Hija del cielo Capítulo XXII
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Capítulo XXII

XXII

Por dinero baila el mono, te lo digo yo, que no sé si se sabrá o no se sabrá, pero ahora me visitan muchas monjas y por dinero baila el mono, no lo digo por decir, y están, no sé, como curiosas, y esta mañana, por ejemplo, vinieron dos monjas bien juntas, así, como riéndose, como si serían graciosas o algo, y hablaban como a lo bajo y miraban alrededor, y eran las dos como muy jóvenes, como bastante jóvenes eran, con la piel así, como de fruta, y la segunda cerró la puerta, clac, clac, y entró andando como despacio, como para no hacer ruido entró, como si no podía estar allí, como si no había avisado a sor Humilde o algo, y ya sé que no me explico bien pero es que llevo muchos días tonta, que no sé bien qué me pasa ni me explico ni nada, aunque luego digo bien las cosas.

Y entonces me senté de un salto, patapum, justo donde estoy ahora, y a una ya la conocía, por los sueños, digo, y a la otra no, y entonces se sentaron las dos como si irían a rezarme y se pusieron a preguntarme, ji, ji, que si has estado en Villobre, que si has visto un fantasma, que si tienes novio o qué, cosas de curiosidades, y yo novio no tengo, aunque una vez vino Félix y se quedó un poco, pero eso no es ser novios.

Y olía igual que el perro. Y un fantasma sí que vi porque una vez, en el pueblo, que no sé si he dicho ya que es Orate, vi uno o a lo mejor dos, porque una vez vi unas piernas que corrían solas por el bosque y eso también cuenta, y otra fui a la casa vieja, que es la casa de la bisabuela, que estaba como vacía porque la bisabuela está muerta, justo detrás del molino, y estaba allí la casa, digo, con los retratos y eso y con los muebles y todo, y las jarras y las fl ores secas, de noche era, y la bisabuela se llamaba Socorro y yo no la conocía y la casa estaba abandonada.

Y lo de las piernas del bosque también era de noche, no sé si lo he dicho ya, pero, si no lo he dicho, lo digo ahora.

Y estaba todo con polvo y hablaba con las avispas, que a veces hablan normal, volando, y a veces se pegan a la pared para que las entiendas mejor.

Y entonces, sin venir a cuento, apareció un señor que era como de un año distinto, de antes de la bisabuela o más, con el mismo camisón que yo, y tenía como barba, como barba de alcalde tenía, o como se diga cuando no eres rey pero casi, marqués y eso, aunque no tenía la espada.

Y se me quedó mirando como si tendría la cabeza llena de verdín del río y justo me pareció que iba a decirme algo, o esa idea se me puso, por la cara que llevaba, y luego, ¡pumba!

, desapareció de golpe, o a lo mejor más como a trozos, no sé cómo explicarlo, como cuando se te cae agua y a lo primero empapuza el suelo y luego ya se va colando, no sé cómo decirlo, y no me dio miedo ni nada, aunque me quedé esperando, por si acaso, por si quería mandarme un recado, pero nada, y verlo lo vi seguro porque luego se veía limpio todo, como más limpio el suelo, digo, no sé cómo explicarlo, como si en algunos sitios se movería más el aire. T odo eso las dije a las monjas.

Y entonces las dije que no me vendrían con cuentos, que no me vengáis con cuentos, las dije, o con gaitas, ahora no me acuerdo, y las sonreí bastante, a saber por qué, y ellas, pum, fuera risas, así de golpe, como cuando le das con una piedra a un grifo y ya no hay quien le arregle, y me seguían preguntando cosas, que si yo era así de siempre, que si me tenían manía en Orate, que patatín, patatán, y yo las dije que sí, pero es normal, las dije, porque en el pueblo robaba, por ejemplo, o hacía agujeros en los patios para enterrar bien los huesos que me comía luego, donde las gallinas por ejemplo, o entraba en la sacristía y la liaba.

Y, como se entretenían, querían que las contaría más cosas, cosas nuevas, y las dije que así no me venían, que tenía que acordarme bien, aunque en verdad me venían muchas, pero por dinero baila el mono, te lo digo yo, y, si no me daban nada, pues nada, que yo tonta no soy.

Y entonces se pusieron a hablar así a lo bajo, pero entre ellas, fl ojito, digo, y cuando volvieron a reírse me dijo en la oreja una lo que me iba a dar y era más de lo que yo creía, así que empecé a soltarles todo, porque por dinero el perro y el gato son amigos, y las dije que lo malo no son las cosas que hago, son las que se me ocurren, y que, cuando empezó el Hombre Guapo a hablarme, se me ocurrían muchas más.

Y ellas se miraban espantadas pero se las notaba mucho que estaban contentísimas, y luego las dije que aquí tenía ideas igual pero que, como había monjas, pues aquí es más di fí cil hacerlas, porque siempre me están encima, o que a veces sí que hago pero que me llevan mucho rato, como lo de arañar palabras, por ejemplo, palabras que no sé lo que son, de antes de las palabras, digo, que las araño así, donde el suelo, en la pared, vamos, para que no se verían, donde empieza el suelo.

Y como me han quitado las horquillas por mi bien, pues ya no araño nada y así tengo el pelo ahora, que le tengo como le tengo.

Y las dije que podía decirlas más cosas, si querían, donde el mar, que qué ganas de ir al mar, las dije.

Para que me dejarían salir. Y entonces las puse la mano en la cara y las enseñé mil ideas de golpe, patapum, y me parece que eso sí que las dio miedo, que qué mal lo estoy contando, con lo bien que lo contaba antes, pero ahora me vienen muchas cosas y a saber qué estará haciendo doña Pili ahora.

Y luego me dijeron que si podía contarlas secretos de sor A driana, que ellas la decían madre A driana, y las dije que podía decirlas lo que estaba haciendo ahora si querían, perfectamente, las dije.

Y ahí sí que se miraron. Y se echaron a reír un poco como si tendrían cinco años.

Y se tapaban la boca como si tendrían novio.

Y miraban a la puerta por si venían las monjas.

Y me dijeron que vale, así que eso es que me creían.

Y entonces las hablé en bajito, que me puse bien cerca y todo y las dije cosas al oído, a la que olía mejor sobre todo, y menuda se quedó, que se quedó como blanca, y la otra la miraba como para que la diría algo y la primera se lo dijo y la otra se calló, pero con menos susto que la amiga y menos roja, y luego se puso a mirarme sin parpadear ni nada y me dijo que no con la cabeza pero porque estaba la otra, te lo digo yo, porque si te fi jabas bien se la notaba mucho que era mentira.

Y la amiga dijo que no y era que no de verdad, que hasta lo dijo en alto, así que me callé y mejor, porque una cosa es decir lo que hace un niño ahora, por ejemplo, o Félix mismo, o lo que hace por ejemplo un pastor normal, en el bosque de afuera, digo, y otra decir dónde está la madre A driana, que a mí no me ha hecho nada nunca, así que no las dije nada y ya está, que si quieres que ladre el can, dale pan, las dije, y que si quieres arroz, Catalina, aunque eso no sé por qué lo dije, pero se las cambió la cara, patapum, cuando entró de golpe sor Humilde.

Y luego ya bajé el colchón, al suelo, digo, pero luego, cuando estaba ya sola, que es lo que hago siempre cuando me da por ahí, bajar el colchón al suelo sin que me dirían nada, y aquí mismo me quedé, tan contenta, sentadita, oyendo los gritos y todo, que, no sé si lo he dicho ya, pero antes no estaba ni la mitad de contenta, o por lo menos todos estos días.

Y ahora sí. Y más contenta me puse cuando se fueron los ruidos, cuando se callaron todas y me puse a hacer mis cosas.