Hija del cielo El rumor verde
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El rumor verde

EL RUMOR V ERDE

Cuando el sol alcanza a la luna tras seis meses de persecución y sus pasos se igualan por un instante, algo suena en Gabaón que hace vibrar las campanas como cuencos mágicos. Durante noventa días, el cielo no sabe estarse quieto.

Las lombrices de tierra asoman a la super fi cie a fi nales de marzo y reclaman a los picos su deshielo, mientras las estrellas, cada una con su propio nombre, perforan con al fi leres la cúpula del cielo.

Las Líridas llueven en abril caminos leves que las A cuáridas, radiantes, más veloces, no saben alargar, ni en duración ni en curso.

Mercurio alcanza a fi nales de mes su elongación máxima; se deja ver al alba unos instantes. V enus lo hace en el ocaso y anuncia, según los pescadores, amor y fortuna. M arte deja todo augurio en cuarentena.

Júpiter domina mayo con su collar de lunas centinelas. Los anillos de Saturno rivalizan en majestad y brillo con los de los gitanos acampados al otro lado del Pesío, no muy lejos de allí.

Leo brama cada noche, con Régulo, su más brillante estrella, justo en el corazón (alcanza el cenit en la noche de santa Joaquina de V edruna); A lgieba en el último fl eco; A lgenubi (o A l Jabhah, o Épsilon Leonis) arriba de todo, justo en el ojo.

De cola afuera, A rturo, Espiga y Denébola abren portales sombríos que nadie con dos dedos de frente cruzaría.

Auroras que apenas manchan el cielo danzan en junio brevemente. V irgo garantiza a la aldea cosechas abundantes; un eclipse de luna la oscurece y el tránsito de V enus in fl ama el apetito sexual de los lugareños. Conjunciones regulares avivan las teorías jacobinas sobre las alineaciones cósmicas.

Las Pléyades se precipitan este año con retraso, llevándose consigo la mucha o poca esperanza que trajeron.

La luna oculta A ldebarán el 16 de junio.

El oscuro vacío de Boöte —repleto en realidad de galaxias— y la Corona Boreal —más pequeña que el vacío— prestan parte de su luz a Urano, planeta séptimo, gigante helado de anillos invisibles, que arrastra consigo un crespón de quejas.

La nebulosa de la Laguna, remolino de gas y polvo, brota entre velos el último sábado del mes, y las Híades —a ciento cincuenta y tres años luz de Gabaón— reparten el 21 sus dones y se ocultan enseguida.

Son, sin embargo, A ries y Géminis, también T auro, los colosos que remansan a la niña en esta primavera corta que tan poco importará. La primavera acaba. La primavera es una ilusión siempre.

El sol se in fl ama, rompe a arder sin restricciones. El verde se hace amarillo; el amarillo, ceniza; la ceniza, nada. Hierve el mundo tras el rumor verde.

El verano también cae del cielo.