Hija del cielo Capítulo XI
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Capítulo XI

XI

Yo creo que aquí todo el mundo se cree que no me entero, te lo digo yo, que no me entero de nada, te lo digo como lo siento, pero eso a mí me da igual, que yo tonta no soy, no sé si lo he dicho ya, y, si los demás piensan que sí, pues por mí que dirían lo que ellos quieran, lo importante es lo que seas tú, no lo que te dicen que eres, aunque también importa lo que se fi guran, me parece a mí, o lo que se fi gurarían que serías, o como se diga, porque si resulta que querías que se creerían una cosa pero es sólo para que no se notaría que eres esa cosa que no quieres que se te vea, sobre todo si por ser esa cosa tienes, a lo mejor, problemas, no sé si me explico bien, pues entonces importa parecer justo lo que quieres, pero justo eso, porque, si no, si lo piensas, ser algunas cosas que yo me sé, se fi gurarían o no los demás que eres eso y no distinto, pues te puede dar problemas.

A unque lo normal es que los problemas los des tú, no sé si me explico bien. Y o creo que a veces no me explico.

Ayer por la mañana me dejaron salir al patio, a un patio, vamos, porque hay dos mínimo, o a lo mejor más, a lo mejor son cien, aunque me extrañaría mucho, no sé por qué he dicho cien, y me llevaron a un patio pequeño sin niños ni nada, sólo alguna monja, con la madre superiora y todo, la que tiene la cara fl oja, que yo creo que no es la madre superiora, que creo que se llama madre Humilde y por eso la llamo así, porque los nombres son importantes, te lo digo yo, y yo creo que se llama madre Humilde porque la llamó madre Humilde una monja que tenía granos en la cara, o sor Humilde la llamó, ahora no me acuerdo, y la monja joven tenía granos, que creo que lo he dicho ya, pero con forma de cara, no sé cómo decirlo, como si cada grano sería una cara, como si tendría, no sé, una cara de granos puesta encima de la otra, como si tendría dos, y resulta que la monja pues resulta que es muy fea, no de las feas normales, de las feas feas, digo, de las monjas feas tan feas que yo creo que así he visto sólo dos.

De esas que entiendes perfectamente por qué se ha metido a monja.

Que a mí no me importa nada que la gente sería más fea que un bicho, no digo que es peor, aunque es peor.

Porque, si lo piensas, en el pueblo somos feos todos, menos madre, que es tirando a normal, y menos a lo mejor A gapito, el de la farmacia, que se echa colonia, y en Eresma lo mismo, feos feísimos todos, y en el hospital de Madrid lo mismo , aunque en el hospital de M adrid son menos feos que en Orate, y menos feos aún los que mandan, a saber por qué.

Y también está la gente que pasaba al lado del coche cuando fui a M adrid, que era fea casi toda pero se reía más que en casa y todos daban saltitos para llegar al borde de la carretera, para que no les pasaríamos por encima, que menudo rápidos íbamos, y lo normal, creo yo, es que la gente sería fea, que también casi todos los árboles son feos, si lo piensas, o están torcidos o, si lo piensas bien, muy pocos son iguales por los dos lados, como para hacerles un retrato, digo, como para sacarles en el periódico.

Y los perros del pueblo lo mismo, que la mayoría son galgos feos llenos de pulgas feas, no como Lacruá, bien feos todos, porque para que sería guapo un perro muy guapo tiene que ser.

Y , si lo piensas bien, de lo que más hay en el mundo es cosas feas, hasta que de repente, ¡pumba!

, un tomate. O una patata sin bultos casi.

O una señora muy guapa. Y ¡pumba!, un vaso de agua que sabe mejor que todos los vasos del mundo, que eso pasa cuando menos te lo piensas y entonces una bebería de ese vaso para siempre si no se le acabaría el agua al vaso, que es como si ese vaso venía de la montaña o algo.

Y por eso me da igual que las monjas serían feas si querían, aunque aquí hay bastantes monjas jóvenes, será que necesitaban monjas, o habrán entrado todas de golpe, patapam, en el colegio, de casualidad, digo, aunque lo que me molesta son los granos, que no son culpa de nadie pero a veces me dan ganas de reventárseles a la monja todos, pumba, pumba, pumba, pumba, como si serían escarabajos, a palmetazos, digo, que algunos granos son tan gordos que dan ganas de mirarles hasta que se pudran o algo y otros quieres chafarles como si serían buñuelos, ¡pumba!

, ¡pumba!, pero claro, no va a andar una chafando granos sólo porque le dan las ganas, y menos los de otra gente, que no somos animales, que me lo ha dicho la madre A driana, no somos bestias, criatura, ha dicho, porque las monjas son especiales, te lo digo yo, y por eso mismito, me parece a mí, me dejan salir al patio, porque me notan que tengo un día bueno y que, si quiero, me tranquilizo y no chafo, y que, si hago fuerza, por mucho que me entrarían ganas de hacer cosas, pues a lo mejor no las hago y ya está, porque puedo apretar las manos así, como si tendría un polvorón, y a lo mejor me aguanto un poco, y ayer la madre A driana estaba como orgullosa porque decía que llevaba ya tres días sin vacíos Y A MÍ QUÉ Y A MÍ QUÉ Y A MÍ QUÉ COJONES ME IMPORTA MONJA CALVA FEA DE LOS COJONES , le dije, le dije GAFOTAS , dije, como dejándome ir por las ganas tremendas que me salían de la boca, MONJA VIEJA , dije, PUTA PUTA PUTA PUTA , no sé que ganas serían, pero eran unas ganas tremendas que no había quien me las pararía, hasta que la PUTA VIEJA PUTA VIEJA hizo que se callarían, no sé cómo, y luego seguimos hablando.

Y yo no sé qué viento la da a la monja que no la gustan los vacíos, que a veces habla de ellos como si serían malos, como si no serían normales, como si no les tenemos todos, que ya me dirás tú, porque yo, si te fi jas bien, muchas veces estoy mejor con los vacíos, sin vacíos voy llenándome de enfados, ira, le dice el padre A lén, que te llenas de ira, niña, o a ver esa ira, niña, porque el padre A lén habla raro y nunca se le oye llegar, que no hace ruido ni nada, aunque eso es otra cosa, y te llenas de enfados y te llenas y de repente todo te parece mal, que es lo que me pasa a mí y entonces agarro y la lío, y por eso me dice el padre A lén que te sacan de ti, niña, de ti te sacan, porque me dejo ir o lo que sea, y, de repente, pum, todo es Hombre Guapo, todo es Hombre Guapo, y ya no estoy para nadie y a mí que me echen un galgo. M ás en silencio todo.

Y yo creo que el padre A lén me va a preguntar por el Hombre Guapo, se le nota, le noto yo que le da vueltas.

Y un día, ya lo verás, tenemos Hombre Guapo y lo tenemos, que yo esas cosas me las sé, y se lo noto al padre A lén y a todos, sobre todo cuando acaban los vacíos, porque noto que me mira como si me acabaría de decir algo y estaba esperando a que diría algo yo, o como si acabaría de hablar o como si quería estar seguro de las cosas, no sé cómo explicarlo, aunque depende mucho del día, porque casi todas las cosas dependen mucho del día, si te fi jas, y a veces dependen del tiempo o del sitio o de otras cosas, que lo dice el padre A lén a veces, y a veces la hermana M aite, que no sé si he hablado de ella, yo creo que aún no .

Y o creo que aún no la conozco . Y resulta que a veces soy tan vieja que podría ser la madre superiora o podría ser un ángel o cualquier cosa, te lo digo yo, que puedo estar aquí de antes del mundo, o por lo menos del mismo día.

Y la madre A driana me trata siempre como si sería mayor, aunque no como si se creía que soy mayor ya, más como esas maestras que tratan como mayores a los niños para ver si así se hacen mayores, no sé cómo explicarlo, o para ver si así dejan de hacer el tonto.

La madre A driana me trata de usted, por ejemplo, y el padre A lén no, pero eso es otra cosa, porque la madre A driana trata de usted a todo el mundo, que seguro que ahora viene un niño de tres años y va ella y lo trata de usted, límpiese los mocos, le dice, o llega usted tarde, o lo que sea, o debería saberse la lección, o esas cosas que dicen las maestras cuando quieren hacerle a alguien la pascua para que se sentirían tontos de repente, para que te dé vergüenza todo, eso le noto yo a sor A driana, que también puede decirse madre A driana, aunque con ella hablo menos y además de cosas distintas, porque ella está siempre con Jesús, Jesús, Jesús, Jesús, que si Jesús esto, que si Jesús lo otro, que tiene que pensar mucho en Jesús, que tiene que pensar en lo que Jesús haría, que cómo se preocupa, pobrecilla, que yo no digo que es malo, que justo cuando la madre A driana me dice que piense en Jesús yo voy y pienso, pienso en él tan fuerte tan fuerte que a veces después de muchos días a lo mejor hasta me he convertido en él, quién te dice a ti que no. A veces es lo que a mí me parece.

Y la madre A driana me dice que Jesús se murió de golpe por nosotros, pero eso lo sabe todo el mundo, que a veces se cree que soy tonta, como si no fuera ido a la escuela o algo, que en la escuela nos lo explican todo, nos lo explican perfectamente, o como si no fuera ido a misa, que a mí me gusta la misa porque es de oír, que allí no hay que aprenderse nada, que te lo aprendes igual, y yo me imagino a Jesús pero aquí mismo, con la bata blanca y todo, aquí plantado, patapam, que ya sé perfectamente que no se dice bata, pesca que te pesca me le imagino, haciendo milagros a lo loco, de padre y muy señor mío, curándoles las heridas a los amigos, y me da mucho interés, porque Jesús es, creo yo, una persona muy interesante, si te fi jas, y no me extrañaría nada que a la madre A driana la parecería bien que yo estaría hablando así ahora.

De él, digo. Y , si quiero, de lo del templo, que siempre me ha gustado lo del templo, ahí, repartiendo tortas, ¡pimba!

, ¡pimba!, que yo también he tirado mesas, ¡pimba!

, ¡pimba!, en Orate y fuera de Orate, que hay que ver cómo se pone la gente por nada. Cómo les gusta exagerar a veces.

Y el padre A lén no me habla de Jesús casi, no sé por qué será, él me hace preguntas sólo, él me hace preguntas y ya está, y yo le voy respondiendo, él me hace preguntas y yo le digo, y luego me hace más preguntas, que menudo es el padre A lén con eso, que a veces parece el dueño del hospital y todo, que ya sé perfectamente que no es el dueño, que me preguntaba muchísimo también, me preguntaba por ejemplo por los colores, los que me gustan más y eso, y a lo mejor un día voy al hospital y le pregunto yo a él dos cosas.

Y a lo mejor le pregunto al padre A lén que por qué no me habla de Jesús él como la madre A driana, y a lo mejor me lo dice y a lo mejor no, porque el padre A lén es muy suyo, no sé si lo he dicho ya, o a lo mejor si aguanto un poco más pues va un día y me habla de Jesús, pero porque quiere él, no porque le diría yo nada, que a veces es mejor así, te lo digo yo.

O a lo mejor un día le digo que por qué no me pone una ventana en el cuarto, con barrotes aunque sea, como los de la puerta, aunque seguro que luego es muy di fí cil, porque las cosas luego son di fí ciles, y eso que el padre A lén es carpintero, me parece, que me lo dijo una vez la madre A driana.

Y lo que le pasa al patio es que desde el patio no se ve el mar y seguro que desde la habitación sí, que ya sé perfectamente que ir al mar no se puede, por si me escapo, pero eso no signi fi ca que me tiene que gustar el patio, que no me gusta, y yo digo de ver, no de escapar, que a mí no me gustan todas las cosas.

Por ejemplo, los granos de las monjas. Ni las preguntas ni nada.

Que a mí lo que me gustaría es bañarme en un mar bueno, un mar de padre y muy señor mío.

Y mojarme bien los pies y asomarme a la ventana.