Hijas de la Sierpe Capítulo 35
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Capítulo 35

—J oder, que alguien me pase un cuenco de canela con gachas, por favor —dijo Noma incorporándose con dificultad—. Menuda cogorza me cogí anoche. ¿Qué nos metimos?

—Nada —añadió Ion—, al menos yo. Tú te flipaste que no veas con ese rollo de la genio y te marcaste un baile erótico.

—¿Un baile erótico? ¿Qué estuvisteis haciendo? —preguntó Nisadra, que no pudo contenerse a pesar de los esfuerzos por mantenerse aislada.

—Noma dijo que iba a pedir ayuda a su diosa, pero se ve que no llevaba el cúclum lo suficientemente lleno. ¿Quieres que te mee en un vaso, te lo bebes y volvemos a probar? —dijo Banon con una sonrisa maliciosa.

—Es cáclum , Banon —le contestó la bruja—. Y la única que lo tiene bien lleno de pis aquí eres tú.

—Tal vez debería haber hecho el baile erótico Banon —soltó Ion riéndose a carcajadas.

—¿Banon bailando? Por la diosa, si tengo que ver eso… matadme antes. —Noma se incorporó tambaleándose y cogió el cuenco que le ofrecía la alquimista, no sin antes darle un beso en la frente.

—Sois todas muy graciosas, de verdad —contestó la mercenaria. Se levantó y le quitó el cuenco que quedaba a Ion, mientras le enseñaba el dedo—. Y hablando de todo un poco, ¿qué era todo ese rollo que soltabas con el baile, Noma?

—Nada —contestó metiéndose las gachas en la boca.

—Ese nada no suena a «nada» precisamente —dijo Nisadra.

Noma suspiró.

—Es una oración de súplica en… —Silencio—. En odoku .

—¿ Odoku? —preguntó Banon alzando una ceja.

Ionwen escupió todas las gachas que se había metido en la boca acompañadas de babas que quedaron colgando de su mentón.

—¡ES EL IDIOMA DE LOS GENIOS! —gritó entre carcajadas.

—No me lo puedo creer. —Nisadra negó con la cabeza y se llevó la mano al puente de la nariz—. ¿Phi’Ri es un djinn ? Sabes que son malvados, ¿verdad?

—Da igual, ¿vale? —Noma se puso en pie—. No ha funcionado. ¡Al menos yo he propuesto e intentado algo! ¿Qué habéis hecho vosotras?

Hubo silencio y todas aprovecharon para llenarse la boca de gachas y pensar. Podían seguir viajando hasta que se les ocurriera algo, lo importante era no parar de moverse para que el Cónclave nos las encontrara. No era un gran plan, pero les daría algo de tiempo.

—Podemos…

— Debéis viajar al Bosque Perdido, donde los búhos anidan sobre las nubes.

La voz había salido de la boca de Noma. Sin embargo, era masculina y parecía proceder del interior de una cueva.

—¿Noma? —preguntó Ion que se separó de forma considerable de su amiga.

—¿Qué?

—Has hablado… raro —dijo Banon.

—Yo no he sido. —Negó con la cabeza —. Sí que has sido tú.

Nisadra se levantó de golpe.

—¡REMIGIUS!

—Nisadra, estás gritando. ¿Tú también tienes el oído mal? Deberías pedirle a Ion que te haga un cachivache de esos.

—¿Qué cojones está pasando? —Banon también se levantó de golpe y se alejó de Noma, que era la única que no parecía percatarse de lo que estaba pasando.

—Es la voz de Remigius —añadió Nis.

— Al final me habéis fastidiado bien —soltó la voz que salía de Noma.

La sacerdotisa seguía comiendo y hablando con la boca llena sin darse cuenta de nada.

—¿Qué has querido decir con lo del bosque y los búhos? —preguntó la bruja acercándose poco a poco.

— Debéis viajar al Bosque Perdido, donde los búhos anidan sobre las nubes. ¿No queríais saber qué hacer? Pues ahí tenéis: id al Bosque Perdido, donde los búhos anidan sobre las nubes. Y no diré más.

—Pero, ¿eres Remigius? —añadió Banon acercándose desconfiada.

— Que sí, devoradora del sello. ¿Es que ya no recuerdas la voz del mayor mago de la historia? —dijo la boca de Noma escupiendo avena en todas direcciones.

La sacerdotisa se quedó quieta y levantó una ceja.

—Espera —exclamó—, ¿eso ha salido de mí?

—¡NOMA ESTÁ POSEÍDA! —gritó Ion saltando de su asiento—. Esto lo leí en un libro, hay que bañarla en agua bendecida por diez sacerdotisas del templo de los mares del norte y cortarle las plantas de los pies para que el demonio salga por ahí. ¡Sujetadla que yo me encargo!

—¡No, para, para, Ion! —Banon tuvo que lanzarse sobre la alquimista para sujetarla. Ya tenía el cuchillo desenvainado y se disponía a hacer un exorcismo como la Tejedora mandaría.

—Ahora lo entiendo. —Noma se levantó de golpe—. Phi’Ri me ha metido el espíritu de Remigius dentro. Yo le pedí que lo trajera ante mí y ella… ¡Qué hija de perra!

—Ya te dije que los djinn son malignos —soltó Nisadra cruzándose de brazos—. Debió de parecerle divertido.

—Al menos ahora sabemos a dónde ir —dijo Banon, que seguía sujetando a Ion.

—Entonces, ¿hacemos el exorcismo o no?

—No, Ion. —La mercenaria la soltó y le dio unos toquecitos en la cabeza—. Necesitamos que Noma siga poseída para hablar con Remigius.

—Una sacerdotisa de Phi’Ri poseída. —Noma negaba con la cabeza—. Mi cuerpo es mi templo y ha sido corrompido por un espíritu ajeno. No decías lo mismo cuando te metías todas esas setas alucinógenas.

Noma se tapó la boca.

—El Bosque Perdido no está muy lejos de aquí —dijo Nisadra recogiendo sus cosas a gran velocidad—. Solo tenemos que bordear la montaña atravesando el acantilado.

Se agachó tan rápido a recoger la capa que se mareó. Todavía no estaba del todo recuperada. Dio un par de tumbos, pero enseguida tuvo a Banon a su lado, sujetándola por el brazo con delicadeza.

—¿Te encuentras bien? Podemos esperar un poco.

Nisadra le quitó el brazo de un tirón.

—Estoy bien —sentenció con la mirada cargada de ira.

Parecía que Banon se había olvidado de la discusión que habían tenido. Actuaba de forma extraña y la miraba con ojos curiosos, como si estuviera analizando cada respiración que salía de su boca.

—¿Qué os pasa? Estáis más raras de lo normal.

—Nada —contestó Noma incorporándose y ayudándola a recoger—.

Que son idiotas, eso les pasa. Vámonos de aquí antes de que Remigius se ponga tierno y empiece a rememorar gilipolleces.

¿Quién te crees que soy? ¿Un quinceañero?

Soy un gran mago… Que sí, que ya sabemos lo importante que fuiste y todo ese rollo.

¿Quieres parar? Por las tetas de Phi’Ri, voy a tener migraña hasta el fin de mis días.

Pues espero que no recurras a sustancias perniciosas.

¡Yo jamás usaría esas tonterías!… ¡Vámonos de aquí antes de que mate a alguien!

Nisadra tuvo que detenerse para poder seguir el hilo del monólogo de la sacerdotisa. Ahora sentía la mirada del mago en Noma, como retándola a intentar algo con el sello. Noma siempre había sido una molestia, pero ahora su capacidad de sacarla de quicio se había multiplicado por mil.

Recogieron los bártulos y salieron de allí, aunque no sin antes escuchar un soliloquio del espíritu del mago sobre el destrozo que habían provocado en su sala de estudio, la cual debía estar perfectamente conservada y utilizada como museo, blablablá.

—Lástima que todo el mundo te odie —le recriminó Nisadra riéndose.

— Algún día, algún día me lo agradecerán, bruja de pacotilla. ¿Bruja de pacotilla, ese es el único insulto que se te ocurre? Llámala perra sarnosa, rata de los muelles de Oradea, prostituta de demonios… esas cosas. Remigius, vamos a tener que solucionar esa forma tuya de hablar.

—¿Qué vamos a hacer si el moco sigue impidiéndonos salir? —preguntó Banon—. Y también está el Velador. Seguro que sigue enfadado con nosotras.

— ¿Qué le habéis hecho a Jerry? Como lo hayáis hecho daño a mi mascota os voy a… ¿Jerry, así se llama el Velador? —Noma se rio—. Menudo nombre de mierda. Y tú cómo lo habrías llamado, ¿eh?

—Espera, espera. ¡Me lo pido yo! —Ionwen empezó a dar saltos alrededor de la sacerdotisa—. Yo lo llamaría… «Chupador-de-sangre-mega-destructor-de…».

—En realidad —la cortó Banon—, Jerry está bien y no le hicimos nada. Solo respondimos a sus acertijos.

Las demás asintieron, todas menos Ion, que seguía afirmando que su nombre era mucho más acertado y les habría encantado si la hubieran dejado acabar.

Al final no había nada en la sala del Velador. Este había vuelto a formar parte de la pared del templo y no mostró ninguna señal de vida. Ni siquiera cuando Ionwen hizo algunos aspavientos delante de sus ojos.

Llegaron a la puerta que les había salvado del moco de la alquimista.

—Bueno, ahora lo averiguaremos —dijo Banon deteniéndose enfrente, como si siguiera el hilo de un diálogo que tenía en su interior.

Posó los dedos sobre la viga que aseguraba la puerta y suspiró.

—Vamos, Banon. No tenemos otra salida —la animó Noma.

—Es que solo me viene a la cabeza que está en fase experimental, según Ion, y lo mismo abrimos la puerta y resulta que el moco se ha transformado en unicornios carnívoros.

—¿Os imagináis unos unicornios carnívoros? Molarían un montón —soltó la alquimista apuntándolo en una libreta pequeña que se sacó del bolsillo—. Debo coger notas de lo que ha pasado. ¿Cuánto creéis que aumentó su tamaño?

—Demasiado para ser un moco de un color perturbador —contestó Nisadra.

Banon negó con la cabeza y quitó el seguro de la puerta de un tirón. Este cayó a un lado con un estrépito. Y, con el mismo impulso, la abrió de golpe.

El moco «azulanja» seguía allí y ocupaba todo el espacio. Por un momento pareció que iba a avanzar a la siguiente habitación, pero se quedó petrificado en el umbral, como si la puerta siguiera conteniéndolo.

—Pues aquí sigue —dijo Noma—. ¿Y ahora qué?

Entonces, el experimento número doscientos treinta y siete de Ion se desinfló como un globo al que le sueltan el nudo. Un globo con un problema serio de intestino. La flatulencia fue tan potente que les removió el pelo y hasta consiguió empujarlas unos pasos atrás.

—Oh —soltó Ion y apuntó algo en su libreta.