Hijas de la Sierpe Capítulo 6
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Capítulo 6

N isadra había comprado una montura y se había tomado su tiempo para elegirla. Insistía en que el caballo tenía que ser blanco o no habría trato.

—Es importante que los colores se conjunten —contestó la bruja ante los resoplidos de Banon.

—Por eso yo siempre voy de negro. —Se señaló de arriba abajo. Era como un cuervo gigante con botas.

—Eso no es conjuntar, es la imagen de alguien que no ha superado la adolescencia.

Nisadra se limitó a galopar marcando el camino. Banon era su sombra y temía decir algo que desatara su ira.

Pronto cayó la noche y no les quedó otro remedio que acampar.

Aprovecharon una zona boscosa y montaron un campamento.

Banon se enroscó en su capa negra y se caló bien el gorro.

Nisadra, sin embargo, desempacó una manta que puso en el suelo e infló a soplidos un cojín para la cabeza.

Se tumbó y estiró muy bien su vestido antes de acostarse.

Banon se rio.

—¿Qué? —preguntó la bruja sin abrir los ojos. Se había quedado bocarriba con los brazos cruzados bajo el pecho. Parecía una muerta.

—Nada —contestó disimulando la risa.

Se había olvidado de cómo se las gastaba Nisadra. Siempre estaba preparada para el combate y era la primera que se manchaba las manos. Eso sí, jamás lo haría con una arruga en su vestido o un pelo fuera de lugar.

—¿Qué hay en Hóbica? —preguntó Banon.

—El templo de la diosa Phi’Ri.

—¿Y por qué vamos a ese templo?

—Porque Noma es adepta de la diosa.

¿Noma metida en una secta? No se lo podía creer. Ella era una druida que solo creía en proteger la naturaleza. Y también montaba las mejores fiestas.

—Cuando te marchaste —continuó Nisadra sin mirarla—, Noma se quedó destrozada. Se dedicó a la bebida y a las setas alucinógenas. Se pasaba el día colocada.

La exmercenaria se quedó en silencio. Sabía que había hecho algo horrible y que tendría sus consecuencias, pero vivir en la ignorancia había sido fácil. Ahora tenía que enfrentarse a la verdad.

—En uno de sus coloques juró que había visto a la diosa Phi’Ri y que le había dado una misión. —Sonrió—. Imagínate lo difícil que fue tomarla en serio cuando lo dijo con el pelo lleno de hierbajos y los pantalones a la altura de las rodillas.

—Eso ya es más típico de Noma. ¿Y cuál es esa misión que le encomendó?

—Nunca me habló de ella. Solo se marchó y se encerró en ese estúpido templo. —Nisadra se incorporó y la miró a los ojos—. Fue muy duro superar lo que nos hiciste. ¿Por qué vuelves ahora?

—No quiero que os hagan daño.

—Es un poco tarde, ¿no te parece?

Hóbica estaba llena de vida. Se situaba entre dos ríos y algo de bosque, lo que le daba cierta lógica a que Noma se hubiera mudado a ese templo. Adoraba la naturaleza por encima de todo y esta ciudad estaba rodeada de ella.

La mayor edificación se situaba en el centro, con muros altos de piedra blanca y unos ventanales decorados con vidrieras.

Tenía varias torres que acababan en picos de metal con forma de tridentes.

Para llegar a la entrada había que atravesar un puente lo bastante ancho como para que pasaran varios carros y caballos a la vez.

El tráfico era constante y Banon tuvo que ir esquivando gente.

Nisadra se había mostrado poco habladora después de la primera noche.

Mantenía las distancias y solo le dedicaba alguna que otra mirada de odio.

Era lo normal, Banon no pensaba presionarla.

Solo quería encontrar a las demás y asegurarse de que estaban bien.

Luego regresaría a la granja. ¿Y si los Caníbales la atacaban de nuevo?

No podía volver, tendría que buscar un nuevo escondite. O…

—¡Eh, idiota! Te estoy hablando.

Estaban paradas en medio del puente. Nisadra la miraba con el ceño fruncido y los brazos en jarra.

—Lo siento. Estaba pensando…

—Pues piensa mientras caminas.

De nuevo, la bruja tenía esa mirada extraña que le ponía los pelos de punta, como si estuviera mirando a través de ella. Y no se refería a la ropa. «Oh, me cago en… ¿puede hacer eso?». Banon se llevó las manos a la entrepierna.

—Pero, ¿qué haces? —preguntó Nisadra frunciendo todavía más el ceño—. Te decía que mantengas la boca cerrada. Hablaré yo.

—Sí, será lo mejor —dijo todavía sin quitarse la mano de «su lugar feliz», como solía llamar Ionwen a sus partes.

El interior del templo estaba lleno de imágenes y estatuas que representaban a la diosa.

Eso pensaba Banon, no tenía el placer de conocer a esta deidad en concreto.

La religión era algo que nunca había entendido.

Era estúpido buscar las respuestas del mundo en algo superior que, claramente, no existía.

Sin embargo, la tal Phi’Ri empezó a gustarle.

Se la representaba como una mujer grande con ojos de fuego y cuernos.

Hay quien habría dicho que se trataba más bien de un demonio, pero ella no era nadie para juzgar las creencias del resto.

En la mayoría de imágenes estaba matando algo o comiéndose a alguien.

Banon tampoco tenía mucha idea de arte, pero no estaba nada mal.

—Bienvenidas al templo de Phi’Ri, hogar de la diosa del caos. Mi nombre es Jimilé y seré su guía por esta travesía de la búsqueda de vuestro propio manantial de poder caótico —dijo una joven vestida con un largo traje plateado y un sombrero puntiagudo acabado en forma de tridente.

—Ay, madre… —soltó Banon—. Esto no me gusta, Nis.

—Calla —murmuró. Se dirigió a Jimilé, que no paraba de hacer movimientos trazando círculos con los brazos—. Jimilé, ¿verdad? Hola, mi nombre es Brihsa y ella es… Berta. Queríamos hacer una visita.

—Pues estáis de suerte. Se nota que vuestro cáclum interior está muy vacío.

Necesitáis urgentemente una limpieza de biche clim .

¡Hermana Dignfrie! —Otra mujer con la misma pinta absurda se acercó y, de nuevo, trazó círculos con las manos—.

Por favor, prepara una limpieza de bicheclim a toda prisa.

Coge aceite de rosas y dilúyelo en cien partes de agua.

—¡Por la Diosa, estas mujeres están fatal! —dijo la hermana Dignfrie.

—Eh… Estamos bien, de verdad —contestó Banon—. No siento que mi… ¿ cúclom ? Esté vacío ni nada de eso. Juraría que lo llené ayer.

—Es el cáclum y está claro que lleva vacío muchísimo tiempo.

—Berta, querida. —Nisadra le dio un pisotón con el tacón de sus impecables botas—. Estas sacerdotisas son expertas. Si ellas dicen que tienes el cáclum vacío, es que lo tienes.

La hermana Dignfrie salió corriendo agitando el tridente de su cabeza al ritmo. Rauda como un rayo, y lo parecía porque con la ropa plateada era un haz de luz, regresó con dos cálices de ónice con manchas rojizas en la base. Parecía sangre y, cuando Banon lo cogió, olía a sangre.

—¿Esto…Brihsa? No estoy segura de que esto sea muy higiénico.

—¿Y qué quieres, Berta? ¿Ir por ahí con el cáclum vacío, poniendo en peligro a toda esta gente? —Las sacerdotisas asentían e incluso la hermana Dignfrie tenía lágrimas en los ojos—. ¿Es eso lo que quieres? Porque yo no.

Nisadra se bebió el brebaje como si nada. Banon respiró hondo y la imitó.

Las sacerdotisas respiraron aliviadas.

—¿Lo notáis ahora? —dijo Jimilé—. Vuestros cáclums están empezando a llenarse. Ahora solo os queda sacrificar una virgen y la limpieza de bicheclim estaría completada.

—¿Qué? —gritó Banon conteniendo una arcada por el regustillo raro que se le había quedado.

—Sí, bueno. Eso lo dejaremos para más adelante —asintió Nisadra—. La verdad es que ya nos sentimos mucho mejor. Mi amiga Berta tiene el cáclum tan lleno que está luchando por salir.

—Excelente. Ahora podremos iniciar la excursión por el templo.

—¿En serio? ¿Berta? ¿No se te pudo ocurrir un nombre más ingenioso? —le susurró Banon mientras seguían a las hermanas por un pasillo angosto.

Después de esa sala inicial tan blanca y decorada, todo se había vuelto tétrico. Habían cogido una serie de pasillos sin ningún tipo de decoración. Banon tenía que juntar los hombros para poder caminar sin arrancarse la piel de los brazos.

—Te pega —dijo Nisadra—. Es bruto y simple.

—Claro, claro. Y tú tenías que ser Brihsa. Yo te habría puesto Arpía Sinescrúpulos. ¿Ves? Señora Sinescrúpulos te va al pelo.

—¿Qué te dije de mantener la boca cerrada, Berta?

Nisadra hizo un movimiento ligero con la mano y susurró unas palabras inaudibles.

—Paso, eso se lo dijiste a Banon. No a la bruta de Berta.

Nisadra no respondió, pero ladeó la cabeza sin cambiar una expresión que Banon no había visto nunca. Era como si… No, imposible. Ella nunca pondría cara de desconcierto.

—A nuestra derecha tenemos la sala de masajes y relajación —dijo Jimilé continuando con la visita—. Aquí las hermanas pasamos mucho tiempo después de llevar a cabo los ritos. Siempre es importante alinear las triblasias después de un largo día de trabajo.

—Oh —dijo Banon haciéndose la sorprendida—. ¿Cuánto hace que no alineas las triblasias , Brihsa? Últimamente estás algo malhumorada.

—Puede deberse a eso —asintió la guía—, pero el cáclum siempre influye. Continuemos.

—No me puedo creer que Noma se haya metido en esto —dijo Banon muy bajo.

—Yo tampoco, pero le hicieron mucho daño y eso cambia a la gente.

La exmercenaria decidió no volver a hablar del tema. Estaba claro que Nisadra tenía tantos puñales metafóricos preparados como Banon reales.

—Detrás de esta puerta está la sala de sacrificios. Si necesitáis ayuda para terminar vuestra limpieza de bicheclim podéis recurrir a nuestras hermanas.

Los gritos de sufrimiento se colaban por debajo de la puerta. También se veían sombras que iban de aquí para allá y sonidos de látigos y cadenas.

—¡No, el meñique no! —gritó una de las víctimas.

—Vaya… —Fue lo único que pudo decir Nisadra antes de continuar el camino.

—Aquí tenemos la guardería que conecta con el patio interior y los jardines.

—Jimilé se detuvo y se giró hacia las visitantes—.

En nuestro templo apoyamos a las hermanas que han sido madres solteras e intentamos que la maternidad no influya en su derecho a continuar ejerciendo su labor y realizándose.

Parecía esperar algún comentario por parte de Berta y de Brihsa, pero solo obtuvo una expresión de asombro y un asentimiento.

—Continuemos —añadió la guía y avanzó unos pasos más—. Aquí tenemos la otra sala de sacrificios por si la otra se queda… —carraspeó— inutilizable. No suele pasar, tenemos un servicio de limpieza excelente, pero siempre es mejor prevenir.

—¿Soléis hacer muchos sacrificios? —preguntó Nisadra.

—Bueno, depende de la semana. Somos una religión muy activa —sonrió—. Salgamos a los jardines y finalicemos la visita.

Los jardines estaban llenos de flores de distintos colores e incluso había árboles frutales que la mercenaria no conseguía identificar. Este lugar sí que encajaba con la Noma que ella conocía.

—¿Nis? —dijo una sacerdotisa que estaba podando unos arbustos. Esta soltó las tijeras que llevaba y se abalanzó sobre la bruja—. ¡Sabía que no tardarías en aparecer!

—¿Nos estabas esperando? —preguntó la bruja soltándose de su abrazo. Nunca le había gustado el contacto físico.

—Claro, a ti y a Banon. —Señaló a la mercenaria—. Hola, traidora.

Noma agitó la mano a modo de saludo. Banon se quedó bloqueada.

No había cambiado nada, seguía siendo tan libre y alocada como siempre.

Su físico estaba algo más perjudicado, pero tenía buen aspecto.

Continuaba teniendo unos brazos fuertes y pecosos, la misma sonrisa que mostraba demasiados dientes y demasiada encía y unos ojos claros en los que bailaban dos pupilas negras muy cambiantes.

Siempre decía que la luz le afectaba muchísimo, aunque la mayoría de las veces esos cambios eran provocados por sustancias cuestionables.

—H-Hola —dijo Banon.

—Bueno, ¿qué? ¿Nos largamos?

Noma se quitó el horrible sombrero plateado, liberando una melena rubia encrespada. Le rodeaba la cabeza como un casco y le duplicaba el tamaño. Nisadra siempre había intentado arreglársela, pero había acabado rindiéndose.

—Espera, Noma. —Nisadra la sujetó y la detuvo en el sitio—. ¿A dónde crees que vas?

—Pues con vosotras. Habéis venido a buscarme, ¿no?

—Claro, pero… ¿no quieres saber el por qué? —preguntó Banon.

—Eso me da igual, traidora. Quiero irme con vosotras. —Sonrió de nuevo mostrando la encía—. Esto está bien, lo de meditar y los sacrificios, pero no es lo mío. Ya le dije a la diosa que me iría y dice que no le importa. De hecho, ella me avisó.

—La diosa —dijo Nisadra y miró a Banon con la ceja alzada—. La diosa se lo dijo.

—Claro, dijo que la traidora y tú vendríais a por mí y que luego iríamos a por Ion. Así que, ¡me apunto! ¿A quién vamos a patearle el culo? Dadme un minuto que vaya a por mi maza y estaré lista.

—A los Caníbales del Norte —soltó Banon.

—¿Esos inútiles? ¡Ja! Estuvieron aquí hace unos días.

—¿En serio? ¿Te atacaron? —preguntó Nisadra. Noma era dura de pelar, pero también era muy… despistada, por decirlo de alguna manera.

—Sí, pero los maté. —Se encogió de hombros—. No han mejorado nada con los años.

—Fueron ofrecidos a la diosa, hermana Noma —la corrigió Jimilé. Ni siquiera se acordaban de que estaba allí—. Entiendo que estas son amigas tuyas y que sus nombres no son ni Berta ni Brihsa.

—Lo sentimos, Jimilé —dijo Nisadra.

—No pasa nada, me alegro de que hayáis venido antes de que se os vaciaran los cáclums del todo. —Hizo una reverencia en la que casi pierde el gorro y se marchó.

—Bueno, ¿nos vamos? —continuó Noma.

—¿No te importa que yo…?

—¿Qué seas una sucia traidora? ¡Nah! Ya habrá tiempo para castigarte por ello. La diosa Phi’Ri dice que muy pronto sufrirás un dolor insoportable, eso me compensa.

—¿Qué...?

—Esperadme en la posada que está a la entrada de la ciudad, el Ganso Manso —le cortó Noma—. Decidle que vais de mi parte. ¡Nos vemos allí!

La antigua sacerdotisa salió corriendo mientras se quitaba el vestido plateado. Debajo no llevaba nada, pero no pareció sorprender al resto de hermanas. Estaba claro que no era la primera vez que la veían corriendo desnuda.