Hija del cielo Capítulo XIII
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Capítulo XIII

XIII

Ya conozco al perro del guardés, que le he conocido hoy, que me han traído al perro, no sé si lo he dicho ya, aquí arriba, digo, porque sé que estoy arriba, en el cuarto piso, digo, porque me lo dicen mucho, cuarto, cuarto, cuarto, dicen, que estás en el cuarto, me dicen, pero no cuarto de habitación, que también, cuarto de piso, digo, que también se puede decir planta, qué risa, sin el guardés me le han traído, y me han dicho que el perro es suyo, aunque eso ya lo sabía, y el guardés se llama Félix y el perro Lacruá, que ya sé perfectamente que a veces digo las cosas muchas veces, pero eso es porque los nombres hay que decirles y para eso son los nombres.

Para poder llamar, por ejemplo, a los perros.

Yo a Félix no le conozco, le conozco pero no, de verle una vez y ya, y también de Solitude, que es el que me habló de él, aunque, si conoces a una persona y te fí as, pues ya está, ya conoces a la otra, y con los perros lo mismo, por eso me cae bien Lacruá, que resulta que es un mastín, porque le cae bien a Solitude, que es un cura guapísimo, no sé si lo he dicho ya, aunque menos guapo que la voz, que yo creo que es guapa de otra forma, como sin brazos ni piernas ni nada, de una manera muy grande, como si sería una cabeza muy grande hecha de ideas muy grandes en un lugar muy grande hecho de ideas también, como si sería todo tan grande como la música que suena en misa cuando la canta todo el mundo junto y de repente la iglesia es aún más grande, que a veces hasta se pueden ver las paredes moverse y todo, no sé lo que estaba diciendo.

A h, sí: que me ha traído el perro la madre superiora, la monja vieja, digo, la que parece la madre superiora, y ha cogido la madre Humilde, que es como se llama la vieja, o sor Humilde, que venía con el perro, agarrada al perro, vamos, o agarrándole así bien, tira que tira y, sin decir ni mu, me sube el perro encima y el perro tiene la piel colgando, la de la cara, digo, como la madre Humilde, y me le sube encima porque el colchón está encima de la cama y la manta encima del colchón, arriba todo, porque es una hora ya normal, y el perro se me sube encima y empieza a olerme así, por todo el cuerpo, primero por los pies y todo y luego ya por las rodillas.

Y en las piernas se estuvo mucho rato, que es donde más se estuvo, debajo del vestido y todo, y me ha lamido las piernas y la madre Humilde, ¡pimba!

, le ha pegado un tirón fuerte, para que se estaría quieto.

Y luego me ha olido la tripa, pero esta vez por fuera del vestido, y se ha puesto a ladrar así, ¡buf, buf!

, o con sonidos de respirar, sin gruñir ni nada, pero de alegría, como si estaría embarazada o algo, que a veces no sé ni cómo no estoy embarazada, que menos mal que no tengo hijos porque serían hijos hechos de ideas, así que por otra cosa me olería, por la carne que me han dado, estofada, rica, muy dulce, qué rica, que me la notaría o algo, así, recién comida, que ojalá me darían más carne en lugar de tantas hierbas tantas hierbas tantas hierbas, que yo tanta sed no tengo, con salsa como de zanahoria, muy rica la carne, muy dulce, que me han entrado ganas de bailar y todo, y el perro me ha caído simpático, que es lo que me decía Solitude, que ya sé perfectamente que se dice padre Solitude pero a veces me sale entero y a veces no.

Y luego me ha olido por el pecho, que me está saliendo ya el pecho, como buscando, y luego se ha quedado el perro donde tengo puesta la cara, que los perros cara no tienen pero yo sí, y me ha olido la cara así, primero como fl ojito, los dos mo fl etes, y luego me ha dado por abrir la boca, no sé por qué, y la he abierto como si obedecería, como si me lo había dicho el perro, y le he respirado para dentro como si me lo pediría, aunque yo creo que en verdad es un corzo, porque los corzos son mágicos, te lo digo yo, un corzo con forma de perro, y el perro se ha echado a reír, que ya sé perfectamente que los perros no se ríen, que me lo he imaginado yo, pero a veces para ver las cosas hay que imaginárselas un poco, y luego nos miremos mucho rato mucho rato mucho rato mucho rato y el rato no se acababa y el perro y yo ahí, mirándonos, a ver quién se ríe antes.

Y entonces sor Humilde, que no sé si es la madre superiora o qué, se ha puesto como impaciente y ha tirado para atrás del perro, ¡clan!

, y el perro se ha bajado de la cama, aunque yo creo que quería quedarse, y ha dejado las pezuñas marcadas, por aquí, por todas las sábanas, que las ha puesto mejor que estaban, y luego, ¡pumba!

, portazo de la madre Humilde, que ha cogido al perro y se le ha llevado volando, que no sé el perro cómo será pero la vieja es un rato antipática.

Y yo: ¡Lacruá, Lacruá!, porque quería que volvería el perro, y porque me gusta decirlo, ¡Lacruá!

, y ahora estoy castigada, me parece, o estos días por lo menos, sin que me sacarían ni nada, porque hoy no me han sacado al patio ni ayer ni el día de antes ni nada, ni ninguno de estos días.

Y estos días, a lo mejor por eso, me cuesta más oír el mar.

Y a veces no sé si estoy chalada pero oigo lo que piensa todo el mundo, y a veces viene del techo y a veces de más abajo, aunque me lo estaría imaginando, porque imaginarse no es inventarse.

Y luego va a pasar una cosa.

Luego voy a hacerme la dormida y voy a hablar con la madre A driana, que va a venir a visitarme, yo sé lo que me digo, y la voy a decir que me lleve a ver el mar, y ella me va a decir que no, pues no es lista la hermana A driana ni nada, y vamos a tener una charla cuando me cojan ganas de arañarla, que yo estas cosas me las sé, que siempre me las sé de antes, y por eso digo que la hermana, o la madre A driana o lo que sea, sabe bien lo que se hace y yo creo que voy a llamarla madre siempre, porque la madre A driana es listísima y las madres son listísimas en general y no sólo por las gafas, que da gusto verlas, que si yo me pondría esas gafas, ¡pimba!

, me caía a la primera. Y la madre A driana va a decirme: es usted un caso perdido, y yo voy a decirla que no, aunque no sé lo que es un caso perdido, y ella va a decirme: parece usted un caso perdido, y va a llamarme criatura, y yo voy a decirla: pues mejor, y ella va a decirme: no para mí, criatura, ¿sabe por qué?

, y yo voy a decirla: ¿por qué?, y ella va a decirme: porque a Dios no se le pierde nadie.

Y entonces voy a darle vueltas a las cosas, te lo digo yo, porque me conozco, y por un lado va a apetecerme decir que por qué lo sabe y que si se cree que es Dios o algo, a ver con qué me sale, y por otro no voy a decir ni mu porque me va a dar como impresión y me va a dejar como pensando, que me va a sonar todo a ¡pum!

, como si se cae delante una piedra, porque a veces la madre A driana tiene eso, que a veces parece una piedra, que a veces te dice cosas como de monja y luego va y te dice otras que enseguida ves para qué son las gafas.

Y entonces va a decirme: ¿tiene sed?, y yo voy a decirla: ¿quién?

, y me voy a reír como una tonta, pero a ella no va a hacerla gracia, aunque tampoco va a enfadarse, porque la madre A driana no se enfada nunca, aunque tenga prisa.

Y entonces va a notarme algo y va a decirme: ni se le ocurra marcharse, criatura, porque me va a notar que me hablan por dentro, que me lo va a ver en los ojos, y yo sé perfectamente que no va a querer hablar con el Hombre Guapo porque el Hombre Guapo es para el padre A lén.

A unque todavía no. Y entonces la madre A driana va a levantarse de la silla, o como se diga la silla, y va a ponerse muy cerca, así, como si fuera Lacruá, con la nariz bien pegada, cerca cerca, para que pueda mirarla por dentro de las gafas.

Y entonces va a preguntarme qué la pasa, criatura, ya lo verás, y yo voy a decirla que nada, y ella va a decirme: ¿está usted tonta?

, y a mí no va a parecerme bien ni mal, porque voy a notarla enseguida que me lo dice por si soy tonta, no para mal, y yo voy a decirla que no, que yo de tonta no tengo un pelo.

Y justo entonces van a pasar más cosas, porque a lo primero va a darme un bofetón sin enfadarse ni nada, como los que daba madre, de los buenos, y yo voy a mirarla así para que vea que no la cojo miedo, y entonces, ¡ñaca!

, voy a querer morderla, pero ella va moverse fácil, aún no sé para qué lado, y va a darme otro guantazo, ¡pumba!

, así, tranquila, y yo, ¡ñaca! otra vez.

Pero ni por esas. Y la próxima vez pienso ir a pillar en serio, como te lo digo, a mala idea, como hago siempre con las moscas, que no muevo la mano para donde está la mosca sino para donde va a estar y entonces sí que la cazo, y a veces la meneo luego, como por dentro de la mano y ¡pumba!

, la lanzo contra el suelo, así, y la miro así sin tocarla ni nada, para ver si está coja o algo, como el alcalde, que una vez le dejé cojo y una vez dejé cojo a un perro, que le tiré contra el suelo y adiós perro.

Y entonces va a irse la luz, te lo digo yo, de golpe, ¡pum!

, la luz de todo el colegio, digo. Y va a ser todo muy raro porque no voy a poder ver nada, ni a la madre A driana ni nada, ni ella a mí, porque va a quedarse todo negro, como cuando viene el pulpo.

Y entonces va a venir otra monja, que se va a oír perfectamente cómo viene, a la carrera viene, pero no voy a saber quién es, por lo de la luz.

Y la monja va a ponerse a gritar que si madre A driana, madre A driana, que si está usted bien, que si diga algo, aunque también puede decirse sor A driana.

Y sor A driana va a decirla que se calle, gritando también pero distinto, como más seca, y yo voy a notar cómo me viene un vacío de los buenos, uno de padre y muy señor mío.

Y entonces no estoy segura aún, pero me parece que me voy a subir al techo, como si el techo sería el suelo, o como si el suelo sería el pulpo pero en verdad es el techo, no sé si se me entiende.

Porque no se va a ver nada. Eso seguro. Y va a decirme: ¡ni se te ocurra!

, o: ¡ni se te ocurra, criatura!, aún no lo sé, y: ¡baja ahora mismo de ahí!

, y me va a sonar un poco raro porque la madre A driana me llama de usted siempre, no sé si lo he dicho ya, y de repente me va a reñir de una manera así como mandando, para que el vacío no me llegaría, y entonces a lo mejor se va el pulpo y a lo mejor no.

Y entonces a lo mejor me bajo, no sé aún, porque eso no voy a saberlo hasta más luego.

Y entonces va a volver la luz, ¡patapam!

, de golpe todo. Y , justo donde la ventana, la de la puerta, digo, que es una ventana pequeñísima que hay justo donde la puerta y puede decirse ventana y puede decirse ventanuco, con una barra y otra barra, zas, zas, va a estar asomada la monja nueva, así, como asustada, como tonta.

Llorando casi. Y la madre A driana va a hacerla así con la mano, como diciéndola que se vaya, sin levantarse ni nada, y va a mirarme a mí, te lo digo yo, como detrás de los ojos va a mirarme.

Y luego va a decirme que sí, pero sin decírmelo.

Y luego ya va a acariciarme muy despacio muy despacio, ya lo verás, así la cara, como a los burros, con la mano seca y todo, como rasposa, no sé cómo decirlo, como las madres, que va a tener la mano como si freiría con los dedos, te lo digo yo. Y a lo estoy viendo.

Y tengo muchas ganas de que pasaría todo, porque, cuando sé que van a pasar cosas, o cuando las sé más o menos, pues luego tengo muchas ganas de que pasarían, para que los sueños serían por algo, que hay que ver qué bien saben aquí que no hay que dejarme salir, que no hay que darme ni esto, qué listos, qué listos todos.

Y ahora voy a hacerme la dormida, ya lo verás. T e lo digo yo. Para lo de luego, digo. A hora voy a cerrar los ojos y a esperarme un rato. Para cuando llegue de verdad la madre. Para cuando empiece de verdad lo bueno.