Hijas de Lilith Diciembre de 2017 #4
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Diciembre de 2017 #4

Tras el filme adhesivo, dos mujeres jóvenes sonríen a la cámara con sendos vestidos floreados y las melenas sueltas y onduladas.

Muy estilo años cincuenta o sesenta. Una debe de tener unos veinte años, la otra es algo más joven.

Se parecen, pero la mayor es morena y la otra rubia.

Ambas están sentadas en un banco de piedra frente a un ventanal bajo de contraventanas de madera, encajado en una fachada encalada por la que trepa una buganvilla.

Tardo unos segundos en reconocer el banco de la fachada posterior de la casa de mi abuela.

En el mismo instante en que reconozco su rostro ya no tengo ganas de reír.

—De jovencitas éramos clavadas.

Levanto la vista de la fotografía, desconcertada.

—¿Eres hermana de mi abuela?

—Así es. —Echa mano de una pitillera de sobremesa situada en el mueble auxiliar—. Su hermana pequeña, claro.

—Pero… creía que mi abuela no tenía hermanos.

—Un relato tan conveniente —dice encendiendo el cigarrillo con desgana— como falso, a todas luces.

—Pero ¿por qué iba la abuela a ocultar algo así?

—Digamos que Aurora y yo no éramos precisamente uña y carne. Bueno, lo fuimos, claro, hasta que nuestra madre murió y tu abuela eligió convertirse en una segunda madre.

—¿Os distanciasteis?

—Podría decirse así. —Betsabé da una honda calada al cigarrillo y expulsa el humo con lentitud—. Amanda, los poderes de las mujeres de esta familia son complicados de manejar, pero son… no sé cómo calificarlos, la verdad. Inconmensurables… Y con la destreza necesaria, podemos obtenerlo todo, ¡todo!

Dice esto último señalando a su alrededor con un gesto opulento.

—A mí me interesaba ahondar en esas posibilidades. Descubrir nuestro potencial, pero Aurora no quería desafiar las convenciones sociales, las tradiciones. Y no sabes cómo de rígidas y aburridas eran esas tradiciones en los sesenta en un pueblo como Fene, querida. Insoportable.

Niego con desesperación. Empiezo a notar un pinchazo de migraña en el fondo del cerebro. Esta conversación está a punto de volverse ridícula.

—Por el amor de dios, ¿por qué insistes en lo de los poderes?

—Oh, querida, porque son reales, muy reales.

Ve la incredulidad en mi mirada y sonríe de medio lado. Acto seguido, alarga las manos sobre el tapete para sostener las mías con suavidad.

—¿Cómo demostrártelo? Tal vez si te cuento lo que sé… por ejemplo, sé que has arreglado la casa con la idea de venderla, pero que en realidad estás pensando en quedarte.

—Bah, yo misma te dije que iba a arreglarla, y no estoy pensando en quedarme, eso no…

—Vamos, Amanda, las dos sabemos que sí. Y también que el chico de ojos oscuros que te espera en el portal tiene algo que ver con ese cambio de decisión. ¿Cómo se llamaba? Ah, sí, Indalecio, ¿verdad?

Empiezo a cabrearme.

—Eso puede habértelo dicho cualquiera. Todo Fene sabe que somos amigos de la infancia, no es tan raro que me haya acompañado hoy.

—Cierto —concede—, pero lo que nadie ha podido decirme es que anoche la oscuridad intentó volver a la casa, y casi lo consigue, ¿verdad, Amanda?

¿Qué es lo que ocurre en el dormitorio de tu madre, querida?

¿Tal vez hay algo putrefacto que no logras que se vaya, que regresa una y otra vez con más fuerza?

Me da dos palmaditas en las manos antes de soltarlas, apura su vermú y, acto seguido, se incorpora y se sirve otro vaso.

—¿Cómo…?

—¿Cómo sé eso? Del mismo modo que supe el momento exacto en el que murió mi hermana, Amanda. Forma parte de mi don. De nuestro don —dice mirándome a los ojos—. Querida, no has probado tu vermú, el hielo lo habrá aguado. Espera, te serviré otro.

—¡No quiero vermú, lo que quiero es una explicación! ¿Por qué me llamaste de madrugada para citarme hoy? ¿Qué demonios quieres?

—Tranquilizarte, querida. Te llamé porque sabía que necesitabas respuestas, y quería proporcionártelas.

En cuanto supe que la oscuridad había vuelto a intentar establecerse en esa casa, tomé la decisión, pero esperé a la madrugada para no interrumpir vuestra pequeña celebración.

Celebrar el año nuevo es importante, Amanda.

Sobre todo, este: una nueva bruja ha regresado a sus raíces.

Suspiro y me aprieto las sienes intentando frenar el dolor de cabeza. Siento que la habitación empieza a encogerse, a replegarse, amenazando con aplastarme entre las paredes empapeladas. Tengo la sensación de estar viviendo en una pesadilla lúcida y febril.

—Amanda, no importa cuánto te resistas. Tus poderes son parte de ti, tú eliges si quieres usarlos o malgastarlos, pero déjame decirte que la experiencia ha demostrado que usarlos es mucho, muchísimo mejor.

—El gesto amplio de sus manos vuelve a mostrar la opulencia de la estancia—.

La oscuridad que habita esa casa existe, quieras tú o no.

Tú eliges si combatirla o convivir con ella.

Y, te lo advierto, hace falta mucho, muchísimo poder para luchar contra ella.

Tu abuela murió por negarse a aceptarlo, pero tranquila…

—Betsabé se acerca hasta mí y me acaricia la mejilla—.

No permitiré que eso te pase a ti. Estoy aquí, Amanda, no te dejaré sola en esto.

Siento el impulso de levantarme e irme, pero entonces Betsabé pronuncia unas palabras muy extrañas que no comprendo… Y todo cambia.