Hija del cielo Capítulo XXXIV
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Capítulo XXXIV

XXXIV

Yo ya sé que no soy yo, ya sé que desaparezco.

M e cuesta mucho pensar y, como me cuesta, pues no pienso y ya está, o pienso menos, o directamente no pienso, porque a veces puedo pensar y a veces no, y a veces, como no pienso y me lo notan, pues entonces se aprovechan para decirme cosas, todos a la vez, digo, como si sería fácil hablarme cuando estoy así, cuando ven que me vienen los vacíos AQUEL DAÑO SEÑO RA o cuando notan que están cerca, porque a veces lo notan, no te creas, y, claro, si los curas que no están me miran fi jo, es que están nerviosos, digo yo, los de los libros, digo LOS brA MIDOS QUE REPARAN , que ponen más atención que nunca, como si se asomarían a una caja de mirar, que no es que me pongo nerviosa, que yo nerviosa no estoy, pero tampoco es que estoy tranquila.

Y eso me ha extrañado un poco, la verdad, porque es como hacerse mayor, que lo noto en la cabeza, y lo que me pone más nerviosa todavía es que me hablan en lenguas, en francés mismo, que no sé si es francés francés porque yo de francés ni jota, aunque, si me lo enseñaba Solitude, seguro que me lo aprendía, y a veces me entra, no sé cómo decirlo, como miedo YA VIENE YA VIENE DIGO y a veces hasta tiemblo y todo y a veces es como tener un hierro dentro que me cruza la tripa SER MUJER ESTAR PRESEN TE , una barra de rayas como las de los caramelos, de las que se roban en las obras cuando hacen, por ejemplo, el cuartel, el de V illafermosa, digo, de las de jugar al clavo, porque en mi pueblo las casas son como de piedra todas, y de teja, y de pizarra, pero el cuartel no, aunque también hay gente rica que se hace las casas de verdad, como el cuartel y todo eso, con más habitaciones y eso, con retrete dentro y todo, aunque eso es en V illafermosa, no sé si lo he dicho ya, y, si vas allí cuando no hay nadie, pues coges la barra y ya está y ya puedes jugar al clavo, o a la calva, o a HUMANA Y CLEMENTE lo que quieras.

Me callo. Cállate. Me callo.

Ayer vino T amata un rato, que ya sé perfectamente que se dice M aría T amata, y empezó a contar intimidades, me parece que se dice, dijendas, cosas de la vida, dijo, cosas suyas, voy a contarte intimidades, me dijo, así, sin venir a cuento, porque eso es una cosa que pasa, que hay gente que te cuenta dijendas como si querías oírlas, que ya ves tú, aunque se la traería al fresco lo que tú querías, que lo único que quieren es hablar y punto, y sor T amata lo mismo, y después resulta que te manchas tú y se quedan limpios ellos.

Y luego T amata, que ya sé perfectamente que es M aría T amata, me habló de su novio un poco, que por lo visto aún le dura, aunque sea monja, y no se lo ha dicho a nadie y a lo mejor viene un día, como si sería un primo, y entonces, a lo mejor, ya no sé RATA lo que estaba diciendo porque a veces la voz NO CALLA NO CALLA NO SE CALLA me habla más alto y entonces CALLA voy y pierdo el hilo, y entonces es como si me encogería por dentro y entonces ya no soy mayor, o es como si me dormía o algo, o como si me costaría tener ideas, y no hay manera de oírme y entonces vuelvo a ser pequeña y cada vez me habla más alto la voz y me empuja y me empuja como si quería echarme o algo, que así me luce el pelo, como te lo cuento, que cada vez sangro más porque las dos personas juntas se ve que no cabemos.

Y luego se puso nerviosa ES EN MÍ GOZO Y ES DEUDA , sor M aría T amata, digo, y me dijo que tengo que parar de hablar con la voz esa, y yo creo que cualquier día se lo va a quedar todo la voz y por eso las correas, me parece.

Por mi bien. Y ya sé perfectamente que había empezado a contar una cosa, pero ahora no sé qué cosa era.

Calla.