Hijas de la Sierpe Capítulo 45
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Capítulo 45

L levaban buen ritmo gracias a la actitud positiva después del triunfo contra las Sirenas de la Bruma. Hasta Ionwen parecía llevar mejor su miedo a las alturas y bajaba a tal velocidad que era difícil seguirla. Además, hablaba demasiado rápido. Como si estuviera…

—Noma. —Se atrevió a preguntar Nisa cuando esta se puso a su lado y vio una sonrisa traviesa en ella—, le has hecho algo, ¿verdad?

—¿Yo? Cómo se te ocurre.

—¿Os imagináis un mundo en el que llovieran ranas? ¡Sería la hostia! ¿Os lo imagináis? ¿Y si fueran ranas de chocolate? ¡PAM! —gritó la alquimista en el oído de Banon—. ¡EL PARAÍSO EN LA TIERRA!

—Creo que voy a tener que pedirle prestado el aparato ese del oído —contestó esta sacudiéndose la oreja dolorida.

—¿Te imaginas que llegara un día en que Noma no drogase a nadie? Quizá sería más probable lo de la lluvia de ranas.

La bruja había alcanzado a Banon y empezó a hablarle sin pensarlo.

La mercenaria se mantuvo en silencio y parecía más perdida que de costumbre.

Miraba alrededor viendo cosas que se le escaparían a una mente menos perturbada.

Nisadra había dejado de sentir la fuerza del sello, lo que probablemente se debía a que estaba tan débil física y mentalmente que ya no era capaz de percibir el origen de su debilidad.

Siguió caminando junto a la líder de las Hijas de la Sierpe, viéndola deslizarse con dificultad por los estrechos caminos que descendían la montaña, sujetándose las costillas, pareciendo más pequeña que nunca…

Y de repente pensó en lo fácil que sería empujarla y acabar con todo.

Podría decir que había sido un accidente, Banon tenía muy mal equilibrio…

Pero, ¿cómo podía pensar algo así? ¿Sería capaz de matar a Banon después de todo lo que habían pasado juntas?

¿Podría vivir en un mundo sin ella y cargando con la culpa de su muerte?

Aunque hubiesen estado separadas tantos años, ella sabía que seguía con vida y que, en cualquier momento, volvería a aparecer.

Recordó entonces cómo se había sentido cuando notó su presencia en Myrenias y la decepción que le sobrevino cuando su mente le dijo que era una casualidad, que no venía en su busca.

Pero si Banon no estuviera, el sello habría muerto y la magia volvería a la normalidad.

Ella podría ser la poderosa bruja que había sido antes.

Podría volver a sentir el mundo, a liberar las llamas de su interior sin miedo, a despojarse de esa quemazón que tenía dentro cuando no hacía uso de ellas.

Y lo haría sin miedo a sufrir dolores indescriptibles. Podría mantenerse joven para siempre.

Sería tan fácil.

Al avanzar por el barro, la bota de Banon cedió y esta perdió el equilibrio. De forma instintiva, Nisadra estiró el brazo y la sujetó a pocos pasos del vacío y la empujó de nuevo hacia dentro. Esto le provocó un dolor terrible en la herida del abdomen.

—Gracias —alcanzó a decir.

—¿Lo dijiste en serio? —preguntó la bruja, y al ver la cara de sorpresa de Banon continuó—: Lo de enseñarme tu granja. ¿Lo dijiste en serio?

Banon se quedó apoyada en el muro de piedra contrario al precipicio con la respiración acelerada. El resto del grupo había seguido avanzando y ni siquiera se habían dado cuenta del resbalón. Había desaprovechado la ocasión perfecta.

—Claro que lo dije en serio —afirmó la mercenaria cerrando los ojos con fuerza. Le temblaban las piernas—. Me encantaría que vinieras.

Nisadra se sonrojó. Decidió adelantarla aprovechando el momento de debilidad para que no la viera. Una alegría muy poco común la embargó. Idiota, idiota, idiota. Quiso abofetearse, pero se limitó a acelerar el paso.

—¿A dónde vas, bruja loca? —gritó Noma cuando la dejó atrás, apartándola de un empujón.

—A saber qué le habrá pasado. —Ion se encogió de hombros. Tenía las pupilas inusualmente dilatadas—. Seguro que se está meando. ¡Démosle intimidad!

Nisadra siguió bajando a la velocidad que le daban sus piernas malheridas y agotadas.

¿Por qué se sentía así? Banon siempre había sido un desahogo sexual, un instrumento con el que conseguir sus objetivos.

Nunca había sentido ningún tipo de apego más allá de la utilidad que tenía; pero ahora…

¿Qué significaba ese ritmo acelerado, ese cosquilleo en la boca del estómago?

¡Maldita sea, esa mujer era la causante de todos sus sufrimientos!

¡Y además la había abandonado! Nisadra estaba en todo su derecho de odiarla, de querer matarla y, sin embargo…

— ¿A qué estás jugando? —La voz de Drakta retumbó en su cabeza con tanta potencia que le hizo perder el equilibrio—. Sigo a la espera de noticias tuyas y ya me he cansado. ¿Dónde demonios estás?

«Ahora que tus mercenarias han fracasado vuelves a mí, eh», pensó la bruja.

—¿Cómo has…?

— Te recuerdo que estás hablando con la líder del Cónclave de Oradea. Yo lo controlo todo, hasta a ti. Dime, ¿dónde estáis y cómo coño escapó esa mujer de un campamento lleno de mercenarios?

—No sabría decirte dónde estamos —susurró la bruja—, nos perdimos.

— Claro, os perdisteis. ¿Y no sabrás tú, por casualidad, dónde está mi puñetero sello? Creía que te había liberado para que te encargaras de eso y no para que te fueras de viaje de jubilación con tus antiguas compañeras de trabajo.

—Estoy en ello, ¿vale?

Nisadra buscaba de reojo a sus compañeras cada vez que hablaba. No había ninguna a la vista, pero no podía evitar sentir que Noma la vigilaba desde la distancia.

— Banon tiene nuestro sello, Nisadra, y si no te quiere decir por las buenas dónde está, tendrás que sacárselo por las malas —gritó esta vez haciendo que la bruja se llevara la mano a los oídos—. Última oportunidad: te doy siete días. Si en siete días no sé nada de ti, te consideraré mi enemiga.

Esta última frase le produjo un escalofrío que le subió por la espalda y se posó en la marca del cuello.

—Eh, idiota, ¿va todo bien?

La sacerdotisa apareció a su lado y le dio un puntapié con suavidad. No dolió el contacto físico, pero sí el barro, frío y viscoso, que se le había adherido a la pierna.

—Sí.

—¿Seguro? Tienes una cara de culo que no puedes con ella. —Se encogió de hombros—. Más de lo normal, tú me entiendes. Siempre tienes esa cara. Siempre, salvo cuando estás con Banon y nadie te ve. Ahí hasta sonríes.

Siguió avanzando con rapidez para librarse del interrogatorio.

—Sé lo que estás haciendo —le gritó Noma. Esto hizo que Nisadra se parara en seco.

—¿Y qué estoy haciendo? —Se giró.

—Sé lo que sientes por ella.

Por un momento resopló con alivio, hasta que fue consciente de lo que le estaba diciendo en realidad.

—Sé que estás enamorada de ella y estás cagada.

—No es cierto.

—¡Venga ya! Vete a contarle mentiras a otra. Yo te conozco, aunque hayas intentado que no sea así. —Noma se acercó y bajó la voz—. Nunca has dejado que nadie entre en esa fría capa de escamas que te recubre, en ese… exoesqueleto, podríamos llamarlo. Como esa cosa rara que tienen los insectos…

—¿El objetivo de esta conversación es insultarme?

—El objetivo es que te des cuenta de una vez de lo que te está pasando y dejes de huir. —Le dio un golpecito en el hombro—. La quieres y eso no es malo. Estaría bien que lo hablarais.

—Ella no siente lo mismo, su prioridad es el sello.

Era la primera vez que se permitía ser sincera del todo ¡y en voz alta! Enseguida se arrepintió de haberlo hecho, pero esa era otra de las habilidades de Noma: conseguía que todo el mundo sacara sus secretos más oscuros.

—Venga ya, Nis. ¿Has visto cómo te mira?

—La imitó poniendo ojos tiernos y fingiendo que se limpiaba la baba.

La bruja no pudo evitar reírse—. Esa gigantona está loca por ti, pero es demasiado idiota para hacer nada.

Ya sabes cómo es, ese rollo del sentido del deber que siempre ha tenido.

¡Por las tetas de Phi’Ri, todavía no sé ni cómo se hizo mercenaria!

—Le gusta mucho lo de matar.

—Sí, y se le da muy bien —afirmó.

—Y no es que sea demasiado piadosa…

—¡Bueno, vale! No es una santa, ¿y qué? Siempre te ha seguido como un perrito faldero y lo peor es que tú también la has seguido a ella. Sois como dos chuchos que persiguen la cola del otro.

Intentó hacer un gráfico con las manos, pero le salió algo muy extraño e incluso obsceno.

—La cuestión es —continuó, sacudiendo las manos para eliminar cualquier imagen— que deberíais dejaros de tonterías.

Puede que, cuando acabemos con toda esta mierda, podáis encontrar un momento para vosotras.

Ya no habrá sello ni nada así de por medio.

Quizá podamos volver a ser las Hijas de la Sierpe.

Nisadra se dio la vuelta y siguió caminando. La sacerdotisa decidió quedarse quieta y dejarle un poco de espacio. La conocía demasiado bien y sabía hasta dónde podía llegar, y por eso la odiaba y la quería tanto a la vez.

«¿Querer a Noma? ¿También? Pero, ¿por qué estoy tan sensiblera?» pensó.

Sacudió la cabeza y agradeció que Drakta no pudiera leer las tonterías que se le estaban pasando por ella.