los amigos sí, y Uxía insistió mucho en que un buen lavaplatos facilitaría que te quedases. Así que es nuestro regalo para evitar que te eches atrás.
22:37 Indi: Ala, ocúpate de Trina y no te acuestes muy tarde, que mañana vamos a tener lío.
22:38 Amanda: Gracias. De verdad.
22:39 Indi: De nada, socia.
LA OSCURIDAD