Hija del cielo Capítulo XXVI
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Capítulo XXVI

XXVI

Hoy me he levantado mejor y he andado bien lista todo el día y menos mal, porque no sé dónde he estado mucho tiempo, pero mucho tiempo de mucho tiempo, te lo digo yo, que a veces se me va el santo al cielo y no sé dónde he estado muchos días y hay cosas que no se saben aunque te las contarían.

Y me he levantado muy bien y muy contenta y todo, con muchas ganas de comer y todo, y de desayunar, te lo puedes creer, pero no me han dado de desayunar y es por mi bien.

Y anoche tuve un sueño muy curioso, pero muy curioso muy curioso, aunque los sueños son curiosos siempre, si te fi jas, o por lo menos un poco, porque, si no, no son sueños y antes no decía curioso.

Y soñé conmigo, por ejemplo, con mi cara y todo, que enseguida me di cuenta que era yo pero en vieja, y estaba atada y muy vieja con el camisón y todo, y todo era igual que aquí pero dentro de cien años, sin desayunar ni nada, y no sé cómo acaba el sueño porque entonces llegó sor T amata, que también es M aría T amata pero me dijo que la llamaría T amata, y me despertó de golpe, ¡pam!

, y primero me había llamado en el sueño para decirme que venía, para avisar y eso, y luego ya vino de verdad y me dijo que por qué no estaba en el suelo con el colchón y eso, y se reía al decirlo, pero no se reía a lo mal para que me parecería mal, que se reía normal para que me parecería normal estar atada, para que no me daría vergüenza, me parece, porque a veces pasa eso, que a veces te da vergüenza algo y nadie te lo dice y hasta te da más vergüenza porque se les nota lo que piensan, y a veces es al revés, que otras veces viene alguien y te lo dice de golpe, pam, a la cara, como para que te haría gracia y, pam, pues resulta que te da menos vergüenza, no sé por qué será.

Pero a veces pasa. Y entonces la dije a sor T amata que si me traía el desayuno y me dijo que lo llamaría como me parecería pero que era ya muy tarde y era para todo el día.

Y se reía bastante, porque sor T amata se ríe mucho, y vino a la habitación como sudando, no sé por qué sería, por donde la frente y eso, que no sé si lo he dicho ya pero a veces pasa eso, que creo que he dicho cosas y resulta que no las digo, pero porque las voy a decir un día, a lo mejor dentro de cien años.

Y me dijo que el calor no es para tanto, que nonché dafare un drama, o algo así, que en Italia hay más seguro, que aquí ya casi no hay, aunque por fuera es un horno, me dijo, lo malo es el bochorno, dijo, y cuando me iba a explicar lo que es el bochorno la dije que ya sé perfectamente lo que es, que en Orate también tenemos, y ella erre que erre con el bochorno, que no sé qué la daría pero no se lo quitaba de la boca, que igual era por tener el mar cerca, dijo, pero, claro, mar hay todo el año, digo yo, aunque a mí no me le enseñan, que el mar no le ponen y le quitan, y me dijo que en cuanto llovería, en cuanto caería una buena, dijo, pues se acababa el bochorno, como si no sabía yo cómo se acaba, que yo no tengo un pelo de tonta.

Y me dijo que si quiero una calada, así, sin venir a cuento, como la gente que te dice dijendas, que te las dice sin pensar siempre, así, sin venir a cuento, que a ti qué te importarán.

Y soplé el cigarrillo mucho y me puse a toser a lo loco, pero a toser y a toser, porque hace bastante que no fumo, por lo menos aquí.

Y ella se reía mucho, pero no mal, como alegre por las dos, y la daba golpes a la almohada, así, con las dos manos, como para ponerla blanda, como hace madre en el pueblo, porque se pueden hacer varias cosas a la vez, si quieres, por ejemplo fumar y dar golpes.

Y luego me quitó el cigarrillo, la hermana, digo, que también se puede decir T amata o sor M aría T amata o como te apetecería, porque todo el mundo tiene nombre y los nombres son importantísimos. Y entonces sor T amata…

Ya no sé lo que decía.

Ah, sí, que sor T amata, que también puede decirse T amata y es morena y es joven como si sería un cochinillo, me dijo que qué fea estaba y lo dijo venga a reírse y puede decirse cigarro y puede decirse pitillo, y no se ahogaba ni nada porque fumaba por la nariz.

Y me dijo que se sentía muy bien de estar aquí conmigo, que me lo dijo como si hablaría con la reina, contigo, vamos, ella me dijo contigo, aunque con otras palabras, porque era como si estaría hablando de una cosa importantísima con alguien importantísimo que la hacía sentirse importantísima, como si fuera venido de Italia para ser importantísima, porque sor T amata a veces, cuando se despista y eso, pues a lo mejor te habla en italiano porque me sale solo, dice, me sale da dentro, dice, así, da dentro, da dentro, y es verdad que la sale da dentro, porque la sale cuando se enfada, o cuando la da por acordarse de su padre, que es un obrero muy bueno, como el padre A lén, o cuando me sobra la colcha y va y la coge por abajo y me la dobla en tres, que me la pone por los pies y eso, o a lo mejor echada por encima, para practicar, dice, a saber qué, para cuando llegue el día, dice.

Y me dice que está a punto de hacer fresco, que ya estamos ahí, me dice, como si el tiempo sería un sitio, que es un poco lo que es, me parece, y yo he estado.

Y entonces, cuando pasa eso, a veces se pone a cantar, o a lo mejor cuando me vacía el orinal, como una artista que vino una vez a Orate y la artista resulta que era cupletista y, como salió todo bien, pues no pasó nada, porque al acabar se fue a dormir donde el alcalde, con su familia, digo, que, si no llegarían a estar todos allí, a saber, que menudo la miraba el alcalde, y yo también, y se salvó el alcalde de milagro, porque el que la acompañaba, que era un gordo que iba con ella y que la llevaba a los sitios y a los pueblos, no fue a dormir donde el alcalde porque no cabía y cabía en la fonda, pobre, así que lo medio despeñaron, o lo tiraron al río, ya no me acuerdo, y a saber si se dormiría luego, a saber si se secó o se murió o qué, y qué bien cantaba la artista, te lo digo yo, que te dejaba turulata, que se sabía la Parrala y todo.

Y qué bien canta sor T amata, aunque la Parrala no la canta.

Y luego T amata se fue y me hizo así con el ojo, que ya me lo ha hecho más veces, como si sería un chico, como si teníamos un secreto, y me dio un beso en la cara y entonces ya se fue del todo o casi, que a ver qué haces con las sábanas, me dijo, que tienen que aguantarte todo el día, pero es que ahora las sábanas se me ensucian muy pronto, a saber por qué, que ya no es como antes, y ni me limpió ni nada porque no se lo pedí y, si no dices nada, pues no te limpian.

Y entonces grité muy fuerte y se fue diciendo que menuda loca, aunque loca ella, te lo digo yo, pero no para mal, con felicidad y eso. Y luego ya cerró la puerta.

Y luego me pasó una cosa pero por la noche ya.

Una cosa muy distinto. Y yo creo que era por la noche porque no se oía nada, pero nada de nada, te lo digo yo, ni siquiera un poco, y porque no había luz, que estaba la luz apagada, pero de eso no me fí o.

Y entonces estaba muy dormida, que menuda soy cuando me pongo, que me da por roncar y todo, que me oigo hasta yo.

Y me di cuenta de golpe que tenía que despertarme, así, pum, si no quería problemas, porque a veces pasa eso, que tienes que despertarte y entonces, ¡pum!

, me desperté. Y primero no sabía que estaba atada ni nada, así que ¡pumba!

, me dio por moverme y ¡pumba!, resulta que no podía, por mi bien, así que me estuve quieta.

Y luego noté que iba a venir alguien, porque hay cosas que se notan y porque, si no pasaría nada, pues para qué iba a despertarme, digo yo, así que me quedé como esperando porque sabía perfectamente que se iba a liar una buena.

Y noté lo primero que la luz se apagaba, pum, aunque ya estaba apagada, porque no era una cosa de la luz, era otra cosa, no sé cómo decirlo, y, si llega a estar la luz puesta, pumba, pues se apaga. Eso fue lo primero.

Y luego noté muy fuerte los pelos de los brazos, que nunca se me ponen duros menos cuando me da gusto, y mira cómo se me ponen ahora, como hacia arriba se me ponen, que dan ganas de peinarlos, y eso lo notaba ya normal, porque hay cosas normales y cosas que son sentimientos y, como no había luz, pues nada, no me les veía, pero era como si los pelos querían irse antes que yo, como cuando no me daban sopas y andaba por las paredes.

Y luego noté como un sonido en la cabeza, pero no de los que pinchan, que son más fáciles de oír, de los que suenan debajo, casi por dentro, que son más como tambores, no sé cómo decirlo, como un tambor que hay por dentro, no sé cómo explicarlo, que se te mueve todo y se mueve hasta la atención, no sé si se dice así, o como cuando llueve mucho en una habitación muy grande pero en una que no estás tú y, claro, pues lo oyes todo.

Pero mal. Como lejos. O como cuando te metes en una cueva con un niño y, como no hay gente mirando, pues vas y la lías.

Y pobre niño. O como cuando notas que se va a armar una buena, no sé cómo explicarlo, como si te lo diría alguien, como si te lo diría una voz que ya ha pasado, no sé cómo decirlo, que ya sé perfectamente que me estoy haciendo un lío y es un ruido que, como está claro que está, pues ya no hace falta que sonaría y ya sé perfectamente que no me estoy explicando pero es que no sé si llevo ya tres cosas o cuatro dichas y ya sé perfectamente que no me estoy explicando. A lo mejor son cuatro cosas.